DIA 01. MERINDADES. Del valle de Zamanzas a Espinosa de los Monteros

19 de Marzo de 2010.

El norte de Burgos concentra algunos de los paisajes más espectaculares de la provincia. Las Merindades, el cañón del Ebro y sus alrededores forman un territorio marcado por la naturaleza en estado puro, con desfiladeros, cascadas, rutas de senderismo y miradores que se suceden prácticamente sin interrupción. Conociendo todo esto, era cuestión de tiempo acercarse a descubrirlo en primera persona.

Por ello, aprovecharía este fin de semana largo del Día del Padre para, junto con mis amigos Raúl y Javi, dos asiduos de estas escapadas, poner rumbo a esta zona del norte de España que teníamos pendiente desde hacía tiempo por la cantidad de paisajes naturales que concentra.

Saldríamos de Madrid a las seis de la tarde, con la idea de aprovechar al máximo el fin de semana largo y dejar atrás la ciudad cuanto antes. El trayecto, de unos 330 kilómetros, nos llevó casi cuatro horas por carretera hasta adentrarnos ya de noche en el norte de Burgos, dejando atrás el entorno urbano y entrando en un escenario completamente distinto, marcado por la oscuridad y la sensación de aislamiento que ofrece esta zona.

El alojamiento era una pequeña casa rural situada en Bascones de Zamanzas, en pleno corazón de las Merindades. Un lugar completamente apartado, rodeado de silencio y naturaleza, donde la única referencia era un enorme prado que se abría justo delante, vacío, como si todo el entorno hubiera sido reservado exclusivamente para nosotros.

Báscones de Zamanzas

VALLE DE ZAMANZAS

A la mañana siguiente, apenas habíamos recorrido unos kilómetros cuando el propio paisaje nos obligó a realizar una breve parada en el arcén. Frente a nosotros se abría el valle de Zamanzas, uno de esos lugares que quizá no figure entre los nombres más conocidos de la provincia, pero que resume a la perfección la esencia de esta comarca.

Valle de Zamanzas

Se trata de un amplio valle modelado por el río Ebro y rodeado de relieves calizos y laderas cubiertas de vegetación, donde pequeños pueblos de piedra aparecen dispersos en un entorno de enorme tranquilidad. Más que un destino en sí mismo, el valle de Zamanzas constituye una magnífica carta de presentación de las Merindades y del paisaje que nos acompañaría durante algunas partes del viaje, invitando ya desde el primer momento a bajar el ritmo y simplemente detenerse unos minutos para contemplar el entorno.

MIRADOR CAÑÓN DEL EBRO

Nuestra siguiente parada nos llevaría hasta uno de los grandes balcones naturales de todo el norte de Burgos. Para llegar hasta él hay que tomar la carretera que une las localidades de Escalada y Pesquera de Ebro y permanecer atentos, ya que el mirador se encuentra junto a la propia vía, en un pequeño ensanchamiento de la carretera donde es posible detener el vehículo sin ninguna dificultad.

Desde este punto se obtiene una de las panorámicas más espectaculares de toda la comarca. A nuestros pies, el río Ebro aparece encajado entre enormes paredes de roca caliza, describiendo un amplio meandro y dando forma a un paisaje de hoces y cortados que impresiona tanto por sus dimensiones como por la sensación de aislamiento que transmite. El contraste entre los escarpes rocosos, las laderas cubiertas de vegetación y la estrecha franja de agua serpenteando en el fondo del valle compone una imagen difícil de olvidar.

Cañón del Ebro. Carretera Escalada a Pesquera

El mirador permite además comprender perfectamente el extraordinario trabajo de erosión realizado por el Ebro durante miles de años, responsable de modelar uno de los paisajes más singulares de la provincia de Burgos. Tampoco es raro observar el vuelo de los buitres leonados que habitan estos cortados, añadiendo todavía más atractivo a un lugar en el que resulta prácticamente imposible detenerse solo unos minutos.

