DIA 09. MANTUA. Una desconocida escondida en Lombardía

2 de Enero de 2026.

Mantua es una ciudad cuya relevancia histórica supera con creces su tamaño. Fundada según la tradición por los etruscos y más tarde romanizada, pasó de ser un asentamiento modesto a convertirse en un núcleo estratégico del norte de Italia. Su transformación definitiva llegó en la Edad Media, cuando la familia Gonzaga tomó el control en el siglo XIV y la convirtió en un centro político y artístico de primer orden.

Durante casi cuatro siglos, los Gonzaga impulsaron un desarrollo cultural continuo que atrajo a figuras como Mantegna, Giulio Romano o Leon Battista Alberti, dejando un patrimonio arquitectónico y pictórico que aún define la identidad de la ciudad. Mantua también desempeñó un papel militar notable: su posición, rodeada por lagos artificiales, la convirtió en una fortaleza difícil de conquistar, especialmente durante las guerras de Italia.

En el Renacimiento alcanzó su máximo esplendor, combinando poder económico, mecenazgo y estabilidad política. Con el tiempo, la ciudad cayó bajo dominio austriaco, pero su legado artístico y urbanístico permaneció intacto. Hoy Mantua sigue siendo, ante todo, una ciudad marcada por su pasado ducal y por una herencia cultural que la distingue dentro del panorama italiano.

PALAZZO TE

Después del trayecto en tren desde Verona y antes de comenzar la visita, dejaría la maleta en una tienda de informática situada a unos diez minutos a pie de la estación, gracias al servicio Bounce, por un precio de seis euros. Fue todo un descubrimiento, ya que permite evitar trayectos innecesarios cargando con el equipaje cuando el alojamiento o el destino final quedan algo alejados, y hacerlo además sin perder tiempo ni depender de consignas tradicionales. Una solución práctica que me facilitó mucho la vida en numerosos momentos del viaje, como ya se ha podido ir viendo.

Mi recorrido en Mantua comenzaría con el Palazzo Te, uno de los grandes hitos arquitectónicos del manierismo italiano. Construido entre 1525 y 1535 por Giulio Romano, discípulo directo de Rafael, el palacio nació como residencia de recreo para Federico II Gonzaga, lejos del protocolo del Palacio Ducal pero igualmente cargado de intención política. Aquí Federico podía recibir a invitados escogidos, mostrar poder a través de la imagen y, de paso, mantener un ritmo de vida más relajado que el permitido en la corte oficial.

Palazzo Te

El edificio, levantado sobre una antigua zona pantanosa conocida como “Isola del Tejeto”, se concibió como un palacio suburbano, mitad villa campestre, mitad escenario perfectamente calculado para impresionar. Su arquitectura responde a esa dualidad: un volumen cuadrado, aparentemente sencillo, articulado alrededor de un patio central, pero lleno de detalles que delatan el estilo personal de Giulio Romano. Los muros presentan falsas simetrías, claves descolocadas, proporciones deliberadamente tensadas y un uso constante de elementos arquitectónicos que, lejos de seguir reglas clásicas estrictas, las manipulan para crear un lenguaje propio. Ese juego calculado es, precisamente, una de las señas del manierismo.

Palazzo Te

Palazzo Te

El interior del palacio es donde el proyecto alcanza su punto máximo. Giulio Romano no solo fue el arquitecto: también diseñó los programas decorativos, organizó los ciclos pictóricos y supervisó cada sala como si el edificio fuera una gran narración visual destinada a glorificar al duque. De ese conjunto destacan varios espacios que, por sí solos, justifican la visita.

CAMARA DI CUPIDO E PSICHE: Es una de las salas más célebres del palacio y uno de los ejemplos más claros del manierismo narrativo. La decoración representa el banquete nupcial de Cupido y Psique, tomado de El asno de oro de Apuleyo. El techo está cubierto por una sucesión continua de escenas mitológicas, sin una jerarquía rígida, donde dioses y figuras secundarias se mezclan en un ambiente festivo y sensual. La sala estaba destinada a banquetes y recepciones, y el mensaje es evidente: placer, abundancia y legitimación simbólica del poder de los Gonzaga a través del mito clásico.

