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BVI - DIA 01. Preparativos del viaje, datos prácticos y llegada a San Juan

15 de Noviembre de 2019.
Los tiempos cambian y las personas también y lo que podía no gustarte con veinte años, puede llegar a encantarte a los cuarenta y aquella afición que parecía imposible que te dejara de gustar a los treinta, puede ser que la llegues aborrecer a los cincuenta. Con esto quiero decir que en los viajes sucede lo mismo que en la vida y aquel destino que no te seducía tiempo atrás, puede ser que sea uno de tus sueños en el futuro.

En el caso que nos ocupa ahora mismo, tengo que reconocer que desde el primer momento que me pusieron encima de la mesa la propuesta de pasar una semana recorriendo en barco las idílicas Islas Vírgenes Británicas, quedaría entusiasmado. Es cierto que nunca me ha llamado demasiado la atención el pasar demasiado tiempo entre playas, pero en esta ocasión era diferente. No había oído nunca el destino al que hago referencia ahora, pero en cuanto me puse a investigar sobre él no tuve ninguna duda que era una oportunidad única de vivir una gran experiencia.

White Bay. Guana Island
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BVI - DIA 02. Llegada a Tórtola y comienzo de la navegación

16 de Noviembre de 2019.

Nuestro avión hacia Tórtola, la isla principal de las Islas Vírgenes Británicas (British Virgin Islands, BVI), no despegaba hasta las 10:45 lo que nos permitiría no tener que madrugar demasiado y poder desayunar tranquilamente en el hotel. El desayuno que ofrece es idéntico al americano con posibilidad de servirte huevos revueltos, salchichas, tortitas, tostadas y demás exquisiteces poco calóricas e ideales para perder peso.

Tras coger fuerzas y calorías, en unos minutos estábamos delante del mostrador de Silver Airways dispuestos a obtener nuestras tarjetas de embarque. Recordad que el vuelo de Ida y vuelta nos había salido por 168 euros. Mientras Sergio se encargaba de los trámites respectivos yo aprovecharía para darme una vuelta por los exteriores del aeropuerto, encontrando un enorme letrero que decía “I love Puerto Rico”, inmortalizando el momento con varias fotografías. No tiene mucho tiempo y es que se realizó para reconocer el inmenso esfuerzo  que ha tenido que hacer el pueblo portorriqueño para levantarse y empezar de nuevo tras la fuerza destructiva de los huracanas Irma y María.

Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín. San Juan
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BVI - DIA 03. Peter y Cooper Islands

17 de Noviembre de 2019.

Como comentaba al final del capítulo de ayer, la tónica iba a ser madrugar a lo largo de la semana que íbamos a pasar por las BVI, pero esta vez, aunque pueda parecer lo contrario, no iba a ser costoso el despertarse a ciertas horas que en otras circunstancias y otros lugares podría suponer un calvario.

El hecho de acostarse temprano y descansar las horas suficientes, que los rayos de sol se vayan colando por los recovecos del camarote, el encendido del motor o el ajetreo que ocasionaba la preparación de los desayunos, haría que sin necesidad de reloj, uno se desperezase sin esfuerzo alguno entre las seis y las siete de la mañana.

Nuestro día a día comenzaría con la preparación del desayuno en la pequeña cocina del catamarán. Este consistiría principalmente en bagels a la plancha con algo de fiambre, galletas y leche o café.

Tras coger fuerzas no dudaríamos en sofocar el calor que empezaba a hacer con el primer chapuzón del día en las aguas caribeñas, ideal para refrescarnos antes de abandonar Norman Island y poner rumbo a nuestro siguiente destino: Peter Island, situada a cinco millas náuticas y cuyo trayecto tardaríamos en realizar como una hora aproximadamente.

Navegando hacia Peter Island
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BVI - DIA 04. Virgin Gorda Island

18 de Noviembre de 2019.

Varios de nosotros nos despertaríamos con el sonido del motor y la sensación de que el barco ya estaba navegando y es que efectivamente Yago, nuestro capitán, había decidido madrugar y comenzar la travesía temprano y es que teníamos por delante unas 10 millas náuticas hasta Virgin Gorda Island, donde hoy pasaríamos todo el día.