Cañón del Ebro. Carretera Escalada a Pesquera

ESCALADA

Poco después llegaríamos hasta Escalada, una pequeña localidad enclavada en pleno cañón del Ebro y declarada Conjunto Histórico por su notable valor patrimonial y su perfecta integración con el entorno natural. El pueblo se asienta en una ladera, encajado entre farallones calizos y el propio valle, lo que hace que el caserío aparezca prácticamente suspendido entre la roca y el río.

Escalada

El primer elemento que destaca nada más llegar es su trazado tradicional, con calles estrechas y casas de piedra que conservan la arquitectura popular de la zona, perfectamente adaptada a la pendiente del terreno. En lo más alto del conjunto se encuentra la iglesia de Santa María la Mayor, uno de los grandes referentes del románico en el entorno del cañón del Ebro. Aunque ha sufrido importantes reformas posteriores, aún conserva elementos de su fábrica original, especialmente en su portada románica, de gran riqueza escultórica y situada en un emplazamiento privilegiado, dominando visualmente todo el valle.

Iglesia de Escalada

Iglesia de Escalada

A los pies del caserío aparece otro de los grandes hitos del pueblo: el Palacio de los Gallo, una construcción señorial del siglo XVII reconocible por sus torres y su presencia dominante dentro del conjunto urbano. Este edificio recuerda la importancia de algunas familias nobiliarias en la historia de la zona y cómo su influencia quedó plasmada en la arquitectura civil de Escalada, conviviendo con el entorno rural y con la propia estructura del pueblo.

ORBANEJA DEL CASTILLO

Más adelante en la ruta aparecería uno de los lugares más conocidos de todo el cañón del Ebro: Orbaneja del Castillo. Pero la primera impresión no llega desde el interior del pueblo, sino desde su entorno, donde el paisaje ya anuncia lo que está por venir.

Orbaneja del Castillo

El acceso habitual se realiza por carretera hasta la zona baja del valle, donde es posible dejar el vehículo y continuar a pie. Desde ahí, el sonido del agua marca el camino casi sin necesidad de indicaciones, ya que la propia cascada se escucha antes incluso de verla.

El conjunto se articula en torno a un fenómeno geológico muy particular: el agua brota directamente de la Cueva del Agua, situada en la parte alta del pueblo, en la base de un sistema de paredes calizas horadadas y llenas de recovecos naturales. Desde ese punto, el caudal desciende en varios tramos, formando la conocida cascada que atraviesa el caserío y que termina vertiendo sus aguas en el río Ebro.

Orbaneja del Castillo

Orbaneja del Castillo

La visita, sin embargo, no se entiende solo desde abajo. La parte superior del pueblo es clave para comprender el conjunto. Allí se encuentra la boca de la cueva y los balcones naturales que permiten ver cómo el agua nace literalmente de la roca. Es un paisaje casi vertical, donde las paredes calizas parecen cerrarse sobre el valle y crear un anfiteatro natural que envuelve todo el entorno.

Orbaneja del Castillo

A medida que se desciende hacia el casco urbano, el agua va marcando el recorrido entre casas de piedra, pequeñas pasarelas y pozas escalonadas, dando forma a una de las imágenes más reconocibles del norte de Burgos. Su arquitectura popular perfectamente integrada con el entorno, con calles empedradas, balcones de madera y tejados rojizos le valieron la declaración de Conjunto Histórico en 1993. Todo el trazado responde a esa adaptación constante al terreno, en un espacio estrecho y escalonado donde la piedra y el agua condicionan cada rincón.

Orbaneja del Castillo

Orbaneja del Castillo

Esa misma configuración explica su pasado histórico, visible en detalles dispersos por el caserío como escudos, inscripciones y restos vinculados al linaje de los Velasco, antiguos señores de la zona. Dominando el conjunto desde la parte alta se encuentran los restos del antiguo castillo del siglo XIV, levantado como torre defensiva para controlar el valle del Ebro y las rutas entre Burgos y Cantabria, desde donde hoy se obtiene una de las panorámicas más amplias del cañón.

