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NUEVA YORK - DIA 01. Introducción. Porqué Nueva York y alguna que otra divagación

12 de Julio de 2008.

Es casi imposible hablar sobre Nueva York sin mencionar algo que no se haya dicho o escrito ya, o sin caer en los tópicos más frecuentes, pues al fin y al cabo es la ciudad que más sale en las películas, sobre la que más se escribe y a la que más fotografías se le hacen. Es por ello que no es esa mi intención en las líneas que siguen a continuación.

De la ciudad de los rascacielos se pueden encontrar miles de guías, artículos, blogs y libros y por tanto no creo que este diario pueda aportar nada nuevo a toda la información que se recoge en todos aquellos y más teniendo en cuenta que las vivencias de este viaje están escritas años después, siendo, seguramente, diferentes la manera de acceder a determinados lugares o la forma de realizar algunas visitas, los precios y otras muchas cosas.

Por tanto lo único que pretendo con este diario es contar mi historia, narrar y así recordar la estupenda semana que pasaría con unos buenos amigos por la gran manzana, disfrutando de muchos de los lugares memorables que tantas veces habíamos podido ver en las películas.

Estatua de la Libertad
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NUEVA YORK - DIA 02. De Times Square a la Grand Central Terminal

13 de Julio de 2008.

Durante todos los días, la rutina que seguiríamos, para comenzar la jornada, sería la misma. Levantarnos a las 09:00, pues siempre llegábamos a horas intempestivas, asearnos, dar un agradable paseo de entre quince y veinte minutos hasta la terminal de ferries, comprar allí unos buenos batidos de chocolate y unas enormes muffins, también de chocolate, esperar a que llegara el ferry correspondiente, que son gratuitos y salen cada media hora tanto de un lado como de otro, por lo general, y desayunar en la cubierta mientras disfrutábamos del skyline de Manhattan, la estatua de La Libertad y la isla de Ellis acompañados por una agradable brisa que mitigaba algo el sofocante calor que hacía en esos días.

Ferry de Staten Island
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NUEVA YORK - DIA 03. De Battery Park a Little Italy

14 de Julio de 2008.

El skyline de Manhattan nos recibía hoy con un cielo encapotado y gris que desmerecía un poco la primera impresión que teníamos ayer de este, con esa luz e iluminación de cada lugar que visitábamos, reflejándose en cada rincón, gracias al sol y al cielo despejado. Y es que si ya de por sí las ciudades cambian bastante con buen y mal tiempo, en Nueva York esa sensación es mayor, por las sombras y la oscuridad que crean los colosos de ladrillo.

Manhattan desde el Ferry de Staten Island
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NUEVA YORK - DIA 04. Museos emblemáticos y en bici por Central Park

15 de Julio de 2008.

El tramo de la Quinta Avenida que flanquea Central park por uno de sus laterales, siendo más exactos, el que corresponde al adinerado barrio de Upper East Side, posee una de las concentraciones más densas de museos del mundo entero. En esas 22 manzanas que van de la calle 82 a la 104 y sus alrededores hay tal cantidad de museos que necesitarías de mucho tiempo para poder verlos todos. No era esa nuestra idea, ni mucho menos, en el día que comenzábamos, pero sí que teníamos interés en visitar en este sector uno de los centros de arte más importantes de la ciudad: el Metropolitan Museum of Art (MET).

The Metropolitan Museum of Art
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NUEVA YORK - DIA 05. De compras por Manhattan y crucero al atardecer

16 de Julio de 2008.

Hay tantísimo que hacer y qué ver en Nueva York que es evidente que con sólo una semana no puedes abarcar la gran cantidad de lugares interesantes que existen, por lo que te sirve sobre todo para tener una primera toma de contacto y conocer algunos de los sitios más famosos, vivir un poco el ambiente de la ciudad, saborear alguna que otra gran hamburguesa y, cuando te quieres dar cuenta ha llegado el día en el que tienes que volver a hacer las maletas y regresar a tu país de origen.

Es por todo ello que lejos de agobiarnos con intentar ir a cada punto del mapa a matacaballo, decidiríamos pensar que siempre habrá alguna que otra oportunidad de volver a la gran manzana, dejar muchos de aquellos para esa próxima ocasión y hoy hacer lo que nos pedía el cuerpo que no era otra cosa que dedicar casi el día completo a irnos de compras por algunos de los principales centros comerciales, tiendas de famosas marcas y algún que otro lugar que encontraríamos de casualidad.

