3 de Septiembre de 2018.
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Si existe una nación que pueda ser considerada como “el alma
de Europa”, esa es Luxemburgo, sede de numerosas instituciones europeas, su
importancia internacional es indudable.
Su situación geográfica, entre Francia, Alemania y Bélgica,
no sólo ha significado una suerte para el país, sino también una amenaza,
desempeñando un papel fundamental en los grandes acontecimientos históricos del
Viejo Continente.
Pese a la accesibilidad de que goza, incluso los países más
próximos saben poco acerca de la pluralidad de un estado en el que conviven
diversas culturas en un espacio limitado, convirtiéndose en una de las naciones
menos visitadas no sólo del continente europeo sino del mundo, algo
sorprendente debido a su gran multitud de atractivos que merecen una visita.
Conocedor desde hacía tiempo de lo mencionado líneas atrás,
tenía ganas de hacer una incursión en este pequeño país que me llevara no sólo
a descubrir su capital, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,
sino también algunos de sus pueblos cautivadores y castillos medievales más
bellos, así como su entorno natural y paisajístico.
Este año, al ser mucho más relajado que otros, me parecía el
momento ideal para ello, después de haber pasado el resto de las vacaciones
entre la montaña y la playa, siendo el destino cultural perfecto para una
semana que era lo que me restaba de días libres. A ello contribuiría también el
económico precio del billete de avión de la compañía Ryanair, el cual
conseguiría por 72 euros, ida y vuelta, además de encontrar hostels y algún
hotel asequible entre sus fronteras, por lo que como se puede ver con un poco
de planificación no es imposible poder visitar uno de los países considerado
como de los más caros del planeta.
| Vuelo a Luxemburgo |