DIA 10. PARMA. Donde el queso es religión

3 de Enero de 2026.

Volvería a madrugar una vez más para tomar el tren de las 07:30 con destino a Parma, esta vez realizando un transbordo en Módena, algo que tampoco me supondría el menor inconveniente. Al llegar, dejaría la maleta utilizando de nuevo el servicio de Bounce, esta vez en el Novotel situado a pocos metros de la estación, sabiendo que por la tarde regresaría precisamente a Módena para pasar allí la noche.

Parma se presentaba como una ciudad de historia refinada, modelada durante siglos por el poder de obispos, señores locales y, sobre todo, por la influencia determinante de los Farnese, cuya huella todavía define buena parte de su identidad artística. Fundada como Parma colonia Julia Augusta en tiempos de Augusto, la ciudad pronto se convirtió en un punto estratégico entre el valle del Po y los pasos hacia los Apeninos. En la Edad Media prosperó bajo el control episcopal, y más tarde, ya en época moderna, vivió uno de sus periodos más brillantes gracias al ducado farnesiano, que impulsó construcciones emblemáticas, colecciones artísticas y una vida cultural de primer orden.

Parma, además de elegante, guardaba un carácter peculiar: una mezcla entre ciudad señorial y urbe universitaria que no ha perdido cierta sofisticación tranquila. No es extraño que a menudo se la recuerde por tres pilares que resumen bien su personalidad: arte, música y gastronomía. No en vano, es la ciudad de Correggio y Parmigianino, de Giuseppe Verdi y Arturo Toscanini, y la patria del prosciutto di Parma y del Parmigiano Reggiano, dos productos cuya fama ha cruzado fronteras tanto como sus compositores.

PALAZZO DELLA PILOTTA

Y comenzaría por el Palazzo della Pilotta, probablemente el conjunto monumental civil más emblemático de Parma y, sin lugar a dudas, el auténtico corazón cultural de la ciudad. Un gran complejo nacido en el siglo XVI como sede de los servicios cortesanos de los Farnese —las pilotte, o dependencias auxiliares— que con el tiempo creció hasta convertirse en un inmenso contenedor de arte, archivo, teatro y memoria. Hoy reúne varias instituciones fundamentales y abre sus puertas de 08:30 a 19:00, lo que permite dedicarle el tiempo que merece… y lo merece ampliamente. La entrada conjunta supuso un coste de 18 euros.

Palazzo della Pilotta

Palazzo della Pilotta

El recorrido arrancaría por el Teatro Farnese, una joya absoluta del barroco europeo. Construido en 1618 por iniciativa de Ranuccio I Farnese y levantado casi íntegramente en madera, ofrecía una monumentalidad sorprendente: un espacio en forma de herradura, coronado por una gran bóveda de escayola policromada y presidido por un escenario inmenso capaz de albergar escenografías acuáticas —el teatro podía incluso inundarse para recrear batallas navales—. Aunque fue gravemente dañado durante la Segunda Guerra Mundial, su reconstrucción, realizada con extremo rigor, permite comprender la grandeza de un edificio que marcó un antes y un después en la arquitectura escénica europea. La visita se completa con un breve simulacro audiovisual de representación, de unos cinco minutos, que ayuda a imaginar cómo funcionaba el teatro en pleno uso y que resulta especialmente efectivo para entender la escala y la ambición del espacio.

Teatro Farnese. Palazzo della Pilotta

Teatro Farnese. Palazzo della Pilotta

Teatro Farnese. Palazzo della Pilotta

A continuación, se abriría paso la Galleria Nazionale, instalada en las estancias del antiguo palacio ducal. No es una colección gigantesca, pero sí extraordinariamente bien seleccionada, con un recorrido coherente por la pintura italiana entre los siglos XIV y XVIII. Aquí aparece una de las obras más reconocibles del museo: la Schiava Turca de Parmigianino, un retrato enigmático que en realidad no representa a ninguna esclava, sino a una joven noble cuyo nombre se desconoce. El turbante y el atuendo, interpretados erróneamente en el pasado, dieron origen al título. El cuadro resume a la perfección la elegancia manierista del artista: el cuello alargado, la delicadeza del rostro, la pincelada suelta y esa mezcla entre distancia y cercanía que hace que la figura parezca observar al visitante de manera casi directa.

