DIA 04. FERRARA. Entre palacios renacentistas y otras joyas

28 de Diciembre de 2025.

Comenzaba un nuevo día en Ferrara y es que, aunque pueda parecer que una jornada es suficiente para recorrer esta ciudad, si como yo se desea entrar en muchos de sus lugares y edificios importantes, es a todas luces insuficiente. Y si ayer había podido visitar su castillo, la catedral, las plazas más relevantes y algún que otro lugar de interés, todavía me quedaban pendientes muchas iglesias y palacios de suma importancia.

MURALLA

En cualquier caso, optaría por comenzar la jornada paseando por la impresionante muralla de Ferrara, a la que llegaría cómodamente desde mi hotel tomando el autobús 11B. Tras bajar en la parada más cercana, apenas tendría que caminar unos diez minutos para plantarme directamente ante uno de los accesos más representativos y cargados de historia de la ciudad: la Porta degli Angeli.

Ferrara conserva más de nueve kilómetros ininterrumpidos de muralla, un caso excepcional no solo en Italia, sino también en el contexto europeo. Este extenso perímetro permite rodear prácticamente todo el casco histórico y, además, recorrer largos tramos a pie o en bicicleta por los antiguos caminos de ronda, algo que convierte la muralla en un espacio no solo monumental, sino también plenamente disfrutable. Su origen se remonta al siglo XV, en pleno auge del ducado de los Este, cuando la ciudad experimentó un ambicioso proyecto de ampliación conocido como la Addizione Erculea, diseñado por Biagio Rossetti bajo el mandato de Ercole I d’Este. Este plan urbanístico no solo reorganizó el trazado interno de la ciudad, sino que reforzó su sistema defensivo con una muralla continua, baluartes angulares y fosos, adaptados a las nuevas exigencias militares derivadas del uso de la artillería.

Muralla de Ferrara

Muralla de Ferrara

La Porta degli Angeli, situada en el extremo norte del recinto amurallado, se construyó a finales del siglo XV como parte de este sistema defensivo. Su nombre procede de las dos figuras aladas que antiguamente la coronaban, hoy desaparecidas, y que simbolizaban la protección divina de la ciudad. Fue la puerta utilizada habitualmente por los duques de Este para dirigirse hacia su residencia campestre de Belriguardo, lo que le otorgó un carácter más ceremonial que estrictamente militar. Desde el punto de vista arquitectónico, presenta un cuerpo central con arco de medio punto flanqueado por robustos muros de ladrillo, sobrios describiendo perfectamente la estética funcional de la época.

Porta degli Angeli. Muralla de Ferrara

El paseo por este tramo de muralla permite apreciar cómo el trazado original ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días, en gran parte gracias a que Ferrara no sufrió destrucciones masivas ni transformaciones agresivas en la Edad Contemporánea. Los bastiones, muchos de ellos añadidos en el siglo XVI, conservan claramente la tipología de la defensa abaluartada, con ángulos pensados para cubrir los flancos y eliminar puntos ciegos. La muralla no fue únicamente una estructura militar, sino también un límite administrativo y fiscal que regulaba la entrada de personas y mercancías en la ciudad.

La verdad es que no podía empezar mejor el día: caminar por los caminos de ronda, rodeado de vegetación y con la sensación de estar recorriendo un espacio auténtico y poco alterado, me sirvió para espabilarme y afrontar ya al cien por cien la primera de las visitas culturales de la jornada.

SAN CRISTOFORO ALLA CERTOSA

Tras dejar atrás la Porta degli Angeli y continuar el paseo junto al perímetro norte de la muralla, me dirigiría hacia uno de los complejos religiosos más fascinantes y menos transitados por el turismo de masas: la iglesia de San Cristoforo alla Certosa y su cementerio monumental. Fundada en 1452 por Borso d’Este para acoger a los monjes cartujos, la Certosa de Ferrara se convirtió desde su origen en un importante centro espiritual y cultural de la ciudad. La elección de su ubicación extramuros respondía a la regla cartuja de buscar el silencio y la reclusión, pero con el paso de los siglos el crecimiento urbano acabó integrándola dentro del tejido de Ferrara.

La iglesia de San Cristoforo, reconstruida en el siglo XVII tras diversos daños y reformas, presenta una fachada sobria de ladrillo, plenamente acorde con la tradición arquitectónica ferraresa y con el espíritu austero de la orden. Esta contención exterior contrasta con la riqueza artística del interior, de planta basilical, donde se conservan importantes obras procedentes tanto del propio monasterio como de otros conventos suprimidos. El espacio transmite una sensación de recogimiento que remite directamente a su función original como lugar de oración y meditación.