Cámara de Cupido y Psique. Palazzo Te

Cámara de Cupido y Psique. Palazzo Te

SALA DEL SOL Y DE LA LUNA: Esta sala presenta un programa iconográfico de carácter alegórico, centrado en el orden cósmico y el paso del tiempo. Las figuras del Sol y la Luna presiden la decoración, acompañadas de motivos astrológicos y mitológicos. La estancia refuerza la idea de armonía universal y de un poder ducal inscrito en un orden superior, uno de los temas recurrentes en el pensamiento cortesano del siglo XVI. Aunque menos espectacular que la Sala dei Giganti, es fundamental para comprender la dimensión simbólica del conjunto.

Cámara del Sol y de la Luna. Palazzo Te

SALA DEI CABALLI: La intención en esta sala es la exaltación del poder ducal. La sala presenta una serie de caballos de tamaño monumental, pintados con precisión y monumentalidad, que en su momento eran los animales favoritos de Federico II. No son cuadros aislados, sino imágenes integradas en la arquitectura que ocupan casi la totalidad de las paredes.

Sala de los Caballos. Palazzo Te

Cada caballo aparece representado con una solemnidad casi escultórica. El objetivo era claro: mostrar la riqueza y prestigio de la familia Gonzaga a través de uno de los símbolos más visibles de su estatus. En el siglo XVI, un caballo de alta casta era un bien valioso; exhibirlos de este modo equivalía a un catálogo de poder. Giulio Romano reforzó esta intención con una decoración arquitectónica fingida que enmarca a los animales como si fueran protagonistas de su propio pabellón de honor.

SALA DEI GIGANTI: Es la obra maestra del palacio y una de las decoraciones más ambiciosas del manierismo europeo. Giulio Romano concibió esta sala como una única escena continua, sin marcos ni divisiones: paredes y techo forman una superficie envolvente en la que se representa la caída de los gigantes, el episodio mitológico donde los hijos de Gea intentan asaltar el Olimpo y son aplastados por la cólera de Zeus.

Sala de los Gigantes. Palazzo Te

Sala de los Gigantes. Palazzo Te

Entraría en una estancia donde desaparece cualquier sensación de arquitectura. No hay molduras visibles, no hay cortes, no hay interrupciones: solo una pintura que envuelve y “traga” el espacio. El trueno de Zeus domina la cúpula, mientras las figuras de los gigantes, colosales y deformadas, se desploman entre rocas que se resquebrajan, columnas que caen y paisajes destrozados. Giulio Romano buscaba precisamente eso: crear un ambiente en el que el espectador se sintiera pequeño, casi sometido, ante una representación del poder absoluto. No es un mensaje sutil: era propaganda para Federico II, que recibía allí a sus visitantes seleccionados y los hacía pasar por esta experiencia visual de dominio y fuerza.

Sala de los Gigantes. Palazzo Te

Sala de los Gigantes. Palazzo Te

LOGGIA DE LAS MUSAS: La Loggia delle Muse es un espacio más abierto y luminoso, decorado con figuras de las musas, símbolos de las artes y del conocimiento. Funcionaba como lugar de paso y de representación intelectual, reforzando la imagen de Mantua como corte culta y refinada. La decoración, más serena que en otras salas, equilibra el conjunto y muestra otra faceta del lenguaje de Giulio Romano.

Logia de las Musas. Palazzo Te

ROTTA SEGRETA (RUTA DEL RINCÓN SECRETO): El Palacio Te conserva también un pequeño recorrido menos conocido por el visitante casual: la llamada Ruta del Rincón Secreto, un conjunto de estancias y pasadizos donde Giulio Romano experimentó con decoraciones más reducidas, íntimas y, en algunos casos, con motivos que se alejaban de las narrativas grandilocuentes de las salas principales.

Jardín y Gruta Secretos. Palazzo Te

En este área pueden verse grotescos, estucos, motivos mitológicos menores y pequeñas soluciones arquitectónicas pensadas para sorprender a quienes tenían acceso privilegiado al palacio. No era un lugar destinado al protocolo, sino a un círculo restringido de invitados. La escala más reducida y el diseño minucioso permiten apreciar otro registro del trabajo de Giulio Romano: menos monumental, más detallista y con un control del espacio muy preciso. Este recorrido ayuda a entender el palacio no solo como lugar de representación, sino como un terreno donde el artista exploró ideas y recursos decorativos con libertad creativa.

Gruta Secreta. Palazzo Te

En conjunto, el Palazzo Te es una pieza clave para entender la Mantua de los Gonzaga: una corte que utilizó el arte como herramienta política, que dejó en manos de Giulio Romano uno de los programas decorativos más significativos del Renacimiento tardío y que convirtió este palacio suburbano en un manifiesto visual de poder, ambición y estilo.

