Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas

JAPÓN - DIA 01. Hacia el país del sol naciente: Porqué, datos prácticos y llegada al hostal

22 de Agosto de 2015.

No tenía nada claro donde quería ir a pasar mis vacaciones este año. Siendo sincero era un mar de dudas. No sabía si quería volver a Sudamérica, si viajar por primera vez por Asia en solitario, si me apetecía marcharme a realizar un planning largo por Europa o incluso si quedarme por España conociendo aquellas zonas que todavía tenía pendientes por descubrir de mi querido país.

Pero, es cierto que de entre todas las opciones mencionadas en el párrafo anterior, había una que pesaba más sobre las demás y esa no era otra que animarme a volver a Asia, pero esta vez sólo, después de la gran experiencia de haber recorrido Indonesia con mi amigo Raúl en 2013. Y es que esta vez los motivos sentimentales y laborales de mi amigo no le iban a permitir acompañarme.

Y aunque es cierto que la idea me imponía bastante, al final si quieres cumplir tus sueños no queda otra que liarte la manta a la cabeza y arriesgarte y eso es lo que haría al final. En cualquier caso, optaría por dos destinos seguros y que todo el mundo ponía por las nubes por su cultura y el trato de su gente, y esos no eran otros que Japón y Corea del Sur.


Castillo de Himeji o de la Garza Blanca
Leer más...

JAPÓN - DIA 02. Lago Kawaguchi y su entorno en la región de los Cinco Lagos

23 de Agosto de 2015.

Mis planes pasaban por permanecer, al menos, los dos primeros días en la capital nipona para, dentro de lo que cabe, descansar de tantísimas hora de viaje de ayer. Pero el tiempo es caprichoso y dadas las previsiones para la siguiente semana, no me quedaba otra que adaptarme a las mismas y tratar de aprovechar la única ventana de relativo buen tiempo que se iba a dar en la región de los cinco lagos y del monte Fuji.

Mirándolo por el lado bueno, tenía las pilas cargadas y toda la energía necesaria para hacer lo que fuera y dado que los planes en esta zona suponían un palizón, mejor afrontarlos sin el cansancio y agotamiento que el paso de los días van ocasionándote, así que casi mejor.

Tras tomar la línea Oedo de metro (230 yenes) que me llevaría, cómodamente y sin transbordos, hasta la estación de Shinjuku, otras de las mega estaciones de Tokyo, me pondría a buscar la oficina llamada Odakyu Sightseeing Service Center, con la que no conseguí dar de primeras, como ya preveía, y por tanto acabaría recurriendo al comodín del público que tan buen resultado me estaba dando desde ayer. No tuve más  que preguntar a un señor que pasaba por allí cerca y el hombre se desvivió, preguntando a su vez a otras dos personas, para llevarme entre los tres hasta dicha oficina. La verdad que estaba ruborizado y sin todavía asimilar como la gente puede desvivirse de esa manera en ayudar a los demás. Es algo que no había visto en ningún otro lugar.

Esta oficina es un puesto de información turístico especializado en toda la región de los cinco lagos, del Monte Fuji y Hakone y es este uno de los lugares donde venden los diferentes pases que permiten ahorrarte una auténtica fortuna en los transportes de toda esta zona.

La oficina la abrían a las 08.00 por lo que sólo tuve que esperar diez minutos para que a la hora en punto el empleado correspondiente subiera el cierre metálico.

Mis objetivos eran visitar tanto una parte de la región de los cinco lagos con el Monte Fuji como la zona de Hakone, en las jornadas de hoy y de mañana y por lo tanto el pase que más me interesaba era el llamado Fuji Hakone Pass (7400 yenes) que incluye toda esta área. El mismo da derecho a:

1. Utilización de la línea de autobús Fujikyu/Keio highway bus, a la ida o a la vuelta, no en ambas, utilizando el tren para el recorrido que quedara pendiente.

2. Utilización del tren de la compañía Odakyu Railways entre Shinjuku y Odawara, aplicándose lo mismo que en el párrafo anterior.

3. Poder utilizar todos los medios de transporte existentes entre la región de los cinco lagos y la región de Hakone, tanto para conectar estas como dentro de cada una de ellas. Esto incluye autobuses, trenes, teleféricos, barcos, trenes cremallera, etc.

Todo lo descrito anteriormente es válido por tres días y el Japan Rail Pass sólo es válido hasta la estación de Odawara. Este sería un motivo importante por el que no sacaría el famoso pase durante mi primera semana en Japón.

Comentar también que si sólo se quiere o se puede visitar la región de Hakone hay otro pase llamado Odakyu Hakone Free Pass que es válido para esta zona y su precio es de unos 5000 yenes más o menos.

Pues tras todas estas aclaraciones, compraría mi desayuno compuesto por dos zumos y unos sándwiches en una pequeña tienda y me encaminaría al exterior de la estación donde tendría el primer contacto con algunos de los rascacielos famosos de la capital y tras cruzar un paso de peatones llegaría al andén número uno de la parada de autobuses, desde donde a las 08.40 salía el que me llevaría hasta la localidad de Kawaguchiko, donde comenzarían mis andanzas.


Rascacielos de Shinjuku
Leer más...

JAPÓN - DIA 03-A. Ascensión nocturna al monte Fuji

24 de Agosto de 2015.

Cincuenta serían los minutos que tardaría el autobús en recorrer la distancia existente entre Kawaguchiko y la Quinta Estación del monte Fuji, un área situada a 2300 metros y desde donde comienza la ruta, hacia la cima, llamada Yoshida Trail. La ruta más fácil y concurrida de las cuatro existentes y es que no había que tentar a la suerte y menos en solitario.

Efectivamente, existen cuatro quintas estaciones a lo largo del perímetro del monte Fuji, de diferente dificultad. Desde Tokyo este es el acceso más sencillo y además desde donde se puede ver amanecer, razones más que suficientes, junto con las anteriores, para decidirme por este lado de la montaña.

Oficialmente el periodo de subida es Julio y Agosto, aunque dependiendo de las condiciones meteorológicas se puede intentar ya a finales de Junio y hasta mediados de Septiembre, aunque el transporte ya no es tan asiduo como en estos dos meses estivales.

El tiempo estimado de subida es de 5 a 7 horas, pero dependerá en gran medida de las colas que te puedas encontrar en los últimos metros antes de llegar a la cima, como contaré en este capítulo y, por supuesto, de la condición física de cada uno.

