EL PARDO

19 de Abril de 2026.

Aunque pueda parecer mentira, siendo madrileño nunca había visitado antes El Pardo. Cierta desidia injustificada me había acompañado siempre, tal vez por la mayor motivación que me generaba conocer otros lugares históricos de la Comunidad de Madrid o pueblos y parajes naturales de otras provincias cercanas.

Pero esta vez me plantaría y decidiría poner fin a esa situación, animándome a pasar un día completo en El Pardo y su entorno, aprendiendo acerca de su historia, completamente desconocida para mí hasta ese momento, y disfrutando de una naturaleza que nada tiene que envidiar a otros parques o entornos naturales, con amplios montes, dehesas y una tranquilidad difícil de encontrar a tan poca distancia de la ciudad.

El Pardo

Esa pereza difícil de explicar me había privado durante mucho tiempo de un lugar fantástico al que, desde ahora, pienso regresar más de una vez, pues es ideal para desconectar y relajarse de la muchas veces ajetreada vida de la capital, casi como si uno abandonara Madrid sin haber salido realmente de ella.

UN POCO DE HISTORIA…

Aunque para muchos El Pardo sigue inevitablemente ligado a la figura de Francisco Franco, lo cierto es que su relevancia histórica se remonta varios siglos atrás, mucho antes de los episodios más recientes del siglo XX.

Ya en la Baja Edad Media, durante el reinado de Enrique III de Castilla, este enclave comenzó a destacar como un espacio privilegiado para la caza, gracias a la abundancia de fauna en el Monte de El Pardo. En ese contexto se levantó una primera residencia de carácter sencillo vinculada a esta actividad, que sería transformada posteriormente por Enrique IV de Castilla en una fortaleza más sólida, reflejo de la importancia estratégica y recreativa que el lugar iba adquiriendo.

Con la llegada de la monarquía de los Austrias, sería Carlos I de España quien impulsara la conversión del antiguo castillo en una residencia palaciega más acorde con las necesidades de la corte. Desde entonces, El Pardo quedó estrechamente vinculado a la actividad cinegética de los monarcas, convirtiéndose en uno de los cotos de caza más apreciados de la Corona, incluso antes de que Madrid se consolidara como capital.

Palacio Real y Monte de El Pardo

Sin embargo, la fisonomía actual del Palacio Real de El Pardo se debe en gran medida a las reformas llevadas a cabo en el siglo XVIII bajo el reinado de Carlos III de España, con la intervención del arquitecto Francesco Sabatini. Fue entonces cuando el conjunto adquirió un carácter más definido como residencia estacional, especialmente durante los meses de invierno, cuando la corte se trasladaba aquí buscando un entorno más recogido y tranquilo.

Alrededor del palacio fueron surgiendo otros enclaves vinculados a la vida cortesana, como el Palacio de la Zarzuela o la Quinta del Duque del Arco, configurando un espacio donde naturaleza y poder convivían de forma muy estrecha. A lo largo del tiempo, El Pardo también fue escenario de episodios ligados a distintas figuras históricas, desde Alfonso XII de España, que falleció aquí, hasta Francisco de Goya, que residió en sus inmediaciones durante una etapa de su vida.

Ya en el siglo XX, el lugar volvió a adquirir protagonismo en momentos clave de la historia de España. Durante la Guerra Civil Española y los años posteriores, El Pardo quedó asociado a la jefatura del Estado, especialmente tras establecer Francisco Franco su residencia en el palacio. Tras la llegada de la democracia, el recinto pasó a desempeñar funciones institucionales, acogiendo actos oficiales y visitas de mandatarios extranjeros, integrando así su pasado en una nueva etapa más abierta.

QUÉ VISITAR EN EL PARDO:

PALACIO REAL: Es, sin duda, el principal referente monumental de El Pardo y uno de los espacios históricos más relevantes del entorno madrileño. Situado a escasa distancia del núcleo urbano y rodeado por el Monte de El Pardo, este palacio ha estado durante siglos vinculado a la Corona, especialmente como residencia asociada a la caza y al retiro estacional de los monarcas.