También conviene apuntar algo importante: la Mantova e Sabbioneta Card. Esa tarjeta puede salir muy rentable si piensas visitar varios monumentos, el palacio Te entre muchos de ellos. Así que comprar la tarjeta puede ahorrarte dinero y trámites, sobre todo si planeas entrar a más de un sitio en Mantua (o incluso visitar Sabbioneta). Su coste es de 25 euros.

En cualquier caso, aun teniendo la tarjeta conviene reservar la entrada en el Palacio Te en https://www.vivaticket.com/it/ticket/biglietto-unico-palazzo-te-maca-tempio-alberti/248685, especialmente en temporada alta para así evitar esperas o que el cupo del palacio esté cubierto. Su horario es de 09:00 a 19:30.

IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

Siguiendo el hilo de la arquitectura renacentista de Mantua, y ya con Giulio Romano y Alberti como referencias inevitables de la ciudad, la siguiente parada sería en la Iglesia de San Sebastián.

Fue diseñada por Leon Battista Alberti a mediados del siglo XV, representando uno de los ejemplos más tempranos y puros del ideal renacentista aplicado a la arquitectura religiosa. Su planta en forma de cruz griega —inusual para la época— revelaba la intención de Alberti de crear un espacio geométricamente perfecto, donde la proporción y la armonía fueran el eje de todo el conjunto.

Iglesia de San Sebastián

El exterior, de líneas limpias y austeras, refleja el interés por recuperar la solidez y el orden de la arquitectura clásica: un frente compacto, volúmenes claramente definidos y una fachada que combina simplicidad con un sentido monumental muy característico del pensamiento albertiano. El uso de elementos como el frontón triangular, los arcos de medio punto y la cuidada modulación de los muros responde a esa búsqueda de equilibrio que marcaría toda su obra.

En el interior, aunque el tiempo y diversas intervenciones han modificado parcialmente el proyecto original, aún se aprecia la claridad espacial que Alberti concebía como esencial en un templo: ambientes amplios, simetría estricta y una iluminación que destaca la geometría antes que la ornamentación. No es una iglesia que destaque por la acumulación decorativa, sino precisamente por lo contrario; su valor reside en cómo expresa la teoría renacentista en su forma más racional y depurada.

Iglesia de San Sebastián

Un elemento fundamental del proyecto es la cripta, situada bajo el nivel de la iglesia y concebida como parte estructural del conjunto. Alberti elevó el templo sobre un alto basamento precisamente para albergar este espacio inferior. La cripta refuerza la idea de centralidad y simetría del edificio y subraya la separación clara entre el ámbito funerario y el espacio litúrgico superior, una solución innovadora que anticipa planteamientos posteriores del Renacimiento.

Cripta Iglesia de San Sebastián

CASA MANTEGNA

Desde la Iglesia de San Sebastiano, mi itinerario continuaría de manera casi natural hacia la Casa del Mantegna, situada justo enfrente.

Esta fue concebida hacia 1476 para el uso personal del pintor Andrea Mantegna, respondiendo a un planteamiento arquitectónico tan particular como el propio artista. El edificio presenta una estructura cuadrada perfectamente regular con un patio central circular, un diseño que buscaba ante todo exaltarlo a él mismo como “pintor de corte” y figura intelectual del ducado de los Gonzaga. El círculo inscrito en el cuadrado no es una ocurrencia estética: es un manifiesto renacentista sobre la proporción, el orden y la centralidad del individuo, conceptos que Mantegna aplicaba también en su pintura.

Casa Mantegna

La fachada, sobria y compacta, parece que contrasta con la originalidad del interior. Y hablo así porque me la encontraría cerrada, ya que tanto el día 1 como el 2, no abría al público. Los que podáis acceder, contemplaréis el patio donde se supone que el artista trabajó en parte de sus proyectos para la corte. No quedan frescos originales en situ, pero la estructura sigue transmitiendo la intención de Mantegna de colocar la arquitectura al servicio de su identidad artística.

Hoy la Casa del Mantegna funciona como centro expositivo, representando la materialización del pensamiento de uno de los pintores más decisivos del Quattrocento.