San Cristoforo alla Certosa

San Cristoforo alla Certosa

Entre las obras más relevantes destaca el conjunto de las Ascensiones, realizadas por Camillo Filippi y Sebastiano Filippi, conocido como Bastianino, dos figuras fundamentales de la pintura ferraresa del siglo XVI. Estas pinturas reflejan la transición entre el clasicismo renacentista y un lenguaje más dinámico y expresivo, característico de la escuela local, y muestran una clara atención a la composición y al movimiento ascensional de las figuras, en sintonía con la espiritualidad del lugar.

Ascensión de Camillo Filippi y Bastianino. San Cristoforo alla Certosa

De especial intensidad es también la Flagelación de Cristo, obra de Garofalo Roselli, en la que se aprecia un tratamiento dramático de la escena, con un uso expresivo del color y una cuidada construcción anatómica que acentúa el sufrimiento físico y espiritual de la figura de Cristo. A esta misma mano pertenece la Adoración de los Magos, donde el artista despliega un lenguaje más narrativo y solemne, combinando la riqueza cromática con una composición equilibrada que subraya el carácter devocional de la escena.

Flagelación de Roselli. San Cristoforo alla Certosa

Adoración de los Magos de Roselli. San Cristoforo alla Certosa

Anexo a la iglesia se extiende el cementerio monumental de la Certosa, creado en el siglo XIX tras la supresión de la orden durante la época napoleónica y la transformación del antiguo claustro monástico en camposanto. El conjunto se organiza en amplias galerías porticadas de estilo neoclásico que albergan sepulcros, esculturas funerarias y monumentos conmemorativos realizados por destacados artistas locales de los siglos XIX y XX. Más que un simple cementerio, la Certosa funciona como un auténtico museo al aire libre, donde la simbología cristiana y el lenguaje escultórico dialogan para rendir homenaje a escritores, músicos, militares y miembros ilustres de la aristocracia ferraresa.

Cementerio San Cristoforo alla Certosa

Cementerio San Cristoforo alla Certosa

Cementerio San Cristoforo alla Certosa

Cementerio San Cristoforo alla Certosa

ADDIZIONE ERCULEA

Desde la Certosa, continuaría mi recorrido adentrándome en uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos y visionarios del Renacimiento: la Addizione Erculea. Concebida a finales del siglo XV por el duque Ercole I d’Este y ejecutada bajo la dirección del arquitecto Biagio Rossetti, supuso la primera gran ampliación planificada de una ciudad europea siguiendo criterios de orden y funcionalidad propios del nuevo espíritu renacentista. Hasta ese momento, Ferrara había crecido de forma más o menos orgánica; con la Addizione, la ciudad se repensó de manera consciente, duplicando su superficie y estableciendo un modelo urbano que sería admirado y estudiado durante siglos.

El proyecto se articuló mediante un trazado regular, con amplias vías rectilíneas que conectaban la ciudad medieval con los nuevos barrios septentrionales, integrando de manera coherente el sistema defensivo de las murallas. La gran protagonista de este diseño es la Via Ercole I d’Este, concebida como eje noble y representativo. Su anchura, su rectitud y su carácter escenográfico no responden solo a necesidades prácticas, sino a una clara voluntad simbólica: era una calle pensada para el desfile, la ceremonia y la afirmación del poder ducal, una auténtica espina dorsal del nuevo orden urbano. Junto a ella, el Corso Biagio Rossetti, más rectilíneo y funcional, completa la estructura del barrio, demostrando cómo el urbanismo podía combinar representación y vida cotidiana sin contradicción.

Corso Ercole I d´Este

Caminar hoy por estas calles es casi un ejercicio de arqueología urbana. La perspectiva cobra aquí un protagonismo absoluto: las líneas rectas, las simetrías y las alineaciones de fachadas crean una sensación de armonía y control que sigue resultando evidente cinco siglos después.

Corso Ercole I d´Este

Mi paseo me llevaría de forma natural hasta la Plaza Ariostea, un amplio espacio de planta ovalada que nació como mercado y lugar de torneos y justas. En el centro se alza la columna coronada por la estatua de Ludovico Ariosto, el gran poeta de Ferrara y autor del Orlando Furioso. Rodeada de edificios elegantes y de una atmósfera tranquila, la plaza conserva ese carácter abierto que recuerda su función original como espacio de reunión colectiva y celebración pública.