Schiava Turca de Parmigianino. Galería Nacional. Palazzo della Pilotta

La galería permite además disfrutar de otras obras clave: el Matrimonio Místico de Santa Catalina de Parmigianino, ejemplo claro de su refinamiento compositivo; la Madonna della Scala y la Anunciación de Correggio, fundamentales para entender la revolución luminosa y espacial que introdujo en Parma; la Curación del Ciego de El Greco, una presencia singular dentro del conjunto; la Anunciación de la Virgen de Botticelli; la delicadísima Scapiliata de Leonardo da Vinci, pequeña pero hipnótica; y el Cristo muerto sostenido por tres ángeles de Tintoretto, de gran intensidad dramática. Todo ello construye un recorrido que no solo muestra grandes nombres, sino que explica muy bien el papel de Parma dentro del panorama artístico italiano.

La Scapiliata de Da Vinci. Galería Nacional. Palazzo della Pilotta

Curación del Ciego de El Greco. Galería Nacional. Palazzo della Pilotta

Anunciación de la Virgen de Botticelli. Galería Nacional. Palazzo Pilotta

El conjunto se completa con la Biblioteca Palatina, fundada en 1761 bajo el patrocinio de Felipe de Borbón. Aunque parte de sus salas están reservadas a investigadores, la sección visitable basta para transmitir su enorme valor histórico. Impresiona el ambiente: estanterías de madera oscura, galerías elevadas, escalerillas y una luz tamizada que refuerza esa sensación de estar en un espacio detenido en el tiempo. Entre sus fondos se conservan manuscritos medievales, incunables y primeras ediciones que dieron forma a la cultura europea. Las salas Dante, Maria Luigia y Petitot mantienen intacto el espíritu ilustrado del siglo XVIII.

Biblioteca Palatina. Palazzo della Pilotta

Biblioteca Palatina. Palazzo della Pilotta

Biblioteca Palatina. Palazzo della Pilotta

Dentro del recorrido del complejo, también dedicaría tiempo a la sección de arqueología, con especial atención a las piezas de arte egipcio, un apartado que sorprende por su calidad y por lo bien integrado que está dentro del discurso general del museo, aportando una dimensión histórica más amplia al conjunto.

Museo Arqueológico. Palazzo della Pilotta

Museo Arqueológico. Palazzo della Pilotta

Museo Arqueológico. Palazzo della Pilotta

En su totalidad, el Palazzo della Pilotta explica, con bastante claridad y sin necesidad de artificios, el peso histórico, artístico e intelectual que Parma tuvo durante siglos.

TEATRO REGIO

Me desplazaría después hasta la puerta del Teatro Regio di Parma, uno de los templos líricos más prestigiosos de Italia y orgullo absoluto de la ciudad. Levantado entre 1821 y 1829 bajo el mandato de María Luisa de Austria, el teatro es una de esas obras donde la elegancia neoclásica encuentra su mejor expresión: una fachada sobria, interiores cargados de estuco dorado, terciopelos rojos y una acústica famosa por su nitidez… y por la exigencia casi feroz de su público, que ha convertido al Regio en una auténtica institución musical.

Teatro Regio

Además de su programación operística, el teatro ofrece visitas guiadas, una oportunidad ideal para recorrerlo sin necesidad de asistir a una representación. Se realizan todos los días en franjas muy concretas —de 10:30 a 12:30 y de 15:30 a 17:30, con salidas cada hora—, lo que en teoría permitiría encajarlas sin demasiada dificultad dentro del itinerario.

En mi caso, la visita se quedaría en el exterior. No llegué a entrar, por lo que el contacto con el Teatro Regio se limitó a su fachada y a la presencia que mantiene dentro del tejido urbano de Parma, claramente identificable como uno de los edificios culturales más representativos de la ciudad.

