Si en mis últimos viajes por Inglaterra me había decantado por conocer algunas de sus ciudades más emblemáticas, como Bristol, Bath, Oxford o Cambridge, tenía claro que en mi siguiente incursión por el país cambiaría de aires y me animaría a visitar algunos de sus castillos más icónicos, disfrutaría de algo de naturaleza y recorrería pueblecitos pequeños y acogedores, para así obtener una perspectiva diferente del país y conocer otros paisajes y realidades.
Con esas premisas, pude comprobar que el sureste de Inglaterra cumplía perfectamente con mis intenciones. Allí se encontraban varios castillos de gran relevancia histórica y en un estado de conservación impresionante: Hever Castle, antigua residencia de Ana Bolena, con sus jardines y murallas que evocan el esplendor Tudor; Leeds Castle, fortaleza medieval que ha servido como residencia real y palacio señorial, rodeada de un foso y extensos jardines; y Dover Castle, fortaleza estratégica que defendió la costa durante siglos y que desempeñó un papel clave en distintas guerras, situada cerca de los famosos acantilados de Dover. Además, los paisajes naturales tenían fama de ser espectaculares, destacando los White Cliffs del propio Dover y las Seven Sisters, con sus impresionantes acantilados blancos que se extienden a lo largo de la costa de East Sussex. Los pueblecitos tampoco parecían decepcionar: Canterbury, con su magnífica catedral; Rye, con sus calles medievales y su encanto histórico; y Brighton, con su famoso muelle y su animado ambiente. Ante tantos atractivos, resultaba imposible resistirse a conocer esta hermosa parte del país.
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| Leeds Castle |
Esta vez elegiría volar al aeropuerto de Gatwick, situado al sur de Londres, ya que era la mejor localización para comenzar mi viaje, ahorrándome así una cantidad importante de kilómetros y tiempo respecto a otras opciones. Aprovecho para comentar aquí algo que, aunque pueda parecer evidente, muchas veces se pasa por alto: dependiendo de lo que se quiera ver en los alrededores de Londres, no es ninguna tontería analizar bien cuál es el aeropuerto mejor situado para ello. Un ejemplo claro fue mi último viaje a Cambridge, en el que aterricé en el aeropuerto de Londres - Stansted, lo que me permitió ahorrar bastante tiempo en desplazamientos y traslados.
La compañía elegida para el viaje sería EasyJet, con salida prevista a las 21:45 y llegada a las 23:05 al aeropuerto de Londres-Gatwick. Sin embargo, las cosas no empezarían precisamente bien. El vuelo acabaría sufriendo un retraso de más de dos horas, no embarcando hasta las 23:45 y aterrizando finalmente en Gatwick a la 01:10 de la madrugada, hora inglesa.
El problema no era únicamente llegar tarde, sino todo lo que ello arrastraba detrás. Había reservado la recogida del coche de alquiler para las 23:30 y, tras llamar a Rentalcars para explicar la situación, me indicaron que normalmente las empresas de alquiler suelen esperar aproximadamente una hora siempre que no se trate del horario de cierre. En este caso aquello no serviría de mucho, ya que la oficina de Drivalia, situada en los bajos del hotel Sofitel del propio aeropuerto, cerraba a las 00:00.
De esta manera, cuando alrededor de la 01:30 conseguía llegar hasta la oficina de alquiler, esta se encontraba completamente cerrada. Ni rastro de empleados, ni posibilidad alguna de recoger el coche esa noche. Tocaba improvisar sobre la marcha.
Teniendo en cuenta que la oficina no volvería a abrir hasta las 07:00 y sin ninguna garantía de que fueran a respetarme la reserva del vehículo prevista para horas antes, no me quedó otra opción que pasar la noche en el aeropuerto, maldurmiendo como pude entre bancos, mochilas y el constante movimiento de gente que nunca desaparece del todo en un aeropuerto internacional.
Por suerte, a la mañana siguiente la historia tendría un final bastante mejor de lo esperado. Al abrir la oficina y explicar nuevamente toda la situación, tuvieron la buena voluntad de conservarme la reserva, por lo que finalmente pude disponer del coche sin tener que pagar ninguna barbaridad adicional ni quedarme tirado el resto del viaje.