Además también hay que tener en cuenta que, como ya comentaba en el primer capítulo del diario, el cambio del euro con respecto al dólar era de casi 1,60 por lo que era evidente que había que aprovecharlo a toda costa, pues es una diferencia histórica y a saber si esto volverá a producirse en el futuro.

Cuando el primer día visitamos Times Square y comenzamos a caminar por sus calles cercanas y anexas, no tardaríamos mucho en fijarnos en que allí se encontraban marcas tan famosas como Levi Strauss, la primera a la que íbamos a entrar. Nunca había visto tal cantidad de modelos de pantalones, camisetas, chaquetas, cinturones y accesorios. Pero si algo me sorprendería sobremanera es que según entrábamos una chica nos preguntaría si íbamos a necesitar una asistente para realizar nuestras compras. Yo estaba flipando pues se trataba de una persona que te iba asesorar, en todo momento, en cómo te sentaba la ropa y que era lo más apropiado para tú constitución. Evidentemente diría que sí, pero avisaría de que mi nivel de inglés era bastante bajo, a lo que acto seguido me dirían que no había ningún problema, para pocos minutos después presentarse ante mí un chica mexicana espectacular que me preguntaría que era lo que buscaba. Me costaría reaccionar pero poco después comenzaría con las compras, consiguiendo precios de 60 dólares por pantalón, lo que, efectivamente, al cambio venían a ser menos de cuarenta euros. Algo irrisorio a todas luces.

Muy cerca de la anterior, nos dirigimos a la tienda Mac Cosmetics, donde se quedarían Isabel y Carolina disfrutando de la cantidad ingente de cosméticos, pinturas y demás productos para mujeres, para Alberto y yo dirigirnos a todo un clásico de los dulces en el centro de Manhattan: la tienda de M & Ms donde la boca se nos haría agua al contemplar, por todas partes, tal cantidad de los deliciosos caramelos de cacahuete bañados en leche y chocolate. Dos pisos enteros de estas delicias, donde además también pudimos encontrar camisetas, peluches y todo tipo de merchandising de la marca. Es evidente que no conseguimos salir de allí sin comprar muchas de las cosas que ofrecen.

Una vez que nos volvimos a juntar los cuatro en esa misma tienda, tomaríamos el metro para desplazarnos hasta el famoso centro comercial Century 21, situado en Lower Manhattan, al lado de la Zona Cero. Aunque hay que decir que la ropa no es de excesiva calidad, los precios son para echarte a reír e incluso tienes la sensación de que hay una cámara oculta filmando porque parecen una broma. Yo me compraría un montón de camisetas bastante chulas que muchas no superaban los cuatro euros, por lo que merece la pena darse una vuelta por sus instalaciones si quieres conseguir auténticas gangas.

Cuanto terminamos aquí volveríamos al suburbano para dirigirnos a otro clásico en Nueva York: los grandes almacenes Macy´s, que ocupan toda una manzana y son de los más grandes del mundo. Es de imaginar ante este último dato que en su interior se pueda encontrar absolutamente de todo, desde ropa a zapatos, pasando por joyería, colonias, deportes o belleza. Todo se encuentra aquí. Además desde sus inmediaciones se puede tomar una buena perspectiva del Empire State Building, aunque esto no es nada nuevo pues hay miles de lugares para hacerlo.

Empire State desde calle de Manhattan
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NUEVA YORK - DIA 06. De la Estatua de la Libertad al musical en Broadway

17 de Julio de 2008.

Aunque mucha gente prescinde, en su primera estancia en Nueva York, de la visita a la isla de la Libertad, donde se emplaza la famosa estatua de la Libertad, valga la redundancia, a nosotros nos hacía especial ilusión llegar hasta allí y poder situarnos justo debajo de la inmensa escultura, así que decidiríamos renunciar a otros lugares en beneficio de poder llevar a cabo este plan.

Es cierto que habíamos visto ya la importante escultura en un sinfín de ocasiones y en diferentes horas del día, gracias al ferry que nos llevaba y nos traía a Staten Island y al crucero de Circle Line del día anterior, pero aún así no queríamos renunciar a hacer esta actividad, para la cual habíamos elegido las primeras horas de la jornada que empezaba.

Otro día soleado nos recibía y una vez más procedíamos a actuar de la forma que ya venía siendo tradicional, hasta que nos plantábamos en la zona sur de Manhattan. Desde ese punto llevaríamos a cabo el mismo paseo que ya haríamos unos días atrás hasta el Clinton Castle, donde nos darían los pases que nos llevarían a Liberty Island (gratis con la New York Pass).