MONASTERIO DE SAN PABLO

Mi siguiente parada sería en el Monastero di San Paolo, uno de esos lugares que desde fuera parecen menores, casi escondidos, pero que guardan en su interior una de las joyas absolutas del Renacimiento en Parma: la Camera di San Paolo.

El monasterio, fundado en época medieval y habitado durante siglos por monjas benedictinas de clausura, adquirió notoriedad gracias a una mujer en particular: la abadesa Giovanna da Piacenza, una figura culta, refinada y con una visión estética muy poco común para su tiempo. Fue ella quien, a comienzos del siglo XVI, encargó la decoración de una de las estancias privadas del monasterio, dando lugar a uno de los ciclos pictóricos más originales y modernos de su época.

Tras unas pocas estancias menores llegaría hasta la sala decorada por Alessandro Araldi, un espacio todavía anclado en el lenguaje del quattrocento. Su pintura es más narrativa, más ordenada y de lectura clara, con un planteamiento clásico que funciona casi como introducción al conjunto. Esta estancia sitúa bien el contexto artístico de Parma antes del salto definitivo hacia una concepción mucho más libre y experimental del espacio pictórico.

Cámara de Alessandro Araldi. Convento de San Paolo

Cámara de Alessandro Araldi. Convento de San Paolo

Tras atravesar esa sala se accede, ya en la parte final del recorrido, a la Camera di San Paolo, visitable en horario de 09:30 a 17:30. Aquí es donde Correggio rompe de manera radical con la iconografía religiosa convencional. El techo despliega una compleja trama de falsos nichos, guirnaldas, figuras mitológicas y amorcillos que se asoman desde aberturas fingidas, transformando la bóveda en un jardín ilusionista. No hay escenas sacras propiamente dichas, sino un juego visual sofisticado y doméstico que sorprende incluso a quien llega con expectativas altas y que anticipa claramente el ilusionismo que el propio Correggio desarrollaría más tarde en la Catedral de Parma.

Cámara de Correggio. Convento de San Paolo

Cámara de Correggio. Convento de San Paolo

Cámara de Correggio. Convento de San Paolo

La combinación de ambas salas —el clasicismo contenido de Araldi y la revolución visual de Correggio— da sentido al conjunto como recorrido completo y no como una simple visita aislada. El Monastero di San Paolo, pese a su tamaño reducido, es uno de los lugares donde mejor se aprecia la transición artística que vivió Parma en el siglo XVI y un recordatorio de que la ciudad, incluso en sus espacios menos evidentes, guarda obras capaces de competir con cualquier gran museo italiano.

La reserva se puede realizar en:  https://www.ticketlandia.com/m/event/camera-di-san-paolo.

BAPTISTERIO

Continuaría después con el Battistero di Parma, uno de los edificios más singulares de la ciudad y, sin discusión, una de las obras maestras del Románico tardío en transición hacia el Gótico. Levantado entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, su característica planta octogonal y su revestimiento en mármol rosa de Verona lo convierten en un hito perfectamente reconocible incluso antes de cruzar el umbral.

Baptisterio de Parma

El exterior, obra de Benedetto Antelami, está organizado en varios niveles que combinan arcaturas, pilastras y relieves. Aquí es esencial detenerse en el zoóforo del nivel inferior, una secuencia escultórica que envuelve todo el perímetro del edificio. Este friso está compuesto por una larga procesión de animales reales, imaginarios y simbólicos: leones, grifos, centauros, criaturas híbridas y escenas que remiten tanto al bestiario medieval como a la iconografía moralizante propia de la época. No es un simple adorno; es un programa visual pensado para educar, advertir y fascinar, funcionando como antesala conceptual del espacio sagrado del interior.

