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EGIPTO - DIA 01. Llegada a la tierra de los Faraones

09 de Noviembre de 2008.


Aunque nunca me han gustado demasiado los viajes organizados, tengo que reconocer que a veces por las circunstancias personales de cada uno o la situación de un determinado país, es la única manera de conocer ciertos lugares sin correr excesivos riesgos.

Y aunque la situación de la tierra de los faraones en el año 2008 era más que estable y nada hacía presagiar los acontecimientos actuales, ya sea por las trabas que el gobierno egipcio te pone para moverte por ciertas partes de su territorio, ya sea por las dificultades para visitar por tú cuenta determinadas zonas arqueológicas, ya sea por el quiste terrorista siempre al acecho, ya sea por el complicado idioma, el caso es que esta aventura la iba a vivir con un tour operador.

Bandera Egipcia
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EGIPTO - DIA 02. Pirámides y Gran Esfinge de Giza

10 de Noviembre de 2008.

Como no teníamos que juntarnos con nuestro grupo hasta la noche, la agencia nos había preparado para hoy la visita a la Esfinge y las famosas pirámides de Giza, pero con una peculiaridad que nos haría poner una cara de enorme satisfacción cuando vimos de lo que se trataba y es que teníamos a nuestra disposición una Furgoneta con conductor y guía para nosotros solos. Verlo para creerlo, por lo que el viaje no podía comenzar mejor.

Nuestra guía se llamaba Oda, una mujer jovial y entusiasta que hablaba un perfecto castellano y es que pronto nos contaría que había pasado dos años estudiando en España. Ella misma nos diría que es complicado hablar bien una lengua si no vas a su país de origen, por lo que como tenía los medios no dudaría en hacerlo.

Giza se encuentra a 23 kilómetros de El Cairo por lo que el trayecto nos serviría para tener el primer contacto con la forma de conducir y el tráfico en Egipto y, a decir verdad, el panorama es desolador a la par que impactante. Por lo general, los conductores son agresivos, no dejan de tocar el claxon y dan bruscos volantazos de forma inesperada, lo que se convierte en algo similar a una carrera de rallies en los pocos espacios que no están colapsados, porque esta es otra de las características que definen El Cairo. Sus calzadas y circunvalaciones son un continuo fluir de vehículos que la convierten en una ciudad caótica, envuelta casi siempre por una nube de polución y humo, consecuencia de los atascos kilométricos que se dan todos los días en la capital y del polvo procedente del desierto. Además hay que tener en cuenta que es una de las cinco urbes más pobladas del mundo lo que también es un factor a tener en cuenta.

Vistas de El Cairo desde Pirámides de Giza
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EGIPTO - DIA 03. Valle de los Reyes y primeros templos espectaculares