PIAZZA DELLE ERBE

Desde la Casa del Mantegna, mi recorrido avanzaría hacia uno de los puntos neurálgicos de Mantua: la Piazza delle Erbe, un espacio que resume en pocos metros la evolución urbana de la ciudad, desde época medieval hasta el Renacimiento. La plaza mantiene todavía la estructura irregular típica de los antiguos centros comerciales italianos, donde convivían puestos, palacios públicos y edificios religiosos sin un orden geométrico estricto, pero sí con un peso histórico evidente.

Piazza delle Erbe

Uno de los volúmenes más destacados del conjunto es el Palazzo della Ragione, antigua sede de funciones administrativas y judiciales. Su arquitectura responde a la lógica típica de los palacios comunales medievales: una planta elevada destinada a la sala principal y, bajo ella, soportales que albergaban actividades mercantiles. Adosada al palacio se eleva la Torre dell’Orologio, cuya presencia domina visualmente la plaza. La subida es posible y ofrece una vista preciosa del casco antiguo, donde se aprecia la compacta disposición de edificios, patios y tejados que caracterizan a Mantua. No es una vista panorámica, sino algo más introvertido, pero a mí me encantaría.

Palazzo della Ragione y Torre dell´Orologio. Piazza delle Erbe

Mantua desde Torre dell´Orologio

Mantua desde Torre dell´Orologio

Al lado, casi encajada entre edificios posteriores, aparece la Rotonda di San Lorenzo, el edificio religioso más antiguo de Mantua (siglo XI). Su planta circular —una rareza en el contexto lombardo— deriva de modelos paleocristianos y bizantinos, y conserva fragmentos de frescos medievales que permiten hacerse una idea del aspecto original del espacio. La altura reducida, la penumbra y el diámetro ajustado crean un ambiente sobrio que contrasta con la amplitud de la plaza exterior, recordando cómo los centros religiosos y civiles convivían en el mismo núcleo urbano.

Torre dell´Orologio y Rotonda di San Lorenzo. Piazza delle Erbe

Rotonda di San Lorenzo

La plaza se completa con una serie de casas históricas de origen medieval y renacentista, estrechas y verticales, con fachadas de ladrillo visto, ventanas irregulares y restos de antiguas decoraciones pintadas. No destacan de manera individual, pero en conjunto refuerzan la sensación de continuidad urbana.

Piazza delle Erbe

Cerrando otro de los lados de la plaza, se impone la silueta de la Basílica de San Andrés, cuya presencia domina el entorno y actúa como remate natural del recorrido por la Piazza delle Erbe, anticipando una visita que merece atención propia.

BASILICA DE SAN ANDRÉS

Dicho y hecho, la siguiente parada sería la Basílica de San Andrés, el gran templo renacentista de Mantua y una de las obras esenciales de Leon Battista Alberti. Su fachada monumental, inspirada en los arcos triunfales romanos, marca ya un cambio evidente respecto a la arquitectura medieval que domina en las plazas anteriores. El interior responde a la misma lógica: proporciones amplias, una sola nave de gran altura y un diseño pensado para controlar la luz y llevar la mirada directamente hacia el crucero.

Basílica de San Andrés

Basílica de San Andrés

Basílica de San Andrés

Nada más entrar, en la primera capilla de la izquierda, se encuentra uno de los elementos más significativos del templo: la tumba de Andrea Mantegna, el pintor de la Camera degli Sposi del Palazzo Ducale. Su monumento funerario, sobrio y bien integrado en la arquitectura de la capilla, subraya la importancia que el artista tuvo en la corte de los Gonzaga y en la identidad cultural de la ciudad.

Capilla y Tumba de Andrea Mantegna. Basílica de San Andrés

Bajo el presbiterio se sitúa la cripta, donde se custodia la reliquia más venerada de la basílica: una ampolla que, según la tradición local, contiene sangre de Cristo, recogida durante la Crucifixión y llevada a Mantua en la Antigüedad. La fama de esta reliquia hizo del templo un centro de peregrinación, especialmente en los Jubileos Mantuano celebrados a lo largo de los siglos.

En la tercera capilla de la derecha se conservan frescos de Giulio Romano, el arquitecto y pintor responsable del Palazzo Te. Aunque no son su obra cumbre, muestran claramente su lenguaje manierista: figuras vigorosas, composiciones dinámicas y un uso del color que se aparta ya de la sobriedad renacentista clásica. Es un punto útil para ver la transición del gusto artístico en Mantua dentro del propio templo.

