A pesar de la pandemia, tanto 2020 como 2021 fueron dos buenos años viajeros que me permitieron descubrir muchos destinos europeos que tenía pendientes y que, seguramente, se hubieran hecho esperar en condiciones normales. Poco a poco se irían sucediendo países como Andorra, Polonia, Bosnia - Herzegovina, Montenegro, Croacia, Mónaco y Malta que pude conocer en la mayoría de ocasiones sin apenas gente y de una manera privilegiada, ya que la mayoría había optado por quedarse en sus países de origen.
Para seguir aprovechando esa buena racha de viajes, decidí, en cuanto me enteré de las ofertas de diferentes compañías aéreas, aprovechar las mismas y sacar algunos vuelos a precios irrisorios en horarios inmejorables. Algo fuera de lo común en otras circunstancias.
Así, tras dejar pasar la complicada cuesta de enero, mi primer viaje del 2022 iba a ser dentro de nuestras fronteras y más concretamente a la isla de Ibiza y es que la oferta de 40 euros de ida y vuelta que ofrecía la compañía Ryanair, saliendo un viernes por la tarde y volviendo el domingo por la noche, era insuperable.
Ese precio me permitiría conocer una isla de la que sólo conocía la capital, en un momento del año en el que las masas de turistas son nulas y donde, prácticamente, sólo se encuentran en ella sus residentes habituales, algo ideal para no sufrir agobios ni atascos, aunque claro está sin poder disfrutar del baño en sus calas y playas paradisiacas.
Y es que aunque lo primero en lo que se piensa cuando se habla de Ibiza es en el ocio nocturno, las fiestas y el ligoteo, existen otras muchas opciones para realizar en sus menguadas dimensiones. Ibiza es sinónimo de diversidad, con una gran área montañosa, espacios naturales inesperados, calas recónditas solo accesibles a pie, museos que revelan la huella fenicia, cartaginesa y árabe, o enclaves mágicos y esotéricos.
Ese es realmente el espíritu de Ibiza, un microcosmos de contrastes en perfecta convivencia, por donde me iba a perder durante dos días completos, internándome en su interior, entre pinos y almendros, o vagabundeando por la costa sorteando los picos heroicamente recortados sobre el mar, o visitando poblaciones que aún hoy siguen conservándose intactas.
QUE VER EN LA ISLA DE IBIZA:
1. SANTA GERTRUDIS DE FRUITERA
Esta sería mi primera visita después de haber llegado el viernes por la noche a la isla, recoger el coche de alquiler en el aeropuerto y dormir en el hotel Florencio, localizado en Sant Antony, un buen alojamiento con una razonable relación calidad – precio (32 euros por noche).
Santa Gertrudis es uno de los pueblos del interior más cosmopolitas de la isla, donde han instalado su residencia gentes de todo el mundo. El centro del lugar es la plaza de la Iglesia, presidida por un templo peculiar dedicado a la santa, muy distinto al resto de iglesias ibicencas, con un gran campanario de color amarillo y un bello porche.
| Iglesia de Sta Gertrudis de Fruitera |