Baptisterio de Parma

Al entrar, la atmósfera cambia de inmediato. La estructura interna conserva la monumental pila bautismal central y está rodeada por nichos decorados con frescos y esculturas. Las pinturas del siglo XIII muestran ciclos bíblicos, escenas de santos, figuras alegóricas y elementos que combinan lo todavía románico con las primeras inclinaciones hacia un mayor naturalismo gótico. La cúpula, dividida en dieciséis segmentos, despliega un programa iconográfico que abarca desde el Juicio Final hasta episodios del Nuevo Testamento, creando un espacio que, pese a su antigüedad, mantiene una lectura clara y ordenada.

Baptisterio de Parma

Baptisterio de Parma

Baptisterio de Parma

La visita al Baptisterio se realiza mediante entrada conjunta con el Museo Diocesano, una fórmula que permite contextualizar mejor el edificio dentro del conjunto catedralicio de Parma. El precio del acceso combinado es de 12 euros.

DUOMO

A continuación, mi interés estaría dedicado al Duomo di Parma, uno de los templos más representativos del románico padano y, al mismo tiempo, una de las cumbres del arte renacentista italiano gracias a la intervención de Correggio. La catedral, iniciada en el siglo XI y consagrada en el XII, mantiene en su estructura exterior esa solidez lombarda de líneas austeras y una fachada que combina mármol y piedra sin exceso decorativo, dejando que el verdadero impacto esté reservado para el interior.

Duomo de Parma

Duomo de Parma

Duomo de Parma

Dentro, la nave principal conduce de manera natural hacia la cúpula, donde Correggio llevó el ilusionismo pictórico a uno de sus puntos más altos. Su Asunción de la Virgen, un torbellino de figuras ascendentes y luz en espiral, rompe literalmente la arquitectura y transforma la bóveda en un espacio abierto, dinámico y casi teatral. No se trata solo de una obra maestra técnica; es uno de los frescos que marcaron el rumbo del barroco por su capacidad de unir movimiento, profundidad y dramatismo sin saturar el conjunto.

Cúpula Duomo de Parma

Cúpula Duomo de Parma

En el recorrido por las capillas laterales, merece especial atención la Capilla del Comune, con su decoración vinculada al poder cívico medieval, y la Capilla Valeri, que conserva frescos renacentistas de notable calidad, menos conocidos pero esenciales para comprender el entorno artístico que precedió a Correggio. Cada una mantiene su propio tono, sin perder la coherencia con la nave central ni competir con la obra mayor de la cúpula.

Su horario general es de 08:00 a 19:00, con cierre al mediodía entre 12:00 y 15:00. Esto condicionaría la visita, pero al mismo tiempo permite encajarla sin demasiadas complicaciones dentro del itinerario del día.

Justo frente al Duomo se alza el Palazzo Vescovile, sede histórica del poder episcopal de Parma. El edificio, de aspecto sobrio y funcional, completa el eje religioso de la plaza y ayuda a entender cómo catedral y autoridad eclesiástica formaban un único núcleo urbano y simbólico. No destaca por su exuberancia artística, pero su presencia refuerza la lectura institucional y histórica del conjunto catedralicio.

Palazzo Vescovile. Piazza del Duomo

IGLESIA DE SAN GIOVANNI EVANGELISTA

Después del Duomo, continuaría hacia la Iglesia de San Giovanni Evangelista, uno de los templos más importantes del Renacimiento en Parma y estrechamente ligado a la figura de Correggio. La iglesia actual se levantó entre finales del siglo XV y comienzos del XVI sobre un complejo monástico benedictino anterior, y presenta una arquitectura clara, de proporciones amplias y bien ordenadas, pensada para realzar el espacio central y la cúpula.

Iglesia de San Giovanni Evangelista

El interior se organiza en una nave única con capillas laterales, siguiendo un esquema renacentista sobrio que evita la acumulación excesiva de elementos decorativos. La atención se dirige de forma natural hacia la cúpula, decorada por Correggio hacia 1520 con una visión ascensional de Cristo y los apóstoles. A diferencia de la Asunción del Duomo, aquí el lenguaje es más contenido y estructurado: las figuras se disponen en un anillo dinámico, con un uso magistral del escorzo y de la luz, pero sin romper por completo la arquitectura. Esta obra suele interpretarse como un paso decisivo en la evolución del ilusionismo correggesco, un ensayo de soluciones que desarrollaría con mayor audacia en la catedral.

