CONGOST DE MONT - REBEI

27 y 28 de Septiembre de 2025.

El Congost de Mont – Rebei es un sobrecogedor desfiladero natural que se puede recorrer por un camino suspendido en el vacío bajo el cual discurre el río Noguera Ribagorzana. Este profundo tajo natural del prepirineo, que separa las provincias de Huesca y Lérida, ofrece alturas de 500 metros cortados a pico, mientras que en algunos puntos la distancia entre las dos orillas no llega a veinte metros.

Congost de Mont Rebei

Había realizado muchas rutas icónicas en España, como el Cares entre Asturias y León, el circo de Soaso hasta llegar al refugio de Goriz en Huesca o el Cañón del Ebro en Burgos, por citar solo tres de ellas —la lista sería interminable—, pero este desfiladero se me había resistido una y otra vez. La distancia desde Madrid hasta el punto de inicio hacía que nunca viera el momento adecuado para dejarme caer por allí.

Tuvo que ser mi amigo Sergio quien terminara por animarme a realizarla. Una tarde de verano, en pleno mes de julio, hablando de rutas por España, salió esta a colación. Dicho y hecho: me propuso fijar una fecha y, sin pensarlo mucho, quedamos en que ese fin de semana de septiembre nos iríamos para allá junto con el resto del grupo.

Es cierto que el viaje sería un poco paliza, pero de verdad que es una de las rutas más espectaculares y bonitas que se pueden hacer en toda España, y bien merece la pena el esfuerzo, aunque sea solo para un fin de semana. De hecho, ahora, después de haberla realizado, todavía me pregunto por qué tardé tanto en animarme.

Elegiríamos como punto de operaciones el pequeño pueblo de Corça, en la provincia de Lérida, al que llegaríamos el viernes tras casi seis horas de viaje y unos 530 kilómetros desde Madrid. Eran cerca de la una de la madrugada cuando entrábamos por fin en el pequeño apartamento que teníamos reservado.

CONGOST DE MONT - REBEI

Son múltiples las formas de abordar esta ruta, pudiendo comenzar y terminar en diferentes puntos según las preferencias y forma física de cada uno, por lo que la manera en que lo hicimos nosotros no es la única ni mucho menos.

En nuestro caso optaríamos por dirigirnos al parking de La Masieta, situado a una hora y 30 km de Corça, donde empezaríamos a caminar, terminando la ruta en el refugio de Montfalcó, ya en la provincia de Huesca, en Aragón.

La mañana nos sorprendió fresca, pero con un cielo despejado maravilloso, al comenzar a andar desde el parking de La Masieta, aquel claro en la montaña que hace las veces de puerta de entrada al desfiladero del Congost de Mont-Rebei. Nada más dejar atrás los coches dejamos a la derecha un sendero secundario, y tomamos el GR-1 bien señalizado con franjas blancas y rojas que nos guiaría durante la mayor parte de la jornada.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Apenas llevábamos unos pasos cuando el paisaje comenzó a mostrarse diferente: primero un puente colgante —el del barranco de Sant Jaume— que nos ayudó a cruzar un pequeño afluente, y desde allí enseguida nos internamos en el desfiladero. Caminamos por un sendero excavado en la roca, con pasadizos, miradores y tramos donde las paredes calizas caían verticales más de 500 metros a ambos lados, dibujando una grieta natural que parecía un abrazo pétreo sobre el río Noguera Ribagorzana que fluye abajo, un hilo azul entre montañas.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Ruta del Congost de Mont Rebei

Las cuerdas tensas a la pared servían de barandilla improvisada y, en ocasiones, bancos de madera colgaban como pequeñas plataformas para detenerse y contemplar la inmensidad del entorno. El sendero serpenteaba, a veces perforado en la roca o trazado junto al precipicio, y nosotros íbamos avanzando casi sin hablar, fascinados por la atmósfera de silencio profundo y alturas imposibles que rodeaban nuestros pasos.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Ruta del Congost de Mont Rebei

Ruta del Congost de Mont Rebei

Después de recorrer los aproximadamente 2 kilómetros del desfiladero, el paisaje se abrió de golpe al embalse de Canelles, un espejo turquesa que contrasta de forma brutal con los verticales grises de Montsec y el verde mediterráneo que trepa por las laderas.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Fue entonces cuando apareció otro de los momentos característicos de la ruta: el puente colgante del Segué, una pasarela suspendida sobre las aguas del embalse que conecta las orillas de Lleida y Huesca. Cruzarlo resulta breve pero muy emocionante; el suelo metálico vibra ligeramente bajo los pasos y el agua queda decenas de metros más abajo, añadiendo una nueva sensación de altura a la jornada.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Ruta del Congost de Mont Rebei

Ruta del Congost de Mont Rebei

Al otro lado del puente el camino cambiaría de carácter. Dejamos atrás la horizontalidad del congosto y comenzamos una subida más marcada que serpentea entre matorrales mediterráneos y encinas dispersas. El sendero gana altura poco a poco hasta alcanzar el punto donde arranca uno de los tramos más famosos de toda la ruta: las escaleras de Montfalcó.

