1 de Enero de 2026.
Comenzaba un nuevo día y, no sólo eso, también un nuevo año,
y ¡qué manera de empezarlo! Ni más ni menos que en una ciudad tan hermosa como
Verona. No recordaba un comienzo de año igual que aquel que viví en la
Patagonia, mientras realizaba el circuito de Torres del Paine. Esta vez sería
más urbano, pero no por ello menos emocionante.
Ayer podría visitar la mayoría de monumentos y edificios
importantes de la ciudad, sabiendo que hoy me encontraría buena parte de sus
lugares destacables cerrados a cal y canto y que sería más bien una jornada de
paseo y de acceder a algún que otro sitio que pudiera encontrar abierto de
casualidad.
Al final mi ruta se sucedería de la siguiente manera:
CASTEL VECCHIO/PONTE SCALIGERO
Como ya comentaba en el capítulo anterior, si ayer cerraba
el día con las bonitas vistas nocturnas del conjunto de Castelvecchio y el puente Scaligero,
hoy empezaba la jornada de la misma manera, con un agradable y gélido paseo
hasta dicho entorno.
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| Castel Vecchio y Ponte Scaligero |
La fortaleza fue levantada por la familia della Scala a
mediados del siglo XIV para asegurar su control sobre Verona y, al mismo
tiempo, disponer de una vía de escape directa en caso de revueltas internas. El
edificio responde a esa función sin rodeos: muros altos, torres angulares y un
interior pensado más para la defensa que para la representación. A pesar de las
remodelaciones posteriores, la estructura principal conserva el carácter
militar original, visible en el trazado irregular del recinto y en las distintas
alturas de los torreones.
El castillo alberga hoy el Museo
de Castelvecchio, reorganizado en el siglo XX bajo el proyecto
de Carlo Scarpa. Aunque no sea necesario entrar en detalles técnicos, su
intervención se reconoce en la forma en que combina materiales modernos y
estructuras históricas sin ocultar la condición fragmentaria del edificio. Las
salas reúnen escultura medieval y renacentista, pintura veronesa y piezas
arquitectónicas procedentes de distintos puntos de la ciudad. Si se opta por recorrerlo,
la visita permite entender cómo la ciudad ha reutilizado sus espacios
defensivos a lo largo de los siglos.
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| Castel Vecchio |
La función estratégica del castillo se complementaba con el Ponte Scaligero, un puente fortificado que permitía cruzar el Adigio directamente desde el interior del recinto. Construido con la misma piedra rojiza característica de la época de los Scaligeri, mantiene el perfil inconfundible de sus almenas escalonadas y la estructura de tres arcos, ligeramente asimétricos, que se adaptan al cauce del río. Destruido en 1945, fue reconstruido fielmente en la posguerra, lo que explica su estado prácticamente íntegro.
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| Ponte Scaligero |
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| Ponte Scaligero |
Sería en este último donde estaría entretenido un rato, atravesándolo y bajando hasta la orilla del río, cuyo cauce era bastante débil su paso por esta zona de Verona. Observándolo te das cuenta de que no era un simple paso, sino un corredor defensivo pensado para resistir un ataque y asegurar una retirada rápida hacia el campo abierto. Desde aquí, el Adigio ofrece una de las panorámicas más representativas de Verona, con los tejados irregulares y las torres emergiendo entre las curvas del río. El conjunto —castillo y puente— sintetiza la Verona señorial del siglo XIV, donde la arquitectura servía tanto para afirmar poder como para garantizar supervivencia.
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| Ponte Scaligero |
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| Río Adige desde Ponte Scaligero |
ARCO DEI GAVI
Desde el entorno de Castelvecchio apenas tendría que caminar
unos metros para encontrarme con uno de los vestigios más claros de la Verona
romana: el Arco dei Gavi. No es un arco triunfal al uso, de los que
celebran grandes victorias militares o glorifican al emperador de turno, sino
un monumento mucho más sobrio y, precisamente por ello, más interesante. Fue
levantado en el siglo I d. C. por la familia Gavia, una de las más influyentes
de la ciudad en época romana, como muestra explícita de su poder y posición
social.