11 de Noviembre de 2008.
Cierto es que soy el primero en querer levantarse pronto para aprovechar todo lo que se pueda el día, pero… ¿tanto?
Pues si quieres conocer muchas de las maravillas que ofrece Egipto parece ser que esta es la norma habitual, madrugones criminales con el fin de evitar las horas del mediodía que son abrasadoras en verano. Y si vas en una época que no lo sean tanto, como nuestro caso, lo mismo te da porque la navegación por el Nilo manda y hay que estar en el barco a las horas estipuladas. Así que quieras o no quieras el madrugar es su lema preferido.
Dicho esto, a las cinco de la madrugada estábamos desayunando en el amplio comedor del Amarante, la motonave en la que habíamos embarcado. Esta no era grande, lo que me sorprendería, pues esperaba que al ser un crucero por el Nilo, fuera de mayores dimensiones. Su interior era acogedor, confortable y decorado con mobiliario antiguo en madera. Las diferentes comidas se servían mayoritariamente en buffet y sólo algunos días había menú a la carta para elegir. La bebida no estaba incluida y si bien para Egipto era caro, no lo era para un crucero.
Sería a esas horas intempestivas cuando conoceríamos al grupo con el que íbamos a pasar la mayor parte del tiempo por el país. Estaría formado por dos brasileños, ocho catalanes, dos vascos y siete madrileños con nosotros incluidos. Así que, como puede verse, la península tenía una buena y diversa representación. Dadas las horas que eran a nadie le apetecía decir palabra alguna por lo que el silencio fue la nota imperante en esta primera toma de contacto.
Estábamos amarrados a tierra, por lo que tras coger fuerzas, desembarcaríamos y unos pocos metros más adelante volveríamos a embarcar, pero en esta ocasión en la tradicional embarcación egipcia, que se conoce por falúa o faluca. Esta se caracteriza por contar con un solo mástil que soporta una vela a la cual llega el viento sin problema, lo que le permite no tener que utilizar motores.
En un abrir y cerrar de ojos habíamos cruzado de una orilla a otra del gran río, por lo que nos quedaríamos todos con una cara de decepción total, ya que nos habían dejado con la miel en los labios de lo que se considera una de las mejores experiencias de un viaje a Egipto, pero Alí, rápidamente, se encargaría de serenarnos al confirmarnos que la disfrutaríamos días después como es debido y que esta vez sólo era un trámite para ganar tiempo y acceder más rápido a nuestra primera visita, a la que llegaríamos como un cuarto hora después en un autobús que nos recogió nada más desembarcar de la falúa.
El sol empezaba a aparecer por el horizonte y ante nosotros se mostraban dos descomunales estatuas de piedra que hacían de centinelas del valle en el que nos encontrábamos. Estábamos ante los colosos de Memnón que un día fueron parte del inmenso templo mortuorio que levantó Amenofis III para mantener vivo su propio recuerdo y que una crecida del Nilo dejaría en lo que hoy se puede ver: dos cíclopes gemelos sedentes y desfigurados que guardan la vasta necrópolis de Tebas.
Amaneciendo en los Colosos de Memnón
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EGIPTO - DIA 04. Templos de Edfú y Kom Ombo

12 de Noviembre de 2008.
La noche se había aprovechado para atravesar, a través de su esclusa, el desnivel de unos diez metros que tiene el río Nilo en la localidad de Esna y que en ocasiones puede llegar a suponer un tiempo importante de espera al tratarse de un paso obligado para cualquier crucero que realice esta ruta. Tras este trámite, la nave continuó navegando hacia la ciudad de Edfú, donde nos despertábamos a primera hora de la mañana.
El día de hoy no iba a tener nada que ver con el de ayer y el planning iba a ser mucho más relajado y tranquilo.
Sobre las ocho de la mañana desembarcábamos y nos dirigíamos a visitar un nuevo templo: el del dios Horus, una de las deidades de primer orden en el Antiguo Egipto y de las más célebres y populares, pues es la que se identifica con la cabeza de halcón.
Cuando llegamos a su impresionante pilono de entrada lo primero que me sorprendería sería su perfección y las enormes figuras del dios que flanquean el acceso, pues todo parecía casi nuevo. El templo permanece tan entero que hasta casi que me hace ponerme a buscar a los sacerdotes practicando sus antiguos ritos milenarios. La sensación no era para menos pues el templo de Horus se considera el monumento mejor conservado  del mundo antiguo.
Templo de Edfú

Grabado Templo de Edfú
Nos contaba Ali que a este dios se le adoraba como hijo de los dioses Isis y Osiris y que se le suele representar como un hombre o un animal con la cabeza de halcón, o sencillamente como un halcón. De hecho, en el patio principal se puede admirar una gran figura de granito representando a Horus como un majestuoso halcón que lleva la corona de Egipto.
Figura del Dios Horus. Templo de Edfú
La distribución del templo es la clásica que se puede ver en otros muchos con el patio, las salas hipóstilas, la sala central y el santuario. Este último de roca pulida y donde se ocultaba una figura dorada de Horus.
Templo de Edfú

