Aunque pueda parecer mentira, siendo madrileño nunca había
visitado antes El Pardo. Cierta desidia injustificada me había acompañado
siempre, tal vez por la mayor motivación que me generaba conocer otros lugares
históricos de la Comunidad de Madrid o pueblos y parajes naturales de otras
provincias cercanas.
Pero esta vez me plantaría y decidiría poner fin a esa
situación, animándome a pasar un día completo en El Pardo y su entorno,
aprendiendo acerca de su historia, completamente desconocida para mí hasta ese
momento, y disfrutando de una naturaleza que nada tiene que envidiar a otros
parques o entornos naturales, con amplios montes, dehesas y una tranquilidad
difícil de encontrar a tan poca distancia de la ciudad.
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| El Pardo |
Esa pereza difícil de explicar me había privado durante mucho tiempo de un lugar fantástico al que, desde ahora, pienso regresar más de una vez, pues es ideal para desconectar y relajarse de la muchas veces ajetreada vida de la capital, casi como si uno abandonara Madrid sin haber salido realmente de ella.
UN POCO DE HISTORIA…
Aunque para muchos El Pardo sigue inevitablemente ligado a
la figura de Francisco Franco, lo cierto
es que su relevancia histórica se remonta varios siglos atrás, mucho antes de
los episodios más recientes del siglo XX.
Ya en la Baja Edad Media, durante el reinado de Enrique III de Castilla, este enclave comenzó a
destacar como un espacio privilegiado para la caza, gracias a la abundancia de
fauna en el Monte de El Pardo. En ese contexto se levantó una primera
residencia de carácter sencillo vinculada a esta actividad, que sería
transformada posteriormente por Enrique IV de
Castilla en una fortaleza más sólida, reflejo de la importancia
estratégica y recreativa que el lugar iba adquiriendo.
Con la llegada de la monarquía de los Austrias, sería Carlos I de España quien impulsara la conversión
del antiguo castillo en una residencia palaciega más acorde con las necesidades
de la corte. Desde entonces, El Pardo quedó estrechamente vinculado a la
actividad cinegética de los monarcas, convirtiéndose en uno de los cotos de
caza más apreciados de la Corona, incluso antes de que Madrid se consolidara
como capital.
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| Palacio Real y Monte de El Pardo |
Sin embargo, la fisonomía actual del Palacio Real de El Pardo se debe en gran medida a las reformas llevadas a cabo en el siglo XVIII bajo el reinado de Carlos III de España, con la intervención del arquitecto Francesco Sabatini. Fue entonces cuando el conjunto adquirió un carácter más definido como residencia estacional, especialmente durante los meses de invierno, cuando la corte se trasladaba aquí buscando un entorno más recogido y tranquilo.
Alrededor del palacio fueron surgiendo otros enclaves
vinculados a la vida cortesana, como el Palacio
de la Zarzuela o la Quinta del Duque del Arco, configurando un espacio
donde naturaleza y poder convivían de forma muy estrecha. A lo largo del
tiempo, El Pardo también fue escenario de episodios ligados a distintas figuras
históricas, desde Alfonso XII de España,
que falleció aquí, hasta Francisco de Goya,
que residió en sus inmediaciones durante una etapa de su vida.
Ya en el siglo XX, el lugar volvió a adquirir protagonismo
en momentos clave de la historia de España. Durante la Guerra Civil Española y los años posteriores, El
Pardo quedó asociado a la jefatura del Estado, especialmente tras establecer Francisco Franco su residencia en el palacio.
Tras la llegada de la democracia, el recinto pasó a desempeñar funciones
institucionales, acogiendo actos oficiales y visitas de mandatarios extranjeros,
integrando así su pasado en una nueva etapa más abierta.
QUÉ VISITAR EN EL PARDO:
PALACIO REAL: Es, sin
duda, el principal referente monumental de El Pardo y uno de los espacios
históricos más relevantes del entorno madrileño. Situado a escasa distancia del
núcleo urbano y rodeado por el Monte de El Pardo, este palacio ha estado
durante siglos vinculado a la Corona, especialmente como residencia asociada a
la caza y al retiro estacional de los monarcas.