No es una ascensión ni mucho menos complicada pero sí que se necesita tener una forma física aceptable para que sea una experiencia gratificante y no un calvario.

El caso es que a las 21.00 ya estaba pululando por la quinta estación, sin que hubiese casi un alma por allí y es que no se puede decir que hiciera la típica noche de verano. La realidad es que hacía fresco, lloviznaba a intervalos y sin que hubiese una niebla densa, sí que había nubes bajas que iban y venían, movidas por un ligero viento. No quería imaginarme como se estaría en la cima si esas condiciones se mantenían, pero como los servicios meteorológicos japoneses son muy fiables y su predicción era que las condiciones en la cima iban a ser buenas en la madrugada del día siguiente, pues a ellas que me encomendaba y mis planes seguían adelante.

Era pronto para comenzar a andar, por lo que me entretuve en el interior de algunas tiendas que estaban abiertas mirando postales y los precios de algunos productos, que aunque algo más caros, todavía podían soportarse en comparación con los de Kawaguchiko, pero mejor comprarlos allí para ahorrarte unas pelillas.

De casualidad también encontraría unas taquillas, donde aprovecharía para dejar algunas cosas de la mochila que no me iban a ser de utilidad en la ascensión como guías y la ropa del día siguiente, por lo que vienen muy bien para aligerar peso por 300 yenes. Están dentro de una de las grandes tiendas en un lateral.

Y así entre unas cosas y otras daban las 21.45, hora en la que comenzaría esta esperada y ansiada aventura.

El mítico monte Fuji, una de las cumbres más emblemáticas del mundo y símbolo nacional de Japón, una montaña sagrada y venerada por muchos nipones, un volcán con un cono perfectamente simétrico al que aspiran llegar miles de nacionales y de otras partes del mundo, me esperaba. Sólo me separaban siete kilómetros cuesta arriba para alcanzar la cima de esta inmensa mole de roca, declarada patrimonio de la humanidad en 2013, y conseguir así vivir una de las experiencias más fascinantes que ofrece la naturaleza en el país del sol naciente.

Dicen los japoneses que: “todo el mundo debería escalar el Monte Fuji al menos una vez en la vida, pero que sólo un tonto lo haría dos veces” curiosa reflexión que iba a tratar de cumplir en las próximas horas.

De momento la fina lluvia con la que me había encontrado nada más llegar había cesado y el frontal que llevaba era lo suficientemente potente como para alumbrar unos metros el camino que tenía delante, por lo que aunque con no demasiada seguridad, ya que en estos primeros metros me encontraba sólo, continué avanzando a paso ligero. Sólo transcurrirían cinco minutos para encontrarme con un primer grupo, al cual adelantaría y seguiría caminando. Tras otros diez minutos, un nuevo conjunto de seis personas me cerraban el paso, cuando al ver la luz de mi frontal, uno de ellos se daría la vuelta y me saludaría, para segundos después preguntarme que de donde era. Al decirle que de España y que mi inglés dejaba bastante que desear, se dirigiría a mí en un más que aceptable castellano, para contarme que sólo llevaban dos frontales para los seis y que si me apetecía seguir la ascensión con ellos pues así todos ganábamos. Ellos en luz y yo en compañía, por lo que me pareció una propuesta excelente.

El grupo se componía de cuatro coreanos y de dos israelíes, siendo uno de ellos el que haría de portavoz, minutos antes, y que sabía español por tener familia argentina.

Tras las presentaciones oportunas continuaríamos caminando y tras pasar, sin detenernos, la sexta estación, llegábamos a las 23.00 al primer gran núcleo de refugios. Era la séptima estación y el primer lugar donde haríamos una parada para reponer fuerzas, descansar un rato y dejar pasar el tiempo, pues el mayor error que se puede cometer es llegar a la cumbre demasiado temprano, pues el viento y el frío pueden hacer que sea imposible aguantar para ver amanecer, no consiguiendo ese gran objetivo que persigue todo aquel que lo hace de noche.


Refugio en la subida al Monte Fuji

Leer más...

JAPÓN - DIA 03-B. Área de Hakone

24 de Agosto de 2015.

Cuando veo cumplido un sueño que llevo mucho tiempo esperando, se produce en mi un subidón de adrenalina tremendo y ya puedo estar agotado que todo mi cuerpo se vuelve a activar durante las horas posteriores hasta que soy realmente consciente de que lo que tanto ansiaba por fin se ha hecho realidad. Acto seguido es cuando me entra el bajón, si se ha tratado de algo relacionado con una actividad física importante, y luego ya se me hace fundamental descansar por el tiempo que mi cuerpo necesite.

Por tanto, y a pesar de llevar ya 26 horas sin dormir, era tal el subidón que tenía que decidí aprovechar el día que comenzaba, hasta que el cuerpo aguantase. Así que lo primero era retornar al pueblo de Kawaguchiko desde la Quinta Estación, una vez recogidas las cosas de la taquilla y después de haberme cambiado de camiseta y aseado un poco en uno de los servicios de la tienda.

Llegaba al pueblo con el tiempo justo para tomar el autobús de las 10.30 que me llevaría hasta Gotemba, para el que no necesité sacar ningún billete ya que estaba cubierto por el Fuji Hakone Pass, por lo que no perdí tiempo en ese trámite, ya que si no hubiera acabado esperando al siguiente que a saber a qué hora era.

Tardaría una hora y media en llegar hasta la estación de Gotemba, donde tendría que bajarme y dirigirme a la parte trasera de la misma para allí tomar otro autobús que me llevara a la localidad de Hakone, desde la cual un nuevo autobús me llevaría hasta Gora, un pequeño pueblo donde realizaría la primera actividad del día. Todos los trayectos mencionados se encuentran también incluidos en el pase.

Aunque parece un lío, todo es fácil si preguntas a los conductores de los autobuses, que están bastante pendientes de comunicarte cuando tienes que bajar, así que es genial.

El área de Hakone se caracteriza por ser la típica zona de recreo y relax, donde los estresados habitantes de Tokyo acuden para relajarse en los onsen (baños termales) locales y disfrutar del entorno mágico que les rodea.

La zona se extiende sobre los restos de un enorme volcán, activo hasta hace 3000 y 4000 años, que dejó como legado manantiales termales y chimeneas de vapor.