CASCADA DE LAS PISAS

Desde el entorno de Orbaneja del Castillo, dejaríamos atrás el fondo del cañón del Ebro para adentrarnos en el valle de Valdebezana, tomando progresivamente carreteras más abiertas a medida que el encajonamiento del río se iba quedando atrás. El paisaje cambia sin brusquedad, pasando de las paredes calizas del cañón a un entorno más forestal y disperso, donde los núcleos rurales van marcando el recorrido hacia el interior del valle.

La referencia en este tramo sería Soncillo, punto de entrada natural al Valle de Valdebezana, desde donde continuaríamos por la carretera local en dirección a Villabáscones de Bezana, atravesando pequeñas aldeas y zonas de pradera hasta que el entorno vuelve a cerrarse de nuevo.

Villabáscones de Bezana

Sería desde el barrio de abajo de Villabáscones de Bezana, junto a la iglesia, donde comenzaríamos realmente la ruta hacia la Cascada de las Pisas. Nada más dejar atrás las últimas casas, el sendero se interna con rapidez en un hayedo bien conservado, y el cambio de ambiente es inmediato: la luz se reduce, el aire se vuelve más húmedo y el bosque gana todo el protagonismo.

El primer tramo lo haríamos por un sendero claro y cómodo, avanzando entre hayas de gran porte, muchas de ellas centenarias, que forman un techo casi continuo sobre el camino. El sotobosque es escaso debido a la falta de luz, aunque aparecen especies propias de este tipo de bosque húmedo como anémonas, culantrillo negro o lengua de ciervo, que van apareciendo de forma puntual entre la hojarasca.

Ruta Cascada de las Pisas

Ruta Cascada de las Pisas

Muy pronto alcanzaríamos una primera cascada, donde el arroyo de los Canales se precipita entre roca y musgo, marcando claramente que el sistema de agua está ya muy cerca. A partir de ahí el sendero continúa hasta un cruce donde tendríamos que decidir entre dos opciones, siendo la más habitual la que toma el desvío de la derecha hacia el curso del río de la Gándara.

Ruta Cascada de las Pisas

Desde ese punto, el recorrido se vuelve más encajado y seguimos el propio río por una vereda estrecha, entre pequeñas torrenteras, pozas y saltos de agua que aparecen de forma continua. El sonido del agua se convierte en constante y prácticamente nos guía durante todo el tramo, en un entorno cada vez más cerrado y húmedo.

Tras cruzar un puente sobre el río, el sendero se adosa a una cornisa rocosa que anuncia la cercanía del conjunto principal de cascadas.

El espectáculo, sin embargo, nos decepcionaría un poco: el agua desciende en pequeños saltos escalonados entre las gradas de roca, sin la potencia de otras épocas, dejando ver más la estructura del barranco que el propio volumen de la cascada. El sonido es más suave, constante pero sin estruendo, y el entorno se mantiene dominado no por la fuerza del agua, sino por la forma del cauce y la roca desnuda que el estiaje deja al descubierto.

Cascada de las Pisas

La vuelta la haríamos por el mismo camino.

PUENTEDEY

Desde el entorno de la Cascada de las Pisas, retomaríamos la ruta deshaciendo parte del camino por el valle de Valdebezana hasta volver a enlazar con el eje de Soncillo, que actúa de nuevo como punto de conexión entre los distintos valles de esta zona de Las Merindades. El recorrido va ganando amplitud conforme abandonamos el entorno más forestal de las cascadas, recuperando progresivamente carreteras abiertas y paisaje de transición.

A partir de ahí, el itinerario se orienta ya claramente hacia el valle del Nela, donde el acceso a Puentedey se produce por carreteras secundarias que descienden entre pequeñas localidades y praderas, hasta que el relieve empieza a cerrarse de nuevo y el río vuelve a tomar protagonismo en el paisaje.

La llegada a Puentedey se produce de forma casi repentina, cuando el caserío aparece literalmente asentado sobre el gran arco natural excavado por el río Nela, que atraviesa la roca caliza y sostiene el propio conjunto del pueblo. El caserío se organiza alrededor de esta formación, donde la piedra no es solo el soporte del terreno, sino parte activa de la arquitectura, y donde el río ha terminado por abrir una puerta natural de dimensiones imponentes bajo las casas, convirtiendo el vacío en parte del núcleo habitado.