El trayecto duraría algo más de hora y media por lo que aprovecharíamos para desayunar y practicar algunos nudos que habíamos aprendido durante el tiempo que ya llevábamos en el catamarán tales como el ocho, un nudo que sirve de tope para que no pueda escaparse de una polea, por lo que es muy práctico y fácil de deshacer; ballestrinque, que se utiliza para aguantar pesos similares en ambos lados; o el as de guía, probablemente uno de los más utilizados en muchas embarcaciones.

Muchos de los nombres de las islas, bahías y playas de las BVI están estrechamente relacionados y tienen una conexión especial con la historia. En el caso que nos ocupa no iba a ser menos y es que cuando Cristóbal Colón se aproximó a esta isla vio en ella la imagen de una mujer reclinada con exceso de peso, por lo que no tendría problema en llamarla Virgin Gorda. Las curvas en realidad provienen de la actividad volcánica, al igual que sus características geológicas que la diferencian del resto de las islas del archipiélago.

Llegando a Virgin Gorda Island

Llegando a Virgin Gorda Island

Virgin Gorda ha tenido la suerte de permanecer intacta durante mucho más tiempo que otros vecinos caribeños y mucho antes de que los europeos comenzaran a establecerse aquí en el siglo XVII, los pueblos indígenas poblaron y cultivaron la fértil isla durante al menos un milenio. Estos primeros residentes incluyeron a los Arawak, Ciboney y Caribs, entre otras tribus, que sobrevivieron gracias a los vastos recursos del Océano Atlántico, el Mar Caribe y la vegetación tropical.

Algunas de las primeras familias de Virgin Gorda sabían algo que los europeos no descubrirían hasta casi un milenio después: era una rica fuente de cobre. Los arqueólogos y antropólogos tienen evidencia de joyas y armas artesanales de este material, que prueban que hubo algunas operaciones primitivas de minería y metalurgia mucho antes de que la civilización occidental supusiese de ello.

Serían los piratas los que iniciarían el proceso de colonización, aprovechando la costa de la isla para emboscar a los barcos españoles. Sus arrecifes, acantilados y calas provenían de volcanes de antaño, pero hicieron del valle costero el lugar ideal para que estos infractores de la ley cometieran sus crímenes marítimos.

No sería hasta la década de 1960 cuando sus pueblos y playas rocosas comenzaron a atraer visitantes internacionales y debido a que estos incluían a algunas de las familias más ricas del mundo, se convirtió rápidamente en una mezcla de tierras protegidas y resorts tropicales.

La isla es realmente grande, ocupando el tercer lugar en tamaño, después de Tórtola y Anegada, pero sería fácil elegir el lugar que visitaríamos durante toda la mañana: el más famoso y espectacular no sólo de Virgin Gorda sino de todas las BVI. Me refiero a The Baths, un Parque Nacional situado en el sur que se caracteriza por ser de origen volcánico y contar con inmensas piedras graníticas que forman túneles, galerías, piscinas naturales, grutas misteriosas, recovecos imposibles y cuevas increíbles con salida al mar. Sin duda un lugar espectacular que nos moríamos de ganas por conocer.

The Baths. Virgin Gorda Island

The Baths. Virgin Gorda Island

Afortunadamente no tendríamos problemas para coger boya, pues todavía quedaban varias libres, pero hay que advertir que al ser un espacio protegido no se puede pernoctar en esta parte de la isla y por tanto no se pueden reservar boyas en este lugar. Las que hay están disponibles sólo para pasar el día y luego abandonarlas y por tanto si hay mucha afluencia de visitantes puede ocurrir que te quedes sin ellas y te veas obligado a marcharte, ya que no estoy seguro si se puede fondear. Así que ahora entendíamos porqué nuestro capitán se había dado tanta prisa en madrugar y ponernos en marcha tan temprano.

The Baths. Virgin Gorda Island

Habíamos dejado el catamarán en las boyas más alejadas de la bahía del Diablo (Devil´s Bay) que se encuentra al lado de The Baths, con la intención de llegar a tierra nadando y desde allí hacer una ruta hasta esa área caminando, pero tendríamos que conformarnos con empezar con unos relajados baños y nada más porque el camino estaría cortado por inmensas moles rocosas que nos impedirían el paso. Así que disfrutamos del chapuzón, volvimos al barco y cogimos la dinghy o lancha motora para trasladarnos justo enfrente de la mencionada área conocida como The Baths. Como decía esta es una zona de lo más turística y para salvaguardar el entorno no se permite acercar las lanchas motoras a la orilla, por lo que la única opción es llegar nadando, en Kayak o con paddle surf. Pero no hay que preocuparse porque la distancia son apenas cincuenta metros.

