ARANJUEZ

21 de Febrero de 2026.

Como ya he comentado en otras ocasiones, a veces tenemos tan cerca lugares tan impresionantes que acabamos olvidándolos o, simplemente, vamos posponiendo su visita para una “mejor ocasión”. El tiempo pasa y, cuando queremos darnos cuenta, o no los hemos visitado nunca o apenas lo hicimos cuando éramos más jóvenes.

Algo parecido me ha ocurrido con varios rincones de la Comunidad de Madrid, una situación que he intentado corregir en los últimos años. La pandemia, curiosamente, me dio la oportunidad de poner remedio a este olvido y redescubrir más de un lugar cercano que tenía pendiente.

Desde hacía tiempo quería hacer lo mismo con Aranjuez. Solo lo había visitado una vez, hace casi treinta años, y no había vuelto desde entonces, algo casi imperdonable siendo madrileño. Hoy, aprovechando que una amiga vive aquí, y uniendo ese viejo propósito pendiente, por fin he regresado, disfrutando de una jornada completa en esta preciosa localidad.

UN POCO DE HISTORIA…

Junto a la confluencia de los ríos Tajo y Jarama, y en el sur de la Comunidad de Madrid, el Real Sitio de Aranjuez atesora numerosas maravillas naturales y artísticas que evocan los esplendorosos años de la monarquía en España. Su rica huerta, su casco antiguo repleto de edificios de gran valor histórico y sus espléndidos jardines conforman un patrimonio excepcional, aunque ninguno alcanza la relevancia y simbolismo del Palacio Real de Aranjuez.

Los orígenes de Aranjuez se remontan a la Edad Media, cuando la Orden de Santiago estableció en este enclave una casa de recreo vinculada a la explotación agrícola del entorno. A partir de este primitivo edificio, la Corona transformó el lugar en residencia real integrada dentro del sistema de Reales Sitios, ya en el siglo XVI, adquiriendo especial relevancia durante el reinado de Felipe II, que impulsó su uso como espacio de descanso, caza y disfrute de la naturaleza.

Palacio Real de Aranjuez

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, Aranjuez vivió su etapa de mayor esplendor. Los sucesivos monarcas ampliaron el palacio y ordenaron la creación de los grandes jardines históricos —como el del Príncipe o el de la Isla— siguiendo los modelos paisajísticos europeos del momento. Fue especialmente bajo el reinado de Carlos III cuando el Real Sitio alcanzó una configuración urbana más definida, promoviendo la ordenación del casco histórico y la llegada de población estable al entorno palaciego.

Palacio Real de Aranjuez

Durante el siglo XIX, Aranjuez fue escenario de acontecimientos clave de la historia de España, como el célebre Motín de 1808, que marcaría el inicio del fin del reinado de Carlos IV. Con el progresivo declive del uso cortesano y los cambios políticos del país, la ciudad inició una nueva etapa en la que su pasado real quedó integrado en una identidad urbana propia.

Hoy, Aranjuez conserva ese legado histórico y paisajístico que lo convierte en uno de los conjuntos monumentales más singulares de la región, donde naturaleza, arquitectura y memoria histórica conviven en un equilibrio difícil de igualar, reconocimiento que quedó refrendado en 2001 con su declaración como Patrimonio Mundial de la UNESCO. De este modo, el Real Sitio se integra en el reducido grupo de espacios de la Comunidad de Madrid que cuentan con esta distinción, junto al Monasterio de El Escorial, la Universidad y recinto histórico de Alcalá de Henares y el Hayedo de Montejo.

QUÉ VISITAR EN ARANJUEZ:

PALACIO REAL: Es, sin duda, el principal referente monumental del Real Sitio y la razón fundamental por la que se visita la localidad. La Corona transformó la antigua casa maestral de la Orden de Santiago en un palacio concebido para el descanso y la vida cortesana, con trazas iniciales de Juan Bautista de Toledo y dirección continuada por Juan de Herrera tras la muerte de aquel. Las obras se prolongaron durante décadas, sufriendo ampliaciones y remodelaciones hasta consolidar la residencia tal como la conocemos hoy. Bajo el reinado de Carlos III, el palacio adquirió su aspecto definitivo, convirtiéndose en una de las residencias reales más refinadas de la monarquía española.