Iglesia de San Giovanni Evangelista

Iglesia de San Giovanni Evangelista

El presbiterio y el coro conservan también frescos de otros artistas del entorno parmesano del siglo XVI, que ayudan a contextualizar la intervención de Correggio dentro de un programa decorativo más amplio. En conjunto, la iglesia ofrece una lectura clara del Renacimiento en Parma, donde arquitectura y pintura trabajan de forma conjunta sin competir entre sí.

La visita, en este caso, se limita a la iglesia propiamente dicha, ya que el claustro y la biblioteca del antiguo monasterio solo son accesibles mediante visita guiada.

ANTICA SPEZIERIA DI SAN GIOVANNI EVANGELISTA

Muy cerca de la iglesia se encuentra la Antica Spezieria di San Giovanni Evangelista, uno de los espacios más singulares del conjunto monástico. Se trata del antiguo laboratorio farmacéutico del monasterio, en funcionamiento desde época moderna hasta el siglo XIX, y conservado de forma excepcional.

Antica Spezieria o Antigua Botica de San Giovanni Evangelista

La Spezieria mantiene su disposición original: mobiliario de madera, estanterías, recipientes cerámicos, frascos de vidrio y utensilios utilizados para la preparación de remedios, ungüentos y preparados medicinales. No es una recreación, sino un espacio auténtico que permite entender de manera directa cómo funcionaba la farmacia monástica y cuál era el papel de los benedictinos en la transmisión de conocimientos médicos y botánicos.

Antica Spezieria o Antigua Botica de San Giovanni Evangelista

La visita es independiente de la iglesia. La entrada cuesta 5 euros y las entradas solo pueden adquirirse por internet o en el Palazzo della Pilotta, un detalle importante a tener en cuenta, ya que de no llevarlas compradas obliga a sacarlas en el móvil sobre la marcha o a desplazarse hasta la Pilotta antes de regresar.

SAN FRANCESCO DEL PRATTO

Era el momento de pasar por la iglesia de San Francesco del Prato, la cual se presentaba como uno de esos edificios cuya biografía pesaba más que cualquier ornamentación. Levantada en el siglo XIII por los franciscanos, había sido uno de los primeros ejemplos de gótico en la ciudad, con su planta sencilla, la fachada sobria y la típica amplitud interior propia de las órdenes mendicantes, pensada para acoger a un gran número de fieles. Durante la Edad Media llegó a ser un punto de referencia espiritual en Parma, y de su antiguo convento dependían importantes actividades culturales y asistenciales.

Iglesia de San Francesco del Pratto

El giro dramático llegaba con la época napoleónica, cuando la iglesia fue desacralizada y transformada en cárcel. A partir de entonces, todo se deterioró: en la nave central se levantaron muros, tabiques, pisos intermedios, rejas y pasillos; las capillas laterales se reconvirtieron en celdas; y la fachada perdió sus vanos, tapiados para reforzar su función penitenciaria. Durante más de dos siglos, San Francesco del Prato dejó de ser un templo para convertirse en un espacio de reclusión, ajeno por completo a su origen religioso y artístico. Ese uso prolongado marcó para siempre su fisonomía y explica el profundo estado de degradación con el que entró en el siglo XXI.

Iglesia de San Francesco del Pratto

La recuperación del edificio, ha devuelto a la iglesia su volumen original, liberando la nave de añadidos, reabriendo ventanas y poniendo en valor la estructura gótica del conjunto. La desnudez actual del interior, lejos de restarle interés, permitía apreciar la arquitectura con claridad y, al mismo tiempo, entender hasta qué punto la historia había atravesado este lugar sin contemplaciones. No ofrecía la riqueza decorativa del Duomo ni los frescos espectaculares de San Giovanni, pero sí una mezcla singular de arqueología arquitectónica, memoria urbana y restauración contemporánea que la hacía distinta a cualquier otra visita en Parma.

