20 de Agosto de 2005
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María Bernarda Soubirous, a quien todos llamaban Bernadette,
tenía la salud delicada. Era la mayor de nueve hermanos en una familia pobre,
que incluso había tenido que pasar largas temporadas alojándose en los
calabozos abandonados de la cárcel de Lourdes. A la pequeña Bernadette muchas
veces no le llegaban más que las migajas de lo que los demás comían. Además
tenía asma, había pasado el cólera, y en general se mostraba
extraordinariamente débil. Pese a todo, sabía que no debía quejarse cuando, el
11de febrero de 1858, su madre la envió a recoger leña al cercano cauce del río
Gave. Sólo tenía catorce años, pero ya ayudaba en casa como si sus manos fueran
adultas. Y entonces ocurrió, fue testigo de uno de los misterios más
fascinantes que encierran los Pirineos. El misterio acudió a sus ojos. Allí, en
el interior de la gruta, había una niña, una joven como ella.
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| Basílica de la Inmaculada Concepción |