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| Palacio Real de El Pardo |
Sus orígenes se remontan a una fortaleza medieval levantada en tiempos de Enrique III de Castilla, posteriormente ampliada por Enrique IV de Castilla. Sin embargo, el gran impulso transformador llegó en el siglo XVI, cuando Carlos I de España ordenó adaptar el antiguo castillo a las necesidades de la corte, iniciando su evolución hacia una residencia palaciega.
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| Palacio Real de El Pardo |
Uno de los elementos más característicos del edificio es su organización en torno a dos patios principales de traza simétrica, que reflejan distintas fases constructivas. El primero responde al impulso de los Austrias, mientras que el segundo se vincula a las reformas borbónicas del siglo XVIII. En este sentido, aunque la base del conjunto se consolida bajo los Austrias, su configuración definitiva se debe en gran medida a las intervenciones promovidas por Carlos III de España, quien encargó su reconstrucción tras el incendio de 1604 y reforzó su carácter de residencia más funcional y recogida. En estas reformas tuvo un papel destacado el arquitecto Francesco Sabatini.
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| Palacio Real de El Pardo |
El resultado es un edificio de apariencia sobria en el exterior, muy acorde con su entorno natural, pero con un interior sorprendentemente rico, donde destacan especialmente las colecciones artísticas.
Nada más cruzar el control de acceso y recoger las entradas,
el recorrido comienza en el Patio de los Austrias, uno de los espacios más
representativos del conjunto. Responde al modelo clásico de la arquitectura
palaciega de esta dinastía, con galerías porticadas en dos alturas que
estructuran el espacio con gran equilibrio.
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| Patio de los Austrias. Palacio Real de El Pardo |
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| Tapiz. Patio de los Austrias. Palacio Real de El Pardo |
Con la llegada de los Borbones, el patio fue parcialmente transformado: se cerraron algunas de sus galerías y se añadieron miradores ochavados en las esquinas, alterando en parte su aspecto original. La actual cubierta de cristal, claramente contemporánea, puede resultar algo chocante desde el punto de vista estético, aunque permite su uso para actos institucionales y eventos.
Desde aquí se accede a la planta noble a través de la
escalera principal. A medida que se recorren las distintas estancias, queda
claro por qué este palacio merece la visita, especialmente por su riqueza
interior, que contrasta con la sobriedad exterior.
Al tratarse de una residencia de invierno, el
acondicionamiento térmico fue una prioridad. Durante la etapa borbónica, esto
se tradujo en un uso masivo de tapices, hasta el punto de que prácticamente
recubren las paredes de muchas salas. Difícilmente se encuentra en otros
palacios una presencia tan constante y abundante.
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| Palacio Real de El Pardo |
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| Palacio Real de El Pardo |
Fue Felipe V quien impulsó la sustitución de pinturas por tapices procedentes de la Real Fábrica de Santa Bárbara. Más adelante, bajo el reinado de Carlos III de España, se encargaron nuevas series basadas en cartones de artistas como Francisco Bayeu, José del Castillo y, sobre todo, Francisco de Goya. Entre ellos se reconocen composiciones muy conocidas como El quitasol, La merienda a orillas del Manzanares o La nevada, que aportan un enorme valor artístico al conjunto.
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| Palacio Real de El Pardo |
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| Palacio Real de El Pardo |
Los techos constituyen otro de los grandes atractivos. Tras el incendio de 1604, apenas se conservó obra anterior, destacando el fresco de la Historia de Perseo, realizado por Gaspar Becerra. El resto de la decoración corresponde en su mayoría a etapas posteriores, con ejemplos como España rodeada de poetas, escritores y conquistadores, de Juan Antonio de Ribera.
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| Techo. Palacio Real de El Pardo |
El mobiliario, en gran parte procedente de la época de Fernando VII de España, responde a un estilo imperio con piezas especialmente llamativas como las lámparas de araña de cristal fabricadas en La Granja, de gran tamaño y notable presencia.
