DIA 01. RAVENA. Llegada a Rávena el día de Navidad.

25 de Diciembre de 2025.

Navidad: esas fechas entrañables en las que todo está a rebosar de gente, no cabe un alma en casi ningún lugar del centro de la ciudad, el tráfico se encuentra completamente saturado, tienes que comer hasta reventar, te dejas un dineral en regalos y hay una falsa conciencia, en muchos casos, que roza lo desesperante. Es por todo ello que me apetecía evadirme y perderme por alguna región europea que al menos me aportara lugares interesantes para ver, aunque detrás tuviera que lidiar igualmente con estas fechas. Así lo había hecho algún que otro año anterior como cuando me marché a la Patagonia o alguna zona de España más tranquila que Madrid y la verdad que sería un acierto y me permitiría desconectar sobremanera.

En esta ocasión me había vuelto a decantar por la siempre hermosa e inabarcable Italia, teniendo cada vez más claro que es mi país europeo favorito. Y es que es tal la cantidad de cultura y patrimonio que ofrece que ni en dos vidas podría conocerse. Además, creo que de diciembre a febrero son las fechas idóneas para escapar de las masas, pues en años anteriores ya había podido comprobar que en el apetecible puente de la Constitución, la cantidad de turismo se reducía sobremanera en ciudades tan cotizadas como Roma, Florencia o Venecia. Por tanto, si en semejantes pesos pesados del arte sucedía eso, era más que probable que en otras urbes no tan demandadas pudiera disfrutarlas casi para mí solo.

En este caso optaría por la región conocida como Emilia Romagna, una zona repleta de ciudades históricas y artísticas que ofrecen un patrimonio excepcional, destacándose por su riqueza cultural que abarca desde el esplendor del arte renacentista hasta la arquitectura medieval y romana. Su legado no se limita a un solo estilo ni época, sino que es una mezcla coherente de influencias que conviven en cada monumento, iglesia y palacio. Además, la región es conocida por su contribución a la música, la literatura y la gastronomía, elementos que se entrelazan con su historia para formar un conjunto de valores únicos en Italia y Europa.

Capilla degli Scrovegni. (Padua)

Había elegido en esta zona Rávena, conocida por sus mosaicos bizantinos que conservan un esplendor difícil de encontrar en otros lugares; Ferrara, con su impresionante conjunto renacentista que refleja el poder de la nobleza local; Parma, famosa por su exquisito queso parmesano y su arquitectura elegante; y Módena, reconocida tanto por su historia como por ser cuna de tradiciones gastronómicas de peso.

Castillo Estense. (Ferrara)

Además de estas ciudades, también dedicaría unos días a Padua y Verona, en la región del Véneto, donde la primera destaca por su famosa plaza de esculturas y su vinculación con San Antonio, y la segunda por su arena romana y su vinculación con la tragedia de Romeo y Julieta. Por último, Mantua, en la región de Lombardía, ofrece un conjunto renacentista declarado Patrimonio de la Humanidad, con palacios y plazas que hablan del esplendor de la familia Gonzaga.

Castel Vecchio y Ponte Scaligero. (Verona)

Como se ve, un recorrido de once días que no tenía desperdicio, repleto de auténticas joyas del arte que me iban a mostrar lo mejor del patrimonio cultural de estas regiones.

Mi gran miedo antes de partir era encontrarme con que algunas de esas joyas del patrimonio estuvieran cerradas más de un día, como suele ocurrir los lunes o el uno de enero en buena parte de Europa. Perder la oportunidad de visitar determinados lugares, sobre todo cuando el tiempo es limitado, siempre genera una mezcla de frustración y resignación. Por eso, más de una vez tuve que repasar horarios y hacer malabares con el calendario para intentar no dejarme nada imprescindible fuera del recorrido. Y aún así, nada aseguraba un éxito total, pero bueno, intentaríamos quedarnos con lo que se pudiera.

Es así como tras pasar la Nochebuena en familia, iniciaría el día de Navidad con un buen madrugón, con el objetivo de estar en el aeropuerto de Barajas a las 07:30, una hora y media antes de la salida del vuelo, ya que no tenía que facturar.