Plaza Ariostea

A lo largo de este recorrido irían apareciendo numerosos palacios renacentistas que dan medida del alcance de la Addizione: residencias nobles, fachadas cuidadosamente diseñadas y una arquitectura que refleja el gusto refinado de la corte de los Este. En este tramo del paseo me limitaría a contemplar exteriores como el del Palazzo Turchi di Bagno, Palazzo Prosperi–Sacrati o el Palazzo Massari, rodeado por jardines que suavizan su aspecto noble, reservando las visitas interiores para momentos más concretos del itinerario, consciente de que algunos de estos edificios merecen una atención específica.

Portal del Palazzo Prosperi Sacrati

PALAZZO DEI DIAMANTI

Uno de esos edificios es, sin duda, el Palazzo dei Diamanti, al que dedicaría una parada en sí misma. Su sola presencia justifica el desvío. El palacio se impone desde el exterior gracias a su célebre fachada revestida por más de ocho mil bloques de mármol tallados en forma de punta de diamante, dispuestos de tal manera que captan y reflejan la luz de forma cambiante a lo largo del día. El efecto visual es tan elegante como calculado, convirtiendo el edificio en una declaración arquitectónica de prestigio y modernidad dentro del nuevo barrio renacentista.

Palazzo dei Diamanti

Palazzo dei Diamanti

Entraría en su interior utilizando la Ferrara Pass, y el contraste con el exterior no decepciona. Tras la severidad geométrica de la fachada, el palacio se abre a espacios luminosos organizados en torno a patios, con techos ricamente decorados que evidencian el alto nivel artístico de la residencia. La visita permite además acceder a las colecciones de la Pinacoteca, donde se conservan obras fundamentales de la pintura italiana.

Entre ellas aparecen lienzos como el Suicidio de Cleopatra de Guercino o las Bodas de Caná de Scarsellino, junto a pinturas de fuerte contenido simbólico y cultural. Especialmente sugerentes resultan Erato y Urania, alegorías de la poesía lírica y de la astronomía, que remiten directamente al ambiente humanista de la corte estense, donde arte, ciencia y literatura se concebían como disciplinas complementarias. A ello se suma el Políptico Costabili, obra de Garofalo con intervención de Dosso Dossi, una pieza clave del Renacimiento ferrarese que sintetiza la espiritualidad, el refinamiento formal y la experimentación cromática propios de la escuela local. Completan el recorrido otras obras destacadas, como la Madonna del Rosario con santos de Tintoretto, que amplían el panorama artístico más allá del ámbito estrictamente ferrarese.

Erato y Urania. Palazzo dei Diamanti

Madonna del Rosario y Santos de Tintoretto. Palazzo dei Diamanti

Juicio de San Maurelio de Cosme Turá. Palazzo dei Diamanti

Político Costabili de Garofalo y Dossi. Palazzo dei Diamanti

La visita al Palazzo dei Diamanti se convierte así en una experiencia doble: por un lado, la contemplación de una de las arquitecturas más reconocibles del Renacimiento urbano; por otro, el encuentro con un conjunto de obras que permiten comprender la riqueza y la singularidad de la cultura artística desarrollada en Ferrara bajo el mecenazgo de los Este.

BARRIO JUDIO

Tras salir de la Biblioteca Ariostea, mi paseo me llevaría hacia el histórico Barrio Judío, un espacio que se encuentra delimitado entre las calles Via della Vittoria, Via Vignatagliata y Via Mazzini. Este barrio es testimonio vivo de la presencia judía en Ferrara desde la Edad Media, un enclave que ha sabido conservar su esencia a pesar de los avatares de la historia.

Via Vignatagliata. Barrio Judío

Caminando por sus calles empedradas, se percibe la atmósfera de una comunidad que durante siglos coexistió en relativa armonía dentro de la ciudad. El barrio es un mosaico de pequeñas plazas, casas con fachadas sencillas y rincones que invitan a imaginar la vida cotidiana de sus antiguos habitantes. La verdad, que me encantaría.

Via Vignatagliata. Barrio Judío

Uno de los hitos imprescindibles es la Sinagoga, ubicada en Via Mazzini, un edificio que ha sobrevivido a la prueba del tiempo y que actualmente funciona como símbolo de la identidad y la memoria de la comunidad judía de Ferrara. Aunque la Sinagoga no siempre está abierta al público, su sola presencia es un recordatorio poderoso del papel que esta comunidad desempeñó en la historia social y cultural de la ciudad.