Palacio Real de Aranjuez

Palacio Real de Aranjuez

El conjunto palaciego se articula en torno a distintas estancias y salas de gran interés histórico y artístico, que se recorren durante la visita:

Escalera principal: Diseñada en época de Fernando VI, constituye uno de los accesos más solemnes al interior del palacio. Destaca por su elegancia y proporción, así como por la decoración escultórica y pictórica que anuncia el carácter regio del edificio.

Escalera Principal. Palacio Real de Aranjuez

Salón de Música o Cámara de la Reina: espacio destinado a conciertos y veladas cortesanas, con mobiliario y decoración que reflejan los gustos de la Corte desde el siglo XVIII. Durante el reinado de Isabel II, este salón fue utilizado para recepciones y encuentros con diferentes autoridades.

Salón de Música o Cámara de la Reina. Palacio Real de Aranjuez

Comedor de Gala: Destinado a grandes banquetes oficiales, presenta una decoración sobria y elegante acorde con su función. La mesa, de grandes dimensiones, se acompaña de tapices y retratos reales, reflejando la importancia protocolaria de esta sala.

Comedor de Gala. Palacio Real de Aranjuez

Gabinete Árabe: Estancia singular con decoración inspirada en la arquitectura islámica. Sus paredes y techos presentan motivos geométricos y arabescos policromados, ofreciendo un contraste refinado dentro del conjunto palaciego. Era un espacio de intimidad y retiro de los monarcas.

Gabinete Árabe. Palacio Real de Aranjuez

Salón de Porcelana: Sin duda, una de las salas más singulares del palacio. Fue decorado en tiempos de Carlos III con paneles de porcelana realizados en la Real Fábrica del Buen Retiro, representando motivos orientales, figuras fantásticas y escenas cortesanas. Es una estancia única en Europa por su estado de conservación.

Salón de Porcelana. Palacio Real de Aranjuez

Salón del Trono: Una de las estancias más representativas del palacio. Preside la sala el trono real flanqueado por retratos de los monarcas, bajo un rico programa decorativo en el que destacan tapices, relojes y mobiliario original. Aquí se celebraban recepciones oficiales y actos solemnes.

Salón del Trono. Palacio Real de Aranjuez

Dormitorio de la Reina: Estancia de carácter más íntimo, utilizada por los monarcas durante sus estancias en Aranjuez. Conserva parte del mobiliario original y permite comprender el uso residencial del palacio más allá de su función ceremonial.

Dormitorio de la Reina. Palacio Real de Aranjuez

Capilla Real: De reducidas dimensiones, responde al carácter privado del palacio. Destaca por su sobriedad y por el retablo, acorde con la espiritualidad contenida propia de las residencias reales.

Capilla Real. Palacio Real de Aranjuez

La visita al Palacio Real de Aranjuez permite recorrer no solo una residencia regia, sino también entender la vida cotidiana de la Corte durante los siglos de mayor esplendor del Real Sitio. El tiempo necesario para una visita completa suele oscilar entre una hora y media y dos horas, dependiendo del interés y el ritmo de cada visitante. El precio de 9 € para adultos, mientras que niños de 5 a 16 años, estudiantes hasta 25 y mayores de 65 pagan 4 €, y los menores de 5 años entran gratis. El horario varía según la temporada: de 10:00 a 18:00 de octubre a marzo y de 10:00 a 19:00 de abril a septiembre, permaneciendo cerrado los lunes y algunos festivos nacionales, por lo que conviene consultarlo antes de ir.

Junto al palacio, un espacio que conviene no pasar por alto es la Casa de Oficios y Caballeros, sede histórica de los servicios que daban soporte a la Corte durante sus estancias en Aranjuez. Este edificio, situado muy cerca de la fachada principal del palacio, funcionó como corazón logístico del Real Sitio, albergando desde las caballerizas y talleres hasta los alojamientos de quienes servían directamente a los monarcas. Pasear por sus arcos y patios permite hacerse una idea más completa de cómo se organizaba la vida cortesana en torno al palacio, y aporta una perspectiva distinta a la visita: más humana, más cotidiana y, sin duda, igualmente interesante que las grandes salas reales.

