El amanecer en Jodhpur tenía algo especial. A esa hora
temprana, cuando el bullicio del día aún no había despertado por completo, la
ciudad parecía envuelta en una calma inusual. Desde la terraza del hotel, con
la brisa fresca antes de que el calor del desierto se impusiera, observé por
última vez la silueta imponente del fuerte Mehrangarh recortándose contra el
cielo que empezaba a teñirse de tonos dorados.
Era el momento de seguir adelante. Bajé con mi equipaje y,
en la puerta, Rajesh ya esperaba junto al coche, listo para emprender el viaje
hacia un nuevo destino. Con un último vistazo a las callejuelas azules, me
acomodé en el asiento y, mientras el motor arrancaba, supe que Jodhpur quedaba
atrás, pero no su recuerdo.
TEMPLOS DE OSIAN
El viaje desde Jodhpur hasta Osian tomó aproximadamente una
hora y media, recorriendo unos 65 kilómetros por una carretera que poco a poco
se fue adentrando en el paisaje árido del desierto de Thar. A medida que
avanzábamos, las huellas de la ciudad se desvanecían y daban paso a tierras
secas salpicadas de arbustos espinosos y alguna que otra aldea de adobe con
techos de paja. De vez en cuando, aparecían camellos caminando junto a la
carretera, guiados por pastores envueltos en turbantes de vivos colores, una
estampa que recordaba que aquí la vida seguía regida por el ritmo del desierto.
Osian, conocida como la "Khajuraho de Rajastán"
por la profusión de sus templos esculpidos, fue en su día un importante centro
comercial en la ruta de caravanas que conectaba el noroeste de la India con
Asia Central. Entre los siglos VIII y XII, la ciudad floreció bajo el dominio
de los Gurjara-Pratihara, que convirtieron la zona en un gran enclave
religioso, erigiendo templos tanto hinduistas como jainistas, muchos de los
cuales aún permanecen en pie, resistiendo el paso de los siglos y los embates
del clima desértico.
El conjunto de templos de Osian es una de las muestras más
fascinantes de la arquitectura medieval de Rajastán. Se encuentran distribuidos
a corta distancia unos de otros, aunque puede tardarse algo en encontrarlos,
por lo que lo mejor es preguntar. La mayoría están construidos en piedra
arenisca rojiza, con intrincadas tallas que narran episodios mitológicos, figuras
celestiales y escenas de la vida cotidiana.
El primero que visité fue el templo
de Mahavira, dedicado al vigésimo cuarto tirthankara del
jainismo. Es, sin duda, el más interesante del conjunto y el mejor conservado.
Construido en piedra arenisca rojiza, destaca por su simetría y el trabajo
minucioso de sus columnas y relieves. Cada pilar tiene un diseño distinto, y la
disposición interior forma un recorrido ordenado que conduce hasta la imagen
central de Mahavira. La claridad de su estructura y el nivel de detalle en las
tallas hablan de una época de esplendor, entre los siglos VIII y X, cuando
Osian fue un importante centro religioso jainista. Es un templo sobrio, pero
lleno de equilibrio y precisión, el que más merece la visita.
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| Templo de Mahavira.Osian |