Ya en la arena no nos lo pensamos y comenzamos a buscar el inicio de la famosa ruta de senderismo que te permite acceder al corazón de “Los baños”, como se conoce en castellano. No tardaríamos casi nada en encontrarla pues está bien señalizada, por lo que tras unos minutos hallaríamos la entrada inicial que no es más que una pequeña abertura entre dos grandes moles rocosas. Varias gigantescas cavernas iluminadas por diversas aberturas en la roca, conocida una de ellas como “La Catedral”, nos daban la bienvenida, sobrecogiéndonos ante la espectacularidad de lo que estábamos contemplando.

The Baths. Virgin Gorda Island

The Baths. Virgin Gorda Island

The Baths. Virgin Gorda Island

Continuaríamos abriéndonos camino entre las rocas, brindándonos imágenes sacadas de una película de ciencia ficción, con formas estrambóticas y extrañas que te hacían detenerte cada poco tiempo.

The Baths. Virgin Gorda Island

The Baths. Virgin Gorda Island

Seguiríamos encontrando nuevos túneles, pasillos y piscinas que podríamos salvar en todo momento gracias a lo bien equipada que está la ruta, con escaleras, plataformas de madera y cuerdas estratégicamente situadas que te permiten avanzar sin el mayor problema.

The Baths. Virgin Gorda Island

De esta manera y tras unos 400 metros llegaríamos a la bahía del Diablo, el final de la ruta y otro lugar paradisiaco donde, nuevamente, se pueden apreciar cantos rodados gigantes, aunque en menor medida. Sin embargo su hermosa playa es ideal para tomar el sol, nadar y hacer snorkel, algo que tras descansar un poco, también realizaríamos, no pudiendo tomar mejor decisión, ya que gracias a ello pudimos ver y casi tocar una manta raya, además de miles de peces de colores.

The Baths. Virgin Gorda Island

The Baths. Virgin Gorda Island

Es aconsejable para realizar la susodicha ruta llevar unas sandalias o escarpines que te protejan los pies, así como una bolsa estanca para evitar que se mojen los objetos de valor y, por supuesto, el equipo de snorkelling para no perderse la gran cantidad de fauna marina que se encuentra en la zona.

The Baths. Virgin Gorda Island

Era evidente que había que volver al área donde dejamos la dinghy, así que no contentos con una, realizaríamos por segunda vez la ruta The Baths que tanto nos había entusiasmado. Tras terminarla estábamos hambrientos y como hoy no teníamos ganas de hacer la comida en el barco, optamos por comer en el pequeño bar que se encuentra en la zona y que sirve unas hamburguesas deliciosas con patatas fritas.

Bar en la playa The Baths. Virgin Gorda Island

Después de comer regresaríamos a nuestra embarcación y pondríamos rumbo hacia la zona norte de Virgin Gorda, exactamente a un lugar conocido como Leverick Bay, donde habíamos reservado una boya por la web a primera hora de la mañana para evitar complicaciones como las de ayer.

Leverick Bay. Virgin Gorda Island

Tendríamos que recorrer unas nueve millas, tardando un poco menos de hora y media en llegar, pero en esta ocasión no sería Yago, el capitán, el que pilotaría el barco, sino quien escribe estas líneas y es que me ofrecería la oportunidad de vivir esta experiencia, algo que no podría rechazar. Lo primero que no me imaginaba es que el timón fuese tan increíblemente sensible, virando el barco de forma rápida y brusca si los movimientos no eran suaves y mínimos, por lo que tendría que emplearme a fondo hasta que le cogí el truco y pude navegar en línea recta. Después aprendería otros temas importantes como el significado del color de las balizas que te vas encontrando antes de llegar a puerto o a controlar siempre la profundidad para evitar encallar, así como estar pendiente de arrecifes y otros asuntos importantes claves para que todo se desarrolle con éxito.