Palacio Real de El Pardo

Sus orígenes se remontan a una fortaleza medieval levantada en tiempos de Enrique III de Castilla, posteriormente ampliada por Enrique IV de Castilla. Sin embargo, el gran impulso transformador llegó en el siglo XVI, cuando Carlos I de España ordenó adaptar el antiguo castillo a las necesidades de la corte, iniciando su evolución hacia una residencia palaciega.

Palacio Real de El Pardo

Uno de los elementos más característicos del edificio es su organización en torno a dos patios principales de traza simétrica, que reflejan distintas fases constructivas. El primero responde al impulso de los Austrias, mientras que el segundo se vincula a las reformas borbónicas del siglo XVIII. En este sentido, aunque la base del conjunto se consolida bajo los Austrias, su configuración definitiva se debe en gran medida a las intervenciones promovidas por Carlos III de España, quien encargó su reconstrucción tras el incendio de 1604 y reforzó su carácter de residencia más funcional y recogida. En estas reformas tuvo un papel destacado el arquitecto Francesco Sabatini.

Palacio Real de El Pardo

El resultado es un edificio de apariencia sobria en el exterior, muy acorde con su entorno natural, pero con un interior sorprendentemente rico, donde destacan especialmente las colecciones artísticas.

Nada más cruzar el control de acceso y recoger las entradas, el recorrido comienza en el Patio de los Austrias, uno de los espacios más representativos del conjunto. Responde al modelo clásico de la arquitectura palaciega de esta dinastía, con galerías porticadas en dos alturas que estructuran el espacio con gran equilibrio.

Patio de los Austrias. Palacio Real de El Pardo

Tapiz. Patio de los Austrias. Palacio Real de El Pardo

Con la llegada de los Borbones, el patio fue parcialmente transformado: se cerraron algunas de sus galerías y se añadieron miradores ochavados en las esquinas, alterando en parte su aspecto original. La actual cubierta de cristal, claramente contemporánea, puede resultar algo chocante desde el punto de vista estético, aunque permite su uso para actos institucionales y eventos.

Desde aquí se accede a la planta noble a través de la escalera principal. A medida que se recorren las distintas estancias, queda claro por qué este palacio merece la visita, especialmente por su riqueza interior, que contrasta con la sobriedad exterior.

Al tratarse de una residencia de invierno, el acondicionamiento térmico fue una prioridad. Durante la etapa borbónica, esto se tradujo en un uso masivo de tapices, hasta el punto de que prácticamente recubren las paredes de muchas salas. Difícilmente se encuentra en otros palacios una presencia tan constante y abundante.

Palacio Real de El Pardo

Palacio Real de El Pardo

Fue Felipe V quien impulsó la sustitución de pinturas por tapices procedentes de la Real Fábrica de Santa Bárbara. Más adelante, bajo el reinado de Carlos III de España, se encargaron nuevas series basadas en cartones de artistas como Francisco Bayeu, José del Castillo y, sobre todo, Francisco de Goya. Entre ellos se reconocen composiciones muy conocidas como El quitasol, La merienda a orillas del Manzanares o La nevada, que aportan un enorme valor artístico al conjunto.

Palacio Real de El Pardo

Palacio Real de El Pardo

Los techos constituyen otro de los grandes atractivos. Tras el incendio de 1604, apenas se conservó obra anterior, destacando el fresco de la Historia de Perseo, realizado por Gaspar Becerra. El resto de la decoración corresponde en su mayoría a etapas posteriores, con ejemplos como España rodeada de poetas, escritores y conquistadores, de Juan Antonio de Ribera.

Techo. Palacio Real de El Pardo

El mobiliario, en gran parte procedente de la época de Fernando VII de España, responde a un estilo imperio con piezas especialmente llamativas como las lámparas de araña de cristal fabricadas en La Granja, de gran tamaño y notable presencia.