Crucifixión de Giulio Romano. Capilla de San Longino. San Andrés

Pero, por encima de todo, la experiencia más completa —y la que realmente me pareció lo mejor de Mantua— fue la subida a la cúpula. La visita, completamente guiada, permite acceder tanto al recorrido exterior como al interior de la propia cúpula, ofreciendo una lectura única del edificio desde dentro. El itinerario está muy bien organizado y explicado, y aunque la explicación se realiza en italiano, resulta fácil seguirla y entender muchos detalles sobre la arquitectura de Alberti, la construcción del templo y la relación entre espacio, luz y estructura. Caminar por el anillo interior de la cúpula y asomarse al vacío de la nave, para después salir al paseo exterior, es una experiencia potente y muy bien planteada. Por diez euros, no me pareció caro en absoluto para todo lo que ofrece.

Cúpula Basílica de San Andrés

Cúpula Basílica de San Andrés

Basílica de San Andrés desde su Cúpula

Mantua desde Cúpula Basílica de San Andrés

La Basílica de San Andrés reúne así tres capas fundamentales de la ciudad —Alberti, Mantegna y Giulio Romano— condensadas en un único edificio que explica, sin demasiados rodeos, por qué Mantua fue uno de los centros artísticos más activos del Renacimiento italiano.

PIAZZA SORDELLO/PIAZZA BROLETTO

Desde allí continuaría hacia el corazón institucional de la Mantua medieval: Piazza Sordello y la contigua Piazza Broletto, dos plazas que funcionan como un único bloque urbano donde se concentraba —y en buena parte aún se percibe— el poder cívico y judicial de la ciudad antes del ascenso definitivo de los Gonzaga.

En Piazza Broletto se articula el núcleo del gobierno comunal en torno al Palazzo del Podestà, sede del máximo magistrado de la ciudad, del que emerge directamente la Torre del Podestà (también conocida como Torre del Broletto). Levantado en el siglo XIII y modificado en distintas fases, el conjunto presenta las características típicas de los palacios de gobierno lombardos: volúmenes compactos, arquerías sobrias y una arquitectura pensada para ejercer autoridad más que para exhibir ornamentación. La torre, robusta y severa, reforzaba visual y simbólicamente el poder judicial, funcionando como elemento de control y representación de la justicia comunal.

Palazzo y Torre del Podestá. Piazza Broletto

Junto a ella se encuentra el Palazzo del Massaro, antiguo centro administrativo encargado de la gestión económica y de los bienes comunales. No es un edificio monumental, pero sí uno de esos inmuebles que explican cómo funcionaba la vida práctica de la ciudad antes de que el poder se centralizara en manos de los señores.

Piazza Sordello, justo al lado, no se entiende como una plaza en sentido clásico, sino como un gran espacio de articulación del poder. No destaca por un edificio concreto, sino por la forma en que concentra, en pocos metros, las principales instituciones que marcaron la historia de Mantua. Es el lugar donde el tejido comunal medieval desemboca directamente en la Mantua de los Gonzaga, y donde cada fachada remite a una función distinta: religiosa, política o residencial. Precisamente por eso, más que explicarla aquí, la plaza se comprende recorriendo uno a uno los edificios que la conforman, que merecen atención individual.

Piazza Sordello

Piazza Sordello

CATEDRAL DE MANTUA

La Catedral de San Pedro, mi primera parada en Piazza Sordello, se levanta ocupando el espacio religioso principal de la ciudad desde época paleocristiana. Su historia es una superposición de estilos y reconstrucciones que reflejan cada etapa de Mantua: basílica primitiva, iglesia románica, intervenciones góticas y, finalmente, la gran reforma renacentista y barroca que definió el edificio actual.

Duomo o Catedral de San Pedro

El exterior es relativamente sobrio, con una fachada neoclásica del siglo XVIII que, aunque no sea lo más llamativo de la ciudad, funciona como cierre monumental de la plaza. Lo interesante está dentro.

El interior responde a la reforma impulsada por los Gonzaga en el siglo XVI y llevada a cabo por Giulio Romano tras la muerte de Giulio Romano (su escuela terminó parte del trabajo). La planta basilical, con amplias naves y un ritmo arquitectónico muy regular, crea un espacio monumental que contrasta con la fachada más contenida.