Después de esta increíble experiencia y antes de llegar a puerto, el capitán volvería a tomar el control del barco, siendo él, como siempre, quien se ocuparía de las últimas maniobras necesarias antes de quedar amarrados en la boya respectiva.

Leverick Bay es otra de esas bahías tranquilas y agradables en la que muchos optamos por pasar la noche, aunque es cierto que pierde algo de encanto debido al gran resort que está construido en primera línea.

Leverick Bay. Virgin Gorda Island

Leverick Bay. Virgin Gorda Island

Después de tener bien amarrador el barco, optaríamos por coger la dinghy e irnos al muelle para así poder acercarnos a un supermercado cercano y comprar nuevas provisiones con las que regresaríamos al catamarán y ya pasar allí las últimas horas del día entre juegos de mesa y unos sándwiches mixtos para cenar.

Leverick Bay. Virgin Gorda Island
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BVI - DIA 05. Anegada Island

19 de Noviembre de 2019.

Los que hayáis leído algún que otro diario donde la navegación haya sido la protagonista o los que me conozcáis un poco, lo mismo os estaréis preguntado cómo es posible que no haya hecho mención todavía al asunto de los mareos y es que efectivamente, para los que no lo sepáis soy propenso a marearme especialmente en coche y en barco, en el momento que el primero tiene que afrontar unas cuantas curvas cerradas o en caso del segundo la mar esté algo revuelta o haya más movimiento del normal. Y si no me he referido a todo ello hasta ahora no es por otra razón que porque había conseguido llegar hasta este punto ileso y sin el menor atisbo de la desagradable sensación de angustia. También tengo que decir que no había sido muy difícil al ser el mar Caribe algo más parecido a una piscina que a otra cosa.

Pero hoy al despertarme finalizaría mi record de imbatibilidad respecto a los mareos y es que la noche había sido algo toledana y el catamarán había estado todo el rato girando sobre su propio eje y balanceándose más de lo normal debido al viento, lo que haría que me levantase bastante revuelto.

Hoy también habíamos empezado pronto a navegar, pues teníamos que afrontar el trayecto más largo entre islas ya que queríamos llegar hasta Anegada, la más lejana de todas las BVI y donde más allá de la misma sólo hay mar abierto, situada a unas catorce millas de donde estábamos.

No obstante tanto el madrugón como el mareo serían compensados, de alguna manera, por un maravilloso amanecer que nos dejaría obnubilados y con la vista perdida en el horizonte, mientras el sol se desperezaba y hacía acto de presencia.

Amaneciendo en Leverick Bay. Virgin Gorda Island
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BVI - DIA 06. Marina Cay y Guana Island

20 de Noviembre de 2019.

La travesía que afrontábamos hoy, a primera hora de la mañana, volvería a superar las realizadas hasta la fecha, pues afrontaríamos 17 millas náuticas, utilizando tanto los motores como las velas según el viento nos fuese más o menos favorable, por lo que serían algo más de tres horas lo que nos llevaría llegar hasta nuestro siguiente destino: Marina Cay.

Los paisajes de esta minúscula isla situada justo enfrente de la enorme Great Camanoe son, nuevamente, de una belleza espectacular, añadiéndole una de las imágenes más características del Caribe, pues en uno de sus costados se podía apreciar una caseta de vivos colores con un letrero que anunciaba “Fuel” y en el momento que llegábamos nosotros, estaba su encargado dormitando con muestras claras de no haber conocido el estrés en todo lo que llevaba de vida.

Llegando a Marina Cay
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BVI - DIA 07. Sandy Cay y Jost Van Dyke Island

21 de Noviembre de 2019.

Por segunda vez en el viaje, comenzaba la jornada con el mar algo revuelto y el consiguiente malestar que ello me provoca, aunque afortunadamente sería mucho menos intenso que el que sufriría hacía unos días, por lo que me animaría a desayunar y poco después estaba ya casi recuperado.

Nuestra travesía esta vez sería con dirección hacia la isla de Jost Van Dyke, situada a una hora aproximadamente de Guana Island, por lo que, dada la cercanía decidiríamos hacer una pequeña parada, antes de llegar a la misma, en la pequeña Sandy Cay, una joya asentada en el agua azulada que más parece una cucharada de arena flotando en el inmenso mar con algunas palmera ondulantes.