Sinagoga. Barrio Judío

IGLESIA DE SAN FRANCESCO

Desde el encanto y la historia del Barrio Judío, mi ruta avanzaría hacia la imponente iglesia de San Francesco, situada en la plaza homónima, un espacio que actúa como corazón espiritual y arquitectónico de esta zona de Ferrara.

El templo, construido entre los siglos XIII y XIV, es una de las expresiones más notables del gótico ferrarese y refleja la profunda influencia de la orden franciscana en la ciudad. Su fachada austera de ladrillo visto responde plenamente al ideal de pobreza y sobriedad de la orden, en claro contraste con la riqueza artística del interior, donde la luz se filtra suavemente a través de los vitrales, creando una atmósfera propicia para el recogimiento.

Iglesia de San Francesco

Al entrar, la nave única, amplia y elevada, impone desde el primer momento una sensación de verticalidad y silencio. Los arcos ojivales y las bóvedas de crucería son testimonio de la asimilación del lenguaje gótico en Ferrara, adaptado a una arquitectura que privilegia la claridad espacial sobre la ornamentación excesiva. El presbiterio conserva restos de frescos de notable valor, vinculados a la tradición pictórica local y a la continuidad artística entre la Edad Media tardía y el Renacimiento.

Iglesia de San Francesco

Uno de los elementos más singulares del conjunto es el mausoleo de Ghiron Francesco Villa, conocido como il Tesauro, destacado condotiero al servicio de los Este. Situado en el interior del templo, este monumento funerario introduce una dimensión cívica y política en el espacio religioso. Su presencia recuerda el estrecho vínculo entre la orden franciscana y las élites militares y nobiliarias de Ferrara, así como el papel de la iglesia como lugar de memoria y representación social, más allá de su función estrictamente litúrgica.

Mausoleo de Ghiron Francesco Villa. San Francesco

La plaza de San Francesco que se abre ante el templo completa el conjunto con un ambiente tranquilo y recogido, rodeada de edificios históricos que conservan ese carácter sobrio y medieval tan propio de Ferrara. Es un espacio que invita a detenerse y observar, prolongando fuera del templo la sensación de equilibrio y silencio que define esta parte de la ciudad.

VIA COPERTA

Desde la zona de San Francesco, mi recorrido me llevaría primero hacia Via Coperta, una de esas calles discretas que pasan casi desapercibidas y que, sin embargo, conservan de manera excepcional la estructura urbana de la Ferrara medieval. Se trata de un estrecho corredor parcialmente cubierto por arcos y cuerpos edificados que unen las viviendas a ambos lados de la calle, creando un espacio recogido y casi claustral.

Via Coperta

La función de esta vía no era solo residencial. Via Coperta actuaba como elemento de conexión interna dentro del tejido urbano próximo al antiguo curso del Po, permitiendo un tránsito protegido entre distintas áreas de la ciudad. Los arcos que la cubren no deben entenderse únicamente como soluciones estéticas: cumplían una función estructural, reforzando edificios levantados sobre terrenos inestables y facilitando el aprovechamiento del espacio en una zona densamente construida.

Via Coperta

Esta vía introduce de forma natural en un ámbito urbano marcado por la proximidad del agua, anticipando el carácter de las calles que se desarrollan junto al antiguo cauce fluvial y preparando el acceso a uno de los recorridos más evocadores de Ferrara.

VIA DELLE VOLTE

Desde Via Coperta, el itinerario desemboca casi sin transición en Via delle Volte, una de las calles más emblemáticas y reconocibles de Ferrara. Este estrecho pasaje discurre paralelo al antiguo cauce del río Po y conserva de manera extraordinaria su atmósfera medieval, gracias a la sucesión de arcos de ladrillo que unen las casas a ambos lados de la vía.

Via delle Volte

Estos arcos, que dan nombre a la calle, fueron construidos como solución estructural para consolidar viviendas levantadas muy próximas entre sí y sobre terrenos ligados al antiguo curso fluvial. Al mismo tiempo, permitían mantener un paso cubierto y protegido, configurando un recorrido casi continuo en forma de túnel. El resultado es un espacio urbano singular, donde la luz se filtra de manera fragmentada y crea un juego constante de claroscuros sobre el empedrado y las fachadas envejecidas.