Desde allí sólo tendríamos que desplazarnos unos metros hasta llegar al muelle de Battery Park, lugar desde donde zarpan los barcos. Sería aquí cuando nuestros sonrientes y animados rostros, se tornarían, en unos segundos, en caras de circunstancia y es que había una fila de narices y todo hacía presagiar que nos podíamos tirar en ella entre una y dos horas.

Muelle de Battery Park
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NUEVA YORK - DIA 07. Repitiendo lugares y alguna nueva sorpresa

18 de Julio de 2008.

Está claro que las cosas en frío se ven mucho mejor y aunque me levanté triste después de lo sucedido ayer, tras la charla con mi amiga Isabel, empecé a cambiar mi actitud y tratar de ver las cosas buenas, que casi siempre se encuentran.

Por un lado sólo había perdido las fotos de ayer, pues el resto las había ido descargando en el ordenador de la casa, así que el mal era menor. Si a eso le sumabas que mis amigos habían hecho fotografías muy similares a las mías en varios de los lugares en los que había estado como Chinatown, Soho o el puente de Brooklyn, pues al final las que realmente perdía eran en las que salía yo en aquellos sitios. Y aún así podía ponerle solución a esto último, repitiendo el destino más importante de ayer, pues hacia él se iban a dirigir Isabel, Alberto y Carolina en la jornada que empezaba.

No me lo pensaría mucho la verdad, pues me negaba a quedarme sin las fotos que me había hecho  en la isla de la Libertad con Miss Liberty, por lo que aunque esto supusiera renunciar a otros lugares de la Gran Manzana, tenía claro que esto era algo irrenunciable.

Así que quien me iba a decir a mí que no contento con una, iban a ser dos las veces que visitaría la isla en la que se halla la Estatua de la Libertad.

Estatua de la Libertad
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NUEVA YORK - DIA 08. MoMA y vuelta a casa

19 de Julio de 2008.

La última mañana en Manhattan volveríamos a separarnos y es que mis amigos querían dedicar el tiempo a realizar algunas compras, mientras que yo prefería visitar el MoMA, uno de los museos que me había quedado pendiente, además de volver al puente de Brooklyn para hacerme alguna que otra foto con él, al haber perdido en las que salía días antes, como ya conté en su momento.

Sería en la Zona Cero donde fijaríamos el lugar para volver a quedar a las 13:30, por lo que tras despedirnos, no tardaría mucho en sumergirme en las profundidades del metro para dirigirme a mi primer objetivo: el puente de Brooklyn. En principio no tendría que haber tardado más de diez minutos en llegar, pero debido a un error garrafal, me demoraría una hora en ello. ¿Qué sucedió entonces? Pues que cogí uno de los trenes rápidos que no hacen parada en ninguna estación salvo en la final, algo de lo que no tenía ni idea que existiera, encontrándome, sin comerlo ni beberlo, en una de las estaciones del barrio de Queens en pocos instantes.

Desde que me di cuenta de lo que sucedía mi cara de agobio fue en aumento y es que al hecho de que ya no me daría tiempo de inmortalizar mi paso por el famoso puente en fotografías, había que sumarle que las pintas de inmensos negros con tatuajes y con camisetas de tirantes, que me encontré nada más bajar al andén, eran similares a las de cualquier película de bandas callejeras. Si a eso se le añade que más de uno no me quitaba ojo de encima, creo que no faltó mucho para que me diera un infarto.

Estaba bastante nervioso y, por qué no decirlo, casi bloqueado y sin saber cómo volver a mi punto de inicio, temiendo sobre todo ser víctima de un atraco o algo peor, cuando de repente aparecería mi ángel de la guarda para guiarme. En este caso estaría encarnado en una señora de color de edad avanzada que, seguramente, al verme la cara desencajada se apiadó de mí y me preguntó que hacia donde iba. A decir verdad fue una suposición, ya que no la entendí ni papa de lo que pronunciaba. Después sólo me ceñí a enseñarla en mi mapa el puente de Brooklyn y a mirarla con cara de cordero degollado. Me sonreiría, supuse que me dijo que no me preocupara y esperé con ella allí el paso de dos trenes, hasta que cuando llegó un tercero me indicó que me montara en él y, efectivamente, volví de forma directa hasta la estación en la que todo había empezado.

Como ya he comentado, en toda la aventura anterior se me iría una hora de reloj, así que ya sólo tenía tiempo para dirigirme al MoMA, al que afortunadamente llegué sin problema. En este museo pasaría dos horas (la entrada no supuso ningún coste con la New York Pass) disfrutando de algunas de las mejores obras de arte moderno y contemporáneo del mundo.

Museo de Arte Moderno
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