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| Palacio Real de El Pardo |
Uno de los aspectos más singulares del recorrido es la superposición de épocas. Muchas estancias conservan la configuración que tuvieron durante el siglo XX, cuando Francisco Franco estableció aquí su residencia. Esto se traduce en la presencia de mobiliario más moderno, elementos funcionales y una estética que contrasta claramente con el resto del palacio.
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| Palacio Real de El Pardo |
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| Palacio Real de El Pardo |
Algunas salas reflejan usos muy distintos a los originales: el antiguo comedor real, por ejemplo, fue utilizado como sala del Consejo de Ministros del General, mientras en el despacho muestran una decoración más personal, con influencias orientales. También se conserva un pequeño oratorio, acorde con el carácter religioso tanto de la monarquía como del periodo posterior.
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| Antiguo Comedor. Palacio Real de El Pardo |
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| Despacho. Palacio Real de El Pardo |
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| Palacio Real de El Pardo |
Destaca especialmente el antiguo Teatro del palacio, adaptado en el siglo XX como sala de cine, donde el propio Franco lo utilizaba para ver películas, lo que aporta una dimensión poco habitual dentro de una residencia histórica de este tipo. Siendo el único palacio en España que conserva algo igual.
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| Teatro Palacio Real de El Pardo |
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| Teatro Palacio Real de El Pardo |
En cambio, durante la visita no fue posible acceder a la Capilla Real —actualmente cerrada por trabajos de conservación— ni a las estancias privadas utilizadas por Franco, quedando estas últimas fuera del recorrido público por la aplicación de la normativa de memoria histórica, que haciendo labores similares a la Inquisición, limita la posibilidad de visitar y conocer directamente esa parte más reciente de la historia del palacio.
El tiempo necesario para recorrerlo suele situarse aproximadamente
en una hora, dependiendo del ritmo de cada guía, ya que no es posible visitarlo
por libre. El precio general de la entrada ronda los 9 €, con tarifas reducidas
para estudiantes, mayores de 65 años y otros colectivos, mientras que la
entrada es gratuita los miércoles y domingos a partir de las 15:00 y hasta la
hora de cierre. El horario varía según la época del año, generalmente entre las
10:00 y las 18:00 en invierno y hasta las 19:00 en los meses de verano,
permaneciendo cerrado algunos días concretos, por lo que resulta recomendable
consultarlo previamente antes de la visita.
CASITA DEL PRÍNCIPE: A un
paseo desde el palacio, algo más discreta y menos conocida que otros enclaves
del entorno, se encuentra la Casita del Príncipe, un pequeño palacete que bien
merece otra parada.
Construida a finales del siglo XVIII por encargo de Carlos IV de España, cuando aún era príncipe de
Asturias, al arquitecto Juan de Villanueva,
esta residencia responde a la idea de un espacio más íntimo y apartado dentro
del entorno real. Frente al carácter más institucional del Palacio Real de El Pardo, aquí se buscaba un
lugar de descanso más privado, pensado para un uso más cotidiano y reservado.
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| Casita del Príncipe |
A diferencia de otros palacios, aquí se utiliza una combinación de materiales donde el ladrillo adquiere un papel protagonista, no solo por razones estéticas, sino también como parte de un ejercicio previo de experimentación arquitectónica. En este sentido, la Casita del Príncipe puede entenderse como un ensayo a pequeña escala de soluciones constructivas, proporciones y tratamientos de fachada que Juan de Villanueva desarrollaría posteriormente en el Museo del Prado. Especialmente significativo resulta el uso del ladrillo visto combinado con elementos de piedra para articular vanos, cornisas y ritmos compositivos, anticipando el lenguaje sobrio y racional que caracterizaría su gran obra madrileña.
El edificio, de líneas sobrias y elegantes, se integra con
facilidad en el paisaje que lo rodea, acompañado por jardines que refuerzan esa
sensación de tranquilidad y retiro. Su diseño responde al gusto neoclásico de
la época, apostando por la proporción y la sencillez, sin la monumentalidad de
otras residencias reales.