Palacio Real de El Pardo

Uno de los aspectos más singulares del recorrido es la superposición de épocas. Muchas estancias conservan la configuración que tuvieron durante el siglo XX, cuando Francisco Franco estableció aquí su residencia. Esto se traduce en la presencia de mobiliario más moderno, elementos funcionales y una estética que contrasta claramente con el resto del palacio.

Palacio Real de El Pardo

Palacio Real de El Pardo

Algunas salas reflejan usos muy distintos a los originales: el antiguo comedor real, por ejemplo, fue utilizado como sala del Consejo de Ministros del General, mientras en el despacho muestran una decoración más personal, con influencias orientales. También se conserva un pequeño oratorio, acorde con el carácter religioso tanto de la monarquía como del periodo posterior.

Antiguo Comedor. Palacio Real de El Pardo

Despacho. Palacio Real de El Pardo

Palacio Real de El Pardo

Destaca especialmente el antiguo Teatro del palacio, adaptado en el siglo XX como sala de cine, donde el propio Franco lo utilizaba para ver películas, lo que aporta una dimensión poco habitual dentro de una residencia histórica de este tipo. Siendo el único palacio en España que conserva algo igual.

Teatro Palacio Real de El Pardo

Teatro Palacio Real de El Pardo

En cambio, durante la visita no fue posible acceder a la Capilla Real —actualmente cerrada por trabajos de conservación— ni a las estancias privadas utilizadas por Franco, quedando estas últimas fuera del recorrido público por la aplicación de la normativa de memoria histórica, que haciendo labores similares a la Inquisición, limita la posibilidad de visitar y conocer directamente esa parte más reciente de la historia del palacio.

El tiempo necesario para recorrerlo suele situarse aproximadamente en una hora, dependiendo del ritmo de cada guía, ya que no es posible visitarlo por libre. El precio general de la entrada ronda los 9 €, con tarifas reducidas para estudiantes, mayores de 65 años y otros colectivos, mientras que la entrada es gratuita los miércoles y domingos a partir de las 15:00 y hasta la hora de cierre. El horario varía según la época del año, generalmente entre las 10:00 y las 18:00 en invierno y hasta las 19:00 en los meses de verano, permaneciendo cerrado algunos días concretos, por lo que resulta recomendable consultarlo previamente antes de la visita.

CASITA DEL PRÍNCIPE: A un paseo desde el palacio, algo más discreta y menos conocida que otros enclaves del entorno, se encuentra la Casita del Príncipe, un pequeño palacete que bien merece otra parada.

Construida a finales del siglo XVIII por encargo de Carlos IV de España, cuando aún era príncipe de Asturias, al arquitecto Juan de Villanueva, esta residencia responde a la idea de un espacio más íntimo y apartado dentro del entorno real. Frente al carácter más institucional del Palacio Real de El Pardo, aquí se buscaba un lugar de descanso más privado, pensado para un uso más cotidiano y reservado.

Casita del Príncipe

A diferencia de otros palacios, aquí se utiliza una combinación de materiales donde el ladrillo adquiere un papel protagonista, no solo por razones estéticas, sino también como parte de un ejercicio previo de experimentación arquitectónica. En este sentido, la Casita del Príncipe puede entenderse como un ensayo a pequeña escala de soluciones constructivas, proporciones y tratamientos de fachada que Juan de Villanueva desarrollaría posteriormente en el Museo del Prado. Especialmente significativo resulta el uso del ladrillo visto combinado con elementos de piedra para articular vanos, cornisas y ritmos compositivos, anticipando el lenguaje sobrio y racional que caracterizaría su gran obra madrileña.

El edificio, de líneas sobrias y elegantes, se integra con facilidad en el paisaje que lo rodea, acompañado por jardines que refuerzan esa sensación de tranquilidad y retiro. Su diseño responde al gusto neoclásico de la época, apostando por la proporción y la sencillez, sin la monumentalidad de otras residencias reales.