El vehículo lo había reservado previamente a través de la página de Rentalcars, con un precio de unos 100 euros para los tres días siguientes, a lo que añadí un seguro de cobertura total por unos 30 euros, con kilometraje ilimitado y gasolina incluida. Viendo cómo están hoy en día los precios de los alquileres, seguía pareciéndome un auténtico chollo.
Eso sí, EasyJet se lavaría completamente las manos con toda la situación. Como el retraso final respecto a la hora prevista de llegada al destino quedó ligeramente por debajo de las tres horas, se agarraron a la normativa para no indemnizar absolutamente nada, pese a que el retraso me hizo perder la noche de hotel y me obligó a dormir en el aeropuerto. Una de esas situaciones en las que compruebas perfectamente cómo funcionan las compañías low cost cuando aparece el más mínimo problema.
Con el coche ya en mi poder y después de una noche bastante desastrosa, tocaba olvidarse del asunto y arrancar de una vez el viaje. No tenía sentido perder más tiempo, así que desde el propio aeropuerto pondría rumbo directamente al primer destino previsto en el planning del día.
HEVER CASTLE
El castillo de Hever sería la primera parada de mi primer día turístico en el sur de Inglaterra, tardando unos cuarenta minutos en llegar tras recorrer los aproximadamente 30 kilómetros que me separaban desde el aeropuerto de Gatwick. La cercanía y la facilidad de acceso lo convertían en una opción perfecta para comenzar el día sin prisas, adentrándome poco a poco en la esencia de la campiña inglesa.
Conviene tener en cuenta un detalle importante de cara a la visita: los jardines suelen abrir antes que el interior del castillo, por lo que lo más recomendable es adaptar el recorrido a este orden. De esta forma, se puede aprovechar la primera hora y media del día paseando con tranquilidad por los exteriores, evitando aglomeraciones y disfrutando de la luz suave de la mañana, para después acceder al castillo cuando abre sus puertas. Es una forma muy lógica de organizar la visita y, en mi caso, resultó todo un acierto.
Antes incluso de cruzar el foso y adentrarme en el interior, ya se percibe que no se trata de un castillo cualquiera. Hever Castle hunde sus orígenes en el siglo XIII, cuando fue construido como una casa solariega fortificada. Sin embargo, su verdadero protagonismo en la historia llega en el siglo XV, cuando pasa a manos de la familia Bolena (Boleyn), convirtiéndose en el hogar de infancia de una de las figuras más influyentes y fascinantes de la historia inglesa: Ana Bolena.
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| Hever Castle |
Ana Bolena, segunda esposa del rey Enrique VIII, no solo fue una figura clave en la corte Tudor, sino también una pieza fundamental en uno de los procesos más trascendentales de la historia de Inglaterra: la ruptura con la Iglesia católica y el nacimiento de la Iglesia de Inglaterra. Su relación con Enrique VIII provocó un auténtico terremoto político y religioso, ya que el monarca decidió separarse de Roma para poder casarse con ella, dando inicio a la llamada Reforma inglesa.
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| Hever Castle |
Durante su infancia, Ana vivió en Hever, y más tarde regresaría en distintas etapas de su vida, especialmente durante el periodo en el que fue cortejada por el rey. Se dice que el propio Enrique VIII visitó el castillo en varias ocasiones, lo que convierte a este lugar en escenario directo de una de las historias más conocidas y turbulentas de la monarquía inglesa. Sin embargo, el desenlace fue trágico: acusada de traición, Ana Bolena fue ejecutada en 1536 en la Torre de Londres.
Tras su muerte, el castillo pasó a manos de la Corona, y el propio Enrique VIII se lo concedió a su cuarta esposa, Ana de Cléveris, como parte del acuerdo de divorcio, en uno de esos episodios que reflejan bien el carácter del monarca. Con el paso de los siglos, la propiedad fue cambiando de manos y sufrió distintas etapas de abandono hasta que, a comienzos del siglo XX, fue adquirido por William Waldorf Astor, quien llevó a cabo una profunda restauración que devolvió al castillo gran parte de su esplendor Tudor. Gracias a estas intervenciones, hoy podemos disfrutar de un conjunto excepcionalmente bien conservado.