Además en ella se puede realizar una ruta circular utilizando múltiples medios de transporte que te van llevando hasta diferentes atracciones.

Yo había llegado a Gora para comenzar el circuito cogiendo el Hakone Tozan Cable Car, donde me encontraría un cartel informándome de una desagradable sorpresa: Toda la zona volcánica de Owakudani y el teleférico que te lleva hasta ella se encontraban cerrados como consecuencia de una mayor actividad geotermal en la zona.Realmente una lástima porque era lo más espectacular del recorrido, por lo que había leído.

Esto me desmoralizaba un poco y de repente un cansancio descomunal me envolvería, costándome incluso mantenerme en pie con los ojos abiertos. Paseé un rato por los alrededores, pensando que hacer y tratando de espabilarme un poco, me compraría dos coca colas como ayuda y decidiría, al final, hacer lo que se pudiera de la ruta circular, por lo que volví a la estación y tome el cable car hasta Souzan, la última parada, por gusto de ver donde se tomaba el teleférico. Todo estaba cerrado a cal y canto, como ya sabía, por lo que esperé, de nuevo, el tranvía de bajada, para apearme esta vez en la última de las paradas y tomar un autobús hacia la zona del lago Ashi, en Togendai, recorrido en el cual tendría que hacer un nuevo transbordo de autobús, ya que no era directo.


Cablecar de Gora a Souzan

Leer más...

JAPÓN - DIA 04. Tokyo: Asakusa, Skytree, Ueno y Akihabara

25 de Agosto de 2015.

Mi viaje por Japón había comenzado de forma intensa y con mucho movimiento, por lo que hoy, sin duda, sería un día donde mi intención era coger los menos medios de transporte posibles y comenzar a conocer la descomunal Tokyo, la cual me moría ya de ganas por empezar a descubrirla.

Casi once horas de sueño serían suficientes para recuperarme del palizón que me había pegado en el monte Fuji y alrededores, por lo que un poco antes de las ocho me encontraba desayunando unos donuts con leche ( 377 yenes)que me había comprado en el Seven Eleven, pegado al Hostal.

Tokyo es el área metropolitana más grande del mundo, poblada por unos trece millones de personas, un paraíso en cuanto a costumbres y tradiciones diferentes al otro lado del mundo, una capital llena de vitalidad y que está dispuesta a ofrecerte sorpresa tras sorpresa en cada barrio que se visita. Tokyo es una mega urbe donde conviven juntas las tradiciones milenarias con la tecnología más avanzada, un lugar repleto de contrastes que es casi imposible que deje indiferente a nadie.

Iniciaría mi recorrido dirigiéndome hacia la ribera del río Sumida, ya que me pillaba a tan sólo diez minutos caminando desde mi alojamiento. Nada más llegar a él pude ver las inconfundibles siluetas de la Tokyo Sky Tree, una impresionante torre de 634 metros de alto, y del Asahi Super Dry Hall, el edificio donde se encuentran las oficinas de la cerveza japonesa Asahi Breweries y que se caracteriza, principalmente, por el churro amarillo que se ve en su azotea.


Asahi Super Dry Hall y Skytree

Leer más...

JAPÓN - DIA 05. Tokyo: Día desapacible en el distrito de Ryogoku

26 de Agosto de 2015.


El sonido de los goterones de lluvia golpeando, incesantemente, en los cristales de la habitación, harían que me despertase media hora antes de lo que tenía previsto, por lo que a las 7.30 estaba ya dando la plasta a mis pobres compañeros de cuarto, aunque cierto es que intentando molestar lo menos posible, pues tengo que volver a recalcar que el respeto y la educación entre las siete personas que nos tocó compartir alcoba era difícilmente superable.

El día era tan horrible que ni siquiera a mí me apetecía ponerme a patear calles y eso que en más de un país he acabado calado hasta los huesos por conocer ciertos lugares, pero, en esta ocasión, hubiera sido una locura, pues diluviaba, además de soplar un viento desagradable que hacía cambiar, constantemente, la dirección de la lluvia.

Así que ante este panorama, no quedaba otra que cambiar los planes y optaría por dirigirme al mercado de pescado de Tsukiji, uno de los lugares que más impactan al visitante en la capital por el contraste con respecto a otro tipo de actividades.

Llegaría hasta allí en metro bajándome en la estación Tsukijishijo (280 yenes) y al salir al exterior y andar sólo unos metros me encontré con que todas sus instalaciones estaban cerradas por ser día de libranza. Mi cara fue un poema pues no creía que un miércoles fuese día de cierre, pero parece ser que los días de asueto van cambiando según la semana, por lo que conviene informarse bien de ello.

Estaba claro que los astros no iban a estar de mi lado, pero no quise rendirme tan fácilmente y opté por tomar otra vez el suburbano, seis estaciones, hasta Ryogoku, donde había leído que se encontraba uno de los mejores museos de la capital y de los más recomendables y entretenidos: el museo de Edo-Tokyo. Así que no lo dudé y nada más salir al exterior encaminé mis pasos hacia el descomunal edificio blanco sostenido por cuatro inmensos pilares y que representa un antiguo almacén. No había casi gente por lo que compraría mí entrada, sin apenas esperar, (600 yenes) y me dirigiría hacia las escaleras mecánicas que te conducen, por un túnel futurista, hacia la parte alta del edificio, donde se comienza la visita. Sólo ya con esta manera de acceder tuve la sensación de meterme en un túnel del tiempo que me trasladaba a uno de los periodos más interesantes de la historia de Tokyo: el que transcurre entre los siglos XV al XIX, cuando todavía se conocía a la ciudad con el nombre de Edo.


Museo Edo-Tokyo

Leer más...

JAPÓN - DIA 06. Tokyo: Tsukiji market, Ginza y Marunouchi

27 de Agosto de 2015.

“El país del sol naciente”. ¿Me lo tengo que creer? Porque más bien, desde que aterricé, esto parece el hermano gemelo del reino de Mordor del señor de los añillos. Aunque es cierto que el único día desagradable y malo fue ayer, el resto de días y a excepción de la cima del monte Fuji, no había visto ni el más mínimo claro en toda mi estancia en Japón, lo que empezaba a resultarme un poco cansino.