Casa de Oficios y Caballeros

Casa de Oficios y Caballeros

JARDÍN DEL PARTERRE: Situado frente a la fachada oriental del Palacio Real de Aranjuez, es uno de los espacios ajardinados más elegantes y representativos del Real Sitio, concebido a finales del siglo XVII siguiendo el gusto francés que comenzaba a imponerse en las cortes europeas. Sin embargo, en esta ocasión no fue posible visitarlo, ya que se encontraba cerrado por obras de restauración, una circunstancia que, por desgracia, parece repetirse con demasiada frecuencia. Casi siempre por unas razones u otras, el Parterre se halla inmerso en trabajos de conservación, necesarios sin duda para preservar su delicado diseño y sus fuentes monumentales, pero que impiden al visitante disfrutar con normalidad de uno de los jardines más emblemáticos de Aranjuez. Una ausencia que se nota especialmente, al tratarse del primer gran espacio verde que se vincula directamente con el palacio y que debería ser, sin discusión, una de las visitas imprescindibles del conjunto.

JARDÍN DE LA ISLA: Es, probablemente, el espacio donde mejor se entiende la esencia del Real Sitio: un jardín concebido para ser recorrido sin prisas, siguiendo el curso del Tajo, entre avenidas arboladas, perspectivas calculadas y una sucesión de fuentes mitológicas que dialogan constantemente con el entorno. De inspiración claramente renacentista, fue uno de los primeros grandes jardines ordenados de Aranjuez y durante siglos constituyó el auténtico corazón verde del conjunto palaciego.

Nada más acceder a él se encuentra el Jardín del Rey, que puede considerarse, con toda propiedad, como su antesala natural. Este espacio, más recogido y de carácter casi íntimo, estuvo reservado en origen al uso exclusivo del monarca. En su eje central destaca la estatua de Felipe II, flanqueada por las figuras de sus padres, el emperador Carlos I y la emperatriz Isabel de Portugal, una composición cargada de simbolismo dinástico que refuerza la idea de Aranjuez como proyecto personal del rey prudente. Desde aquí, el jardín se abre y se expande, marcando la transición entre lo privado y lo ceremonial.

Jardín del Rey

A partir de este punto, el recorrido se convierte en una auténtica galería al aire libre donde el agua y la mitología clásica son protagonistas. La Fuente de Hércules y la Hidra, una de las más monumentales, simboliza la fuerza y la victoria sobre el caos; muy cerca aparece la Fuente de Apolo, vinculada a la música, la luz y las artes, en claro contraste con la potencia heroica de la anterior. La Fuente de las Horas introduce una lectura más alegórica del tiempo, mientras que la delicada Fuente del Niño de la Espina —una de las más admiradas— destaca por su naturalismo y su cuidada ejecución, representando al joven absorto en extraerse una espina del pie, ajeno a todo lo que le rodea.

Fuente de Hércules y la Hidra. Jardín de la Isla

Fuente del Niño de la Espina. Jardín de la Isla

El paseo continúa entre la sensualidad de la Fuente de Venus, la celebración del vino y la fiesta en la Fuente de Baco, y la presencia poderosa del dios del mar en la Fuente de Neptuno. Cierra este conjunto la Fuente de Diana, asociada a la caza y a la naturaleza, una referencia directa a uno de los usos fundamentales del Real Sitio durante siglos.

Fuente de Diana. Jardín de la Isla

JARDÍN DEL PRÍNCIPE: El Jardín del Príncipe es el mayor y más ambicioso de los jardines históricos de Aranjuez. Se extiende a lo largo de más de dos kilómetros entre los meandros del río Tajo y la imponente Calle de la Reina, una larguísima alineación rectilínea de árboles trazada ya en el siglo XVI por Felipe II, que actúa como límite artificial frente al carácter más libre y natural del jardín.