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| Hever Castle |
Como había llegado con bastante antelación respecto a la apertura de los jardines, aproveché para dar un breve paseo por los alrededores del castillo. El pequeño núcleo de Hever apenas cuenta con unas pocas casas, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Sus edificios tradicionales, construidos en ladrillo y entramados de madera tan característicos del sur de Inglaterra, transmiten esa imagen de campiña inglesa que tantas veces aparece en el imaginario colectivo.
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| Casas Típicas en Hever |
Muy cerca se encuentra la iglesia de St Peter's, un templo de origen medieval estrechamente ligado a la historia local y a la propia familia Bolena. Su aspecto sencillo y su tranquila ubicación contribuyen a reforzar la atmósfera histórica que envuelve todo el conjunto. Más allá de las escasas viviendas, el paisaje se abre hacia amplias praderas verdes y suaves colinas que rodean el castillo, creando un entorno especialmente agradable para pasear mientras se espera la hora de apertura. Fue una forma perfecta de comenzar la visita, disfrutando con calma de la tranquilidad del lugar antes de adentrarme en sus jardines.
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| Saint Peter´s. Hever |
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| Saint Peter´s. Hever |
A partir de aquí, y como ya comentaba, lo más lógico es comenzar la visita por los jardines, aprovechando que abren antes que el castillo. Y no es en absoluto un simple aperitivo, porque los jardines de Hever Castle son, por sí solos, uno de los grandes atractivos del lugar.
Se extienden a lo largo de más de 50 hectáreas y fueron diseñados en gran parte durante la etapa de Astor, quien quiso crear un entorno a la altura del castillo. Pasear por ellos es ir descubriendo distintos espacios muy bien diferenciados: desde el jardín italiano, con su elegante disposición simétrica, esculturas clásicas y estanques repletos de nenúfares, hasta zonas más abiertas como los prados, donde en determinadas épocas del año el suelo se cubre de flores creando una auténtica alfombra de color.
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| Hever Castle Gardens |
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| Jardín Italiano. Hever Castle Gardens |
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| Jardín Italiano. Hever Castle Gardens |
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| Jardín Italiano. Hever Castle Gardens |
Uno de los rincones más agradables es el rosal, especialmente en primavera y verano, cuando está en plena floración, llenando el ambiente de aromas. También hay senderos que se adentran en pequeñas zonas boscosas, ideales para pasear sin prisas, así como el lago, que aporta una sensación de calma total y donde incluso es posible ver gente disfrutando de un paseo en barca en los meses más cálidos. Situado en la parte más alejada de los jardines, constituye además uno de los puntos más agradables del recorrido. Todo está extremadamente cuidado, pero sin perder ese aire natural que tanto se agradece.
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| Jardín Italiano. Hever Castle Gardens |
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| Loggia Hever Castle Lake |
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| Hever Castle Lake |
Mención aparte merece el laberinto de tejos, una de las atracciones más populares. Construido a comienzos del siglo XX, sus setos alcanzan varios metros de altura y recorrerlo hasta encontrar la salida se convierte en un pequeño reto divertido. Junto a él se encuentra también un gran tablero de ajedrez vegetal, una de las imágenes más curiosas y fotografiadas de esta zona de los jardines.
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| Ajedrez de Setos. Hever Castle Gardens |
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| Rose Garden. Hever Castle Gardens |
Después de recorrer con calma los jardines, llegaría el momento de cruzar el foso y adentrarse en el castillo, donde el ambiente cambia por completo. Si por fuera todo resulta evocador, el interior es directamente un viaje al pasado, muy centrado en la época Tudor y en la figura de Ana Bolena.
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| Hever Castle |
La visita se organiza a través de distintas estancias que permiten entender cómo era la vida en el castillo a lo largo de los siglos. En la planta baja, algunas salas reflejan la intervención de Astor, con espacios más “modernos” dentro de lo histórico, como bibliotecas o salones decorados con madera tallada, mobiliario elegante y una atmósfera que recuerda a las reuniones de la alta sociedad de principios del siglo XX.