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| Casita del Príncipe |
En su interior, la visita permite recorrer distintas estancias que hoy se presentan en gran medida diáfanas, lejos de la abundancia decorativa de otras residencias reales. El mobiliario es muy escaso, limitado a algunas sillas y a piezas puntuales de carácter funcional, como pequeños muebles de recibidor, mientras que el mayor interés recae en los revestimientos murales —especialmente las sedas— que permiten intuir el refinamiento original del conjunto.
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| Casita del Príncipe |
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| Casita del Príncipe |
La visita no es libre, sino que se realiza en pases guiados y en horarios concretos, lo que obliga a organizarla con algo de antelación. Además, el acceso depende de la programación de Patrimonio Nacional. Para reservar es necesario llamar al 914548700.
MUSEO DE LA GUARDIA REAL: Junto
a la Casita del Príncipe, prácticamente
integrado en el mismo entorno, se puede visitar también la Sala Histórica de la
Guardia Real, un espacio que, sin tampoco
tener demasiada fama, resulta una visita interesante, aunque muy condicionada
por sus limitadas posibilidades de acceso.
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| Sala Histórica de la Guardia Real |
Lejos de la idea de un gran museo, lo que aquí se propone es un recorrido sencillo pero bien planteado por la historia y evolución de esta unidad al servicio de la Corona. La visita se realiza siempre en formato guiado, siendo un miembro de la propia Guardia Real quien acompaña al grupo y se encarga de las explicaciones durante todo el recorrido, aportando una visión directa y muy completa de su historia y funciones. A partir de ahí, el discurso se apoya en distintos paneles, imágenes y recursos audiovisuales que complementan la explicación y ayudan a contextualizar los contenidos, desde sus orígenes hasta la actualidad.
Uno de los aspectos más llamativos es la colección de
uniformes, que permite apreciar la evolución estética y simbólica de la Guardia
Real a lo largo de los siglos. Junto a ellos, también se incluyen ejemplos de
uniformes de otras casas reales europeas, lo que aporta un punto comparativo
bastante interesante y rompe un poco con la visión exclusivamente nacional.
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| Uniformes. Sala Histórica de la Guardia Real |
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| Uniforme. Sala Histórica de la Guardia Real |
Más allá de la parte histórica, el recorrido también se detiene en el presente de la Guardia Real, mostrando sus funciones actuales, que van mucho más allá de los actos protocolarios. Aquí se descubren algunas de sus unidades y cometidos menos conocidos, lo que ayuda a entender mejor su papel dentro de la estructura del Estado.
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| Sala Histórica de la Guardia Real |
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| Sala Histórica de la Guardia Real |
Pero si hay algo que suele captar especialmente la atención es la colección de vehículos históricos, utilizada en actos oficiales a lo largo del tiempo. Entre ellos destaca el Rolls-Royce Phantom IV utilizado habitualmente por la Familia Real en actos solemnes, como el traslado en la boda de los actuales reyes, un modelo de gran valor simbólico dentro del protocolo del Estado.
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| Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real |
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| Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real |
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| Rolls Royce Phantom IV. Sala Histórica de la Guardia Real |
Junto a él, el otro gran protagonista es el Mercedes-Benz 540 G4, el imponente todoterreno de seis ruedas regalado por Adolf Hitler a Francisco Franco en 1940, y que nunca llegó a usarse en actos oficiales, conduciéndose de forma muy limitada.
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| Mercedes Benz 540. Sala Histórica de la Guardia Real |
Más allá de su valor estético, estos coches permiten hacerse una idea del tipo de actos en los que se utilizaban, desde visitas de jefes de Estado hasta desfiles o ceremonias institucionales, aportando una dimensión bastante visual y, en cierto modo, más cercana de lo que podía ser la representación del poder en épocas no tan lejanas.
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| Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real |
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| Vehículo Sala Histórica de la Guardia Real |
En conjunto, se trata de un espacio que, sin ser imprescindible, sí resulta recomendable si se dispone de tiempo, ya que aporta contexto y añade una dimensión distinta a la visita de El Pardo, ayudando a comprender mejor todo lo que rodea a este entorno históricamente vinculado a la Corona.