San Francesco del Prato puede visitarse todos los días, normalmente en horario de 10:00 a 13:00 por la mañana y de 15:00 a 19:00 por la tarde, aunque en algunas fechas festivas o durante eventos especiales estos horarios podían variar ligeramente.

PLAZA GARIBALDI

Mi recorrido por Parma proseguiría hacia Piazza Garibaldi, uno de esos espacios urbanos que condensan siglos de historia en un único escenario. La plaza se presentaba como un amplio rectángulo elegante, armonioso, siempre atravesado por estudiantes, turistas y locales que la usan como punto de encuentro natural. Era fácil entender por qué: desde época romana había sido el corazón cívico de la ciudad, y aún hoy mantenía esa sensación de centro absoluto, de lugar donde todo confluye. Sus edificios porticados, las terrazas animadas y el ir y venir constante le daban un pulso muy distinto al de los espacios monumentales.

Dominando el conjunto se alzaba el Palazzo del Governatore, un gran edificio de fachada clara y reloj central que actuaba como telón de fondo de la plaza. Su presencia imponía sin necesidad de exageraciones: bastaba la simetría limpia de su arquitectura y la regularidad de sus ventanas para expresar la autoridad que había ejercido durante siglos. Ante él se encontraba la inevitable estatua de Giuseppe Garibaldi, con su pose solemne, recordando el papel fundamental del Risorgimento y reforzando la condición de la plaza como espacio de memoria cívica. No era un monumento especialmente llamativo, pero sí uno cargado de significado para la identidad nacional italiana.

Palazzo del Governatore y Estatua de Garibaldi. Plaza Garibaldi

El entorno se completaba con otros edificios de gran interés, como el Palazzo de Piacenza, cuya arquitectura elegante aportaba un contrapunto más sobrio y equilibrado al conjunto, o el Palazzo Comunale, vinculado desde siempre a la administración municipal. Pasear entre ellos permitía leer, en cuestión de metros, diferentes etapas de la historia política y urbana de Parma.

Palazzo del Comune. Plaza Garibaldi     

En otro de los lados se puede ver también la Iglesia de San Pietro Apostolo, que añadía una presencia religiosa discreta pero relevante a la zona. Su interior conservaba obras de valor y una atmósfera sobria que contrastaba con el bullicio de la plaza. Y, avanzando unos metros más, aparecía la Iglesia de San Vitale, pequeña, elegante y con una fachada que mezclaba armonía y sencillez. Su interior, recientemente restaurado, ofrecía un espacio luminoso que compensaba la dimensión reducida del templo.

Iglesia de San Pedro Apostol. Plaza Garibaldi

Después de recorrer la plaza, el siguiente paso sería casi obligado: comer. Y no en cualquier sitio, sino en Da Michele, toda una institución en Parma cuando se trata de pizza. Un local sin artificios, siempre animado, donde lo importante está en el plato y no en la decoración. Allí me sentaría a tomar una pizza con ragù, bien resuelta, sabrosa y contundente, acompañada de una cerveza Peroni, clásica y eficaz para ese momento del día. Todo por 18 euros.

Pizzeria Da Michele

BASILICA DELLA STECCATA

Mi siguiente parada sería la Basílica della Steccata, uno de los templos más representativos de Parma y, al mismo tiempo, uno de los más singulares de la ciudad. Desde su misma planta en forma de cruz griega ya quedaba claro que no se trataba de una iglesia convencional: el edificio combinaba equilibrio renacentista con una monumentalidad serena, sin excesos, pero con una presencia que resultaba imposible pasar por alto. Su fachada de mármol claro, elegante y compacta, anticipaba la riqueza del interior, dominado por una extraordinaria decoración pictórica que convertía la basílica en un compendio perfecto del estilo renacentista parmesano.