Duomo o Catedral de San Pedro

Duomo o Catedral de San Pedro

En sus capillas laterales y muros se conserva un repertorio de arte que abarca desde el Renacimiento hasta épocas posteriores: relieves, retablos, esculturas funerarias y restos de estructuras anteriores. No es un museo, pero sí un resumen bastante fiel de la evolución religiosa y estética de la ciudad.

Uno de los puntos más interesantes del Duomo es su estructura histórica interna, donde se aprecian elementos medievales que sobrevivieron a las reformas, como restos del antiguo campanario románico y partes del perímetro original.

PALACIO DUCAL/CASTILLO DE SAN JORGE

A continuación, sería el turno del conjunto arquitectónico civil más importante de la Piazza Sordello: el Palacio Ducal – Castillo de San Jorge. El acceso más lógico en mi caso no fue el conjunto palaciego en sí, sino el Castello di San Giorgio. La razón era práctica y concreta: tenía reservada la visita a la Camera degli Sposi a una hora fija, y el control de accesos obliga a entrar por esta parte del complejo. La Mantua Card permite acceder a buena parte del Palacio Ducal y del Castello, aunque la Camera degli Sposi requiere reserva y suplemento adicional. Esa condición marca inevitablemente el recorrido y condiciona la lectura del Palacio Ducal desde el primer momento.

Castillo de San Jorge

El Castello di San Giorgio constituye la parte fortificada del conjunto y una de las más antiguas. Su estructura responde aún a una lógica defensiva clara, con torres angulares, patios cerrados y salas de tránsito contenidas. Desde el punto de vista artístico, el castillo funciona casi como un prólogo: un contenedor sobrio cuyo interés principal se concentra en una única estancia excepcional.

Castillo de San Jorge

La Camera degli Sposi, situada en una de las torres del castillo, justifica por sí sola la visita. La sala está dedicada a Ludovico III Gonzaga y su familia, y Andrea Mantegna la concibió como un espacio total donde retrato cortesano, propaganda dinástica y construcción ilusoria del espacio se integran con una precisión extrema. Los frescos muestran escenas de la vida cotidiana de la corte —audiencias, encuentros diplomáticos, momentos familiares— combinadas con alegorías de poder y legitimidad. La bóveda abierta al cielo y la sensación de tridimensionalidad de los personajes convierten la estancia en uno de los hitos absolutos del Quattrocento italiano, un lugar donde el poder no solo se representa, sino que se materializa ante el espectador. El acceso, estrictamente regulado y limitado a unos pocos minutos, refuerza incluso esa percepción de excepcionalidad.

Cámara degli Sposi. Castillo de San Jorge

Cámara degli Sposi. Castillo de San Jorge

Cámara degli Sposi. Castillo de San Jorge

Finalizada la visita a la Camera degli Sposi, el recorrido abandona progresivamente el ámbito defensivo del castillo y se adentra en el Palacio Ducal propiamente dicho, un vasto organismo palaciego que refleja la evolución política, artística y simbólica de la corte de los Gonzaga.

Palacio Ducal

Entre las primeras salas significativas aparece la Sala di Manto, dedicada a Manto, la mítica fundadora de Mantua. Su programa iconográfico cumple una función política evidente: legitimar el poder ducal a través del mito fundacional, conectando la ciudad con una genealogía heroica y casi sagrada. Las escenas combinan referencias religiosas, históricas y alegóricas, construyendo un discurso de continuidad entre el pasado mítico y el presente de los Gonzaga.

Sala di Manto. Palacio Ducal

Más adelante se accede a la Sala di Troia, decorada por Giulio Romano. Dedicada a la Guerra de Troya, esta sala desarrolla un lenguaje claramente manierista: escenas narrativas densas, figuras en tensión constante y una composición que rompe deliberadamente con la serenidad clásica del primer Renacimiento. El motivo no es meramente literario: al vincularse simbólicamente con los héroes troyanos, los Gonzaga se inscriben en una tradición épica que refuerza su linaje, su prestigio militar y su ambición política.

Sala di Troia. Palacio Ducal

Sala di Troia. Palacio Ducal

Sala di Troia. Palacio Ducal

El recorrido continúa por una sucesión de salas y galerías de marcado carácter representativo. La Galería de los Espejos impresiona tanto por su longitud como por el juego visual que se establece entre ventanales y superficies reflectantes, multiplicando la percepción del espacio y subrayando la idea de lujo cortesano y escenografía del poder. Muy próxima se encuentra la Galería della Mostra, concebida como un espacio de exhibición: aquí el énfasis no está solo en la decoración, sino en la función de mostrar, de presentar la riqueza, el gusto y la magnificencia de la corte ducal.