Tras dos horas y media de vuelo al aeropuerto de Bolonia, aterrizaría a las 11:30. Tras desembarcar, solo tendría que dirigirme a tomar el tren Marconi Express que me llevaría a la estación central de Bolonia, el cual solo tarda diez minutos en realizar el trayecto. El precio de ida son casi 13 euros y el de ida y vuelta unos 23 euros. Una vez en esta, buscaría otro tren que me llevaría hasta Rávena en aproximadamente una hora y veinte minutos, con un coste de 9,45 euros. Por tanto, alrededor de las 13:00 ya estaba llegando a la ciudad, lo cual me iba a permitir aprovechar buena parte de la tarde.

BOUNCE ESTACIÓN DE RÁVENA

Nada más bajar del tren, optaría por comer unos sándwiches que había traído de casa. Acto seguido, me acercaría al punto de consigna que había reservado previamente a través de la web https://es.bounce.com  para dejar la maleta en el hotel NH Ravenna, situado en Piazza Goffredo Mameli, 1, muy cerca de la estación y del centro histórico.

Bounce es un servicio de consigna de equipaje que funciona mediante acuerdos con hoteles y comercios locales, permitiendo dejar las maletas en espacios seguros durante el tiempo necesario. Por unos 5 € al día, podía dejar la maleta con tranquilidad, con protección incluida, lo que me permitía moverme con total libertad desde el primer momento sin cargar con el equipaje.

No perdería el tiempo y, sobre las 13:30, comenzaría a aprovechar las pocas horas de luz que quedaban, dando mi primer paseo por el centro histórico de Rávena. Como era el día de Navidad, no tenía muchas esperanzas de que algún interior estuviera abierto, pero aun así probaría suerte. En cualquier caso, siempre podría empezar a disfrutar de sus plazas, parques, calles históricas y algún edificio religioso que no estuviese cerrado.

IGLESIA SAN GIOVANNI EVANGELISTA

Muy cerca de la estación de tren, casi como una puerta simbólica a la ciudad, se alza la iglesia de San Giovanni Evangelista, uno de esos lugares que, aunque no figure siempre en los primeros puestos de las guías, guarda entre sus muros una historia poderosa. Fundada en el siglo V por Galla Placidia, en agradecimiento por haber sobrevivido a un naufragio, esta basílica ha resistido los embates del tiempo, las guerras y las reconstrucciones, pero todavía conserva la quietud sagrada de lo que lleva siglos en pie.

Ya desde mi llegada se notaba que era Navidad: apenas un alma por las calles, un silencio inusual, casi suspendido en el aire. Y en ese ambiente, la visita a San Giovanni Evangelista cobraba aún más sentido. Sin embargo, durante mi estancia la iglesia permanecería cerrada, ya que no abre los días 25 y 26 de diciembre ni el 1 de enero, por lo que no me fue posible acceder a su interior, pese a que era una de las visitas que llevaba previstas.

La fachada actual, bastante sobria, no anticipa del todo lo que se encuentra tras sus puertas. Para los que puedan acceder a su interior, este se organiza en torno a una nave austera flanqueada por columnas romanas reutilizadas en la reconstrucción, donde el ladrillo visto cobra protagonismo y la luz entra con mesura. Aunque los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial arrasaron buena parte de su estructura y de sus mosaicos originales, aún se conservan algunos fragmentos en el pavimento, que permiten intuir la riqueza que tuvo este templo en su origen.

San Giovanni Evangelista

La iglesia abre de martes a domingo entre las 10:00 y las 16:30, con última entrada a las 16:15. La visita es gratuita.

FORTALEZA ROCCA BRANCALEONE

Como decía, después de comprobar que la mayoría de los monumentos estaban cerrados por ser Navidad, me dirigí a aquellos que tenían al menos una posibilidad de estar abiertos. Me acerqué entonces a la Rocca Brancaleone, apenas a cinco minutos a pie desde la estación. Esta fortaleza, construida por la República de Venecia en 1457, fue pensada como bastión defensivo, pero hoy es un espacio público que alberga un inmenso jardín interior, un pequeño teatro al aire libre y un bar entre las antiguas murallas.

Fortaleza Rocca Brancaleone

La elección del emplazamiento no fue casual. Durante el siglo XV, Venecia ejercía un fuerte control sobre la región de la Romaña, y Rávena, aunque antaño capital imperial, se había convertido en una ciudad secundaria con importancia estratégica. La construcción de la Rocca respondía al deseo de afirmar el dominio veneciano sobre un territorio que aún mostraba lealtades cambiantes y donde otras potencias, como los Estados Pontificios o los Sforza de Milán, aspiraban a influir. Por eso, la fortaleza se diseñó como un recinto militar autosuficiente, separado del núcleo urbano, con un foso, gruesos muros perimetrales y torres adaptadas a la artillería moderna del momento. Su estructura fue pensada más para imponer respeto que para el combate cuerpo a cuerpo.