Aunque para hoy, en principio, las previsiones iban a ser de un día soleado, amanecía, de nuevo, gris, por lo que una vez aceptado que esto iba a ser el pan de cada día, me puse en marcha repitiendo la misma ruta con la que empecé el día de ayer, es decir, marchándome a la lonja de pescado de Tsukiji, pero madrugando un poco más, y llegando allí a eso de las seis y media de la mañana.


Metro de Tokyo camino hacia Mercado de Tsukiji
Leer más...

JAPÓN - DIA 07. Kamakura y Yokohama

28 de Agosto de 2015.


De nuevo, y al igual que ayer, me levantaría a las 5.30 para aprovechar el tiempo al máximo y es que entre mis planes iniciales no se encontraban realizar la visita del complejo de templos de Kamakura y de la ciudad de Yokohama en la misma jornada. Me hubiera gustado hacerlo en dos días diferentes para ir con más calma, pero debido a que el cielo casi cae sobre mi cabeza unas jornadas atrás, donde acabaría en el museo Edo, no me quedaba otra que concentrar los dos destinos a lo largo de hoy, si no quería perderme ninguno.

A las 06.10 ya estaba en la estación de Kuramae donde preguntaría al siempre amable y eficiente revisor, da igual de que persona se trate, pues son todos igual de agradables, como llegar sin el Japan Rail Pass hasta Kita Kamakura, donde iba iniciar las visitas en el día de hoy.

Me tocaría un jefe de estación que además de simpático era práctico, ya que cogería un folio y me apuntaría paso por paso lo que tenía que hacer, quedando la cosa de la siguiente manera:

1- Llegar hasta la estación de metro Ueno – Okachimachi (170 yenes). 2- Transbordo para llegar de esta a Tokyo Station (140 yenes). 3- Por último coger la línea Yokosuka que te lleva directa a Kita Kamakura o Kamakura según la elección de cada uno.

Dicho y hecho, me plantaba a las 07.50 en la salida de la estación de Kita Kamakura y yo no sé porqué, pero en la estación de Tokyo me dirían que pagara el billete a la salida del destino y cuando fui a hacerlo aquí, me dirían que saliera y que no me preocupara, sin darme tiempo ni a sacar la cartera. Así que este último trayecto me saldría gratis.

Kamakura se encuentra enclavado entre colinas boscosas y el mar, a tan sólo 50 kilómetros de Tokyo. Fue capital del Imperio desde 1185 hasta 1333 y aquí se establecería el primer Shogunato que gobernaría Japón. El Shogun equivalía a lo que hoy es el primer ministro pero con el poder propio del Parlamento, por lo que podía tomar, prácticamente, cualquier decisión en cualquier materia.

Durante todo este periodo, al ser el lugar más importante del país, proliferarían en él infinidad de santuarios y templos, parte de los cuales me iba a dedicar a visitar durante la mañana.

El lugar ideal para comenzar la ruta sería un grupo de templos a sólo dos minutos a pie desde la estación y cruzando las vías de esta. Engaku – ji, se encuentra rodeado de antiguos cedros y es un importante templo Zen, fundado en 1282 para honrar a los soldados muertos en la guerra contra los mongoles.

La entrada me costaría 300 yenes y a lo largo de la colina donde se encuentran los principales edificios, podría disfrutar de la belleza austera de estos, suavizada por el follaje, arbustos y hasta un estanque.

Entre las construcciones más destacables estarían la inmensa puerta Sanmon de 1783; el Butsuden, donde se halla la estatua de Shaka Budda tallada en madera, considerada como uno de los mayores tesoros del complejo; y en lo más alto de las instalaciones podría encontrar una inmensa campana considerada tesoro nacional.


Templo Engaku-ji

Leer más...

JAPÓN - DIA 08. Tokyo: Odaiba,Shiodome,Tokyo tower y Roppongi

29 de Agosto de 2015.

Me levantaría a las ocho, para darme un respiro, después de las horas intempestivas de las dos jornadas anteriores. Nuevamente, se presentaba ante mí un día de lo más aciago, pero esta vez mis planes seguían adelante a pesar de la lluvia y el viento, al menos de momento.

Y es que lo primero que quería hacer hoy era realizar un crucero por el río Sumida para llegar por esta medio hasta la isla artificial de Odaiba, actividad más que factible, independientemente de la climatología.

Con todo preparado y sin pensármelo mucho, me pondría el chubasquero y a paso ligero y resguardándome debajo de las repisas de algunos edificios, llegaría, caminando en diez minutos, hasta el puente donde se encuentra la oficina de la empresa Tokyo Cruise en la que se pueden comprar los tickets para el paseo fluvial y desde donde también zarpan los barcos. Este puente no es otro que el que te lleva directo a la Tokyo Skytree y por el que había estado hacía unos días paseando y tomando algunas perspectivas de la famosa torre, la cual hoy era como si no estuviera, al estar completamente tapada por la niebla.

Yo estuve allí a las 09.30 y era de los primeros y en diez minutos ya había una fila considerable, y eso que hacía un día malísimo, así que conviene llegar con tiempo porque los tickets vuelan y eso que no son precisamente baratos. Sólo hay cuatro trayectos al día y yo escogería, como es evidente, el que salía a las 10.00. Decidiría ir en el barco que va directo, sin hacer paradas, y me costaría 1560 yenes. Hay varios tipos de trayectos en los que los precios oscilan de unos a otros unos 500 yenes, dependiendo de las paradas y donde se baje uno.

Crucero por el Río Sumida
Leer más...

JAPÓN - DIA 09. Tokyo: Shinjuku, Shibuya y Harajuku

30 de Agosto de 2015


Mi último día en la vibrante capital japonesa lo iba a dedicar a seguir sumergido en la locura de la selva futurista que te encuentras a cada paso que das por muchos de los barrios que conforman esta mega urbe y, especialmente, me ceñiría a Shinjuku y Shibuya, que son dos de los más famosos y de más renombre y que había dejado para el final para terminar por todo lo alto esta primera etapa del viaje.

Comenzaría por Shinjuku, uno de los barrios más concurridos y con mayor concentración de rascacielos de Tokyo, entre los que destaca el del Ayuntamiento, con sus inconfundibles torres gemelas, y que sería el elegido para llevar a cabo la primera visita del día, subiendo a una de ellas para divisar el horizonte tokiota, por última vez, bajo mis pies.

Tokyo Metropolitan Government Building

Leer más...

JAPÓN - DIA 10. Nikko

31 de Agosto de 2015.