Basílica della Steccata

El interior estaba presidido por una cúpula amplia y luminosa, rematada por frescos de gran calidad. Los muros y capillas laterales reunían obras de Parmigianino y otros artistas locales que habían dejado aquí algunas de sus intervenciones más refinadas. La sensación era la de encontrarse en un espacio perfectamente calculado para equilibrar arquitectura y pintura, luz y forma, espiritualidad y arte.

Basílica della Steccata

Sin embargo, la mejor perspectiva de la basílica no se obtenía justo enfrente, sino desde Strada Giuseppe Garibaldi, donde su volumen se apreciaba de manera más armónica. Desde ese ángulo la cúpula, las masas laterales y la fachada se ordenaban en un encuadre natural que permitía captar la verdadera escala del edificio y cómo se integraba en el tejido urbano. Era uno de esos puntos desde los que la Steccata revelaba su carácter monumental sin perder su relación con la ciudad que la rodea.

CALLE CAVOUR

Mi recorrido continuaría por via Cavour, una de las arterias más animadas y agradables del centro de Parma. Era una calle que combinaba comercio, arquitectura histórica y ese ritmo pausado tan característico de las ciudades emilianas. Entre fachadas elegantes, soportales discretos y un tránsito constante de locales y visitantes, la vía funcionaba como un eje natural que conectaba varias de las zonas más significativas de la ciudad. No era solo una calle comercial: era un punto de paso obligado para entender cómo late Parma en su día a día.

Via Cavour y Torre dell´Orologio

A mitad del recorrido se alzaba uno de sus elementos más curiosos y menos evidentes para quien no lo supiera de antemano: la Torre dell’Orologio, el antiguo campanario del monasterio de San Paolo. Aunque hoy está perfectamente integrada en el perfil urbano, su estructura delataba un origen mucho más antiguo y monástico.

PALAZZO Y PARCO DUCALE

Pronto me adentraría en el Parco Ducale, el gran espacio verde histórico de Parma y uno de los lugares donde mejor se entiende la relación entre la ciudad y la antigua corte ducal. El parque nació en el siglo XVI como un jardín renacentista ligado a la residencia de los Farnese, aunque la configuración actual responde más al gusto del siglo XVIII, cuando se transformó en un jardín de estilo francés: amplias avenidas rectas, perspectivas controladas y un diseño pensado para subrayar la autoridad de la familia ducal más que para el paseo popular.

El eje principal conduce directamente al Palazzo Ducale, un edificio de apariencia sobria pero imponente. Originalmente era la residencia de campo de los Farnese y más tarde de los Borbone-Parma, aunque el palacio sufrió múltiples reformas y cambios de uso a lo largo de los siglos. Su fachada, de líneas rectas y sin ornamentación excesiva, responde más a una arquitectura de representación política que a un palacio pensado para el lujo decorativo.

Palazzo Ducale

Palazzo Ducale

Lo más llamativo es que, pese a su importancia histórica, el interior no se encuentra abierto al público. Hoy el edificio acoge instituciones administrativas y su visita se limita al exterior, que domina visualmente el parque y actúa como fondo escenográfico de las principales avenidas arboladas.

BASILICA SANTISIMA ANNUNZIATA

A continuación llegaría hasta la Basílica di Santa María della Santissima Annunziata, un templo que en Parma llama la atención por su forma y su escala, aunque muchas veces quede fuera de los recorridos más habituales. Su construcción comenzó en 1566, sobre el lugar donde antes se levantaba una iglesia dedicada a los santos Gervasio y Protaso. El arquitecto Giovan Battista Fornovo planteó algo poco común para la época: una planta prácticamente elíptica, ampliada con diez capillas laterales, cinco por cada lado, encajadas entre grandes pilastras de orden corintio que sostienen toda la estructura interior.

Basílica Santísima Annunziata

El acceso está marcado por un pórtico de triple orden, que recorre la fachada y refuerza el carácter monumental antes incluso de entrar. La bóveda que cubre el templo fue reconstruida en el siglo XVII, después de un derrumbe parcial, siguiendo el diseño original pero reforzando la estructura sin alterar su aspecto general.