Fortaleza Rocca Brancaleone

Fortaleza Rocca Brancaleone

Al entrar, el recinto estaba completamente vacío: ningún turista, ningún local, solo yo caminando entre los senderos de arenisca, sintiendo el frío y la humedad que calaban hasta los huesos. Aquel silencio y ese aire cortante hacían que me sintiera dueño del lugar, rodeado por torres antiguas y los muros que alguna vez defendieron la ciudad. El contraste entre su origen militar y la calma actual era evidente en cada rincón.

Fortaleza Rocca Brancaleone

El parque ocupa unos 17 000 m² dentro de la estructura original y conserva los ocho torrioni redondeados diseñados para posicionar artillería hacia el interior de la ciudad. Hoy esos espacios albergan rutas informativas, zonas de juego, fuentes y bancos donde sólo se escuchaban mis pasos, en un entorno frío, húmedo y misterioso.

La Rocca Brancaleone abre todos los días desde las 8:00 hasta las 24:00. El acceso es gratuito.

PIAZZA DEL POPOLO

Al salir de la Rocca Brancaleone, continué hasta la Piazza del Popolo, centro neurálgico de Rávena desde hace siglos. El día de Navidad era evidente: no había apenas nadie, solo un puñado de transeúntes dispersos, lo que acentuaba la sensación de que el tiempo se había detenido.

La plaza aparece flanqueada por edificios imponentes que reflejan el poder político y económico de distintas etapas históricas. Al sur se alza el Palazzo Merlato, que no es otro que el Palazzo del Comune, sede del Ayuntamiento de Rávena. El edificio se levantó en 1681 sobre antiguos palacios medievales vinculados a la familia da Polenta y fue ampliado a lo largo del siglo XVIII. Su aspecto actual se debe en buena medida a la merlatura añadida en el siglo XIX: esas almenas dentadas que rematan la parte superior del edificio, típicas de la arquitectura cívica medieval, más simbólicas que defensivas, y que le dieron el nombre popular de Merlato. Bajo él se abre un amplio voltone, paso cubierto que comunica la plaza con el Palazzetto Veneziano, cuyo interior está decorado con frescos que celebran a figuras ilustres de la ciudad.

Palazzo del Comune o Merlato. Piazza del Popolo

Frente al Ayuntamiento se encuentra el Palazzo Apostolico, hoy sede de la Prefettura, testimonio del poder papal en la ciudad. Su presencia sobria y institucional contrasta con otros edificios vecinos, como el Palazzo dell’Orologio, fácilmente reconocible por el reloj que preside su fachada y que durante siglos marcó el ritmo de la vida pública en la plaza. A un lado se sitúa también el Palazzo della Banca Nazionale del Lavoro, obra de Camillo Morigia, conectado mediante otro voltone con el edificio de la Prefettura, reforzando esa sensación de continuidad arquitectónica y administrativa.

Palazzo dell´Orologio y St. María del Suffragio. Piazza del Popolo

Palazzo della Prefettura. Piazza del Popolo

Completa el conjunto el Palazzo dei Rasponi del Sale, construido hacia 1770 por una de las familias más influyentes de Rávena. Su fachada barroca, perfectamente simétrica, se alza sobre restos romanos y antiguas viviendas medievales. Fue sede del Circolo Ravennate y hoy alberga una entidad bancaria, manteniendo su papel como espacio representativo dentro de la plaza.

En el centro de la Piazza del Popolo se elevan las dos columnas venecianas, erigidas en 1483, símbolo explícito del dominio de Venecia sobre Rávena. Una está coronada por la estatua de Sant’Apollinare, patrono de la ciudad; la otra, que originalmente sostenía el león de San Marcos, fue rematada más tarde con la figura de San Vitale. En las bases se reutilizaron relieves romanos con signos del zodiaco, entre ellos Ofiuco, el controvertido “decimotercer signo”. Aunque la astrología tradicional se basa en doce signos, el Sol atraviesa en realidad trece constelaciones a lo largo del año, y Ofiuco es una de las que quedó excluida, lo que ha alimentado debates modernos entre astronomía y tradición astrológica.