Ayer, entre que volvía al hostal, cenaba unas bandejitas de makis del Seven Eleven, me duchaba y preparaba la maleta y la bajaba a consigna, me daban casi las doce y hoy la corneta estaba sonando a las cinco de la madrugada, por lo que es de imaginar el cuerpo y la cara de zombi que tenía.

Pero ello era necesario porque no me quería quedar sin conocer Nikko, otro de los lugares imprescindibles en Japón y que había dejado para el último momento por una simple y sencilla cuestión: el tiempo. Cuando consultaba en varias hojas de meteorología esta zona, el resultado siempre era desolador, todos los días y durante diez jornadas consecutivas daba lluvia constante. Mi esperanza era que según fuera pasando el tiempo la cosa cambiara y aprovechar así alguna pequeña ventana para hacer la escapada en ese momento, pero desgraciadamente no pudo ser y ya no podía apurar más, así que con unas previsiones más que nefastas me iba para allá.

Es cierto que cualquiera que vea el planning de hoy lo puede tachar de locura, porque teniendo que viajar a Kyoto por la tarde, que está en el sur, e irme a más de 130 km al norte de Tokyo, no tiene mucho sentido. Tendría que darle la razón a quien argumentara esto, pero siempre que se tratara de otro lugar del mundo, pero no olvidemos que estamos en Japón y aquí todo es posible en cuanto a planificación se refiere. Por lo que, salvo causa de fuerza mayor, te puedes organizar una jornada perfectamente estructurada en tiempos con minutos y segundos y todo se desarrollará tal cual lo tenías pensado. Así de fácil.

Por lo menos ya tenía mi Japan Rail Pass y me ahorraba una fortuna en llegar hasta allí y además era lunes y, supuestamente, tendría que haber bastante menos gente que en fin de semana y además lloviendo, por lo que no esperaba mucho agobio de masas.

A las cinco de la madrugada estaba en pié para que me diese tiempo a cumplir con todo lo previsto, desayunaría unos donuts y unos zumos que había comprado la noche anterior en el Seven Eleven y antes de las seis estaba cogiendo el metro en la estación de Kuramae hacia Ueno Okachimachi (170 yenes), donde cogería la línea Yamanote para bajarme tan sólo una estación después en Ueno y aquí ya hacer trasbordo al tren con dirección hacia Utsunomiya cuyo billete ya tenía reservado desde el primer día, aunque es cierto que no me hubiera hecho falta porque a las 06.18 venía prácticamente vacío, pero bueno más vale prevenir que curar.

Tras 42 minutos llegaba a Utsunomiya, donde volvía a cambiar de tren siguiendo las indicaciones hacia la Nikko Line, que venían bien claras. A las 07.10 estaba ya en el andén, pero al ser tren local este no pasaba con la misma frecuencia que los Shinkansen y me tocaría esperar hasta las 07.41, media hora que aprovecharía para volver a comer y beber algo.

Había leído en mucho lugares que este último trayecto de la Nikko Line no venía incluido en el Japan Rail pass y que era necesario pagar un billete aparte, por lo que para no tener problemas, le preguntaría a un revisor, el cual me afirmaría hasta la saciedad que no me preocupara que con el pase podría llegar sin coste adicional. Así que no tengo ni idea de por qué no tuve que pagar, lo mismo han cambiado las condiciones, pero el caso que cuando llegué a la salida de la estación en Nikko, enseñé el pase, como siempre, y salí sin el menor problema.

Había tardado 42 minutos exactos en llegar hasta mi destino, desde el último punto, y unas dos horas y media en total, por lo que a las 08.23 estaba saliendo de la estación.

Efectivamente, las previsiones no se habían equivocado y una cortina de agua intensa y fina me daba la bienvenida, lo que me obligaba a ponerme el chubasquero para afrontar todas las visitas de la mañana en estas condiciones. Estaba siendo, sin duda, el viaje de larga duración donde peor suerte estaba teniendo con el tiempo y me lo estaba tomando mejor de lo que me esperaba, aunque también es cierto que la otra opción hubiera sido estar amargado todo el día y tampoco era plan en un destino tan increíble.

Ante el panorama que me encontraba, obviamente renunciaría a pasear y cogería, nada más salir de la estación, el autobús 1A (230 yenes) que me dejaría, tras dos paradas, en el inicio de la ruta de hoy.

Nikko sería fundada hace más de 1200 años por el sacerdote budista Shodo Shonin, quien cruzó el río Daiya de camino al monte Nantai y fundó el primer templo entre las colinas verde esmeralda que rodean la zona. Siglos después este lugar se convertiría en un importante centro budista sintoísta, lo que no pasaría inadvertido para el gran guerrero Tokugawa Ieyasu, quien escogería el lugar para crear su mausoleo. Sería su nieto Iemitsu quien al final lo mandaría construir en 1634 y tenía claro que toda la riqueza y el poder del clan Tokugawa quedara reflejado aquí.

El autobús me había dejado tan sólo a unos pasos del puente Shinkyo, un puente rojo de madera laqueada que atraviesa el río Daiya y que según la leyenda es en lo que se convirtieron las dos serpientes gigantes con que atravesaría el río Shodo Shonin. En otros tiempos, sólo el shogun y sus mensajeros imperiales podían atravesarlo.


Puente Shinkyo
Leer más...

JAPÓN - DIA 11. Kyoto: Higashiyama norte y Gion

1 de Septiembre de 2015.

Kyoto representa la tradición japonesa, la exaltación de la sensibilidad y las costumbres más ancestrales del país del Sol naciente. Supone, en muchos aspectos, la antítesis de la gran capital y es por ello el complemente perfecto a esta y una visita imprescindible para cualquier viajero. Las montañas y bosques que lo rodean lo hacen, si cabe, más especial, permitiéndote conseguir una paz absoluta en el momento que huyes, unos cuantos kilómetros, de la vorágine del centro de la ciudad, encontrando jardines y espacios que parecen de otro mundo. Sus templos te invitan al recogimiento, al silencio, a la serenidad, a dejar pasar el tiempo mientras tú espíritu parece fundirse con la naturaleza. En definitiva, Kyoto te atrapa en cuanto comienzas a descubrirlo, dejándote recuerdos e imágenes inolvidables.