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| Hever Castle |
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| Hever Castle |
Sin embargo, a medida que se avanza, el protagonismo pasa claramente a la época Tudor. El comedor, por ejemplo, evoca los banquetes y encuentros que tenían lugar cuando Enrique VIII visitaba el castillo, y conserva elementos originales o fielmente restaurados que ayudan a imaginar ese ambiente. Uno de los detalles más curiosos es la famosa cerradura que el propio rey mandó instalar por miedo a posibles atentados, un pequeño objeto cargado de historia.
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| The Great Hall. Hever Castle |
En la planta superior es donde la figura de Ana Bolena cobra aún más fuerza. Aquí se encuentran estancias vinculadas a su vida, como la llamada cámara de la reina, donde se exhiben retratos relacionados con la dinastía Tudor. También hay habitaciones asociadas al propio Enrique VIII, con elementos arquitectónicos originales que datan de finales de la Edad Media, como techos y estructuras de madera que han sobrevivido al paso del tiempo.
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| Dormitorio Ana Bolena. Hever Castle |
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| The Long Gallery.Hever Castle |
Además, el castillo alberga una interesante colección de objetos históricos, entre los que se incluyen libros de oraciones, documentos y piezas relacionadas con la familia Bolena, lo que refuerza esa sensación de estar en un lugar auténtico, con un peso histórico real y no simplemente en una recreación.
En conjunto, la visita al interior no es especialmente larga, pero sí muy intensa desde el punto de vista histórico. Y combinada con el paseo previo por los jardines, acaba formando una experiencia muy completa, equilibrando perfectamente naturaleza, arquitectura e historia en un mismo lugar.
Para cerrar la visita, conviene tener claros algunos datos prácticos. El castillo de Hever suele abrir sus jardines a partir de las 10:30, mientras que el interior del castillo abre algo más tarde, normalmente sobre las 12:00, por lo que, como ya comentaba, lo ideal es comenzar por los exteriores y después acceder al edificio. Los horarios pueden variar ligeramente según la época del año, especialmente en invierno, por lo que es recomendable consultarlos antes de la visita. En cuanto al tiempo necesario, lo más razonable es dedicar entre 2 y 3 horas para disfrutarlo con calma, aunque si se quiere exprimir bien cada rincón, incluso se puede alargar a medio día completo. Las entradas se pueden adquirir cómodamente a través de su página oficial: https://www.hevercastle.co.uk/, y el precio ronda las 20-25 libras para adultos, con diferentes opciones según se incluya solo jardines o también el acceso al castillo. Un plan muy completo y, viendo todo lo que ofrece, bastante acorde a la experiencia.
LEEDS CASTLE
Serían cerca de las 13:00 cuando abandonaba el recinto del Hever Castle, habiendo dedicado una hora y media a sus jardines y una hora a su interior, aunque es cierto que se puede pasar todo el tiempo que uno quiera recreándose. En mi caso no me faltaron las ganas, pero ya tenía comprada la entrada para mi próximo destino, por lo que eso me obligaba a ir con cierto control del tiempo.
Necesitaría unos cincuenta minutos para recorrer los aproximadamente cincuenta kilómetros que me separaban del Castillo de Leeds, y conviene no confundirlo con la ciudad de Leeds, situada en el norte del país y completamente ajena a este enclave. En este caso, el castillo toma su nombre de un pequeño pueblo del condado de Kent, en pleno sureste inglés, muy lejos de la gran urbe industrial del norte.
La llegada al castillo de Leeds ya deja entrever que se trata de algo diferente a lo visto en Hever. Su historia se remonta al siglo IX, cuando en este lugar existía una fortificación sajona, aunque el castillo actual comenzó a tomar forma en el siglo XII, bajo el reinado de Enrique I de Inglaterra. Sin embargo, su verdadero esplendor llegaría en la Edad Media, cuando se convirtió en residencia real y pasó a ser conocido como “el castillo de las reinas”, ya que fue hogar de varias consortes inglesas.
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| Leeds Castle |
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| Leeds Castle |
Entre ellas destaca Leonor de Castilla, esposa de Eduardo I de Inglaterra, quien transformó el castillo en una residencia palaciega rodeada de agua, reforzando su carácter tanto defensivo como estético. Posteriormente, otras reinas como Catalina de Valois también habitaron el castillo, consolidando su papel como uno de los enclaves más importantes de la monarquía inglesa.