En uno de los extremos de la plaza se abre la iglesia de Santa Maria del Suffragio. A pesar de ser Navidad, pude entrar. El contraste con el exterior fue inmediato: el interior barroco, ricamente decorado, despliega frescos, estucos y un uso teatral de la luz que remite al barroco romano. La iglesia, vinculada históricamente a la confraternidad del Suffragio, dedicada a las almas del purgatorio, transmite una espiritualidad intensa y casi íntima, muy distinta del carácter cívico y administrativo de los edificios que la rodean.

Santa María del Suffragio. Piazza del Popolo

Las plazas adyacentes —Piazza Luigi Einaudi y Piazza Garibaldi— no funcionan como espacios aislados, sino como prolongaciones naturales de la Piazza del Popolo, integradas visual y funcionalmente en el tejido urbano.

VIA MENTANA

Desde la Piazza del Popolo, tomé Via Mentana, una de esas calles que, sin buscar protagonismo, terminan por atrapar la atención. Aun en la quietud del día de Navidad, su trazado recto, flanqueado por fachadas señoriales de diferentes épocas, mostraba el poso de una ciudad que ha sabido mantener viva su estructura histórica. Esta vía conecta el corazón político de Rávena con otras arterias igual de significativas, como Via Cavour, una de las principales avenidas comerciales y culturales de la ciudad, siempre elegante incluso en el silencio de una jornada festiva.

Via Mentana

Casi en paralelo, Via Matteotti ofrecía otra perspectiva, algo más ancha y moderna, salpicada de edificios de arquitectura del siglo XX, pero sin perder del todo la armonía urbana. En cambio, Via Mariani tenía algo más íntimo: pequeñas tiendas cerradas ese día, faroles apagados, y una estética contenida.

TUMBA DE DANTE

Desde Via Mentana avancé hacia uno de esos lugares que, aunque modestos en tamaño, cargan sobre sí el peso de siglos de literatura y memoria: la tumba de Dante Alighieri. Oculta junto a la basílica de San Francesco, en un pequeño rincón en el que el silencio parece natural, se alza este mausoleo neoclásico del siglo XVIII, erigido para custodiar los restos del poeta que imaginó el viaje más famoso de la literatura: el que recorre el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso en su Divina Comedia.

Lo que parece un homenaje tranquilo encierra, sin embargo, una historia de disputas. Dante murió en Rávena en 1321, exiliado de su Florencia natal por razones políticas que lo condenaron a no regresar jamás. Florencia, arrepentida con los siglos, reclamó en más de una ocasión su cuerpo, pero los franciscanos de Rávena lo escondieron celosamente, llegando incluso a ocultar sus huesos en un muro para evitar que fueran devueltos. Ese ir y venir de reclamaciones, gestos simbólicos y negativas firmes ha hecho que, al final, Dante siga descansando aquí, donde encontró refugio en vida y reposo en muerte.

Tumba de Dante

El mausoleo actual es sobrio pero elegante: mármol claro, inscripciones latinas y un bajorrelieve que recuerda al poeta pensativo, con la mirada fija en algún punto más allá de este mundo. Frente a la tumba, una lámpara votiva arde con aceite que cada año envía Florencia, un gesto tardío que mezcla respeto y un reconocimiento implícito de aquella deuda histórica.

Tumba de Dante

La tumba de Dante se encuentra junto a la basílica de San Francesco y puede contemplarse perfectamente desde el exterior, sin pagar entrada ni depender de horarios. El mausoleo, cerrado por una verja, está abierto a la vista desde la calle, permitiendo detenerse frente a su fachada e inscripciones. No es un espacio que se visite por dentro, sino un monumento conmemorativo que siempre permanece accesible salvo cierres puntuales.

JARDIN QUADRARCO DI BRACCIOFORTE

Justo detrás de la tumba de Dante se abre un pequeño espacio verde que parece suspendido en el tiempo: el jardín del Quadrarco di Braccioforte. Su nombre proviene de un antiguo pórtico medieval que se conserva parcialmente y que enmarca este rincón de serenidad, donde la piedra envejecida se mezcla con la sombra de los cipreses y el perfume de la vegetación.

Jardín Quadrarco di Braccioforte

Jardín Quadrarco di Braccioforte

Este lugar está íntimamente ligado a la historia del poeta, pues durante siglos los monjes franciscanos lo usaron como refugio para ocultar sus restos cuando Florencia intentaba recuperarlos. Entre lápidas antiguas y fragmentos arqueológicos, todavía se percibe el eco de esas maniobras discretas que garantizaron que Dante siguiera reposando en Rávena.

No es un espacio amplio ni monumental, pero sí un complemento perfecto para entender el contexto y el entorno en el que descansa el autor de la Divina Comedia.