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| Arco dei Gavi |
El arco funcionaba originalmente como puerta monumental de acceso a la ciudad, integrado en el entramado viario que conectaba Verona con el norte. Presenta una estructura de un solo vano, flanqueado por columnas corintias adosadas y rematado por un entablamento donde aún pueden leerse inscripciones dedicadas a los miembros de la familia promotora. Su piedra clara destaca frente a los tonos rojizos del cercano Castelvecchio, marcando de forma visual el salto temporal entre la Verona romana y la medieval.
Su historia, sin embargo, no ha sido especialmente
tranquila. Durante la ocupación napoleónica el arco fue desmontado para
facilitar el paso de las tropas, y sus piezas quedaron dispersas durante años.
No sería hasta el siglo XX cuando se decidió reconstruirlo a partir de los
elementos originales conservados, ubicándolo en un punto cercano al original.
VIA MAZZINI
Para cambiar de aires decidiría recorrer Via Mazzini, la
cual conecta la Piazza Bra con la Piazza delle Erbe y la Piazza dei Signori,
flanqueada por elegantes fachadas de edificios históricos, tiendas de moda y
cafés que normalmente desbordan de gente. Hoy, sin embargo, el vacío permitía
contemplar con detalle los portales antiguos, las ventanas decoradas y los
balcones trabajados, detalles que suelen perderse entre la multitud.
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| Via Mazzini |
La calle estaba completamente desierta, no había ni un alma y es que notaban los estragos de la Nochevieja, teniendo la ciudad completamente para mí sólo. Hacía mucho frío, no debiendo superar el termómetro los cero grados, pero bien abrigado como iba, no suponía ningún impedimento. La verdad, que estaba disfrutando una barbaridad.
PUENTE DE PIEDRA
Mis pasos me llevarían después hasta el puente de piedra que
cruza el río Adige y que remonta sus orígenes a la época romana, aunque la
estructura actual corresponde a reconstrucciones realizadas tras los daños
sufridos a lo largo de los siglos. Históricamente, ha sido un punto clave de
comunicación entre las dos orillas, facilitando el comercio y el tránsito de la
ciudad desde la Edad Media.
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| Castel di San Pietro desde ribera del Río Adige |
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| Puente de Piedra sobre el Río Adige |
Su diseño sobrio y resistente refleja la importancia estratégica y urbana que ha tenido, mientras los arcos y la piedra original muestran la historia de su construcción y las sucesivas intervenciones a lo largo del tiempo. Desde allí, se contempla la ribera con edificios que narran la historia de Verona y la continuidad de su trama urbana a lo largo del río.
SAN GIORGIO IN BRAIDA
Tras cruzar el Ponte di Pietro, mi ruta me conduciría a la iglesia
de San Giorgio in Braida. Situada junto al río Adige, la cúpula verde
sobresale desde la distancia y marca uno de los hitos más visibles de la zona.
La iglesia se remonta al siglo XI, aunque ha sufrido modificaciones a lo largo
de los siglos, especialmente en el Renacimiento, cuando se añadieron elementos
arquitectónicos que le dan el aspecto actual. La fachada, de ladrillo sencillo,
es austera pero sólida, y transmite la sensación de un edificio funcional, pensado
para durar.
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| Iglesia de San Giorgio in Braida |
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| Iglesia de San Giorgio in Braida |
En el interior, los frescos y pinturas de distintos periodos ofrecen una visión del arte religioso veronés sin caer en la ostentación. Destacan obras de Paolo Veronese, cuyo colorido y claridad compositiva aportan una presencia notable sin abrumar el conjunto. La iglesia guarda un equilibrio interesante entre arquitectura y decoración, de manera que se percibe tanto la historia del edificio como el valor artístico de los elementos que contiene.
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| Iglesia de San Giorgio in Braida |
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| Noli me Tangere de Montemezzano. Iglesia de San Giorgio in Braida |
IGLESIA SANTO STEFANO
Continuando el paseo por la orilla izquierda del Adige, me
encontraría con la iglesia de Santo Stefano, uno de los templos más antiguos y
complejos de Verona desde el punto de vista histórico y arquitectónico. Su
origen se remonta a los siglos V-VI, cuando se construyó una basílica
paleocristiana sobre una necrópolis romana situada junto a una vía de acceso a
la ciudad. De aquella primera fase aún se conservan restos visibles en el
interior, especialmente en el pavimento y en algunos muros perimetrales.
