Como ya he comentado en otras ocasiones, a veces tenemos tan
cerca lugares tan impresionantes que acabamos olvidándolos o, simplemente,
vamos posponiendo su visita para una “mejor ocasión”. El tiempo pasa y, cuando
queremos darnos cuenta, o no los hemos visitado nunca o apenas lo hicimos
cuando éramos más jóvenes.
Algo parecido me ha ocurrido con varios rincones de la
Comunidad de Madrid, una situación que he intentado corregir en los últimos
años. La pandemia, curiosamente, me dio la oportunidad de poner remedio a este
olvido y redescubrir más de un lugar cercano que tenía pendiente.
Desde hacía tiempo quería hacer lo mismo con Aranjuez. Solo
lo había visitado una vez, hace casi treinta años, y no había vuelto desde
entonces, algo casi imperdonable siendo madrileño. Hoy, aprovechando que una
amiga vive aquí, y uniendo ese viejo propósito pendiente, por fin he regresado,
disfrutando de una jornada completa en esta preciosa localidad.
UN POCO DE HISTORIA…
Junto a la confluencia de los ríos Tajo y Jarama,
y en el sur de la Comunidad de Madrid, el Real
Sitio de Aranjuez atesora numerosas maravillas naturales y artísticas
que evocan los esplendorosos años de la monarquía en España. Su rica huerta, su
casco antiguo repleto de edificios de gran valor histórico y sus espléndidos
jardines conforman un patrimonio excepcional, aunque ninguno alcanza la
relevancia y simbolismo del Palacio Real de
Aranjuez.
Los orígenes de Aranjuez se remontan a la Edad Media, cuando
la Orden de Santiago estableció en este enclave una casa de recreo vinculada a
la explotación agrícola del entorno. A partir de este primitivo edificio, la
Corona transformó el lugar en residencia real integrada dentro del sistema de
Reales Sitios, ya en el siglo XVI, adquiriendo especial relevancia durante el
reinado de Felipe II, que impulsó su uso
como espacio de descanso, caza y disfrute de la naturaleza.
![]() |
| Palacio Real de Aranjuez |
