El archipiélago canario está formado por siete islas y varios islotes que se localizan en pleno océano Atlántico, a 1100 kilómetros de la península Ibérica y no muy lejos de la costa noreste africana. De origen volcánico, las Canarias surgieron del fondo del mar hace millones de años y por estar cerca del Trópico de Cáncer, recibir de pleno los húmedos vientos alisios y tener sus costas bañadas por aguas frías, gozan de un clima privilegiado, uno de los mejores del mundo, que se caracteriza por unas suaves y constantes temperaturas.
Aunque pueda parecer mentira y aún contando con todos los alicientes descritos en el párrafo anterior, tan sólo he estado en ellas una vez y de ello hace ya casi treinta años, por lo que apenas me quedan recuerdos de aquella estancia en la isla de Tenerife, salvo de algunas playas del sur y alguna pequeña escapada por los alrededores del valle de la Orotava.
Era el momento de regresar a las Islas Afortunadas y más concretamente a la isla de Tenerife. Efectivamente, regresaba a la única isla en la que ya había estado y no por casualidad, sino porque el objetivo principal, tanto de mi padre como el mío, era conseguir ascender a la montaña más alta de España: el Teide. Todo un reto que llevábamos persiguiendo muchos años y que parecía que por fin se podía hacer realidad.
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| Tajinaste Rojo en el Parque Nacional del Teide |