Aunque a mediados del siglo XVIII Fernando VI mandó construir los pabellones situados en su extremo occidental, el verdadero impulsor del jardín fue el príncipe de Asturias, futuro Carlos IV, quien en las últimas décadas del siglo promovió su desarrollo definitivo. Para ello contó con el jardinero mayor Pablo Boutelou y con el arquitecto Juan de Villanueva, responsables de dar al conjunto ese carácter progresivamente más paisajista y pintoresco, alejado del rigor geométrico de los jardines anteriores.

El Jardín del Príncipe fue creciendo hacia el este de manera paulatina, ganando en libertad de diseño, riqueza botánica y variedad escenográfica. A lo largo del recorrido aparecen elementos pensados para sorprender al paseante: embarcaderos junto al río, estanques, fuentes, falsas ruinas y pequeños episodios decorativos que convierten el paseo en toda una experiencia. Precisamente por sus enormes dimensiones, resulta imposible recorrerlo con la misma minuciosidad que el Jardín de la Isla, por lo que mi visita la centraría en algunos de sus puntos más emblemáticos.

Entre ellos destacan la Fuente de Apolo, que reaparece aquí integrada en un entorno mucho más natural, y el sugerente Estanque de los Chinescos, ejemplo del gusto exótico tan apreciado en la época, con su aire lúdico y ornamental que rompe deliberadamente con la solemnidad clásica.

Estanque de los Chinescos. Jardín del Príncipe

Fuente de Apolo. Jardín del Príncipe

El recorrido culmina, casi sin transición, en la Casa del Labrador, auténtica joya del jardín y, para muchos, el episodio decorativo más fascinante de la corte española de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Concebida por Carlos IV como pabellón de recreo, su arquitectura exterior es deliberadamente discreta, casi engañosa, contrastando de manera radical con la extraordinaria riqueza de sus interiores, pensados para el disfrute íntimo del monarca y su entorno más cercano.

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

El recorrido por sus estancias revela una sucesión de espacios de una calidad excepcional. Destacan salas como el Salón de María Luisa, de elegante sobriedad neoclásica; el Gabinete de Platino, una de las estancias más célebres, decorado con una finura extrema en metales preciosos y considerado una auténtica obra maestra del gusto cortesano; o el Comedor de Gala, donde la ornamentación acompaña a la función sin caer en la ostentación excesiva. Especial mención merece también el Salón de Baile, luminoso y equilibrado, concebido para reuniones selectas más que para grandes ceremonias.

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

A lo largo de la visita se suceden gabinetes, saletas y pasillos decorados con mármoles, estucos, maderas nobles y sedas, en un despliegue artístico que refleja la evolución del gusto desde el neoclasicismo más contenido hacia un refinamiento casi pre-romántico.

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

Casa del Labrador. Jardín del Príncipe

En mi caso, la visita a la Casa del Labrador tuvo además un valor añadido muy especial. El acceso se realiza exclusivamente mediante visita guiada, con una duración aproximada de una hora, en grupos muy reducidos y bajo una estricta vigilancia durante todo el recorrido. Antes de entrar es obligatorio colocarse patucos para proteger los delicadísimos suelos originales, lo que da una idea clara del nivel de conservación y cuidado del edificio. Es imprescindible reservar con antelación, ya que el cupo diario es muy limitado y las entradas sólo pueden adquirirse a través de la página oficial de Patrimonio Nacional. Además, pude visitarla apenas cuatro meses después de su reapertura, tras haber permanecido cerrada durante cuatro años por restauración, lo que me permitió disfrutar de sus estancias en un estado excepcional y tomar verdadera conciencia de la singularidad y fragilidad de este extraordinario pabellón.

CENTRO HISTÓRICO: El casco urbano de Aranjuez ofrece un agradable recorrido a pie entre calles tranquilas, plazas abiertas y rincones con encanto donde se mezcla la vida cotidiana con la historia. La arquitectura y el trazado urbano reflejan siglos de evolución, con edificios que muestran la influencia de la Corona y de los sucesivos estilos artísticos. Los espacios abiertos invitan a detenerse y disfrutar del ambiente, mientras que algunas calles y plazas permiten entrever la importancia cultural y social que ha tenido la ciudad a lo largo del tiempo. Entre todos esos lugares cabría destacar:

Plaza de San Antonio: La Plaza de San Antonio es uno de los espacios más emblemáticos del casco histórico de Aranjuez. Preside la plaza la Fuente de la Mariblanca, escultura que representa a una figura femenina y que simboliza la abundancia y la fertilidad del agua, elemento vital para los jardines y huertas del Real Sitio. Esta fuente, de origen anterior a la reforma del siglo XVIII, se convirtió en icono de la plaza y punto de encuentro para los habitantes y visitantes. En uno de sus frentes se alza la Iglesia de San Antonio, construida bajo el reinado de Fernando VI, de planta circular y pórtico porticado, que refuerza el valor arquitectónico y religioso del conjunto. La plaza fue concebida como espacio de representación ligado al palacio, combinando funcionalidad urbana y simbolismo artístico.

Plaza de San Antonio y Fuente de La Mariblanca

Iglesia de San Antonio

Casa de Infantes: Construida en el siglo XVIII, la Casa de Infantes acogía a los miembros de la familia real y su séquito durante las estancias en Aranjuez. Su arquitectura es sobria, con líneas clásicas que reflejan el estilo ilustrado de la época. Estaba vinculada directamente al uso residencial y administrativo del Real Sitio. Forma parte del tejido histórico del casco antiguo y contribuye a la unidad urbana del entorno palaciego. Hoy se mantiene como testimonio de la presencia real permanente en la ciudad.

Casa de Infantes

Teatro Real Carlos III: Levantado en el siglo XVIII bajo la iniciativa de Carlos III, este teatro es un ejemplo de la cultura cortesana ilustrada. Su estilo neoclásico refleja la sobriedad y elegancia de la arquitectura del momento. A lo largo de su historia ha sufrido transformaciones, pero se ha conservado como espacio de representación teatral. Actualmente se utiliza para obras y conciertos, recuperando su papel cultural dentro del Real Sitio. Su ubicación lo integra perfectamente en el casco histórico de Aranjuez.

Teatro Real Carlos III

Mercado de Abastos: Construido a finales del siglo XIX, el Mercado de Abastos respondió a la necesidad de abastecimiento de la población creciente de Aranjuez. Su arquitectura funcional refleja el estilo propio de los mercados de la época, con grandes ventanales y estructura de hierro y ladrillo. Fue un punto clave para la vida comercial de la ciudad durante décadas. Hoy sigue activo y forma parte del patrimonio urbano histórico.

Mercado de Abastos

Mercado de Abastos

Plaza de la Constitución: Es uno de los espacios centrales del casco histórico y tradicional punto de encuentro de la ciudad. En ella se sitúa el Ayuntamiento, reforzando su carácter institucional y cívico. La plaza articula varias de las calles más transitadas de Aranjuez y conserva la trama urbana original del periodo cortesano. Su configuración refleja la evolución del espacio público desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Es un lugar de paso obligado para conocer la vida diaria de la ciudad.

Plaza de la Constitución

Casa del Gobernador: Este edificio fue la residencia oficial del gobernador del Real Sitio, responsable de la administración cotidiana de Aranjuez. Su construcción se inscribe en el desarrollo urbano vinculado a la presencia permanente de la corte. Presenta una arquitectura sobria, de líneas equilibradas, acorde con su función administrativa. Forma parte del conjunto histórico que organiza y controla el entorno del palacio. Hoy se conserva como testimonio de la estructura de poder local durante el periodo cortesano.

Casa del Gobernador

Corrala Típica (Hostal Castilla): Es un ejemplo bien conservado de la arquitectura residencial popular en Aranjuez. Su estructura alrededor de un patio central permite entender la vida cotidiana de la población urbana más humilde. El edificio conserva elementos originales y muestra la diferencia entre la arquitectura palaciega y la popular del Real Sitio. Actualmente funciona como hostal, integrando el patrimonio histórico con la actividad turística. Es un contrapunto necesario frente a la monumentalidad de los jardines y palacios.