Puentedey

Puentedey

En la parte alta del núcleo se encuentra la iglesia de San Pelayo, de origen románico, junto a la antigua casa torre de los Brizuela, elementos que refuerzan el carácter histórico del asentamiento y su relación directa con el control del valle. Desde este punto elevado se entiende bien la estructura del conjunto, con el río discurriendo bajo el puente natural y el caserío extendiéndose en torno a él.

El recorrido por el interior del pueblo es corto pero muy concentrado, con calles que se abren y se cierran rápidamente, siempre condicionadas por la pendiente, la roca y la presencia constante del Nela bajo el arco, de forma que el propio trazado urbano se adapta a la cavidad natural y no al revés. Desde los puntos más elevados se obtiene una visión completa del puente natural, donde se aprecia con claridad cómo el río ha ido excavando la caliza durante miles de años hasta generar esta estructura singular, que no solo sostiene el pueblo, sino que lo define por completo y lo convierte en una continuidad entre roca, agua y arquitectura.

Puentedey

OJO GUAREÑA

Desde Puentedey continuaríamos la ruta en dirección al Monumento Natural de Ojo Guareña, situado a apenas unos kilómetros de distancia y considerado uno de los espacios naturales más singulares no solo de Burgos, sino de toda la Península Ibérica. El recorrido atraviesa el valle del Nela antes de adentrarse de nuevo en un paisaje dominado por relieves calizos, donde la acción constante del agua ha dado lugar a algunos de los sistemas kársticos más importantes de Europa.

El acceso se realiza por una estrecha carretera de montaña que asciende hasta las inmediaciones de la ermita de San Bernabé, punto de partida de las visitas guiadas. A medida que se gana altura, el entorno se vuelve cada vez más abrupto y boscoso, anticipando ya el carácter geológico del lugar. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento habilitado, un corto paseo conduce hasta la entrada del monumento, donde la propia ermita aparece literalmente adosada a la enorme boca de la cavidad, formando una de las imágenes más características de Ojo Guareña.

Cueva-Ermita de San Bernabé. Ojo Guareña

Ojo Guareña constituye uno de los complejos kársticos más extensos de Europa, con más de cien kilómetros de galerías exploradas que han sido excavadas durante cientos de miles de años por la acción conjunta de varios ríos subterráneos. Este inmenso laberinto de cavidades alberga un extraordinario patrimonio geológico, arqueológico y biológico, ya que en su interior se han documentado yacimientos prehistóricos de distintas épocas, pinturas rupestres, restos de ocupación humana y numerosas especies adaptadas a la vida subterránea. Todo ello motivó su declaración como Monumento Natural, convirtiéndolo en uno de los espacios protegidos más relevantes de Castilla y León.

Cueva-Ermita de San Bernabé. Ojo Guareña

La visita únicamente permite recorrer una pequeña parte del sistema, suficiente, sin embargo, para comprender la enorme dimensión que esconde el subsuelo de esta sierra. Tras atravesar la ermita de San Bernabé, el itinerario se interna progresivamente en la cueva, donde la temperatura desciende de forma inmediata y la humedad pasa a dominar completamente el ambiente. La iluminación artificial permite distinguir las primeras galerías excavadas en la roca caliza, mientras el guía va explicando el largo proceso geológico que dio origen a este entramado de pasadizos y salas subterráneas.

A lo largo del recorrido se suceden diferentes estancias donde es posible observar la lenta acción del agua sobre la roca, responsable de modelar paredes, techos y pequeñas formaciones calcáreas durante miles de años. La visita combina constantemente estas explicaciones geológicas con el importante valor arqueológico del conjunto, haciendo referencia a los numerosos hallazgos documentados en distintas zonas de la cavidad y a la presencia humana que Ojo Guareña ha conocido desde la Prehistoria. Aunque buena parte del sistema permanece reservado para la investigación y la espeleología, el recorrido permite hacerse una idea de la extraordinaria complejidad de este entramado subterráneo.

