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BURGOS: VISITAS CLAVE DE LA CIUDAD

Si hablo de la ciudad en la que descansan los restos del Cid Campeador, de algunos de los monarcas castellanos más importantes y de los padres de Isabel la Católica, del lugar donde se encuentra una de las catedrales góticas más importantes no sólo de España sino de Europa, de una de las etapas más emblemáticas del Camino de Santiago y de cuyas inmediaciones emergieron algunos de los hallazgos que mejor explican el origen del ser humano, muchos ya sabréis de sobra que me estoy refiriendo a ni más ni menos que a Burgos.

Han sido infinidad las veces que me he dejado caer por Burgos. Y, aun así, siempre encuentro un buen motivo para volver: redescubrir alguno de sus monumentos, perderme una vez más por sus calles o disfrutar de esa mezcla de historia y ambiente que tan bien define a la ciudad. Tenía pendiente dedicarle un artículo desde hace tiempo y, por fin, me animo a ello.

Porque Burgos no es sólo la ciudad del Cid o de su imponente catedral. Durante siglos fue una de las urbes más importantes de la Corona de Castilla y dejó una huella decisiva en la historia de España, llegando a ser uno de los grandes centros del comercio de la lana en la Edad Media y un punto clave en las relaciones económicas con Europa, algo que todavía hoy se percibe en su patrimonio y en muchos de sus rincones. Sin detenernos demasiado en el pasado, creo que conocer mínimamente su relevancia ayuda a entender por qué sigue siendo uno de esos destinos a los que siempre merece la pena regresar.

Y ahora sí, sin más demoras, es momento de enumerar los lugares y monumentos que considero imprescindibles y que no pueden faltar en una visita a la ciudad.

CARTUJA DE MIRAFLORES

A unos cuatro o cinco kilómetros del centro histórico de Burgos, aunque perteneciendo al propio término municipal de la ciudad, se alza la Cartuja de Miraflores. He querido comenzar este recorrido por ella porque me parece una magnífica forma de aproximarnos poco a poco al corazón de Burgos, iniciando la visita en uno de sus lugares más sobresalientes y, al mismo tiempo, en uno de los menos céntricos.

La historia de este monasterio se remonta a comienzos del siglo XV. En este lugar, el rey Enrique III mandó construir un palacio destinado al descanso y a la caza, una práctica muy habitual entre la monarquía de la época. Años después, su hijo, Juan II de Castilla, donó el edificio a la Orden Cartuja para convertirlo en monasterio y, al mismo tiempo, en panteón de su familia. Sería finalmente Isabel la Católica quien impulsaría las obras que acabarían dando forma al extraordinario conjunto que hoy contemplamos.

Cartuja de Miraflores

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