En el año 2000 llevaría a cabo un viaje por Italia de norte
a sur (se puede leer también en el diario correspondiente), que me conduciría a
las principales ciudades italianas. Padua estaría entre ellas, pero, al igual
que ocurriría con otras urbes, serían visitas breves y algo abstractas, que
servirían para llevarme tan solo la esencia de las mismas, sin profundizar.
Ello hizo que, hace tan solo unos años, me animase a volver a todas ellas para
descubrir todos sus lugares importantes y absorber su patrimonio al máximo,
siendo un auténtico éxito. Por eso también quería hacer lo mismo con la última
que me faltaba.
Recuerdo cómo llegamos en el autobús de aquel viaje
organizado, cómo nos hicieron bajar de manera apresurada y nos llevaron a la inmensa
plaza Pratto della Valle, repleta de esculturas, y a sólo unos metros, a la
basílica de San Antonio. Nos dieron apenas veinte minutos para entrar, ver la
tumba del santo y regresar a matacaballo para seguir la ruta. Me prometí que
aquel viaje sería el último por Europa que llevaría a cabo de esa manera, y así
fue. Hoy volvía para acabar de enmendar aquel desastre y conocer Padua como se
merece, y puedo asegurar que no tiene desperdicio. Al contrario, puede
considerarse una de las grandes ciudades del arte en Italia… aunque, ¿acaso hay
alguna a la que no se le pueda hacer alusión de esa manera? Es complicado.
Padua, una de las ciudades más antiguas de Italia, presume
de un origen que se remonta a la época prerromana, con raíces atribuidas a los
legendarios pueblos vénetos. Integrada posteriormente en el mundo romano como Patavium, alcanzó gran prosperidad
gracias al comercio y a su estratégica ubicación entre el Adriático y el
interior de la península. Durante la Edad Media, Padua fue un importante centro
universitario y cultural, con la fundación en 1222 de su célebre universidad,
una de las más antiguas de Europa y cuna de figuras como Galileo Galilei. Bajo
el dominio de los Carraresi y, más tarde, de la República de Venecia, vivió un
notable desarrollo artístico, visible en sus iglesias, palacios y plazas, que
conservan la impronta de siglos de historia. Hoy, su patrimonio es un
testimonio vivo de ese pasado, en el que confluyen la herencia romana, el
esplendor medieval y el refinamiento renacentista.
Veamos, pues, dónde me llevaron mis pasos.
CAPILLA DEGLI SCROVEGNI
No tenía ganas de pasar por el hotel, y menos sabiendo que
el paseo hasta allí solo serviría para dejar la maleta en consigna, ya que era
demasiado temprano para registrarme. Optaría por algo más práctico: la propia
estación de tren de Padua dispone de servicio de consigna en el andén número 1,
abierto todos los días de 6:30 a 19:00 por 5 € seis horas, y un ligero
incremento por cada hora excedida.
Con ese trámite resuelto, me dirigiría al primer edificio
que quería visitar, y no podía haber mejor comienzo: la Capilla de los Scrovegni.
Construida entre 1302 y 1305 por encargo de Enrico Scrovegni, rico banquero
paduano, se levantó sobre los restos de un anfiteatro romano, del que todavía
se adivina parte de la forma en el entorno. El edificio, de exterior sobrio y
ladrillo visto, no da pistas de lo que guarda en su interior: uno de los
conjuntos pictóricos más importantes y revolucionarios del arte occidental.
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| Capilla degli Scrovegni |
Enrico encargó a Giotto la decoración completa de las paredes y bóvedas, y el maestro florentino creó aquí un ciclo de frescos que marcaría un antes y un después. Las escenas se organizan en tres registros narrativos que relatan la vida de la Virgen y de Cristo, desde los padres de María hasta la Pasión y Resurrección. Giotto rompe con la rigidez bizantina y dota a sus figuras de volumen, de peso, de humanidad. Las composiciones están cuidadosamente pensadas para guiar la mirada, y el uso del color, especialmente el azul profundo del fondo —costosísimo en la época, obtenido del lapislázuli de Afganistán—, envuelve toda la capilla en una atmósfera intensa y casi etérea.
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| Capilla degli Scrovegni |
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| Capilla degli Scrovegni |
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| Capilla degli Scrovegni |
Cada escena es un fragmento de vida: la ternura en el abrazo de Joaquín y Ana ante la Puerta Dorada, la contención dramática del Beso de Judas, el patetismo contenido en la Lamentación de Cristo, donde los ángeles parecen revolverse de dolor en el cielo. Giotto juega con la luz y las sombras para dar volumen real, con arquitecturas pintadas que simulan profundidad, y con gestos y miradas que transmiten emociones directas. La bóveda, pintada como un cielo estrellado, recuerda al visitante que se encuentra bajo un firmamento simbólico, y el gran muro de los pies de la nave culmina con un Juicio Final monumental, donde la salvación y la condena se despliegan en una composición magistral.
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| Capilla degli Scrovegni |
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| Capilla degli Scrovegni |
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| Capilla degli Scrovegni |
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| Capilla degli Scrovegni |
La Capilla de los Scrovegni es uno de esos lugares que requieren previsión. La entrada tiene un precio de 15 € y se puede visitar de lunes a domingo, de 9:00 a 19:00 h. Conviene reservar con mucha antelación, porque los turnos son limitados para preservar los frescos. Algo a tener muy en cuenta es que, efectivamente, las reglas han cambiado: hoy en día se puede visitar la capilla también los lunes, algo que hasta hace poco no era posible. Lo mismo ocurre con el Baptisterio, que ahora abre igualmente en ese día por la tarde, ampliando las posibilidades de quienes queremos recorrer Padua con calma y sin prisas.