Templo de Edfú

Sala Hipóstila. Templo de Edfú
Los relieves e inscripciones que pueden verse por todas sus dependencias son de una gran belleza y han proporcionado una cantidad ingente de información sobre los rituales, los festivales, el sacerdocio y la mitología del Antiguo Egipto.
Grabados Templo de Edfú
El templo que se puede ver hoy en día, que sustituyó al anterior, fue construido durante 180 años por una sucesión de gobernantes en la dinastía ptolomea, que adoptaron los dioses y la religión de Egipto para afianzar su poder.
Es interesante saber también que en su momento contó con una extensa biblioteca, así como con un laboratorio con inscripciones en las paredes que detallaban recetas para perfumes e inciensos. Además una vez al año, la estatua de la madre de Horus, la diosa Isis, era llevada a Edfú en una barcaza dorada por el Nilo, desde su templo en Dendera, para dar a luz, simbólicamente, al dios en la “Fiesta del Bello Encuentro”.
Tras una hora de tiempo libre por el recinto, volvíamos a la motonave dispuestos a continuar nuestro camino.
Serían muchas las horas las que pasaría en la cubierta del barco, el lugar perfecto para relajarte y descansar de las visitas culturales y, sobre todo, para fijarte en cómo se desarrolla la vida de la gente a lo largo del mítico río. El Nilo no ha cambiado demasiado desde los lejanos días en que Ramsés era niño y sigue siendo fácil observar, en sus orillas de perpetuo color verde, el ritmo de los habitantes instalados en ellas, cómo los niños corren para saludarte, los hombres lavan a sus bueyes o las falúas de vela latina navegan por sus aguas.
Navegando por el Nilo en el Amarante

Navegando por el Nilo en el Amarante
A través de dichas escenas cotidianas es sencillo entender por qué los antiguos egipcios lo veneraban y porqué era el alma de la civilización egipcia, el corazón y el espíritu de su gente. Sin duda, que es un regalo para los cinco sentidos y una herramienta para conseguir una completa relajación, que unida a los refrescantes baños en la pequeña piscina del barco, acompañados por unas buenas cervezas frías, podían hacerte sentir lo que es la perfección más absoluta.
Navegando por el Nilo en el Amarante

Falua vista desde el Amarante
Tras la sustanciosa comida, no podía faltar una buena siesta, sintiendo, al despertar de esta, que el barco ya no se movía. Era señal de que habíamos llegado a, seguramente, un nuevo puerto y a la visita de un nuevo templo. No me equivocaba. Una vez en la cubierta, y desde estribor, podía ver como el sol se iba escondiendo tímidamente y cómo proyectaba sus últimos rayos de luz sobre el templo de Kom Ombo.
Templo de Kom Ombo
Justo encima de un promontorio rocoso, sobre un meandro del Nilo,  se encuentra este santuario dedicado a los dioses Horus y Sobek. A este último suele representársele con la forma de un cocodrilo y a eso se debe el emplazamiento del templo, pues los cocodrilos solían tomar el sol en esta ribera arenosa.
Templo de Kom Ombo
Desgraciadamente, el templo no se conserva como cabría esperar ya que gran parte del techo se ha caído así como la parte delantera de la fachada. Son en realidad, dos templos gemelos, uno para cada dios. El de Horus está situado en el norte y el de Sobek en el sur. Ambos conservan las mesas de ofrendas labradas en diorita negra.
La orientación de los edificios indica que, además de los motivos religiosos, los ptolomeos encargaron la construcción de estos templos para vigilar las rutas del este y el oeste del río Nilo.
Templo de Kom Ombo
Pero sin duda lo mejor de esta visita, más allá de su apasionante historia, sería poder apreciar la construcción iluminada con un cielo repleto de estrellas, mientras que Ali nos contaba una leyenda según la cual Sobek maquinaba contra su hermano Horus la forma de expulsarle del pueblo, lo que lograría. Pero al ver la población que su amado dios les abandonaba decidieron seguirle, dejando la aldea completamente desierta. Sobek al querer continuar con la vida en el poblado, decidiría resucitar a los muertos quienes en lugar de construir, destruían y en vez de sembrar trigo, sembraban arena.
Templo de Kom Ombo