Pasarelas de Montfalcó. Ruta del Congost de Mont Rebei

Pasarelas de Montfalcó. Ruta del Congost de Mont Rebei

No son largas ni interminables, pero sí se sienten altas y expuestas, con el vacío a un lado y la roca a otro. Hay que ir despacio y poner atención en cada peldaño, pero no es peligroso. Durante esos metros se apreciaría muy bien la magnitud del congosto bajo nuestros pies y la sensación de altura sería clara, aunque breve.

Pasarelas de Montfalcó. Ruta del Congost de Mont Rebei

Superado este tramo, el sendero vuelve a transformarse en un camino de montaña más natural. Alterna zonas de vegetación —encinas, pinos y matorral mediterráneo— con pequeños claros desde los que se vuelve a vislumbrar la sierra del Montsec y las aguas del Canelles.

Ruta del Congost de Mont Rebei

Así, paso a paso, dejamos atrás la verticalidad del desfiladero y terminamos por llegar al refugio de Montfalcó, sencillo y solitario, un pequeño núcleo suspendido entre montañas donde el silencio y la sensación de altura siguen dominando el paisaje. Allí terminó nuestra ruta, con la satisfacción de haber recorrido uno de los senderos más espectaculares de toda la península.

Como decía, tras unas cuatro horas de ruta tranquila, contando paradas para fotos y para recrearnos en los miradores del congosto, llegamos finalmente al refugio de Montfalcó. Allí nos sentamos un rato a descansar, dejando que las piernas recuperaran el pulso mientras disfrutábamos de las vistas que se abren desde este pequeño balcón natural del Montsec. Desde el entorno del refugio se distinguen perfectamente las aguas turquesa del embalse de Canelles encajadas entre las paredes de roca, las crestas calizas del Montsec dibujando el horizonte y, hacia el fondo del valle, el profundo tajo del congosto por donde habíamos caminado horas antes.

Embalse de Canelles desde Refugio de Montfalcó

Zorro en el Entorno del Congost de Mont Rebei

Después de un rato contemplando el paisaje optamos por quedarnos a comer allí mismo. El refugio ofrece una cocina sencilla pero muy reconfortante, con comida casera y platos de la tierra que saben especialmente bien después de una jornada de montaña: guisos calientes y recetas tradicionales que se disfrutan con calma mientras las montañas siguen extendiéndose alrededor.

La forma más habitual de regresar desde Montfalcó es simplemente deshacer el camino recorrido, volviendo a pie por el mismo sendero hasta el parking de La Masieta. En nuestro caso, sin embargo, la jornada terminaría de otra manera. Contábamos con vehículo de apoyo en el refugio, ya que las chicas habían decidido no hacer la ruta completa y se acercarían hasta allí para recogernos.

Eso sí, aunque nos ahorramos el regreso caminando, el trayecto por carretera tampoco es precisamente corto. Desde Montfalcó hasta Corçà hay que rodear buena parte del macizo del Montsec y del propio embalse de Canelles, lo que convierte la vuelta en casi una hora y cuarenta minutos de coche. En el camino, se puede hacer una parada en el Mirador Coll de Montllobar, un punto perfecto para tomar un respiro antes de continuar. Un rodeo largo, pero que pondría el broche final a una jornada que habíamos pasado entre desfiladeros, pasarelas colgadas en la roca y algunos de los paisajes más espectaculares del Prepirineo.

Mirador Coll de Montllobar

CORÇÁ

Serían las cinco, aproximadamente, cuando llegamos a Corçà, así que decidí aprovechar la tarde para dar un pequeño paseo por el pueblo. Se trata de un núcleo diminuto, tranquilo, de esos que parecen vivir a otro ritmo. Apenas unas pocas casas de piedra se agrupan alrededor de una pequeña colina, formando un caserío sencillo que mira hacia el paisaje abierto del valle de Àger. Hoy en día apenas cuenta con unas pocas decenas de habitantes, lo que refuerza aún más esa sensación de lugar apartado y silencioso.

Corçá

Corçá

Corçá

Caminando sin rumbo fijo por sus calles cortas y tranquilas terminé subiendo hasta la pequeña elevación que domina el pueblo, donde se encuentran las ruinas del antiguo castillo de Corçà. En realidad apenas quedan algunos restos de piedra, vestigios de una fortificación medieval que se levantaba en este punto estratégico sobre el valle.