Casita del Príncipe

En su interior, la visita permite recorrer distintas estancias que hoy se presentan en gran medida diáfanas, lejos de la abundancia decorativa de otras residencias reales. El mobiliario es muy escaso, limitado a algunas sillas y a piezas puntuales de carácter funcional, como pequeños muebles de recibidor, mientras que el mayor interés recae en los revestimientos murales —especialmente las sedas— que permiten intuir el refinamiento original del conjunto.

Casita del Príncipe

Casita del Príncipe

La visita no es libre, sino que se realiza en pases guiados y en horarios concretos, lo que obliga a organizarla con algo de antelación. Además, el acceso depende de la programación de Patrimonio Nacional. Para reservar es necesario llamar al 914548700.

MUSEO DE LA GUARDIA REAL: Junto a la Casita del Príncipe, prácticamente integrado en el mismo entorno, se puede visitar también la Sala Histórica de la Guardia Real, un espacio que, sin tampoco tener demasiada fama, resulta una visita interesante, aunque muy condicionada por sus limitadas posibilidades de acceso.

Sala Histórica de la Guardia Real

Lejos de la idea de un gran museo, lo que aquí se propone es un recorrido sencillo pero bien planteado por la historia y evolución de esta unidad al servicio de la Corona. La visita se realiza siempre en formato guiado, siendo un miembro de la propia Guardia Real quien acompaña al grupo y se encarga de las explicaciones durante todo el recorrido, aportando una visión directa y muy completa de su historia y funciones. A partir de ahí, el discurso se apoya en distintos paneles, imágenes y recursos audiovisuales que complementan la explicación y ayudan a contextualizar los contenidos, desde sus orígenes hasta la actualidad.

Uno de los aspectos más llamativos es la colección de uniformes, que permite apreciar la evolución estética y simbólica de la Guardia Real a lo largo de los siglos. Junto a ellos, también se incluyen ejemplos de uniformes de otras casas reales europeas, lo que aporta un punto comparativo bastante interesante y rompe un poco con la visión exclusivamente nacional.

Uniformes. Sala Histórica de la Guardia Real

Uniforme. Sala Histórica de la Guardia Real

Más allá de la parte histórica, el recorrido también se detiene en el presente de la Guardia Real, mostrando sus funciones actuales, que van mucho más allá de los actos protocolarios. Aquí se descubren algunas de sus unidades y cometidos menos conocidos, lo que ayuda a entender mejor su papel dentro de la estructura del Estado.

Sala Histórica de la Guardia Real

Sala Histórica de la Guardia Real

Pero si hay algo que suele captar especialmente la atención es la colección de vehículos históricos, utilizada en actos oficiales a lo largo del tiempo. Entre ellos destaca el Rolls-Royce Phantom IV utilizado habitualmente por la Familia Real en actos solemnes, como el traslado en la boda de los actuales reyes, un modelo de gran valor simbólico dentro del protocolo del Estado.

Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real

Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real

Rolls Royce Phantom IV. Sala Histórica de la Guardia Real

Junto a él, el otro gran protagonista es el Mercedes-Benz 540 G4, el imponente todoterreno de seis ruedas regalado por Adolf Hitler a Francisco Franco en 1940, y que nunca llegó a usarse en actos oficiales, conduciéndose de forma muy limitada.

Mercedes Benz 540. Sala Histórica de la Guardia Real

Más allá de su valor estético, estos coches permiten hacerse una idea del tipo de actos en los que se utilizaban, desde visitas de jefes de Estado hasta desfiles o ceremonias institucionales, aportando una dimensión bastante visual y, en cierto modo, más cercana de lo que podía ser la representación del poder en épocas no tan lejanas.

Vehículos Sala Histórica de la Guardia Real

Vehículo Sala Histórica de la Guardia Real

En conjunto, se trata de un espacio que, sin ser imprescindible, sí resulta recomendable si se dispone de tiempo, ya que aporta contexto y añade una dimensión distinta a la visita de El Pardo, ayudando a comprender mejor todo lo que rodea a este entorno históricamente vinculado a la Corona.