Como principal limitación, y tal como ya he apuntado, las
visitas no son libres, sino que se realizan únicamente el primer sábado de cada
mes y siempre en formato guiado. Tienen una duración aproximada de dos horas y
comienzan a las 10:00, por lo que conviene planificar la jornada con
antelación. Es una actividad completamente condicionada por el calendario.
Además, es necesario solicitar la visita previamente,
rellenando una solicitud y enviándola por correo electrónico a salahistoricaguardiareal@oc.mde.es.
La confirmación suele tardar unos tres días, por lo que no es una actividad que
se pueda improvisar, sino que exige cierta planificación previa.
CONVENTO DE LOS PADRES CAPUCHINOS: Dentro
del conjunto histórico de El Pardo, y a escasa distancia de los principales
enclaves vinculados a la Corona, se encuentra el Convento
de los Padres Capuchinos de El Pardo, un lugar que, sin llamar
especialmente la atención a primera vista, encierra uno de los elementos más
interesantes —y a menudo pasados por alto— de todo el entorno.
Su fundación se remonta a comienzos del siglo XVII, durante
el reinado de Felipe III de España, en un
momento en el que El Pardo ya se había consolidado como Real Sitio vinculado a
la actividad cinegética de la monarquía. En este contexto, la presencia de una
comunidad religiosa no solo respondía a necesidades espirituales, sino que
también formaba parte del funcionamiento habitual de los espacios ligados a la
Corte.
El edificio refleja con bastante fidelidad el carácter de la
orden capuchina, marcada por la austeridad y el recogimiento. Lejos de la
monumentalidad de otros conjuntos religiosos, aquí predomina una arquitectura
sencilla, casi discreta, que encaja perfectamente con el entorno natural y con
la propia identidad histórica de El Pardo como lugar de retiro.
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| Convento del Cristo de El Pardo |
Sin embargo, más allá de su apariencia sobria, el convento alberga en su interior una de sus piezas más valiosas: el Cristo Yacente de El Pardo, una imagen de enorme fuerza expresiva y considerada una de las cumbres de la imaginería barroca española. La obra se atribuye al célebre escultor Gregorio Fernández, quien la realizó en Valladolid en 1605 por encargo de Felipe III de España, con motivo del nacimiento del príncipe que más tarde reinaría como Felipe IV de España.
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| Cristo de El Pardo |
Se trata de una talla que responde plenamente al naturalismo característico del autor, con un tratamiento minucioso de la anatomía y una clara intención de provocar una emoción directa en quien la contempla. Este tipo de representaciones, especialmente los Cristos yacentes, tenían una fuerte carga devocional y estaban concebidas para reforzar la experiencia espiritual del fiel, algo que aquí se percibe con especial intensidad. El conjunto se completa con la urna y las esculturas que la acompañan, realizadas ya en el siglo XX por Félix Granda en 1945, incorporando una capa posterior que se complementa con la pieza original sin restarle protagonismo.
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| Cristo de El Pardo |
IGLESIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN: Dentro del núcleo histórico de El Pardo, muy próxima a la plaza principal y en relación directa con los espacios vinculados a la presencia real, se encuentra este templo que, sin destacar por su monumentalidad, forma parte esencial del entramado histórico y religioso del lugar.
Su origen se remonta al siglo XVII, en el contexto de
consolidación de El Pardo como Real Sitio durante el reinado de Felipe III de España. Como ocurría en otros
enclaves vinculados a la Corte, la existencia de un templo parroquial respondía
tanto a las necesidades espirituales de la población local como a las de la
propia comunidad ligada al entorno palaciego.
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| Iglesia de la Inmaculada Concepción |
Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio responde a un esquema sencillo, acorde con el carácter del entorno. Se trata de una construcción de líneas sobrias, sin grandes alardes decorativos, donde predomina una estética funcional que ha ido incorporando modificaciones a lo largo del tiempo. Estas transformaciones, fruto de distintas intervenciones, han configurado el aspecto actual del templo, alejándolo en parte de su fisonomía original.
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| Iglesia de la Inmaculada Concepción |
En su interior, el espacio se organiza de manera clara y sin excesiva ornamentación, en línea con su condición de iglesia parroquial más que de fundación regia de carácter representativo.