En época medieval, Via delle Volte era un eje comercial y residencial de primer orden. La presencia del agua facilitaba el transporte de mercancías y el desarrollo de actividades ligadas al comercio, la pesca y la artesanía. Los canales, hoy desaparecidos, y los pequeños puentes que los salvaban formaban parte del paisaje cotidiano de esta zona, haciendo de la calle un punto de encuentro entre vida doméstica y actividad económica.

Via delle Volte

Hoy, al recorrerla, resulta fácil imaginar ese pasado. Las casas parecen inclinarse y apoyarse unas en otras, cerrándose sobre el antiguo río y creando una sensación de intimidad y continuidad poco común. Via delle Volte no es solo una calle, sino un testimonio vivo de la Ferrara medieval.

PORTA PAULA Y MURALLA

Mi itinerario continuaría ahora hacia Porta Paola, una de las entradas históricas más monumentales de Ferrara y, al mismo tiempo, una de las más tardías. Construida en 1612, ya en época pontificia, la puerta formaba parte de las reformas defensivas impulsadas tras la incorporación de Ferrara a los Estados Pontificios, cuando la ciudad dejó de estar bajo el control de los Este. Su nombre rinde homenaje al papa Paulo V, cuyo escudo aún se reconoce en la estructura, subrayando el nuevo poder que regía la ciudad.

Porta Paula

A diferencia de las puertas renacentistas ligadas a la Addizione Erculea, Porta Paola presenta un carácter más escenográfico y barroco, concebida no solo como elemento defensivo, sino también como entrada ceremonial para quienes llegaban desde el sur. El uso del ladrillo, la solidez de los volúmenes y la composición simétrica refuerzan esa sensación de puerta monumental, pensada para impresionar y marcar de forma clara el límite urbano.

Junto a Porta Paola se desarrolla un tramo de muralla muy distinto al recorrido por la mañana. Aquí, el sistema defensivo refleja las adaptaciones de los siglos XVI y XVII, con bastiones de mayor desarrollo y un trazado pensado para responder a las exigencias de la artillería moderna. El foso, más ancho en este sector, y los terraplenes elevados subrayan el carácter estratégico de esta zona, que protegía uno de los accesos más sensibles a la ciudad.

Muralla de Ferrara

MONASTERIO DE SAN ANTONIO IN POLESINE

La siguiente parada sería en el Monasterio de San Antonio in Polesine, una de las instituciones religiosas más antiguas y significativas de Ferrara, íntimamente ligada a la espiritualidad femenina y a la historia de la ciudad. Fundado en el siglo XIII sobre un terreno anegadizo próximo al curso del Po —de ahí la denominación in Polesine—, el monasterio nació en un espacio marginal que con el tiempo quedó integrado en el tejido urbano, sin perder nunca su carácter de recogimiento.

Desde sus orígenes, el complejo ha estado habitado por monjas clarisas de estricta clausura, lo que ha marcado profundamente su organización y su relación con el exterior. A lo largo de los siglos, fue también un lugar de acogida para hijas de la nobleza ferraresa que ingresaban en la vida religiosa, reforzando el vínculo entre el monasterio y las principales familias de la ciudad.

Al llegar, el exterior sobrio, de ladrillo y formas sencillas, apenas anticipa la riqueza que se conserva en el interior. El acceso para el visitante se limita a los espacios no clausurados: la iglesia conventual y, de manera muy especial, el Oratorio de Santa Caterina, auténtica joya del conjunto. La zona de clausura y el claustro no son visitables, preservando así la vida contemplativa de la comunidad que aún hoy habita el monasterio.

San Antonio in Polesine

La iglesia presenta una nave única, de proporciones contenidas, donde la decoración pictórica adquiere un papel fundamental. Pero es el Oratorio de Santa Caterina el espacio que concentra el mayor interés artístico: sus muros están cubiertos por un extraordinario ciclo de frescos del siglo XIV, atribuidos a la escuela de Vitale da Bologna, que narran episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento con una intensidad expresiva poco común. La densidad iconográfica, el cromatismo aún vivo y la continuidad narrativa convierten este pequeño oratorio en uno de los conjuntos pictóricos medievales más importantes de Ferrara.

San Antonio in Polesine

PALACIO COSTABILI

Tras la visita al monasterio de San Antonio in Polesine, me dirigiría al Palazzo Costabili, uno de los palacios renacentistas más elegantes y, a la vez, más desconocidos de Ferrara. Mandado construir a finales del siglo XV por Antonio Costabili, embajador de los Este en la corte papal, el edificio fue proyectado por Biagio Rossetti, lo que lo sitúa de lleno dentro del espíritu de la Addizione Erculea y del nuevo urbanismo renacentista de la ciudad.