Como principal limitación, y tal como ya he apuntado, las visitas no son libres, sino que se realizan únicamente el primer sábado de cada mes y siempre en formato guiado. Tienen una duración aproximada de dos horas y comienzan a las 10:00, por lo que conviene planificar la jornada con antelación. Es una actividad completamente condicionada por el calendario.

Además, es necesario solicitar la visita previamente, rellenando una solicitud y enviándola por correo electrónico a salahistoricaguardiareal@oc.mde.es. La confirmación suele tardar unos tres días, por lo que no es una actividad que se pueda improvisar, sino que exige cierta planificación previa.

Toda la información práctica, así como los detalles actualizados sobre la visita, pueden consultarse en la página oficial:

CONVENTO DE LOS PADRES CAPUCHINOS: Dentro del conjunto histórico de El Pardo, y a escasa distancia de los principales enclaves vinculados a la Corona, se encuentra el Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo, un lugar que, sin llamar especialmente la atención a primera vista, encierra uno de los elementos más interesantes —y a menudo pasados por alto— de todo el entorno.

Su fundación se remonta a comienzos del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III de España, en un momento en el que El Pardo ya se había consolidado como Real Sitio vinculado a la actividad cinegética de la monarquía. En este contexto, la presencia de una comunidad religiosa no solo respondía a necesidades espirituales, sino que también formaba parte del funcionamiento habitual de los espacios ligados a la Corte.

El edificio refleja con bastante fidelidad el carácter de la orden capuchina, marcada por la austeridad y el recogimiento. Lejos de la monumentalidad de otros conjuntos religiosos, aquí predomina una arquitectura sencilla, casi discreta, que encaja perfectamente con el entorno natural y con la propia identidad histórica de El Pardo como lugar de retiro.

Convento del Cristo de El Pardo

Sin embargo, más allá de su apariencia sobria, el convento alberga en su interior una de sus piezas más valiosas: el Cristo Yacente de El Pardo, una imagen de enorme fuerza expresiva y considerada una de las cumbres de la imaginería barroca española. La obra se atribuye al célebre escultor Gregorio Fernández, quien la realizó en Valladolid en 1605 por encargo de Felipe III de España, con motivo del nacimiento del príncipe que más tarde reinaría como Felipe IV de España.

Cristo de El Pardo

Se trata de una talla que responde plenamente al naturalismo característico del autor, con un tratamiento minucioso de la anatomía y una clara intención de provocar una emoción directa en quien la contempla. Este tipo de representaciones, especialmente los Cristos yacentes, tenían una fuerte carga devocional y estaban concebidas para reforzar la experiencia espiritual del fiel, algo que aquí se percibe con especial intensidad. El conjunto se completa con la urna y las esculturas que la acompañan, realizadas ya en el siglo XX por Félix Granda en 1945, incorporando una capa posterior que se complementa con la pieza original sin restarle protagonismo.

Cristo de El Pardo

IGLESIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN: Dentro del núcleo histórico de El Pardo, muy próxima a la plaza principal y en relación directa con los espacios vinculados a la presencia real, se encuentra este templo que, sin destacar por su monumentalidad, forma parte esencial del entramado histórico y religioso del lugar.

Su origen se remonta al siglo XVII, en el contexto de consolidación de El Pardo como Real Sitio durante el reinado de Felipe III de España. Como ocurría en otros enclaves vinculados a la Corte, la existencia de un templo parroquial respondía tanto a las necesidades espirituales de la población local como a las de la propia comunidad ligada al entorno palaciego.

Iglesia de la Inmaculada Concepción

Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio responde a un esquema sencillo, acorde con el carácter del entorno. Se trata de una construcción de líneas sobrias, sin grandes alardes decorativos, donde predomina una estética funcional que ha ido incorporando modificaciones a lo largo del tiempo. Estas transformaciones, fruto de distintas intervenciones, han configurado el aspecto actual del templo, alejándolo en parte de su fisonomía original.