Dentro, la iglesia sorprende por el impacto del espacio único: no hay una división clara en naves, sino una gran sala oval que fluye alrededor del visitante. Las pilastras corintias sostienen arcos y estucos realizados por los hermanos Luca y Giovanni Battista Reti, responsables de buena parte de la decoración que remata la zona superior de muros y bóvedas. Las capillas laterales reúnen obras de artistas locales de los siglos XVII y XVIII, con pintura devocional y escultura en estuco que mantienen el tono sobrio pero elegante del conjunto.

Basílica Santísima Annunziata

La arquitectura de la Annunziata responde a las búsquedas del manierismo tardío: un espacio centralizado pero no simétrico, dinámico sin romper del todo con la tradición y pensado para envolver al visitante en un interior continuo.

SANTA MARIA DEL QUARTIERE

La siguiente visita sería Santa Maria del Quartiere, una de las iglesias más singulares de Parma y, probablemente, la que presenta la arquitectura más atípica de toda la ciudad. Se encuentra en el histórico Quartiere Oltretorrente, un barrio popular y muy ligado a la vida cotidiana de Parma desde hace siglos.

Iglesia de Santa María del Quartiere

La intención era crear un espacio único, amplio y organizado en torno a un centro geométrico claro, siguiendo las ideas arquitectónicas del manierismo tardío y los primeros planteamientos barrocos.

Iglesia de Santa María del Quartiere

El interior se caracteriza por una gran cúpula apoyada sobre el hexágono central, sin tambor elevado, lo que hace que domine el espacio desde cualquier punto. Esa cúpula es precisamente el elemento más destacado de la iglesia gracias al enorme ciclo pictórico ejecutado por Giovanni Lanfranco entre 1616 y 1618. La escena principal representa la Asunción de la Virgen, con un estilo dinámico y envolvente típico del artista: figuras en escorzo, nubes que se abren hacia la luz y un sentido ascensional que aprovecha perfectamente la geometría de la cúpula.

Iglesia de Santa María del Quartiere

El resultado es un interior que combina una planta inusual, una concepción espacial muy moderna para su época y una decoración pictórica que marcó uno de los primeros grandes ejemplos de pintura barroca en Parma antes del desarrollo pleno del lenguaje de Correggio y sus seguidores.

Los altares laterales, ubicados en los brazos secundarios, albergan obras de pintores locales de los siglos XVII y XVIII, pero nada compite con la cúpula, que concentra la identidad del edificio y justifica por sí sola la visita.

La iglesia suele abrir todos los días por la mañana y a última hora de la tarde, con horarios variables según temporada y actividades parroquiales, aunque generalmente puede visitarse sin problemas en la franja 09:00–12:00 y 15:30–18:30.

RESIDENCE DELLA ACCADEMIA (MÓDENA)

Tras un día intenso de visitas, tras recorrer Parma de punta a punta, me preparé para coger el tren de las 19:30 que me llevaría a Módena, donde se encontraba mi alojamiento para la noche: el Residence della Accademia. El edificio, de corte moderno, ofrecía una estructura tipo apartamento, con espacios amplios y bien distribuidos que permitían mantener autonomía y comodidad tras las largas caminatas del día. La limpieza destacaba por su consistencia, y el ambiente general era silencioso a pesar de estar cerca de zonas de tránsito. El personal que atendía el acceso y la recepción resultó eficiente y directo, proporcionando las llaves, las indicaciones básicas y las credenciales de acceso sin complicaciones ni largos trámites.

La habitación era espaciosa, con cama amplia, escritorio funcional y zona de estar autónoma, lo que resultaba útil para trabajar, descansar o preparar algo rápido sin necesidad de salir. El baño, cuidado y bien equipado, cumplía con lo esencial sin sorpresas.

Al llegar por la noche, solo quedaba buscar un sitio cercano para cenar algo sencillo y rápido. Tras ello, daría un paseo relajado por el centro histórico, prácticamente desierto, disfrutando de la tranquilidad de las calles antes de retirarme a descansar.

Palacio Ducal (Módena)

Palazzo Comunale (Módena)


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