El itinerario concluye regresando nuevamente a la ermita, cuya singular ubicación cobra aún más sentido después de recorrer la cavidad. Desde el exterior, el enorme abrigo rocoso bajo el que se encuentra el santuario permite apreciar la magnitud de la entrada principal del complejo, ofreciendo una última perspectiva de uno de los espacios geológicos más excepcionales del norte de España.

PUERTO DE LUNADA

Tras abandonar Ojo Guareña pondríamos rumbo hacia el puerto de Lunada, dejando atrás el entorno kárstico para dirigirnos progresivamente hacia la Cordillera Cantábrica. La carretera comienza a ganar altura entre pequeños núcleos rurales y extensas masas forestales, mientras el relieve se vuelve cada vez más montañoso. A medida que avanzábamos, las curvas se sucedían constantemente y el paisaje iba abriéndose poco a poco, anunciando la cercanía de uno de los puertos de montaña más espectaculares del norte de Burgos.

El puerto de Lunada constituye uno de los principales pasos naturales entre las provincias de Burgos y Cantabria. Situado a más de 1.300 metros de altitud, atraviesa un entorno de alta montaña caracterizado por amplias laderas cubiertas de pastizales, escarpes rocosos y profundas vaguadas modeladas durante miles de años por la erosión. La escasa presencia de construcciones y la ausencia de grandes infraestructuras permiten que el paisaje conserve un marcado carácter natural, ofreciendo una sensación de amplitud difícil de encontrar en otros puntos de la provincia.

Puerto de Lunada

A diferencia de otras paradas del viaje, aquí no buscábamos realizar ninguna ruta concreta. El propio recorrido por la carretera era parte de la experiencia. Conforme ascendíamos hacia la divisoria, aprovecharíamos varios ensanchamientos para detener el coche y contemplar las vistas que iban apareciendo a ambos lados del puerto. Desde estos pequeños miradores improvisados, el relieve se desplegaba en una sucesión de montañas, valles y laderas prácticamente deshabitadas que parecían perderse en el horizonte.

Puerto de Lunada

La tarde comenzaba ya a llegar a su fin y la luz cambiaba rápidamente, suavizando los contrastes de la montaña y tiñendo de tonos cálidos las praderas que cubren las laderas. El ambiente era completamente tranquilo, con apenas algún vehículo cruzando el puerto de manera ocasional, lo que reforzaba todavía más la sensación de aislamiento que transmite este lugar.

Puerto de Lunada

Permaneceríamos allí varios minutos, simplemente observando cómo el paisaje iba transformándose a medida que el sol descendía. Sin necesidad de alejarnos de la carretera, el puerto de Lunada nos regalaría uno de los últimos grandes paisajes de la jornada.

ESPINOSA DE LOS MONTEROS

De regreso desde el puerto de Lunada, la carretera nos llevaría hacia el valle hasta alcanzar Espinosa de los Monteros, una de las localidades históricas más importantes de Las Merindades. Cuando llegamos, la noche ya había caído por completo, por lo que decidimos realizar únicamente un breve paseo por el centro histórico antes de regresar al alojamiento.

Espinosa de los Monteros posee un importante patrimonio monumental fruto de la relevancia que alcanzó durante la Edad Media y la Edad Moderna. Su casco urbano conserva numerosas casonas blasonadas, palacios y torres defensivas que recuerdan el poder económico que llegó a concentrar la villa, favorecida por su situación estratégica entre la Meseta y la costa cantábrica. Entre sus edificios más destacados sobresalen la iglesia de Santa Cecilia y varias torres medievales que aún forman parte del entramado urbano, reflejo del carácter nobiliario que durante siglos definió a la localidad.

Plaza de Sancho Garciá. Espinosa de los Monteros

Palacio de los M.de Chiloeches. Espinosa de los Monteros

Aunque la escasa iluminación apenas permitía apreciar con detalle buena parte de su patrimonio, el paseo por sus calles bastó para intuir la riqueza histórica que esconde la villa. El ambiente era completamente tranquilo y apenas encontramos gente a esas horas, poniendo el broche final a una jornada intensa en la que habíamos recorrido algunos de los paisajes más representativos del norte de Burgos antes de regresar a Bascones de Zamanzas para descansar.


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