Iglesia de la Inmaculada Concepción

En su interior, el espacio se organiza de manera clara y sin excesiva ornamentación, en línea con su condición de iglesia parroquial más que de fundación regia de carácter representativo.

QUINTA DEL DUQUE DEL ARCO: Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando fue mandada construir por Alonso Manrique de Lara y Silva, cortesano y hombre de confianza de Felipe V de España. A diferencia de otros enclaves de El Pardo directamente vinculados a la Corona desde su origen, en este caso nos encontramos ante una iniciativa privada que, con el tiempo, acabaría integrándose en el patrimonio real.

Quinta del Duque del Arco

El conjunto responde a la idea de villa de recreo aristocrática, muy en línea con el gusto de la época, combinando residencia y jardines en un entorno pensado para el descanso y el disfrute, pero sin renunciar a una cierta representación social. El palacete, de líneas sobrias y elegantes, se integra con naturalidad en el paisaje, sin la monumentalidad de otros edificios cercanos, lo que refuerza su carácter más íntimo.

Quinta del Duque del Arco

Sin embargo, si hay un elemento que realmente define la Quinta, ese es su jardín. Diseñado siguiendo el modelo de jardín barroco de inspiración francesa, se organiza mediante una estructura geométrica muy marcada, con parterres, setos recortados y caminos perfectamente trazados que generan una sensación de orden y perspectiva muy característica.

Quinta del Duque del Arco

Quinta del Duque del Arco

A diferencia de otros jardines históricos más transformados con el paso del tiempo, aquí todavía se percibe con bastante claridad esa concepción original, lo que convierte el paseo en una experiencia especialmente agradable. Fuentes, pequeños desniveles y miradores completan un recorrido que invita más a la calma que a la contemplación monumental.

Quinta del Duque del Arco

Quinta del Duque del Arco

Ya en época contemporánea, la Quinta del Duque del Arco ha sido objeto de distintas restauraciones que han permitido recuperar tanto el palacete como, especialmente, sus jardines, respetando en gran medida el diseño original. En la actualidad, estos pueden visitarse libremente y constituyen el principal atractivo del conjunto, con un horario que suele situarse entre las 10:00 y el atardecer (aproximadamente hasta las 18:00 en invierno y en torno a las 20:00 en verano), aunque puede variar según la época del año. El acceso al interior del edificio no está abierto al público, por lo que la visita se centra en el recorrido exterior, algo que no resta interés, ya que es precisamente en el trazado geométrico de los jardines, sus perspectivas y su ambiente tranquilo donde reside gran parte de su encanto.

RIBERA DEL MANZANARES: Otro de los grandes atractivos de El Pardo se encuentra en su entorno natural, y en particular en la Ribera del río Manzanares, un espacio que permite entender por qué este enclave fue durante siglos uno de los lugares predilectos de la Corona.

El Río Manzanares, en este tramo, se aleja por completo de la imagen más urbanizada que presenta a su paso por la ciudad de Madrid. Aquí recupera un carácter mucho más natural, discurriendo entre dehesas, encinares y zonas de vegetación de ribera que conforman uno de los ecosistemas mejor conservados de toda la región.

Ribera del Río Manzanares

Este entorno forma parte del Monte de El Pardo, un espacio protegido de gran valor ecológico que ha permanecido relativamente intacto gracias, en gran medida, a su histórica vinculación con la actividad cinegética de la monarquía, lo que limitó durante siglos su explotación y urbanización.

Recorrer la ribera del Manzanares en esta zona permite disfrutar de un paisaje tranquilo y poco transitado, con caminos accesibles tanto a pie como en bicicleta. A lo largo del recorrido es frecuente encontrar pequeños puentes, zonas de sombra y tramos donde el río se ensancha o se estrecha, generando una gran variedad de escenas naturales.

Ribera del Río Manzanares

A este valor paisajístico se suma uno de los elementos más característicos del entorno: la presencia de fauna en libertad. En el Monte de El Pardo es habitual la observación de ciervos, gamos y jabalíes, que se desplazan por amplias zonas del bosque y pueden verse en distintos momentos del día.