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| Iglesia Santo Stefano |
La iglesia actual es el resultado de una larga superposición de intervenciones. Tras los daños sufridos por terremotos y crecidas del Adigio, especialmente la de 1117, el edificio fue profundamente reconstruido entre los siglos XII y XIII, adoptando una estructura románica. A esta etapa pertenecen la planta basilical de tres naves, separadas por columnas de mármol reutilizadas de edificios romanos, y la alternancia característica de ladrillo y piedra en los muros exteriores.
El interior destaca por la clara lectura de sus distintas
fases históricas. El presbiterio elevado y la cripta inferior corresponden a la
reorganización medieval del espacio litúrgico. La cripta, sostenida por
columnas de diferentes alturas y capiteles desiguales, conserva una atmósfera
austera y es uno de los elementos más antiguos del conjunto. Bajo ella se
identifican restos del pavimento paleocristiano y fragmentos de mosaicos.
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| Iglesia Santo Stefano |
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| Frescos Iglesia Santo Stefano |
En el lado izquierdo del presbiterio se conserva el sepulcro de Guglielmo da Castelbarco, obra funeraria del siglo XIV atribuida a un entorno próximo a la escultura gótica veronesa. Este monumento funerario es relevante porque introduce en Verona el modelo de arca elevada que posteriormente se desarrollaría de forma monumental en las Arche Scaligere.
Otro elemento singular es la presencia de un ciborio
medieval situado sobre el altar mayor, datado en el siglo XII, uno de los pocos
conservados en la ciudad. El campanario, de base románica, fue elevado y
modificado en siglos posteriores, especialmente en el XV, lo que explica su
aspecto sobrio y funcional.
CASTEL DI SAN PIETRO
Era el momento de olvidarse por un tiempo de los edificios
religiosos para acceder al Castel di San Pietro, situado en la colina homónima
al este del centro histórico de Verona. La fortaleza, de origen medieval, fue
edificada para controlar la ciudad desde lo alto y reforzar sus defensas frente
a posibles invasores. A lo largo de los siglos, ha sufrido diversas
modificaciones, incluyendo ampliaciones y reconstrucciones durante la dominación
scaligera y, posteriormente, bajo el dominio veneciano, conservando todavía hoy
la silueta de su antigua función militar.
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| Castel di San Pietro |
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| Colina de San Pietro |
Aunque no es posible acceder al interior, la verdadera recompensa está en el mirador que lo rodea. Desde allí, la panorámica sobre Verona es excepcional: el río Adigio serpentea entre los edificios históricos, mientras que los tejados, torres y plazas del casco antiguo se despliegan a los pies de la colina. La vista alcanza incluso los puentes que conectan ambas orillas y ofrece una perspectiva completa de la trama urbana, donde se entrelazan siglos de historia en piedra y ladrillo.
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| Verona desde Castel di San Pietro |
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| Verona desde Castel di San Pietro |
El Castel San Pietro no solo conserva memoria de su función defensiva, sino que también se ha convertido en un punto de contemplación único y especial en Verona. El día, al igual que ayer, estaba siendo excepcional, por lo que aprovecharía y me quedaría allí un buen rato en modo contemplativo. Además, por si acaso no era suficiente con las vistas, podría disfrutar de la magnífica voz de una chica que estaba allí interpretando algunas de las canciones más famosas y populares a nivel internacional.
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| Verona desde Castel di San Pietro |
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| Castel di San Pietro desde ribera del Río Adige |
TEATRO ROMANO
Tras descender de la colina continuaría acercándome al Teatro
Romano de Verona, situado en la ribera sur del río Adigio, un lugar cuya
existencia remonta a la época del esplendor romano de la ciudad. Construido
probablemente en el siglo I a.C., el teatro formaba parte de un complejo
cultural que incluía también un anfiteatro menor y espacios de reunión cívica,
consolidando a Verona como un importante núcleo de actividad social y artística
en la región del Véneto.