QUINTA DEL DUQUE DEL ARCO: Su
origen se remonta al siglo XVIII, cuando fue mandada construir por Alonso Manrique de Lara y Silva, cortesano y
hombre de confianza de Felipe V de España.
A diferencia de otros enclaves de El Pardo directamente vinculados a la Corona
desde su origen, en este caso nos encontramos ante una iniciativa privada que,
con el tiempo, acabaría integrándose en el patrimonio real.
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| Quinta del Duque del Arco |
El conjunto responde a la idea de villa de recreo aristocrática, muy en línea con el gusto de la época, combinando residencia y jardines en un entorno pensado para el descanso y el disfrute, pero sin renunciar a una cierta representación social. El palacete, de líneas sobrias y elegantes, se integra con naturalidad en el paisaje, sin la monumentalidad de otros edificios cercanos, lo que refuerza su carácter más íntimo.
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| Quinta del Duque del Arco |
Sin embargo, si hay un elemento que realmente define la Quinta, ese es su jardín. Diseñado siguiendo el modelo de jardín barroco de inspiración francesa, se organiza mediante una estructura geométrica muy marcada, con parterres, setos recortados y caminos perfectamente trazados que generan una sensación de orden y perspectiva muy característica.
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| Quinta del Duque del Arco |
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| Quinta del Duque del Arco |
A diferencia de otros jardines históricos más transformados con el paso del tiempo, aquí todavía se percibe con bastante claridad esa concepción original, lo que convierte el paseo en una experiencia especialmente agradable. Fuentes, pequeños desniveles y miradores completan un recorrido que invita más a la calma que a la contemplación monumental.
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| Quinta del Duque del Arco |
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| Quinta del Duque del Arco |
Ya en época contemporánea, la Quinta del Duque del Arco ha sido objeto de distintas restauraciones que han permitido recuperar tanto el palacete como, especialmente, sus jardines, respetando en gran medida el diseño original. En la actualidad, estos pueden visitarse libremente y constituyen el principal atractivo del conjunto, con un horario que suele situarse entre las 10:00 y el atardecer (aproximadamente hasta las 18:00 en invierno y en torno a las 20:00 en verano), aunque puede variar según la época del año. El acceso al interior del edificio no está abierto al público, por lo que la visita se centra en el recorrido exterior, algo que no resta interés, ya que es precisamente en el trazado geométrico de los jardines, sus perspectivas y su ambiente tranquilo donde reside gran parte de su encanto.
RIBERA DEL MANZANARES: Otro
de los grandes atractivos de El Pardo se encuentra en su entorno natural, y en
particular en la Ribera del río Manzanares,
un espacio que permite entender por qué este enclave fue durante siglos uno de
los lugares predilectos de la Corona.
El Río Manzanares, en
este tramo, se aleja por completo de la imagen más urbanizada que presenta a su
paso por la ciudad de Madrid. Aquí recupera un carácter mucho más natural,
discurriendo entre dehesas, encinares y zonas de vegetación de ribera que
conforman uno de los ecosistemas mejor conservados de toda la región.
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| Ribera del Río Manzanares |
Este entorno forma parte del Monte de El Pardo, un espacio protegido de gran valor ecológico que ha permanecido relativamente intacto gracias, en gran medida, a su histórica vinculación con la actividad cinegética de la monarquía, lo que limitó durante siglos su explotación y urbanización.
Recorrer la ribera del Manzanares en esta zona permite
disfrutar de un paisaje tranquilo y poco transitado, con caminos accesibles
tanto a pie como en bicicleta. A lo largo del recorrido es frecuente encontrar
pequeños puentes, zonas de sombra y tramos donde el río se ensancha o se
estrecha, generando una gran variedad de escenas naturales.
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| Ribera del Río Manzanares |
A este valor paisajístico se suma uno de los elementos más característicos del entorno: la presencia de fauna en libertad. En el Monte de El Pardo es habitual la observación de ciervos, gamos y jabalíes, que se desplazan por amplias zonas del bosque y pueden verse en distintos momentos del día.