Palazzo Costabili

El acceso al palacio conduce directamente al patio principal, de una sobriedad refinada, organizado en torno a un espacio cuadrangular que combina armonía, proporción y equilibrio. Los pórticos, sostenidos por columnas de orden clásico, generan una sensación de calma y orden que define perfectamente la arquitectura de Rossetti. A este se suman patios secundarios, más funcionales y discretos, que ayudan a comprender cómo el palacio se articulaba no solo como residencia representativa, sino también como un complejo doméstico organizado y jerarquizado.

Palazzo Costabili

Palazzo Costabili

Al recorrer el interior, lo que realmente justifica la visita son los techos. Artesonados de madera ricamente decorados, algunos con policromía y dorados, que reflejan el gusto refinado de la aristocracia ferraresa del Renacimiento. Estos techos, a menudo pasados por alto frente a otros elementos más llamativos, son en realidad uno de los grandes atractivos del palacio, tanto por su calidad artística como por su excelente estado de conservación.

Palazzo Costabili

Palazzo Costabili

El edificio alberga actualmente el Museo Arqueológico Nacional, cuya colección —centrada en hallazgos etruscos y romanos del territorio— resulta correcta pero prescindible para quien esté más interesado en el Renacimiento y la historia urbana de Ferrara. En mi caso, la visita al museo sería casi secundaria: el verdadero interés del Palazzo Costabili reside en la arquitectura, los espacios interiores y la atmósfera que aún conserva como residencia noble.

La entrada está incluida en la Ferrara Card, lo que facilita acceder al palacio sin demasiadas dudas, especialmente teniendo en cuenta que es uno de esos lugares que gana mucho cuando se recorre sin prisas, deteniéndose en los detalles arquitectónicos más que en las vitrinas.

PALACIO MARFISA D´ESTE

Al dejar atrás el Palazzo Costabili, pondría rumbo hacia el Palazzo Marfisa d’Este, una elegante residencia construida en la segunda mitad del siglo XVI para Marfisa d’Este, hija natural del duque Francesco d’Este. Situada en la zona oriental de la ciudad, esta palazzina representa a la perfección el refinamiento de la vida cortesana ferraresa en su etapa final, ya lejos del gran impulso urbanístico de la Addizione Erculea, pero aún marcada por el gusto y la cultura de los Este.

El edificio, de ladrillo visto, proporciones contenidas y ventanas enmarcadas en piedra, transmite una sensación de equilibrio y serenidad propia del Renacimiento tardío. Nada aquí resulta ostentoso: todo está pensado para una residencia privada, cómoda y representativa, más cercana a la vida cotidiana de la nobleza que a la monumentalidad del poder ducal. Precisamente por eso resulta tan interesante, como reflejo de un modo de habitar más íntimo y personal.

Palazzo Marfisa d´Este

También entraría en su interior, aprovechando que la visita está incluida en la Ferrara Card. Las estancias conservan una atmósfera notablemente coherente, con techos decorados, frescos de temática mitológica y alegórica, y un mobiliario que ayuda a imaginar la vida diaria de Marfisa y su pequeña corte. El recorrido permite apreciar cómo el arte y la decoración se integraban en la vida doméstica, sin la grandilocuencia de los grandes palacios, pero con un refinamiento constante en cada sala.

Palazzo Marfisa d´Este

Palazzo Marfisa d´Este

Muy cerca se encuentra el Palazzo Bonacossi, levantado en el siglo XV y vinculado también a la historia de la familia Este. Sin embargo, en el momento de mi visita no era posible acceder a su interior, por lo que me limitaría a observar su fachada y situarlo dentro del contexto urbano, dejando su visita pendiente para otra ocasión.

Palazzo Bonacossi

Con esto daría por concluidas las visitas culturales del día, dedicando el resto de la tarde a pasear sin rumbo por el centro de Ferrara, que se encontraba especialmente animado por el ambiente navideño. Las calles, decoradas e iluminadas, estaban llenas de vida, con gente paseando, terrazas concurridas y escaparates encendidos, ofreciendo una imagen más cotidiana y cercana de la ciudad, perfecta para cerrar la jornada sin prisas, dejándome llevar simplemente por el ambiente.


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