Hostal Castilla. Corrala Típica

Hostal Castilla. Corrala Típica

Real Convento de San Pascual: Fundado en el siglo XVIII por Carlos III para acoger a una comunidad de religiosas, el convento refleja la arquitectura clasicista propia de las fundaciones religiosas ilustradas. Su presencia refuerza la dimensión espiritual y asistencial del Real Sitio. Conserva su carácter austero, fiel al estilo de la época, y está integrado dentro del casco histórico. Ha mantenido un uso continuo a lo largo de los siglos, con mínimas alteraciones en su estructura original.

Real Convento de San Pascual

Palacio de Medinaceli: Este palacio perteneció a la Casa de Medinaceli, una de las familias nobles más importantes de España. Su función principal era servir de residencia durante las estancias de la corte en Aranjuez. La arquitectura refleja el carácter aristocrático residencial más que ceremonial, con un diseño elegante pero sobrio.

Iglesia de Alpajés: construida en el siglo XVIII durante el reinado de Fernando VI. Su arquitectura refleja un estilo neoclásico sencillo, con planta rectangular y una fachada sobria, destacando por su campanario y pórtico de entrada. El interior alberga un retablo mayor con elementos ornamentales propios del barroco tardío y varias imágenes religiosas de gran valor. La iglesia servía originalmente a la comunidad del barrio de Alpajés, vinculada a la actividad agrícola y a la vida cotidiana de los trabajadores del Real Sitio.

Iglesia de Alpajés

Iglesia de Alpajés

¿DÓNDE COMER EN ARANJUEZ?

A TERRA DELAPIO

un restaurante con una excelente relación calidad-cantidad que no está enfocado al turismo, sino al público local. La carta ofrece platos generosos, muchos de ellos pensados para compartir, así que conviene moderarse para no acabar demasiado lleno. Durante nuestra visita probamos las croquetas, las empanadillas de centollo, la ensaladilla rusa y un suculento cachopo, entre otras cosas. Todo de gran sabor y presentación. El ambiente es agradable y cuidado, sin artificios, dejando todo el protagonismo a la comida. Sin duda, un lugar recomendable para disfrutar de una comida abundante y de calidad en Aranjuez.

TAPERÍA POSTAS

Según la recomendación de mi amiga, este es un lugar donde la cocina es sencilla pero muy bien ejecutada, con tapas abundantes y llenas de sabor. El local tiene un ambiente acogedor, ideal para probar varias especialidades sin prisas. Los platos se prestan a compartir, lo que permite disfrutar de la comida de manera relajada. Destacan tanto los clásicos de la tapa española como algunas propuestas más originales. Es una opción segura para quienes buscan un lugar local y auténtico en Aranjuez.

EL TOMATE

Otra recomendación de mi amiga es El Tomate, un restaurante moderno con una oferta gastronómica creativa y cuidada. La carta incluye platos de calidad, presentaciones atractivas y sabores equilibrados. Algunos platos se pueden compartir, así que conviene ir con apetito y ganas de probar varias especialidades. El servicio es atento y el espacio resulta cómodo tanto para parejas como para grupos.

¿CÓMO LLEGAR HASTA ARANJUEZ?

Para ir en coche desde Madrid la forma más cómoda es tomar la autovía A4 dirección Andalucía y salir en la salida 47, señalizada como Aranjuez / Ontígola. Desde allí, la M-305 te conducirá directamente hasta el centro de Aranjuez. El trayecto dura aproximadamente 50–60 minutos, dependiendo del tráfico.

Si decides viajar en tren, lo más cómodo es salir desde las estaciones de Atocha, Chamartín o Nuevos Ministerios. Desde allí, hay que tomar la línea de Cercanías C3 o C3A en dirección Aranjuez. El viaje dura aproximadamente 50–60 minutos y el billete cuesta en torno a 4,10–4,20 euros. La estación de Aranjuez se encuentra a unos 10–15 minutos caminando del Palacio Real y del centro histórico.

Para llegar en bus, hay que desplazarse hasta Estación Sur de Madrid (Méndez Álvaro). Desde allí, las líneas 422 y 423 llevan directamente a Aranjuez. La duración del viaje es de aproximadamente 50–60 minutos, y el billete cuesta unos 6–7 euros. Las paradas se encuentran en pleno centro de la ciudad, muy cerca del Palacio Real y de los principales monumentos.


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