La subida es breve pero merece la pena. Desde arriba se obtiene una buena panorámica del entorno: hacia el norte se intuye la sierra del Montsec levantándose como una larga muralla de roca, mientras que hacia el este y el sur el paisaje se abre en colinas suaves y campos que descienden hacia el valle de Àger. En días claros también se distingue el entorno del embalse de Canelles y las montañas que rodean el congosto de Mont-Rebei, recordando el recorrido que habíamos hecho apenas unas horas antes.

Entorno de Corçá

Entorno de Corçá

Un lugar sencillo, sin grandes monumentos ni artificios, pero perfecto para cerrar la jornada con un paseo tranquilo antes de dar por terminado el día.

RUTA ERMITA NUESTRA SEÑORA DE LA PERTUSA

Antes de poner rumbo a Madrid, el domingo todavía nos daría tiempo a realizar una pequeña variante por el entorno del Congost de Mont-Rebei, con la idea de completar la visión de este rincón del Montsec desde otra perspectiva. Se trataba de acercarnos hasta la ermita de Nuestra Señora de la Pertusa, uno de los miradores naturales más conocidos del embalse de Canelles y del propio desfiladero.

Partimos desde el pequeño núcleo de Corçà, siguiendo la pista señalizada que se dirige hacia la ermita. El camino es sencillo y corto, más cercano a un paseo que a una ruta propiamente dicha, y avanza entre campos abiertos y vegetación mediterránea —encinas, pinos y matorral bajo— mientras el relieve del Montsec comienza a levantarse delante de nosotros.

A medida que nos acercamos al borde del acantilado el paisaje se abre de forma repentina. La ermita aparece situada en una posición muy particular, asentada sobre una estrecha cresta rocosa que se asoma directamente al embalse de Canelles. Este pequeño templo románico, de origen medieval y reformado con el paso del tiempo, ocupa un lugar que durante siglos tuvo también carácter defensivo, ya que muy cerca se encontraban restos del antiguo castillo de la Pertusa, encargado de vigilar el paso natural del congosto.

Ruta Ermita Nuestra Señora de la Pertusa

Ruta Ermita Nuestra Señora de la Pertusa

Desde el entorno de la ermita las vistas son amplias y muy reconocibles dentro del paisaje del Montsec. Bajo nuestros pies se extendería el embalse de Canelles, encajado entre las paredes calizas de la sierra, con sus aguas formando largos brazos que se internan entre montañas. Hacia el norte se levanta la muralla rocosa del Montsec d’Ares, mientras que hacia el este se intuye la entrada del propio Congost de Mont-Rebei, el mismo que habíamos recorrido el día anterior por su interior.

Ruta Ermita Nuestra Señora de la Pertusa

Ruta Ermita Nuestra Señora de la Pertusa

El lugar invita a detenerse un rato, a caminar con calma alrededor del pequeño promontorio y a contemplar el contraste entre la roca clara de los acantilados, el verde irregular de la vegetación mediterránea y el verde esmeralda del agua retenida en el valle.

Ruta Ermita Nuestra Señora de la Pertusa

No es una ruta larga ni exigente, pero sí un complemento perfecto para terminar de entender la dimensión del paisaje que forma el congosto y el embalse desde una perspectiva elevada. Tras ese breve paseo y unas últimas fotos del lugar, ahora sí, daríamos por cerrado el fin de semana en el Montsec antes de emprender el viaje de regreso a Madrid.

RESTAURANTE MALENA

Aun así, el viaje no terminaría sin una última parada en ruta, un punto que nos permitiría estirar las piernas y cerrar la escapada con una pequeña sorpresa antes de retomar la carretera hacia la capital.

Esa parada fue el restaurante Malena, un lugar reconocido con estrella Michelin, situado en un entorno tranquilo que permite contemplar las montañas del Montsec mientras uno disfruta de la comida. Nos recibió un ambiente acogedor y la sensación inmediata de que estábamos ante una cocina que combina tradición y producto local con creatividad, perfecta para redondear el fin de semana.

Optamos por el menú degustación, una selección cuidadosamente elaborada que recorre lo mejor de la cocina del restaurante: guisos tradicionales, carnes y platos de temporada preparados con técnica y mimo, presentados de manera que cada bocado revela el sabor auténtico del Montsec y de la tierra cercana. Cada plato era una sorpresa, equilibrando tradición y modernidad, y mientras lo disfrutábamos, la calma del lugar y la dedicación del servicio hacían que el momento se sintiera pleno y muy ligado a la experiencia del fin de semana.

Restaurante Malena

Restaurante Malena

Restaurante Malena

Restaurante Malena

Con la satisfacción del menú degustación y el recuerdo reciente de los desfiladeros, el congosto y la ermita de la Pertusa, finalmente emprendimos el regreso a Madrid. La carretera sería larga, pero el Montsec quedaba ya atrás, y con él, la sensación de haber vivido un fin de semana intenso, completo y redondo, con cada parada, cada sendero y cada momento gastronómico dejando su impronta en la memoria.


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