Jardín Quadrarco di Braccioforte

Jardín Quadrarco di Braccioforte

El acceso al Quadrarco es gratuito y, aunque suele estar abierto de 10:00 a 18:00, la vista exterior se puede disfrutar a cualquier hora. Sólo en ocasiones puntuales se puede encontrar cerrado por mantenimiento o actos especiales, pero la mayor parte del año se puede recorrer sin problema.

BASÍLICA DE SAN FRANCISCO

Desde el jardín del Quadrarco di Braccioforte crucé apenas unos pasos hasta la Basílica de San Francesco. Su fachada de ladrillo, sobria y sin adornos excesivos, no deja adivinar de inmediato la riqueza histórica que encierra. Construida en el siglo X y reformada en varias ocasiones, fue el escenario de los funerales de Dante en 1321, y todavía conserva ese aire solemne que mezcla fe y memoria. La estructura, de planta basilical, mantiene columnas y capiteles originales de época romana y bizantina reutilizados, mientras que el pavimento, con fragmentos de mosaico, recuerda a la tradición decorativa de Rávena. También merece atención su campanario, esbelto y de base cuadrada, típico de la arquitectura románica local.

Basílica de San Francisco

Aquel día, pese a ser Navidad, la iglesia estaba abierta, así que entré con la naturalidad de quien cruza un umbral que no ofrece resistencia. En el interior, las naves altas y el juego de luces que se filtraban por las ventanas daban a la piedra un tono cálido, casi dorado, creando una atmósfera recogida y silenciosa.

Basílica de San Francisco

Bajo el altar mayor se accede a la famosa cripta inundada, descendiendo por unas escaleras situadas tras el presbiterio. Allí, además de las columnas parcialmente sumergidas en agua cristalina —en cuya superficie flotaban pequeñas monedas lanzadas por los visitantes—, se distinguen antiguos mosaicos en el suelo, visibles a través de la lámina de agua. El nivel freático convierte este espacio en una especie de espejo inmóvil que refleja capiteles y bóvedas, mezclando arquitectura, agua y decoración musiva en una escena tan inesperada como hipnótica. Un rincón que, por sí solo, justifica la visita.

Cripta Basílica de San Francisco

La entrada a la basílica es gratuita y suele estar abierta en horario de mañana y tarde, aunque en fechas señaladas los accesos pueden variar. En cualquier caso, el carácter del lugar invita de manera natural a recorrerlo con calma y discreción, dejándose envolver por una de las presencias más singulares del patrimonio religioso de Rávena.

MURAL DE DANTE

Desde la Plaza San Francesco me desvié unos minutos hasta Via Pasolini, donde me encontré con un mural que atrapa la mirada: el rostro estilizado y multicolor de Dante Alighieri alzado en la pared exterior de la escuela primaria "F. Mordani". Fue pintado en 2017 por el artista brasileño Kobra, durante el festival Subsidenze, y se ha convertido en uno de los símbolos modernos de la ciudad.

Esa imagen de Dante, pensativo y vibrante, parece observar la Rávena contemporánea desde siglos atrás. Su presencia no está rendida al pasado, sino que dialoga con la ciudad actual, recordando que Dante es parte viva de su identidad. Es un homenaje visual que mezcla su epicidad literaria con un código urbano, pictórico y callejero.

Mural de Dante

Aunque no forma parte del patrimonio clásico, este mural conecta directamente con la Divina Comedia: las líneas geométricas y el colorido parecen insinuar la travesía entre los círculos del Infierno y los resplandores del Paraíso. Pintado en aerosol con técnica de aerógrafo sobre una fachada escolar, resultó en sólo tres días, pero proyecta siglos de memoria colectiva.

El mural está en Via Giuseppe Pasolini, muy céntrico. Se puede ver en cualquier momento del día, sin restricciones ni horarios. Perfecto para incluir en ruta sin preocuparse de puertas cerradas o tiempos de visita.

CATEDRAL DE LA RESURRECIÓN

La última parada de la jornada fue la Catedral de la Resurrección, más conocida como Duomo di Ravenna. Situada en la Piazza Duomo, su presencia impone incluso antes de cruzar el umbral. El edificio actual, de estilo barroco, fue erigido en el siglo XVIII sobre los restos de una antigua basílica paleocristiana mandada construir por el obispo Ursus en el siglo V. Aunque la estructura original desapareció con el tiempo, el emplazamiento mantiene su relevancia como sede episcopal y centro espiritual de la ciudad.