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| Teatro Romano |
El Teatro Romano, a diferencia del Arena, conserva solo parcialmente su estructura original, aunque lo suficiente para comprender la magnitud y el funcionamiento de las representaciones que allí se realizaban. La cavea, excavada directamente en la ladera de la colina de San Pietro, mantiene la disposición semicircular característica, aprovechando la pendiente natural para asegurar una buena acústica y una visibilidad óptima hacia la orchestra y la scaena. Los restos de las gradas, así como los accesos radiales y los muros de contención, permiten hacerse una idea bastante precisa del orden y la jerarquización del público en época romana.
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| Teatro Romano |
Era consciente de que, al tratarse del día uno de enero, el recinto estaría cerrado al público. Aun así, opté por acercarme hasta la zona, sabiendo que parte del teatro puede contemplarse desde el exterior, en puntos no cubiertos por vallas ni cerramientos. Desde allí es posible observar la disposición general de la cavea y su integración en el paisaje urbano, con el Adigio fluyendo a sus pies y el casco histórico al otro lado del río.
SAN GIOVANNI IN VALLE
Tras dejar atrás el Teatro Romano, continuaría hacia San
Giovanni in Valle, una de las iglesias más antiguas de Verona, con orígenes que
se remontan al siglo V d.C. La estructura actual conserva elementos de
distintas épocas, fruto de reformas sucesivas, pero mantiene un carácter sobrio
y contundente, propio de la arquitectura religiosa veronesa temprana.
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| Iglesia de San Giovanni in Valle |
En esta ocasión no fue posible visitar el interior del templo, que se encontraba cerrado, por lo que la visita se limitó a la observación exterior del edificio.
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| Iglesia de San Giovanni in Valle |
Aunque no alberga grandes obras pictóricas como otras iglesias de Verona, su valor radica en la autenticidad histórica y en la percepción directa de la arquitectura paleocristiana, ofreciendo una experiencia distinta a los monumentos más conocidos de la ciudad.
SANTA MARIA IN ORGANO
Después continuaría por Santa
Maria in Organo, una de las iglesias más completas y mejor
trabajadas de Verona en cuanto a arte y decoración. El edificio, reconstruido
en el siglo XV, combina una fachada sencilla con un interior que sorprende por
la cantidad y calidad de elementos renacentistas que conserva.
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| Iglesia Santa María in Organo |
Tampoco tendría suerte y no podría acceder a su interior por lo que me perdería pinturas de artistas locales, frescos y altares laterales que permiten ver cómo evolucionó el gusto artístico en Verona entre los siglos XV y XVII.
GIARDINO DEI GIUSTI
Acto seguido sería el turno del Giardino Giusti, uno
de los jardines renacentistas mejor conservados de Verona y, probablemente, el
más representativo de ese estilo en toda la región. El jardín, vinculado al Palazzo Giusti,
fue trazado a finales del siglo XVI siguiendo el modelo italiano clásico: orden
geométrico, cipreses marcando los ejes y una estructura pensada para
impresionar sin necesidad de excesos. La propiedad se mantuvo en manos de la
familia durante siglos, lo que explica su conservación casi íntegra.
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| Giardino dei Giusti |
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| Giardino dei Giusti |
La parte baja es la más formal, con parterres perfectamente delimitados y setos recortados que mantienen el diseño original. En esta zona se encuentra también el laberinto de setos, pequeño pero significativo, que se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del jardín y un ejemplo del gusto renacentista por mezclar simetría con un toque lúdico. Niches, escalinatas y balaustradas refuerzan los ejes visuales y crean perspectivas cuidadas hacia la ciudad.
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| Laberinto. Giardino dei Giusti |
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| Giardino dei Giusti |
A medida que se asciende por las terrazas, el trazado se vuelve más escénico: estatuas mitológicas colocadas estratégicamente, fuentes ornamentales y el famoso ciprés centenario, junto a otros ejemplares documentados que superan los 300 años, conforman un recorrido pensado para alternar orden, perspectiva y sorpresa. La terraza superior ofrece una vista directa sobre Verona, con la ciudad desplegada hacia el Adigio y sus torres sobresaliendo entre los tejados.
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| Verona desde Giardino dei Giusti |
Esta vez sí tendría suerte: a pesar de ser el día uno de enero, pude disfrutar del jardín completo. La entrada me costaría catorce euros, bastante caro, pero valió la pena recorrerlo.