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| Leeds Castle |
Con el paso de los siglos, el castillo fue perdiendo protagonismo estratégico y pasó por distintas manos privadas, hasta que en el siglo XX fue adquirido por Olive, Lady Baillie, quien llevó a cabo una importante restauración y lo convirtió en una residencia de lujo. Gracias a ello, hoy en día el castillo presenta un estado de conservación excepcional, combinando elementos medievales con intervenciones más modernas, pero siempre respetuosas con su esencia.
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| Leeds Castle |
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| Leeds Castle |
Una vez en el recinto, lo primero que llama la atención es su espectacular ubicación: el castillo parece literalmente flotar sobre el agua, rodeado por un amplio lago que actúa como foso natural. El acceso se realiza a través de un puente que ya anticipa la experiencia, con unas vistas que probablemente estén entre las más icónicas de cualquier castillo en Inglaterra.
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| Leeds Castle |
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| Leeds Castle |
El interior del castillo refleja en gran medida la etapa de Lady Baillie, con estancias elegantemente decoradas que evocan más una residencia aristocrática del siglo XX que una fortaleza medieval. Salones amplios, dormitorios cuidadosamente ambientados, tapices, chimeneas y mobiliario refinado componen un recorrido que permite entender cómo se adaptó el castillo a una vida más moderna sin perder su carácter histórico. No es tanto un castillo “crudo” medieval como Hever, sino una mezcla muy interesante entre historia y sofisticación.
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| Leeds Castle |
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| Leeds Castle |
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| Leeds Castle |
Por su parte, los jardines y el entorno del castillo son, si cabe, aún más impresionantes. El recinto es enorme y ofrece una gran variedad de espacios: desde amplias praderas perfectamente cuidadas hasta jardines temáticos, como el jardín de la princesa Alexandra o zonas más formales con setos recortados y diseños geométricos. Pasear por los senderos que rodean el lago permite disfrutar de vistas cambiantes del castillo, siempre con el agua como protagonista.
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| Leeds Castle Gardens |
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| Leeds Castle Gardens |
Además, el complejo cuenta con otras atracciones como el laberinto de setos, uno de los más conocidos del país, y diferentes zonas boscosas que invitan a caminar sin rumbo fijo. Todo está pensado para pasar varias horas, incluso el día completo, combinando historia, naturaleza y espacios abiertos.
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| Leeds Castle Gardens |
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| Leeds Castle Gardens |
En cuanto a los datos prácticos de la visita al Castillo de Leeds, conviene tener en cuenta que el castillo abre de 10:30 a 17:00, con última entrada al interior a las 16:30, mientras que los jardines y el resto del recinto permanecen abiertos de 10:00 a 18:00, permitiendo el acceso hasta las 16:00. Esto permite organizar la visita con cierta lógica, priorizando primero el interior si se llega más justo de tiempo y dejando después un paseo más relajado por los exteriores. En cuanto al precio, la entrada ronda las 30-35 libras para adultos, incluyendo tanto el acceso al castillo como a los jardines y terrenos, en lo que es una visita bastante completa y acorde a todo lo que ofrece el recinto. Las entradas pueden adquirirse a través de su página oficial: https://www.leeds-castle.com/
WHITE CLIFFS OF DOVER (PARTE
SUPERIOR)
La última parada del día antes de dirigirme a mi nuevo alojamiento a descansar sería en los famosos acantilados de Dover, conocidos como los White Cliffs, uno de los paisajes más icónicos no solo del sureste de Inglaterra, sino de todo el país. Estas formaciones de roca caliza blanca, visibles incluso desde la costa francesa cuando la visibilidad acompaña, han sido durante siglos un símbolo natural de Inglaterra, además de un punto estratégico clave por su cercanía con el continente. Su color tan característico se debe a la acumulación de restos microscópicos de organismos marinos, lo que les da ese aspecto tan limpio y llamativo que contrasta con el verde de los prados superiores y el azul del mar.