Sandy Cay
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BVI - DIA 08. Jost Van Dyke Island y Sandy Spit

22 de Noviembre de 2019.

El viaje por el paraíso estaba llegando a su fin y mañana tendríamos que empezar a despertar y asimilar que el lunes volveríamos al frío seco de Madrid, a los trabajos y a la dura realidad, ¿pero podía ser eso cierto? Sí, lo era, pero mientras ese momento llegaba lo mejor era seguir disfrutando de las Islas Vírgenes Británicas con todas nuestras fuerzas.

Hoy, de momento habíamos decidido permanecer en Jost Van Dyke, y es que las experiencias de ayer nos dejarían muy buen sabor de boca, por lo que no dudamos en seguir otro día más por estos lares.

No obstante y para no ser repetitivos, optaríamos por comenzar la jornada desplazándonos hasta la cercana White Bay, probablemente la playa más hermosa y famosa de la isla que además cuenta con cierta atmósfera poética, con exuberantes colinas verdes y su característica playa de arena blanca.

White Bay. Jost Van Dyke Island
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BVI - DIA 09. Despedida de las British Virgin Islands

23 de Noviembre de 2019.

El ajetreo y el movimiento en el barco había empezado a ser una locura desde bien temprano y es que teníamos que hacer las maletas, recogerlo todo, no olvidar nada y estar en el puerto de Manuel Reef Marina en Tortola a las 12:00. Por lo que había algo de nervios unidos a la tristeza de tener que dejar un lugar tan paradisiaco.

Pronto quedaría atrás la isla de Jost Van Dyke y dejaríamos a nuestra derecha la isla de St. John, perteneciente a las Islas Vírgenes estadounidenses que son también toda una tentación para una próxima aventura. En la lejanía avistaríamos el perfil de Peter Island, cuya visita quedaba ya muy lejana, a pesar de no haber pasada ni una semana de nuestra estancia en ella.

Isla de St. John (USA) de regreso a Tórtola
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PUERTO RICO - DIA 10. Viejo San Juan

24 de Noviembre de 2019.

Esta noche terminaría nuestra gran aventura caribeña, pero todavía teníamos por delante un día entero en la capital de Puerto Rico, lo que suponía poder aprovecharlo para diferentes actividades según los gustos y, en este caso, los caminos que seguiríamos mis amigos y yo serían diferentes, ya que mientras que a ellos lo único que les apetecía era seguir disfrutando de sol y playa, a mí, sin embargo, me parecía tener una oportunidad única para conocer el viejo San Juan, una de las ciudades coloniales más importantes y bonitas de todo el Caribe.

Por tanto al estar alojados en el área conocida como Isla Verde, ellos lo tendrían muy fácil, pues a muy pocos metros del hotel tenían una fantástica playa para relajarse, mientras que yo lo tendría algo más complicado para desplazarme hasta la parte antigua de San Juan, pues se localiza a doce kilómetros de esta área y el gran problema era que hoy no había autobuses para poder moverse de un lado a otro. Efectivamente, el domingo, aunque pueda parecer mentira, suprimen un montón de líneas y se hace ciertamente complicado desplazarse en transporte público. Para aquellos que se alojen en Isla Verde y no coincidan con un domingo, bastaría con coger la línea 5 o D53 para plantarse en unos cuarenta minutos en el centro.

Descartada la anterior opción sólo me quedaba ya optar por un taxi o el servicio de Uber. Teniendo en cuenta que me desaconsejaron completamente la primera opción, ya que no ponen el taxímetro e intentan, en la mayoría de casos, engañar a los clientes, suponiéndote con suerte que te salga la carrera por unos 40 dólares, sólo me que quedaba ya la opción de Uber, que solicitaría a través del móvil de Sergio el día anterior, ya que en el hotel había wifi, saliéndome el trayecto por doce dólares.

De esta manera, en no más de veinte minutos, me apeaba en la parte alta del viejo San Juan, exactamente enfrente de la espectacular fortaleza de San Felipe del Morro, aunque todavía tendría que esperar una hora a que abriesen sus puertas, pues con la emoción había llegado allí a las ocho de la mañana.

Castillo San Felipe del Morro
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