Si en mis últimos viajes por Inglaterra me había decantado por conocer algunas de sus ciudades más emblemáticas, como Bristol, Bath, Oxford o Cambridge, tenía claro que en mi siguiente incursión por el país cambiaría de aires y me animaría a visitar algunos de sus castillos más icónicos, disfrutaría de algo de naturaleza y recorrería pueblecitos pequeños y acogedores, para así obtener una perspectiva diferente del país y conocer otros paisajes y realidades.
Con esas premisas, pude comprobar que el sureste de Inglaterra cumplía perfectamente con mis intenciones. Allí se encontraban varios castillos de gran relevancia histórica y en un estado de conservación impresionante: Hever Castle, antigua residencia de Ana Bolena, con sus jardines y murallas que evocan el esplendor Tudor; Leeds Castle, fortaleza medieval que ha servido como residencia real y palacio señorial, rodeada de un foso y extensos jardines; y Dover Castle, fortaleza estratégica que defendió la costa durante siglos y que desempeñó un papel clave en distintas guerras, situada cerca de los famosos acantilados de Dover. Además, los paisajes naturales tenían fama de ser espectaculares, destacando los White Cliffs del propio Dover y las Seven Sisters, con sus impresionantes acantilados blancos que se extienden a lo largo de la costa de East Sussex. Los pueblecitos tampoco parecían decepcionar: Canterbury, con su magnífica catedral; Rye, con sus calles medievales y su encanto histórico; y Brighton, con su famoso muelle y su animado ambiente. Ante tantos atractivos, resultaba imposible resistirse a conocer esta hermosa parte del país.
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| Leeds Castle |