Kyoto sería la capital imperial durante más de mil años, después de que el emperador Kammu la trasladase de Nara hasta aquí. A partir de ese momento la ciudad se convertiría en centro cultural y artístico de Japón, siendo, igualmente, un importante centro religioso llegándose a construir más de 1600 templos budistas y 270 santuarios sintoístas. Si a todos ellos, además, le sumas el impresionante palacio Imperial, un soberbio castillo y legendarios jardines que encuentran en todas estas construcciones y se tiene en cuenta que la ciudad no sufriría los bombardeos de la segunda guerra mundial, permitiendo así que todo llegara cuidadosamente conservado hasta nuestros días, uno puede hacerse una idea de la infinidad de posibilidades que te ofrece este lugar, pudiendo permanecer en él todo el tiempo que uno quiera.

Las distancias existentes entre los puntos de interés son enormes y se hace casi imprescindible la utilización de los medios de transporte si no se quiere perder un tiempo precioso entre el desplazamiento de unos lugares a otros. En mi caso decidiría llegar hasta los sitios más lejanos utilizando estos y luego ya realizar la correspondiente ruta entre muchos de los templos de interés de la respectiva zona. Para mi gusto, lo mejor son los autobuses pues existen varias líneas que te dejan casi en la puerta de los templos y una vez que le pillas el truco al plano que te facilitan en el Hostel o la oficina de turismo, todo se hace muy sencillo. El metro, sin embargo, sólo consta de dos líneas y es mucho más limitado para llegar a muchos lugares de interés.

Tras preguntar en la recepción de mi alojamiento donde se encontraba la parada en la que tenía que tomar mi primer autobús, me dirigiría hacia allí, sin todavía haber desayunado, y cuando estaba atravesando el puente sobre el río Kamo, vería justo al otro lado, un McDonald´s donde ofertaban en un enorme cartel un desayuno consistente en tortitas con sirope de caramelo y un zumo, por lo que no lo dudé y allí que me metí a desayunar.

Al terminar sólo tendría que cruzar la calle para encontrarme la parada del autobús número 100 entre otros muchos, que me llevaría por 230 yenes hasta el primero de los templos que iba a visitar hoy. Hay un pase diario por 500 yenes que en el momento que coges dos autobuses ya queda amortizado, pero como no sabía si iba a tomar alguno más, a lo largo del día, opté por, de momento, no comprarlo.

El autobús me dejaba al inicio de una calle llena de tiendas de recuerdos  y restaurantes y caminando por esta, en pocos metros, me plantaba en las taquillas del que iba a ser el primer templo que visitaría en Kyoto, nada más y nada menos que Ginkaku-ji, el Pabellón Plateado, uno de los más afamados. (500 yenes).

Este lugar sería el retiro del sogún Yoshimasa, propulsor de un renacimiento artístico conocido como la cultura Higashiyama. De la misma manera que su abuelo cubriría de pan de oro el Pabellón Dorado, él quería hacerlo en este con plata, pero al final no sería posible como consecuencia del inicio de una guerra.

Ginkakuji o Pabellón de Plata

Leer más...

JAPÓN - DIA 12. Kyoto: Higashiyama sur, oeste y Arashiyama

2 de Septiembre de 2015.

Me extrañé mucho de ver que el local del McDonalds estaba con luz a las 05.30 de mañana. Lo primero que pensé es que estaban recibiendo algún pedido o reparando alguna instalación, pero cuando me acerqué y pregunté que si se encontraba abierto y me dijeron que sí, me quedé con cara de alucinado y después pediría mi desayuno de pastel de manzana y tortitas, como ya haría ayer (560 yenes).

Sí, efectivamente, como se ha podido ver en el párrafo anterior, me pequé un madrugón de campeonato y es que hoy quería hacer muchísimas cosas y viendo que ayer me quedé corto con los tiempos, hoy adelanté el madrugón un poquito. Ello con la idea de estar a las 06.00 en la puerta de uno de los pocos templos que abren a estas horas intempestivas como es el caso de Kiyomizu-dera.

Patrimonio de la Humanidad desde 1994, como otros muchos templos, su historia se remonta al año 798, cuando sería fundado, aunque los edificios que se pueden ver son del S.XVII, como consecuencia de un gran incendio que destruyó muchas de las instalaciones originales. Su nombre significa “Templo del agua pura”, debido a que de las colinas cercanas bajan cascadas con aguas limpias y transparentes.

El complejo lo forman veinte edificios de madera, siendo uno de los recintos más grandes de la ciudad. Además es uno de los centros budistas más importantes de Japón, por lo que es un lugar de peregrinación obligada para muchos japoneses practicantes de esta religión.

Llegaba hasta aquí habiendo leído que algunos de estos edificios se encontraban restaurándose, pero no me había informado ni cuantos ni cuáles de ellos, por lo que veríamos a ver si no se me estropeaba demasiado la visita.

Dos fieros leones, esculpidos en piedra y con cara de pocos amigos, cuya función es salvaguardar al templo de los malos espíritus, me daban la bienvenida, antes de afrontar la escalinata que me llevaría a atravesar la increíble Puerta de los Reyes o Niomon.


Puerta Akamon. Templo Kiyomizu-dera
Leer más...

JAPÓN - DIA 13. Hacia los Alpes Japoneses:Takayama

3 de Septiembre de 2015.

Los templos de Kyoto son apasionantes y no hay dos iguales. Aunque nunca he estado de acuerdo con la odiosa frase “visto uno, visto todos”, que pronuncia muchísima gente, aquí tendría mucho menos sentido que con respecto a otro tipo de construcción o arte. Todos los templos tienen no uno, sino varios elementos que los hacen diferentes del resto y por tanto siempre tienes la capacidad de sorpresa en alguna sala, un jardín o un paisaje.

Aún así tengo que decir que estaba saturado y que necesitaba un cambio de aires, por lo que como al preparar el viaje esto lo veía venir, este lo había organizado de tal manera que en los siguientes días pudiera darme un respiro en cuanto a santuarios se refiere y cambiarlos por el entorno y la naturaleza incomparable de los Alpes Japoneses.

Dejaba atrás el ajetreo de la gran ciudad y el turismo de masas para ir en busca del aire puro, la calma y la tranquilidad, que sólo un pequeño pueblo como Takayama, entre montañas de más de tres mil metros, bosques y valles glaciares, puede ofrecerte. Si a ello le añades que es uno de los mejores ejemplos para conocer el legado del Japón feudal del periodo Edo (1603 – 1868), pues no se puede pedir más.