Templo de Kom Ombo

Grabados Templo de Kom Ombo

Grabados Templo de Kom Ombo
Otra cosa curiosa sería poder ver un profundo pozo que servía para medir el caudal del río, estableciendo los impuestos en base a donde llegara el agua, permitiendo así un sistema de recaudación justo de acuerdo con la cosecha obtenida cada año.
Nilómetro del Templo de Kom Ombo
Tras la visita del templo y las obligadas fotografías decidiríamos dar una vuelta por un mercadillo que se encontraba justo detrás del mismo y muy cerca de donde se encuentran amarrados todos los cruceros. Nuestra idea era encontrar varios recuerdos y alguna chilaba a buen precio para la fiesta que teníamos esta misma noche en el barco. Podríamos comprobar que había cientos de telas, figuras, papiros y otras muchas cosas, pero también viviríamos en nuestras carnes lo cansinos que pueden llegar a ser los vendedores egipcios, además de maleducados y desagradables si no les doras la píldora. Era la primera vez que nos atosigaban tanto y que teníamos que vivir un acoso fuera de lo normal, por lo que también sería la primera vez, por nuestra parte, que contestábamos con varios secos y repetitivos – “ la, la, shukran” que me había enseñado un compañero del trabajo y que significaba “no, no, gracias”. Parecía que funcionaba y que era efectiva, aunque es verdad que a más de uno le sentó todavía peor y nos llamó de todo menos guapos.
Así que al final decidimos no comprar nada, también motivado porque las chilabas que vimos eran de muy mala calidad, y nos fuimos directos a la tienda del barco, en la que también las vendían, siendo de mejor tela e incluyendo todas las partes del traje, para así guardarlo luego de recuerdo. Además el precio era bastante similar al que nos pedían en el mercadillo, después de los regateos.
Todo lo anterior sería la antesala de la fiesta de chilabas que nos esperaba en pocas horas, como ya he comentado, y que apenas tardaron en pasar. Ataviados con nuestros trajes egipcios disfrutaríamos de una contundente cena con especialidades del país, para inmediatamente después admirar como unas increíbles  y bellas bailarinas movían las caderas como en las mil y una noches. La cosa se iba animando y había llegado el momento, ayudado por alguna que otra copa, de hacer lo que se podía en la pista de baile, no pudiendo haber mejor manera de ponerle la guinda a la jornada que terminaba.
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EGIPTO - DIA 05. Asuán y popurrí de actividades

13 de Noviembre de 2008.
Hay que decir que, de nuevo, los temores que te infunden los medios de comunicación no tienen nada que ver con la realidad de un país, una vez que te encuentras en él y compruebas, sobre el terreno, que la inseguridad no es tanta y que el manejarte y moverte por ti mismo no supone mayor problema que el que se pueda dar en cualquier otro lugar del mundo. Esa fue mi sensación tras varios días visitando Egipto y observar que muchas actividades las puedes hacer, perfectamente, por tu cuenta.
Amanecíamos en Asuán, el último puerto y, a la vez, la puerta de Egipto. Desde el Imperio Antiguo – más de 4500 años atrás -, aquí se encuentran dos mundos y todos los colores de piel. Beduinos, nubios y sudaneses se mezclan en sus mercados. En ellos se regatea y se compran dátiles, ropa, guindillas o azafrán, pero no podría comprobarlo in situ porque no estaba dentro del programa de la agencia. De ello sabría gracias a Pere, un agradable señor gerundense que en sus tiempos mozos ya se había dejado caer por aquí y ahora después de treinta años regresaba con su mujer en este viaje organizado.
Lo que sí tendría oportunidad de visitar, junto con el resto de mis compañeros, sería la impresionante presa de unas dimensiones desproporcionadas, considerada como una de las obras de ingeniería más importantes que se han realizado.
Presa de Asuán
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EGIPTO - DIA 06. Los templos de Abu Simbel

14 de Noviembre de 2008.
Por delante de nosotros se presentaba uno de los días más importantes en nuestra visita a Egipto, pues hoy conoceríamos los impresionantes templos de Abu Simbel, los mismos que hace más de 3500 años, en el trigésimo cuarto aniversario de este reino, el engreído faraón Ramsés II ordenó esculpir en piedra al borde de un barranco.
Pero antes de poder disfrutar de los mismos no nos quedaba otra que llegar hasta ellos y la manera seleccionada por la agencia iba a ser en autobús. La verdad que no me importaba porque así podía ir observando el paisaje desértico que siempre me ha gustado tanto y, por otro lado, servía para echarme alguna que otra cabezada en la primera mañana relativamente tranquila desde que habíamos llegado al país.
El hecho de ir por tierra, ya que también se puede llegar en avión, significaba el tener que acatar la norma establecida de que tanto las agencias como los particulares deberán ir en un convoy acompañado en su parte delantera y trasera por militares, debiendo en los autobuses grandes ir también montado uno de ellos.
Así que a las 11:00 estábamos todos los implicados al lado del obelisco inacabado listos para partir hacia el sur. Nosotros íbamos en una vehículo intermedio pues éramos unos quince y, por tanto, no tendríamos que llevar a nadie armado con nosotros.
A decir verdad pienso que todo esto es un poco teatro y está algo magnificado, pues si realmente los radicales quieren cometer un atentado al final lo acaban haciendo, como ya sucedería en el templo de Hatshepsut años atrás.
Los colores, la inmensidad y la magia del desierto no me defraudarían, una vez más, quedándome atónito en muchos momentos del trayecto, confundiendo en multitud de ocasiones inmensos espejismos con grandes lagos, que bien pensado era algo absurdo en un paisaje tan desolador, seco e inerte de vida.
Vistas del desierto hacia Abu Simbel
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EGIPTO - DIA 07. Comienzo de la navegación por el lago Nasser