CEMENTERIO DE MINGORRUBIO: Su
relevancia se ha visto incrementada con el paso del tiempo debido a la
presencia de figuras vinculadas a la historia reciente de España, lo que ha
convertido este lugar en un punto de referencia dentro del conjunto de El
Pardo. Entre ellas destaca la sepultura de Francisco
Franco, trasladada aquí en 2019 desde el antiguo Valle de los Caídos,
hoy denominado Valle de Cuelgamuros, lo que otorgó al cementerio una gran
visibilidad pública. También se encuentran enterrados aquí Luis Carrero Blanco, almirante y presidente del
Gobierno durante la dictadura franquista, asesinado en 1973, y Carlos Arias Navarro, quien ocupó el cargo en
los últimos años del franquismo y en los inicios de la Transición.
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| Cementerio de Mingorrubio |
El recinto, más allá de este hecho, mantiene su función original como cementerio de barrio, conservando un carácter sobrio y tranquilo, rodeado de un entorno natural que refuerza su sensación de aislamiento respecto a la ciudad. No se trata de un espacio monumental ni concebido para la visita turística, pero sí de un lugar que forma parte del entramado histórico reciente del área de El Pardo.
¿DÓNDE COMER EN EL PARDO?
EL GAMO
Su propuesta gastronómica suele centrarse en platos típicos
como carnes a la brasa, asados, entrantes tradicionales y postres caseros. La
cocina es sencilla pero abundante, pensada para disfrutar sin complicaciones,
con sabores clásicos de la gastronomía madrileña.
Uno de sus puntos fuertes es la ubicación: está en una zona
tranquila, rodeada de naturaleza, lo que permite combinar la visita al entorno
del Monte de El Pardo con una comida relajada. El ambiente es amplio y suele
tener capacidad para grupos, por lo que es común verlo lleno los fines de
semana.
EL TORREÓN
Se trata de todo un clásico en el Monte El Pardo, un
establecimiento muy frecuentado tanto por vecinos de la zona como por
visitantes que acuden hasta aquí y buscan un lugar tradicional donde comer
bien.
Su cocina se basa en la gastronomía española de toda la
vida, con especial protagonismo de carnes, asados, pescados y platos típicos de
temporada. Es un restaurante de estilo clásico, con un ambiente amplio y
familiar, pensado tanto para comidas informales como para celebraciones o
reuniones en grupo.
LA MARQUESITA
Tampoco puedes irte de El Pardo sin conocer esta clásica
pastelería, donde la gente va a desayunar o merendar, con bollería de toda la
vida como napolitanas, croissants, palmeras, magdalenas y tartas caseras, pero
especialmente la propia marquesita,
que es un dulce tradicional tipo bollería individual, normalmente de hojaldre o
masa dulce, crujiente por fuera y suave por dentro, que puede llevar rellenos
como crema o chocolate según la receta, y que es el producto más típico y
conocido del local, por el que mucha gente va expresamente, convirtiéndolo en
un punto habitual dentro de la zona.
¿CÓMO LLEGAR HASTA EL PARDO?
Para ir en coche, la forma más cómoda es salir desde
Madrid por la M-30 o la M-40 en dirección norte
y tomar la salida hacia la M-605 (dirección El Pardo).
Esta carretera lleva directamente hasta el núcleo urbano de la población.
El trayecto suele durar entre 15 y 25 minutos,
dependiendo del tráfico. Es una ruta muy directa y habitual para quienes
visitan la zona natural o restaurantes del entorno.
Para llegar a El Pardo en bus, lo más cómodo es ir hasta el intercambiador de Moncloa en Madrid y desde allí coger las líneas 601 o 602, que van directas a Monte de El Pardo; el viaje dura aproximadamente 20–30 minutos, dependiendo del tráfico, y te dejan directamente en el núcleo de El Pardo, muy cerca de la zona principal, restaurantes y accesos al monte, siendo una opción rápida, sencilla y sin complicaciones para llegar desde el centro de la ciudad.

















































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