Ayer había dejado en la consigna del hostal mi gran maleta y otra bolsa (100 yenes por cada una y por cada día, por tanto 400 yenes) para ir ligero de equipaje, cogiendo lo imprescindible para las dos próximos jornadas, pues en la tercera ya volvía a dormir a Kyoto. Así que tan sólo llevaba una mochila con las cosas básicas de aseo, algo de ropa y la cámara y demás accesorios de esta, por lo que iba ligero como una pluma.

Como ya he comentado en alguna ocasión, las reservas del Japan Rail Pass para los diferentes trenes durante el viaje las haría el primer día de llegada, por lo que no tenía que preocuparme de las reservas ni de los horarios sobre la marcha. Tan sólo tenía que llegar al andén correspondiente el día y la hora prevista y listo.

Aprovecharía la media hora que me sobraba, antes de que saliera el tren bala, para desayunar un zumo de uva y unos sándwiches que vendían en un pequeño puesto del andén. Y sin darme cuenta a las 06.42 salía el Shinkansen Hikari hacia Nagoya donde llegaría a las 07.33. Sólo tendría tiempo de hacer el transbordo y nada más, pues a las 07.45 partía el tren a Takayama. Nuevamente la coordinación japonesa me sorprendía, bordando la puntualidad de todos los trenes.


Tren Bala en la Estación de Kyoto
Leer más...

JAPÓN - DIA 14. Shirakawa-go: Tradición entre montañas

4 de Septiembre de 2015.

Era un hombre nuevo, después de haber dormido casi diez horas como un lirón. No me podía haber venido mejor el tomarme el día de ayer con calma, terminándolo con la experiencia relajante del onsen, porque gracias a todo ello me levanté como nuevo y con todas las fuerzas recuperadas y como si empezara el viaje en este punto, por lo que estaba pletórico y con muchas ganas de llevar a cabo los planes de hoy.

Con esta ilusión, recogería todo y me encaminaría hacia la estación pues a las 08.50 salía el autobús hacia Shirakawa-go.

Unos bollos y un zumo (300 yenes) serían suficientes para coger fuerzas antes de afrontar la hora de viaje que tenía por delante hasta llegar al espectacular valle de Shokawa, donde se encuentra la hermosa aldea de Ogimachi, perteneciente al distrito de Shirakawa-go.

Recordar que tanto este billete como el del autobús que tomaba por la tarde, los había adquirido el día anterior para evitar quedarme sin ellos y creo que hice bien, porque no iba ni un solo hueco libre, lo que me extrañaría al esperarme que ya en estas fechas no fuera tanta gente.  Por cierto que como ya dije, el pase del Japan Rail no es válido para realizar estos trayectos por lo que hay que sacar la cartera y dejarse la pasta.

Otra de las cosas que me sorprenderían es el escaso tiempo que tardamos en realizar el recorrido y es que como no, también las carreteras las tienen impolutas, independientemente del tipo de vía que sea.

Así que me plantaba en la misma estación de Ogimachi a las 09.45, dirigiéndome, nada más bajar, a las taquillas que allí se encuentran, para dejar la mochila que llevaba e ir casi con lo puesto y la cámara, pues todo parecía indicar que el día iba a acompañar y los pequeños claros que se iban viendo, se convertirían después en un cielo, más o menos despejado.

Una vez que me hice con un mapa en castellano, pues aquí sí que hay en un montón de idiomas, abandonaría la consigna y cruzaría justo en frente para llevar a cabo la primera visita de la mañana al museo al aire libre Gassho-Zukuri Minka-en (600 yenes), donde se conservan en perfectos estado casas tradicionales traídas de diferentes lugares del país en las que destacan, como característica fundamental, sus tejados de paja. Estas construcciones con sus singulares techos escarpados se desarrollaron en zonas de copiosas nevadas y son un tipo de vivienda que sólo puede verse en esta región. Los tejados tienen forma de gassho que significa manos en oración, motivado porque el clima exige protecciones robustas y en pendiente que soporten las pesadas nevadas del duro invierno.

Museo al Aire Libre Gassho Zukuri Minkaen

Leer más...

JAPÓN - DIA 15. Kanazawa: Ciudad de Geishas y Samurais

5 de Septiembre de 2015.

Comenzaría el día dirigiéndome a la estación para hacer varias cosas: comprarme el desayuno, dejar gran parte de lo que llevaba en la mochila en una de las taquillas pequeñas (300 yenes) y, lo más importante de todo, comprar el billete que te da derecho a montar en la llamada Loop Line, la cual te permite llegar a todos los lugares de interés que hay que visitar en Kanazawa. En este autobús turístico no se tarda más de diez minutos en llegar de unos lugares a otros, ahorrando así un tiempo de oro que, si por el contrario, se decide recorrer andando. Además eligiendo esta última opción es probable que se termine fundido porque, parece que no, pero sí que hay distancia entre todos los lugares de interés.

Cada billete de autobús individual cuesta 200 yenes y el pase especial para el día entero te cuesta 500 yenes, por lo que se amortiza rápidamente. Se puede comprar en las taquillas de información que se encuentran al lado de donde se cogen estos autobuses y nada más salir de la terminal de trenes.

Kanazawa se encuentra situada en la costa del Mar de Japón y está bordeada por los Alpes japoneses. Durante el periodo Edo fue una ciudad – fortaleza gobernada por la familia Maeda, el segundo clan feudal más poderoso después de los Tokugawa, en términos de tierras y de producción de arroz. En consecuencia, hoy podemos decir que Kanazawa es uno de los grandes baluartes del Japón de la época feudal y que su progresivo crecimiento la ha convertido, por méritos propios, en una ciudad de grandes logros culturales, rivalizando incluso con Kyoto y Tokyo. No hay que olvidar, además, que tendría la fortuna de no ser bombardeada durante la II Guerra Mundial lo que la ha permitido conservar su patrimonio artístico casi intacto.

Tras dos paradas me bajaba en el santuario sintoísta Oyama, accediendo al recinto por la puerta Shinmon de lo más peculiar y distinta a las que llevaba vistas hasta ahora y es que combina elementos chinos, japoneses y europeos. Esta declarada bien de interés cultural.

Templo Sintoísta Oyama

Leer más...

JAPÓN - DIA 16. Kobe y Osaka

6 de Septiembre de 2015.