Duomo o Catedral de la Resurreción

Duomo o Catedral de la Resurreción

La fachada, sobria y equilibrada, se remata con un frontón triangular que dialoga con el campanario románico situado a un lado, cuya silueta esbelta y severa destaca de inmediato en el conjunto. Datado en torno al siglo X, el campanile es uno de los pocos elementos supervivientes del complejo medieval y actúa como un auténtico ancla visual del pasado, recordando la larga continuidad del lugar mucho más allá del revestimiento barroco actual.

Campanario del Duomo o Catedral de la Resurreción

La catedral estaba abierta, así que entré sin más. El interior se revela amplio y luminoso, con una distribución clara que evita la sensación de exceso ornamental. Mármol y estuco se combinan con una decoración cuidada que envuelve sin abrumar. El altar mayor, con columnas corintias y un elaborado retablo de mármol policromado, preside la nave central con una solemnidad serena.

Duomo o Catedral de la Resurreción

En una de las capillas laterales se encuentra la capilla de la Madonna del Sudore, uno de los espacios devocionales más significativos del templo. Alberga una imagen mariana vinculada a una antigua tradición milagrosa, profundamente arraigada en la religiosidad popular de Rávena. El ambiente de la capilla, algo más recogido, contrasta con la claridad de la nave principal y refuerza su carácter íntimo, casi confidencial.

Capilla Madonna del Sudore. Duomo o Catedral de la Resurreción

Muy cerca, en una de las capillas laterales, se abre la Capilla Aldobrandini, uno de los espacios artísticamente más relevantes de la catedral. En ella se conserva el lienzo Moisés recibiendo el maná, obra de Guido Reni, una de las presencias pictóricas más notables del templo. La escena muestra al profeta en un momento de intensa carga simbólica, tratado con el clasicismo sereno y la elegancia compositiva característicos del pintor boloñés. La figura de Moisés concentra la atención, más por la fuerza expresiva y el equilibrio formal que por el dramatismo del episodio bíblico. Su presencia introduce una nota de gran pintura barroca dentro de un espacio dominado por la arquitectura y la escultura, enriqueciendo la experiencia de la visita sin romper su armonía.

Moisés de Guido Reni. Duomo o Catedral de la Resurreción

El acceso a la catedral es gratuito y los horarios habituales se reparten entre la mañana y la tarde, aunque pueden variar en días señalados.

B&B HOTEL RAVENNA

Cuando salí, la noche ya había caído sobre Rávena y la ciudad seguía envuelta en ese silencio particular que me había acompañado durante todo el día. El transporte público funcionaba de forma reducida por ser Navidad, pero tuve suerte: tras apenas diez minutos de espera pude tomar el bus 18, cuya parada se encontraba justo frente a la plaza, delante del NH, donde pasé primero a recoger la maleta antes de continuar hacia el hotel. El trayecto fue sencillo y cómodo y, además, se puede pagar directamente al subir con tarjeta, sin necesidad de preocuparse por comprar billete con antelación.

Sobre las 20:00 llegaba por fin al hotel, después de una jornada larga pero serena, cerrada sin prisas y sin contratiempos.

El B&B Hotel Ravenna destaca por su combinación de modernidad y funcionalidad, ideal para quienes buscan comodidad sin complicaciones. Sus habitaciones, amplias, limpias y bien equipadas, cuentan con todo lo necesario para una estancia agradable: desde una cama confortable hasta conexión Wi-Fi de alta velocidad y aire acondicionado, elementos esenciales para recuperarse tras largas jornadas de exploración. Además, el hotel ofrece un desayuno completo con productos frescos y de calidad, perfecto para empezar el día con energía.

Su ubicación es otro punto a favor: aunque algo alejado del bullicio del centro histórico, está bien comunicado mediante transporte público, lo que permite acceder con facilidad a los principales puntos de interés cultural y turístico. La atención del personal es amable y profesional, siempre dispuesto a resolver dudas o facilitar recomendaciones, lo que contribuye a crear una atmósfera acogedora y eficaz.

En resumen, el B&B Hotel Ravenna es una opción práctica y confortable que responde bien a las necesidades de viajeros como yo, que buscan un equilibrio entre calidad, precio y ubicación para disfrutar de la riqueza artística y cultural de la ciudad.

Sólo quedaba ya deshacer el equipaje y acomodarme. No podía haber una manera mejor de cerrar el día de Navidad en Rávena.


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