OESTE EEUU - DIA 01. Comienza el sueño americano: llegada a Jackson Hole

4 de Septiembre de 2010.

Es cierto que llevaba dos años consecutivos viajando a los E.E.U.U y aún así, y al contrario que le sucede a mucha gente, mi fascinación por este país, por su cultura, su modo de ver la vida y sus maravillosos escenarios naturales, cada vez me atraían más. Por este motivo cuando mi amigo Raúl me propuso realizar un viaje de larga duración al Oeste americano, lo primero que me vendría a la cabeza serían los famosos escenarios de las películas del oeste, la juerga y neones luminosos de las Vegas y míticos paisajes como los del Gran Cañón o ciudades tan renombradas como San Francisco. Ante el sucesivo paso de todas estas imágenes por mi mente como si se tratase de una proyección antigua con negativos de diapositivas y pensar que iba a poder estar en muchos de esos lugares, no tardaría mucho tiempo en decir que sí.

El siguiente factor que se pondría de nuestra parte sería que unos amigos no hacía mucho tiempo que habían estado por allí y podían asesorarnos, bastante bien, acerca de cómo montar el viaje por nuestra cuenta, de los hoteles más recomendables según su experiencia y de muchos buenos consejos, por lo que sólo faltaba dar el paso definitivo y comprar los billetes de avión. Tras un estudio pormenorizado de lo que queríamos visitar en tres semanas que íbamos a estar por la zona, al final decidimos decantarnos por sacar los vuelos con la compañía Delta que era la más económica de todas las que miramos y la que mejor se adaptaba a los planes que teníamos en mente.

Sólo quedaba ya esperar al sábado 4 de Septiembre, día en el que comenzaría nuestro particular sueño americano. La hora de partida de nuestro vuelo sería a las 07.00 de la mañana por lo que el madrugón fue considerable. Tras dos horas llegaríamos a la primera de las dos escalas que tendríamos en el camino, en este caso París, donde aterrizaríamos a las 09.00. Tras un montón de trámites y filas como consecuencia de volar a territorio americano, podríamos tomar el siguiente vuelo con dirección a Salt Lake City, nuestra segunda escala y a la que llegaríamos a las 14.00, hora americana.

El cansancio era ya evidente en nosotros y eso que todavía nos quedaba un último vuelo hasta nuestro destino final: la pequeña localidad de Jackson Hole en el estado de Wyoming. Este sería sólo de una hora y la verdad que pronto nos volveríamos a venir arriba como consecuencia de empezar a ver por la ventanilla las primeras imágenes de las montañas rocosas, realmente espectaculares. La emoción iba en aumento según nos acercábamos a dicha ciudad y al pensar que en tan sólo unas horas, al día siguiente, estaríamos en el corazón de famosos escenarios naturales como los del parque Nacional de Yellowstone o de otros como el del Grand Teton, que siendo menos conocidos, también dejan sin aliento.

Tras 17 horas de vuelos y escalas por fin llegábamos a las 18.00 a la única y pequeña terminal del minúsculo aeropuerto de Jackson Hole, donde una furgoneta de la empresa Dollar, con la que habíamos contratado por internet el coche, estaría esperándonos para llevarnos al corazón del pueblo que estaba como a 10 km y allí hacer el papeleo y facilitarnos el vehículo. La chica encargada de todo ello hablaba bastante bien castellano, por lo que todo fue rápido y sencillo. Nos darían un flamante todo terreno blanco automático del que nada más verlo me enamoraría perdidamente. Menudo cochazo y eso que yo no soy mucho de coches. El coste por los cuatro días que íbamos a utilizarlo sería de 280 dólares con todo ya incluido.

Jackson Hole Airport

Sólo nos quedaba ya recorrer los primeros metros que íbamos a hacer con él hasta nuestro primer alojamiento en USA, situado, tan sólo, unas manzanas más allá, el Ranch Inn. Este se encontraba situado en pleno centro del pueblo y sus habitaciones eran anchas y espaciosas con microondas. (115 dólares la habitación).

Una vez alojados, y a pesar del cansancio, no podríamos evitar salir a dar una vuelta por este típico pueblo sacado de la mejor de las películas de John Wayne, con sus carruajes, gente vestida con ropa y sombreros vaqueros, parques adornados con cornamentas de alces, etc.

Jackson

Jackson

Tras una hora de paseo y tras tomarnos unos sándwiches en la habitación, caeríamos fundidos en nuestras confortables e inmensas camas King.


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