Galería de los Meses o de Mármol. Palacio Ducal

Galería de Exhibición o della Mostra. Palacio Ducal

Galería de los Espejos. Palacio Ducal

Entre las salas de mayor carga simbólica destacan la Sala degli Archieri, vinculada al aparato militar y ceremonial del ducado; la Sala dello Zodiaco, donde la iconografía astrológica refuerza la idea de un poder ordenado según principios cósmicos y universales; y la Sala delle Metamorfosi, inspirada en el mundo clásico y ovidiano, que introduce una reflexión visual sobre el cambio, la transformación y la continuidad del poder a través del tiempo.

Sala del Zodiaco. Palacio Ducal

A continuación se accede a la Sala dei Fiumi o de los Ríos, dedicada a la representación alegórica de los principales ríos vinculados al territorio mantuano y al dominio de los Gonzaga. En una ciudad cuya identidad histórica y económica está inseparablemente ligada al agua, el motivo adquiere un valor político evidente. Los ríos aparecen personificados según la tradición clásica, integrando mitología, geografía y poder, y proyectando la imagen de un ducado fértil, ordenado y controlado. La sala traduce el paisaje en ideología, convirtiendo la geografía hidráulica en una afirmación visual de soberanía y gobierno efectivo del territorio.

Sala dei Fiumi. Palacio Ducal

El itinerario se completa con estancias como la Sala dell’Aquila, la Sala dell’Imperatrice o la Sala dei Leoni, y concluye con algunas salas decoradas con frescos atribuidos a Pisanello, restos de una fase anterior que sobreviven casi como fragmentos arqueológicos dentro del enorme cuerpo palaciego.

Sala dell´Aquila. Palacio Ducal

Sala del Leone. Palacio Ducal

La sensación final es clara: el Castello di San Giorgio actúa como umbral y excepción, mientras que el Palacio Ducal despliega un recorrido denso, coherente y deliberadamente acumulativo, donde cada sala responde a una función precisa dentro de una compleja maquinaria de representación del poder. Nada es casual, y cada espacio contribuye a construir el relato visual y político de los Gonzaga.

TEATRO CIENTIFICO BIBIENA

La visita al conjunto anterior me había encantado y, aunque empezaba a notar el cansancio acumulado, sabía que Mantua aún tenía sorpresas artísticas que ofrecer, aunque no fueran tantas como en otros lugares. Por tanto, me dirigí al Teatro Científico Bibiena, incluido en la Mantua Card y que se puede recorrer por libre.

Construido entre 1767 y 1769 por Antonio Galli Bibiena, es un ejemplo excepcional del gusto arquitectónico tardobarroco que empezaba a virar hacia el neoclasicismo, aunque aquí aún predominan la ornamentación y la teatralidad propia del siglo XVIII.

El interior es, sin exageraciones, una pequeña obra maestra: una sala en forma de “campana” —algo inusual en el panorama teatral europeo— rodeada por varios niveles de palcos de madera tallada, decorados con estucos y pinturas que unifican visualmente todo el espacio. No es un teatro pensado para grandes masas, sino para audiencias reducidas, conferencias científicas, representaciones de cámara y actos académicos. De hecho, ese era su propósito original: un espacio donde ciencia, música y oratoria compartieran escenario bajo el patrocinio de la Accademia degli Timidi.

Teatro Científico Bibiena

Uno de sus episodios más recordados es el concierto que ofreció un joven Mozart, de apenas 14 años, en 1770. No es que el teatro viva de ese dato, pero sí añade una dimensión histórica que se percibe al entrar: el tipo de sala pequeña, perfecta en proporciones y acústica, en la que un músico podía sentirse a escasos metros del público.

Teatro Científico Bibiena

La visita no exige mucho tiempo, pero sí cierta atención al detalle: los frescos suaves de las paredes, el diseño curvo del escenario y la armonía general del espacio revelan un trabajo artesanal que aún hoy impresiona por su precisión y equilibrio. Es un teatro pequeño, sí, pero ejecutado con una ambición técnica y estética que lo coloca entre los más singulares del norte de Italia.

Se encuentra abierto habitualmente de martes a viernes de 10:00 a 13:00 y de 15:00 a 18:00, y los fines de semana y festivos de 10:00 a 18:00, permaneciendo cerrado los lunes.