CEMENTERIO DE MINGORRUBIO: Su relevancia se ha visto incrementada con el paso del tiempo debido a la presencia de figuras vinculadas a la historia reciente de España, lo que ha convertido este lugar en un punto de referencia dentro del conjunto de El Pardo. Entre ellas destaca la sepultura de Francisco Franco, trasladada aquí en 2019 desde el antiguo Valle de los Caídos, hoy denominado Valle de Cuelgamuros, lo que otorgó al cementerio una gran visibilidad pública. También se encuentran enterrados aquí Luis Carrero Blanco, almirante y presidente del Gobierno durante la dictadura franquista, asesinado en 1973, y Carlos Arias Navarro, quien ocupó el cargo en los últimos años del franquismo y en los inicios de la Transición.

Cementerio de Mingorrubio

El recinto, más allá de este hecho, mantiene su función original como cementerio de barrio, conservando un carácter sobrio y tranquilo, rodeado de un entorno natural que refuerza su sensación de aislamiento respecto a la ciudad. No se trata de un espacio monumental ni concebido para la visita turística, pero sí de un lugar que forma parte del entramado histórico reciente del área de El Pardo.

¿DÓNDE COMER EN EL PARDO?

EL GAMO

Su propuesta gastronómica suele centrarse en platos típicos como carnes a la brasa, asados, entrantes tradicionales y postres caseros. La cocina es sencilla pero abundante, pensada para disfrutar sin complicaciones, con sabores clásicos de la gastronomía madrileña.

Uno de sus puntos fuertes es la ubicación: está en una zona tranquila, rodeada de naturaleza, lo que permite combinar la visita al entorno del Monte de El Pardo con una comida relajada. El ambiente es amplio y suele tener capacidad para grupos, por lo que es común verlo lleno los fines de semana.

EL TORREÓN

Se trata de todo un clásico en el Monte El Pardo, un establecimiento muy frecuentado tanto por vecinos de la zona como por visitantes que acuden hasta aquí y buscan un lugar tradicional donde comer bien.

Su cocina se basa en la gastronomía española de toda la vida, con especial protagonismo de carnes, asados, pescados y platos típicos de temporada. Es un restaurante de estilo clásico, con un ambiente amplio y familiar, pensado tanto para comidas informales como para celebraciones o reuniones en grupo.

LA MARQUESITA

Tampoco puedes irte de El Pardo sin conocer esta clásica pastelería, donde la gente va a desayunar o merendar, con bollería de toda la vida como napolitanas, croissants, palmeras, magdalenas y tartas caseras, pero especialmente la propia marquesita, que es un dulce tradicional tipo bollería individual, normalmente de hojaldre o masa dulce, crujiente por fuera y suave por dentro, que puede llevar rellenos como crema o chocolate según la receta, y que es el producto más típico y conocido del local, por el que mucha gente va expresamente, convirtiéndolo en un punto habitual dentro de la zona.

¿CÓMO LLEGAR HASTA EL PARDO?

Para ir en coche, la forma más cómoda es salir desde Madrid por la M-30 o la M-40 en dirección norte y tomar la salida hacia la M-605 (dirección El Pardo). Esta carretera lleva directamente hasta el núcleo urbano de la población.

El trayecto suele durar entre 15 y 25 minutos, dependiendo del tráfico. Es una ruta muy directa y habitual para quienes visitan la zona natural o restaurantes del entorno.

Para llegar a El Pardo en bus, lo más cómodo es ir hasta el intercambiador de Moncloa en Madrid y desde allí coger las líneas 601 o 602, que van directas a Monte de El Pardo; el viaje dura aproximadamente 20–30 minutos, dependiendo del tráfico, y te dejan directamente en el núcleo de El Pardo, muy cerca de la zona principal, restaurantes y accesos al monte, siendo una opción rápida, sencilla y sin complicaciones para llegar desde el centro de la ciudad.


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