CEMENTERIO DE VERONA
Después de encontrarme con un pequeño restaurante de comida
italiana regentado por un oriental, donde podría descansar y recargar pilas, mi
recorrido continuaría hasta el Cimitero Monumentale di
Verona, situado al norte del casco histórico. Inaugurado en
1828 siguiendo el modelo de los grandes cementerios monumentales italianos,
combina arquitectura neoclásica con una organización muy racional del espacio.
La entrada principal ya marca ese enfoque: un pórtico solemne, columnas
robustas y una simetría que deja claro que el lugar fue concebido como un
“cementerio moderno”, funcional y ordenado, lejos de los antiguos camposantos
parroquiales.
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| Cementerio Monumental de Verona |
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| Cementerio Monumental de Verona |
En el interior, los pasillos rectos conducen a patios y galerías porticadas donde se alinean sepulturas familiares de distintas épocas. Muchas de ellas —sobre todo las de finales del XIX y principios del XX— están decoradas con maravillosas esculturas funerarias: ángeles, figuras alegóricas, bustos realistas o relieves que muestran el gran nivel escultórico de ese periodo.
Una de las zonas más llamativas es la sección de los panteones monumentales, donde
algunas familias levantaron auténticos mausoleos que mezclan neoclasicismo,
eclecticismo e incluso toques neogóticos. No destacan por extravagancia, sino
por la escala y por la sensación de flotación en el espacio abierto del
cementerio.
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| Cementerio Monumental de Verona |
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| Cementerio Monumental de Verona |
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| Cementerio Monumental de Verona |
Además, pude acercarme a la tumba de Emilio Salgari, el famoso escritor de aventuras italiano nacido en 1862, autor de clásicos como “Sandokán”, que nos trasladan a mares exóticos y mundos lejanos.
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| Tumba de Emilio Salgari. Cementerio Monumental de Verona |
El cementerio no es especialmente turístico, pero justamente ahí reside parte de su valor: caminar por él permite entender otro lado de Verona, el que rara vez aparece en rutas y folletos, pero que forma parte esencial de su identidad moderna.
CONVENTO DE SAN FRANCISCO AL CORSO
Mi recorrido continuaría hacia el Convento de San Francesco
al Corso, un conjunto discreto desde el exterior, ajeno al bullicio turístico
que concentra la historia de Verona en dos lugares muy concretos. Aquí se
encuentra la llamada Tumba de Julieta,
un sarcófago medieval vacío cuya relación con la obra de Shakespeare es, como
ocurre en otros puntos de la ciudad, una construcción tardía alimentada por el
mito literario. Aun así, el espacio posee cierta sobriedad que permite
comprender cómo Verona ha acabado entrelazando sus lugares históricos con la
ficción que la hizo mundialmente conocida.
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| Convento de San Francisco al Corso |
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| Convento de San Francisco al Corso |
El antiguo convento franciscano alberga además el Museo degli Affreschi “Carlo Alberto L. Lavalcaselle”, probablemente la parte más interesante del conjunto. Sus salas reúnen frescos arrancados de iglesias y palacios veroneses que, de no haber sido trasladados, habrían desaparecido por completo, ofreciendo una visión clara de la evolución pictórica de la ciudad entre los siglos XII y XVI.
Sin embargo, al llegar me encontré con que todo el complejo permanecía
cerrado por ser 1 de enero, un contratiempo que me obligó a
conformarme con contemplar únicamente el exterior. La decepción existió, claro,
pero no podía quejarme: ya me había llevado prácticamente toda Verona,
recorriéndola ayer y también hoy, con prácticamente todos sus monumentos y
rincones históricos visitados.
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| Convento de San Francisco al Corso |
Sería aquí donde decidiría terminar las visitas de la jornada. Tras horas caminando por una Verona prácticamente vacía, el cuerpo ya pedía una pausa. Era el momento de buscar un sitio donde sentarme, descansar un rato y picar algo antes de retirarme a descansar. No quedaba mucho más por hacer en un día festivo como el uno de enero, y tampoco era necesario forzar. Mañana tocaba afrontar un nuevo destino en Italia.










































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