A las cinco de la mañana sonaba el despertador y en sólo media hora ya estaba arrancando el coche y partiendo hacia la frontera con Montenegro. Tenía por delante 112 km, que aun no siendo muchos en distancia, era consciente de que sería un camino largo, porque me esperaban carreteras de doble sentido y muchas curvas que según fuera avanzando se irían estrechando cada vez más, debiendo conducir con sumo cuidado y siempre en alerta. El plan consistía en entrar por el paso fronterizo de Scepan Polje donde el río Drina forma la frontera natural entre ambos países y es atravesado por un puente, encontrándose en cada extremo los controles de cada país.
Hasta llegar a ese momento sólo tendría que tomar la carretera M-18 que salvo un desvío del que hay que estar pendiente no supone ninguna pérdida. El paisaje es soberbio desde que abandonas Sarajevo y la vegetación, las montañas y el discurrir del río Bistrica pronto se vuelven los protagonistas, obligándome a realizar varias paradas para plasmarlo en fotografías. Pero sería a partir del pequeño pueblo industrial de Brod, cuando el anterior curso de agua se funde con el río Drina, cuando llegaría la mayor de las sorpresas, al convertirse este en mi nuevo compañero de viaje hasta la frontera, permitiéndome contemplar panorámicas aún mejores que las que llevaba hasta este momento, siendo un auténtico disfrute para los sentidos. En contraposición la carretera que debía llevarme hasta Montenegro se había convertido en más pequeña y precaria si cabe que la anterior. Y al calificarla con esos adjetivos quiero decir que me encontraría zonas con baches, sin barreras y con tramos donde los acantilados y precipicios hacían que se te pusieran los pelos de punta. Así durante treinta largos kilómetros que dejan K.O. a cualquiera. Está claro que no aconsejo realizar esta ruta por la noche bajo ningún concepto.
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| Entorno del Río Drina camino hacia la Frontera de Scepan Polje |