Para hoy daban malísimo de tiempo y, efectivamente, no se equivocaron. La lluvia no dejaba de caer con fuerza, el viento no permitía abrir ningún paraguas e incluso hacía fresco y los pantalones cortos y ropa de verano hubiesen dejado helado a más de uno. Aún así no desistí de mis planes y decidiría ir hacia la zona que quería visitar y en donde, según las previsiones, parecía que el temporal sería algo más benévolo que en Kyoto.

Así que partiría hacia mi primer destino: Kobe, ciudad famosa por su excelente carne, considerada de las mejores del mundo, y también por el trágico terremoto de 1995, que destruiría totalmente la ciudad y que se cobraría la vida de más de 6000 personas. Aunque no es un destino de los más turísticos y habían pasado ya veinte años, tenía curiosidad por ver como había resurgido de sus cenizas y había vuelto a ser una de las ciudades punteras en Japón, con el sexto puesto en cuanto a población se refiere y el cuarto puerto de mayor actividad del país.

No venía con grandes planes, tan sólo quería pasar parte de la mañana caminando por su paseo marítimo y empezar el día relajado, pero ello no iba a ser casi posible porque tampoco aquí el tiempo iba a tener miramientos conmigo.

Para llegar hasta esta ciudad cogería un tren bala hasta la estación de Shin-Kobe (ni media hora), después haría un transbordo hasta la estación de Sannomiya (180 yenes) y luego otro hasta la estación de Hyogo (160 yenes), donde esperaba comenzar mi jornada turística.

Al salir a la calle me encontré, de nuevo, con mis peores temores, el cielo a punto de caer sobre mi cabeza y una lluvia implacable cayendo son saña. Ante el panorama optaría por meterme en un establecimiento llamado Vie de France y ponerme ciego a croissants y otras delicatesen francesas. (540 yenes).

Mis planes, de momento, habían fallado y no sabía muy bien qué hacer, pues con la que estaba cayendo hubiese acabado empapado y sin cámara y no era plan, por lo que sólo me quedaba esperar.

Llevaba ya una hora y no parecía parar y eran ya las 09.30. Si esto seguía así toda mi planificación se iba a ir al garete. Sobre las 10.00 comenzó a llover menos y decidí aprovechar la pequeña tregua, para llegar al primer lugar que quería conocer.

El motivo por el que me había bajado en esta estación de Hyogo, en vez de en Kobe, la anterior y más cercana al puerto, la torre y todo lo principal para ver, sería que en el plano que había conseguido en la estación se veía dibujado un pequeño buda en esta zona y dado que estaba al lado, me pico la curiosidad por saber cómo era este.

Tras un paseo de unos diez minutos llegaba hasta él, encontrándome que de pequeño no tenía un pelo. Después me enteraría de que está considerado el tercer buda más grande de Japón con once metros de altura, con permiso de los situados en Nara y Kamakura. Así que por pura casualidad me iba a llevar el trío de ases.

Gran Buda del Templo Nofukuji.Kobe
Leer más...

JAPÓN - DIA 17. Nara y artes tradicionales en el Gion Corner

7 de Septiembre de 2015.

Aunque hoy no llovía, el sol seguía sin aparecer por ninguna parte. Si mi mente no me falla, creo que en total habrían sido como cuatro días donde había podido ver aquel en determinados momentos de la jornada respectiva, pero disfrutar desde que me levantara y hasta que anocheciera de un cielo con un azul intenso, no lo había vivido ni una sola vez. Así que, sin duda, estaba siendo el viaje que menos suerte, en ese sentido, estaba teniendo. Pero como quien no se consuela es porque no quiere, mirándolo por el lado positivo, no habían sido tampoco muchos los días que me había llovido y eso ya es mucho decir en la estación veraniega, así que podemos decir que estaba satisfecho.

Para ir a Nara, que era mi destino en esta jornada, tomaría el tren local del JR porque el expreso salía media hora más tarde que este. No sería la mejor decisión pues llegaría prácticamente al mismo tiempo que el otro, ya que la opción elegida iba parando en las paradas de todas las poblaciones que hay a lo largo de la línea y eso ralentiza enormemente el trayecto. Sí me serviría para fijarme en cómo todos los trabajadores van uniformados exactamente igual para ir a trabajar, con sus trajes negros o azules marinos y sus camisas blancas y corbatas oscuras. Parecían robots sacados de una cadena de distribución. Y en el caso de los jóvenes que acudían a los institutos era exactamente igual, todos iban perfectamente uniformados y sin la más mínima diferencia entre unos y otros. Curioso, cuanto menos.

Nara sería capital de Japón del año 710 al 784, lo que significa que sería el primer lugar en el imperio que, de forma permanente, ostentaría este honor. Serían sólo 74 años, pero más que suficientes para que florecieran en ella infinidad de templos y santuarios budistas, creados a raíz de que, no hacía mucho tiempo, se había escogido el budismo como religión oficial.

Debido al incremento del poder de los clérigos y a las conspiraciones que estos empezaban a realizar contra el Emperador Kammu, este se vería obligado a cambiar la capitalidad del Estado a Kyoto, pero lo que ya quedaría para siempre serían sus fascinantes templos que me iba a dedicar a conocer durante toda la jornada.

Muchos de los más importantes se encuentran situados en el parque de Nara, una vasta área verde donde también campan a sus anchas cientos de ciervos considerados sagrados por los japoneses y, por supuesto, que la otra gran razón, además de los templos, por la que acudir hasta este lugar.

Al salir de la estación decidiría coger el autobús (210 yenes) para llegar hasta el primer templo que había elegido conocer, Todaiji, pero se puede ir paseando sin ningún problema. Nada más bajarme del vehículo ya podría avistar a los primeros animalitos pastando y tumbados, relajadamente, en las inmediaciones del templo. Tengo que reconocer que, al principio, sería reticente a acercarme demasiado a ellos pues nunca había tenido la oportunidad de tener tan cerca a estos animales y no sabía muy bien cómo podían reaccionar. Tras observar como otros turistas lo hacían, les daban de comer y se fotografiaban a su lado, empezaría a hacer lo mismo, acabando incluso acariciándoles el lomo, algo a lo que no daba crédito y que me costaba creerme y es que esta era una sorpresa más que me ofrecía el país del sol naciente.

Ciervos en Templo Todaiji

Leer más...