PALAZZO DE ARCO

El siguiente punto de la jornada sería el Palazzo d’Arco, una residencia nobiliaria del siglo XVIII que aún conserva intacto el carácter refinado de la familia que lo habitó hasta tiempos relativamente recientes. El edificio se presenta como un ejemplo muy representativo de casa-museo señorial: estancias amplias, mobiliario original, colecciones privadas y una disposición pensada para mostrar la vida cotidiana de la aristocracia mantovana sin excesos ni artificios.

Palazzo de Arco

Entre sus salas, la que realmente destaca —y la que suele justificar por sí sola la visita— es la Sala del Zodiaco, un espacio completamente decorado con un ciclo pictórico dedicado a los signos zodiacales y las constelaciones. La pintura envuelve la estancia y crea una atmósfera casi escenográfica, con una iconografía concebida para exaltar el conocimiento astronómico y el gusto ilustrado del propietario. Por su singularidad y por el excelente estado de conservación de los frescos, se considera uno de los interiores más sorprendentes de Mantua.

Sin embargo, en mi caso, la visita no se desarrolló como estaba previsto. Aunque el palacio está incluido en la Mantua Card, el acceso al interior se realiza únicamente mediante visitas guiadas, y al llegar me encontré con que la última ya había comenzado. Ante esa circunstancia, solo me ofrecieron la posibilidad de recorrer los jardines, opción que finalmente acepté.

Jardines Palazzo de Arco

Los jardines, bien cuidados y de trazado ordenado, ofrecían un paseo tranquilo y agradable, aunque me dejaron inevitablemente la sensación de una visita incompleta.

IGLESIA DE SAN MAURIZIO

Mi siguiente parada sería la Iglesia de San Maurizio, un templo de origen medieval que fue reformado de manera significativa en época barroca y al que me acerqué principalmente por su cercanía dentro del itinerario. Se trata de una iglesia secundaria dentro del panorama monumental de Mantua, con una presencia discreta y sin especial protagonismo urbano.

El exterior es sencillo y no anticipa demasiado lo que se encuentra en el interior. El espacio se organiza en una sola nave, de proporciones correctas y sin grandes artificios arquitectónicos, donde se disponen varios altares laterales decorados con pinturas de los siglos XVII y XVIII. Estas obras representan episodios de la vida de san Maurizio y de otros santos vinculados a la tradición devocional local.

Iglesia de San Maurizio

Iglesia de San Maurizio

Sin ser un templo especialmente destacado, la visita permitía completar la visión del entramado religioso de la ciudad y observar un ejemplo claro del barroco tardío lombardo aplicado a una iglesia menor, de las muchas que articulaban la vida religiosa cotidiana de Mantua más allá de sus grandes basílicas.

THE MODERN HOUSE

Tras la visita a la Iglesia de San Maurizio, el ritmo del día ya invitaba a algo distinto. A partir de ese momento, me dedicaría simplemente a pasear sin rumbo fijo por la ciudad, recorriendo calles y plazas con calma y disfrutando del ambiente navideño que se respiraba en Mantua, especialmente al caer la tarde. Fue un tramo más contemplativo del recorrido, sin visitas concretas, que ayudaba a cerrar la jornada cultural de manera relajada.

Palazzo della Ragione y Rotonda di San Lorenzo.Piazza delle Erbe


Palazzo y Torre del Podestá.Piazza Broletto

Después de ese paseo, regresé a recoger la maleta y me dirigí finalmente al alojamiento.

El establecimiento, Modern House, no era un hotel al uso, sino un apartamento turístico, tal como figuraba en las plataformas de reserva. En principio ofrecía lo esencial para una estancia funcional —wifi, aire acondicionado, cocina equipada y lavadora— y un check-in fijado oficialmente a partir de las 15:00. Sobre el papel, parecía un sitio práctico y sencillo, con una ubicación suficiente para moverse a pie hacia el casco histórico.

Modern House Mantua

En la práctica, el apartamento superó ampliamente esas expectativas. Contaba con un salón amplísimo con la cocina integrada en el mismo espacio, perfectamente organizado y muy cómodo. La habitación era igualmente amplia y bien resuelta, al igual que el baño, moderno y funcional. En conjunto, resultó excelente, tanto por espacio como por comodidad, y no se podía pedir mucho más para cerrar el día con una sensación claramente positiva.


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