Llegaría con el coche sobre las 18:00, aparcando directamente en el White Cliffs Car Park, uno de los accesos más cómodos para comenzar la visita. Desde aquí parte un sendero que recorre la parte superior de los acantilados en dirección al South Foreland Lighthouse y continúa posteriormente hacia otras localidades de la costa.
Conviene prestar atención a un detalle importante: el aparcamiento cierra a las 19:00. De hecho, aquel día estuve a punto de quedarme encerrado dentro, ya que apuraría la visita más de la cuenta y únicamente los quince minutos de cortesía que concedieron permitieron que pudiera salir sin problemas. En caso de quedarse atrapado una vez cerrado, existe un teléfono de asistencia para solicitar la apertura, aunque ello conlleva una penalización de 50 libras. Por este motivo, si se pretende realizar una visita más larga o sin estar pendiente de la hora, puede resultar interesante llegar por otros medios y evitar así cualquier preocupación relacionada con el cierre del parking.
Durante el recorrido iría avanzando en dirección al faro, disfrutando de un entorno agradable y de las vistas sobre el Canal de la Mancha. Sin embargo, debo reconocer que esta primera toma de contacto con los White Cliffs no terminó de convencerme. Las perspectivas sobre los acantilados son bastante puntuales y en gran parte del camino se circula relativamente alejado del borde, por lo que en muchos tramos no se observan las paredes de roca blanca. Lo que predomina realmente son las vistas abiertas al mar y al paisaje circundante, que sin duda resultan agradables, pero que no terminaban de ofrecer esa imagen espectacular de los acantilados que uno espera encontrar.
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| White Cliffs of Dover Clifftop |
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| White Cliffs of Dover Clifftop |
Aun así, el paseo merece la pena por el entorno y por la tranquilidad del lugar, especialmente a última hora de la tarde, cuando la luz comienza a suavizarse y el paisaje adquiere unos tonos más cálidos. En cualquier caso, lo mejor estaba todavía por llegar y tendría ocasión de comprobarlo al día siguiente desde una perspectiva completamente diferente.
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| White Cliffs of Dover Clifftop |
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| South Foreland Lighthouse |
En cuanto a datos prácticos, el acceso a los acantilados es libre, aunque el aparcamiento en el White Cliffs Car Park es de pago y, como he comentado, conviene prestar mucha atención a su horario de cierre. También es recomendable llevar calzado cómodo, ya que aunque los senderos son sencillos, se trata de terreno natural y algunos tramos carecen de protección junto al acantilado.
En conjunto, se trata de una visita agradable para una primera toma de contacto con la zona, aunque en mi caso las expectativas estaban algo por encima de lo que encontré aquella tarde. Por fortuna, la jornada siguiente terminaría cambiando bastante esa impresión inicial.
EAST CLIFF HOTEL
Ya casi con la noche como acompañante, me dirigiría al alojamiento donde pasaría la noche, llevándome el traslado tan sólo diez minutos. Había elegido el East Cliff Hotel, una opción de lo más sencilla pero bien ubicada en la zona de Dover, que por unas 37 libras encajaba perfectamente dentro de la lógica del viaje.
Se trata de un alojamiento modesto, sin grandes lujos, pero funcional, con habitaciones equipadas con lo básico para descansar tras una jornada intensa de visitas. Su principal punto fuerte es precisamente su localización, en una zona tranquila, muy próxima tanto al puerto como a los propios acantilados, lo que lo convierte en una base bastante práctica para moverse por la zona sin complicaciones.
Tras acomodarme me acercaría a picar algo a un pub cercano, buscando un ambiente relajado donde terminar el día sin demasiadas pretensiones. En una zona como Dover no faltan este tipo de locales, y siempre resulta fácil encontrar un sitio acogedor donde tomar una pinta y algo caliente, como un clásico fish and chips o una hamburguesa sencilla.
La idea no sería alargar demasiado la noche, sino más bien disfrutar de ese momento de calma tras la jornada, repasando mentalmente todo lo vivido durante el día mientras el ambiente tranquilo del lugar acompañaba. Después regresaría al hotel para descansar, con la intención de recuperar fuerzas y afrontar con éxito el día siguiente.








































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