15 de Noviembre de 2008.
Durante los próximos tres días realizaríamos un tranquilo crucero por el lago Nasser. Si me preguntasen: ¿Merece la pena? ¿Es lo suficientemente atractivo como para elegir esta opción y no otra dentro de Egipto o los alrededores? Mi respuesta sería que se puede prescindir de dicha opción sin ningún problema. Después de haber visto la primera división, los pesos pesados de los templos egipcios como Karnak, Medinet Habu o Abu Simbel , lo que te vas a encontrar en esta fase del viaje son pequeños templos que no te van a aportar nada nuevo con respecto a todo lo que ya hayas podido ver. Todas son construcciones diminutas y aunque si te gusta el arte y el mundo egipcio siempre será agradable conocer algo más de esta cultura a través de estos templos, aún así en algunos te quedas con la sensación de “¿Y esto es todo? Por lo que sólo recomiendo esta posibilidad si lo que te apetece es pasar unos días de puro relax a bordo de un crucero con pequeñas paradas matinales para visitar los mencionados santuarios y caminar un rato por el desierto, que en esta parte del país es realmente bonito, mucho más que en las inmediaciones de El Cairo u en otros puntos de Egipto.
Si por el contario has acabado saturado de lo visto en el crucero por el Nilo o te ha parecido excesiva la tranquilidad a bordo del barco, mejor que no elijas esta opción si no quieres acabar tirándote por la borda y formar parte del suculento festín que se darían a tu costa los hermosos cocodrilos que todavía quedan en esta zona del país.
Ayer nos iríamos a la cama con la soberbia imagen de las colosales esculturas de Abu Simbel iluminadas bajo las estrellas y hoy empezaríamos la jornada viendo amanecer desde el barco con ellas justo delante de nosotros. El contorno de las enormes figuras de piedra apenas apreciables por la oscuridad de la noche, pronto daría paso a la imagen de las mismas acompañadas por la suave luz que traía consigo el inicio del día.
Amaneciendo en Abu Simbel
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EGIPTO - DIA 08. Nuevos descubrimientos en la infinidad del desierto

16 de Noviembre de 2008.
Lo que más me estaba gustando de esta segunda fase del viaje era el contacto diario que teníamos con el  desierto. Los pequeños paseos que realizábamos al desembarcar hasta los respectivos monumentos y, cuando era posible, de unos a otros, eran especiales y te permitían vivirlo plenamente, disfrutando así  de una parte diminuta de su inmensidad y de los colores anaranjados, amarillos y marrones pálidos que se mezclaban entre sí en cuestión de segundos.
Amaneciendo en las cercanías de Wadi el Seboua
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EGIPTO - DIA 09. Últimos templos del lago Nasser y regreso a El Cairo

17 de Noviembre de 2008.
Comenzaba un nuevo día y en esta ocasión no me costaría tanto madrugar como en jornadas anteriores. Era consciente que el segundo crucero llegaba a su fin y con él la posibilidad de quedar cada día prendado de la desolación y el silencio que te ofrecen la grandeza de los paisajes del desierto egipcio.
Antes de desembarcar de la nave para afrontar las últimas visitas de esta región del país, Ali nos contaba, asomados a la cubierta, que es el único lugar de Egipto en el que se pueden seguir viendo a los inmensos y famosos cocodrilos, en estado salvaje, que tanta fama le dieron al Nilo. Los que los han visto aseguran que los más grandes parecen más dinosaurios que otra cosa y que todavía por esta zona son una causa importante de mortalidad para sus habitantes, que tienen que andarse con especial cuidado cada vez que se acercan a las orillas del lago.
Hizo bien en contarnos esta historia el último día porque si no más de uno seguro que hubiera andado con la mosca detrás de la oreja cada vez que bajábamos o subíamos a las pequeñas embarcaciones que nos llevaban cada día a tierra desde el gran barco.
El primer monumento que nos recibía hoy era el imponente santuario de Kalabsha, construido por el emperador Augusto en el siglo I d.C., sobre otros templos anteriores de Amenofis II y Ptolomeo IX.
Templo de Kalabsha
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EGIPTO - DIA 10. Saqqara, Dahshur, Menfis y el barrio Copto de El Cairo

17 de Noviembre de 2008.
Nuestro grupo dedicaría la mañana de hoy a realizar la visita de las pirámides y la esfinge de Giza y aunque son espectaculares y nos encantaron era evidente que no íbamos a repetir la excursión, por lo que le dijimos a Alí que hoy volaríamos solos durante toda la jornada. Lo único que le pediríamos era que si podía ayudarnos a contratar un taxi a un precio asequible para realizar la escapada que teníamos pensada, a lo que accedió sin problema. Nuestra idea era desplazarnos hacia el sur del país para poder ver la que fue la antigua capital del Imperio Antiguo: Menfis y las pirámides de Dahshur y Zoser, que aunque no reciben el aluvión de visitas que tienen las de Giza, también tienen una gran importancia en la historia egipcia.
El taxista que nos tocó era un hombre de unos cincuenta años, bonachón y simpático que hablaba un inglés bastante aceptable y que iría hablando con nosotros buena parte del viaje, aunque mejor tendría que decir que lo haría con Tony y este, a su vez, iría traduciendo lo que iba diciendo y viceversa respecto a lo que yo quería decirle a él, pero el caso que tuvo más paciencia que un santo y nos lo pasamos bien.
Empezaríamos conociendo la célebre pirámide escalonada de Saqqara, de la que dicen es el edificio más antiguo del mundo y el que inició el “fenómeno piramidal” hace 4600 años.
Entrada a Pirámide de Saqqara
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EGIPTO - DIA 11. El Cairo: museo egipcio y bazar de Jan el - Jalili

19 de Noviembre de 2008.
Sólo me quedaban dos días antes de decir adiós a este pequeño trozo de África con el que había comenzado mi bautismo en este nuevo continente, por lo que tenía claro que quería aprovecharlos al máximo. A Tony también le pasaría lo mismo, pero sin embargo tampoco madrugaríamos mucho, pues nuestra primera parada hoy sería en el museo de antigüedades egipcio, siendo su horario de 09:00 a 19:00, por lo que no tenía sentido madrugar más de lo necesario. Además el Museo estaba a no más de diez minutos andando desde el hotel, por lo que la situación no podía ser mejor.
Museo Egipcio
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EGIPTO - DIA 12. El Cairo islámico y despedida del país

20 de Noviembre de 2008.
La última jornada la íbamos a dedicar a sumergirnos en el especial microcosmos que supone perderse por El Cairo islámico de hace seis o siete siglos. Esta zona de la ciudad asalta los sentidos y confunde. Resulta irónico comprobar que ante la intensa pobreza que no deja de mostrarse se dé también uno de los índices de criminalidad más bajos del mundo, lo que prueba la legendaria hospitalidad de los egipcios.
No sería extraño encontrarnos con caballos, pollos y corderos deambulando por las calles estrechas, congestionadas de gente en carretas tiradas por burros o recogiendo basura, vendedores  callejeros itinerantes y gente tomándose la vida con una gran parsimonia. El polvo y los escombros oscurecen la grandiosidad arquitectónica  de una ciudad que una vez fue el centro intelectual y cultural del mundo árabe, pero que aun así y con un mínimo de imaginación sus monumentos te permiten trasladarte a aquellos tiempos gloriosos.
Teniendo en cuenta la desalentadora cantidad de lugares para visitar, decidiríamos no agobiarnos y llegar hasta donde pudiéramos. Pero teníamos claro que comenzaríamos por el sitio desde donde se gobernó Egipto durante siglos. Hablo de la espectacular  ciudadela del siglo XII de Saladino, su fundador y caballeresco enemigo de las cruzadas cristianas.


Muralla de la Ciudadela
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