También es importante saber que la capilla degli Scrovegni
ya no se encuentra incluida en la Padova
Card.
Justo al lado de la Capilla de los
Scrovegni se encuentran los restos de la Arena Romana de Padua, un
vestigio de la antigua ciudad de Patavium. Construido
alrededor del año 70 d.C., este anfiteatro tenía capacidad para unos 30.000
espectadores y se utilizaba para espectáculos públicos, como combates de
gladiadores. Hoy, sus muros de ladrillo y arcos
semicirculares se alzan en medio de los jardines públicos Giardini dell'Arena,
ofreciendo un contraste fascinante entre la antigüedad romana y la vida urbana
contemporánea. Aunque gran parte de la estructura
original ha desaparecido, las ruinas visibles permiten imaginar la magnitud del
edificio y su importancia en la vida social de la antigua Padua.

Arena Romana. Giardini dell´Arena
IGLESIA EREMITANI
Tras salir de la Capilla de los Scrovegni, me dirigí a la
cercana Iglesia de los Eremitani, un edificio gótico que se levanta con
sobriedad sobre la ciudad, construido por la Orden de los Eremitas de San
Agustín en el siglo XIII. La fachada, austera y lineal, apenas deja entrever el
tesoro artístico que se oculta en su interior.
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| Iglesia Eremitani |
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| Iglesia Eremitani |
El verdadero corazón de la iglesia es, sin duda, la Capilla Ovetari. Encargada en 1448 por Antonio Ovetari, su intención era dejar un legado pictórico que reuniera lo mejor del arte de la época. Los frescos fueron confiados a Andrea Mantegna, uno de los grandes maestros del Renacimiento temprano, cuya obra destacó por su uso revolucionario de la perspectiva y la composición dramática. Aunque lamentablemente gran parte de estas pinturas fueron destruidas por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, los fragmentos supervivientes permiten vislumbrar la fuerza narrativa de Mantegna, su dominio del espacio y la anatomía, así como la intensidad emocional de los personajes retratados. Cada fragmento parece conservar un eco de la solemnidad y la teatralidad que debían irradiar en su conjunto original.
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| Capilla Ovetari.Iglesia Eremitani |
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| Capilla Ovetari.Iglesia Eremitani |
Más allá de la Capilla Ovetari, la iglesia alberga otras obras de gran relevancia: pinturas de Jacopo Bellini y esculturas funerarias que atestiguan la vida de la ciudad y de sus habitantes a lo largo de los siglos.
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| Iglesia Eremitani |
La visita es gratuita, y los horarios son de lunes a viernes de 7:30 a 12:30 y de 15:30 a 19:00, y los fines de semana de 9:00 a 12:30 y de 16:00 a 19:00; aunque la entrada sea libre, se recomienda respetar los horarios para no coincidir con celebraciones religiosas y poder recorrer con tranquilidad este espacio lleno de historia y arte.
PIAZZA CAVOUR
Tras un agradable paseo pronto llegaría al centro de Padua,
cruzándose en mi camino, en primer lugar la Piazza Cavour, un espacio
más discreto que otras plazas cercanas, pero fundamental como punto de
transición entre el eje comercial y el corazón institucional de la ciudad. La
plaza está presidida por el Palazzo Cavour,
edificio decimonónico que hoy alberga comercios y oficinas, y que refleja la
transformación urbana de Padua en época contemporánea, cuando se buscó ordenar
y embellecer este sector sin romper del todo con el tejido histórico.
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| Piazza Cavour |
En el centro se alza el monumento a Camillo Benso, conde de Cavour, figura clave del Risorgimento italiano, cuya estatua recuerda el papel político de Padua en la Italia unificada. No es una plaza monumental en sentido medieval, pero sí un espacio que marca el paso hacia zonas mucho más antiguas, funcionando casi como antesala de lo que vendría a continuación.
Desde aquí, avanzaría ya hacia el verdadero núcleo histórico
y comercial de la ciudad.
PIAZZA DELLE ERBE
Desde Piazza Cavour, llegaría de forma natural a la Piazza delle Erbe, uno de los
espacios urbanos más vivos y auténticos de Padua. Aquí el ambiente cambia por
completo: el bullicio del mercado, las voces, los puestos y el ir y venir
constante de vecinos y visitantes hacen evidente que esta plaza lleva siglos
cumpliendo la misma función.
Situada al sur del
Palazzo della Ragione, la Piazza delle Erbe se configura como
un gran espacio irregular, rodeado de edificios porticados que conservan restos
de frescos, escudos y elementos góticos visibles entre reformas posteriores.
Durante siglos fue el lugar destinado a la venta de hierbas, especias y
productos frescos, y esa vocación comercial sigue plenamente viva. Los puestos
de fruta, verduras, carnes y pan ocupan gran parte del espacio, manteniendo una
continuidad histórica poco habitual.
El lado oriental está dominado por la larga arcada del Palazzo della Ragione, que
impone su altura sin llegar a aplastar la plaza, mientras que el lado
occidental está flanqueado por palacios con pórticos que remiten directamente
al pasado mercantil de la ciudad. Este palacio es el auténtico eje físico y
simbólico de todo el conjunto. Su volumen separa este espacio y el contiguo de
la piazza della Frutta, articulándolos y conectándolos, funcionando como
barrera y como nexo al mismo tiempo.
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| Palazzo della Ragione. Piazza delle Erbe |
En este momento, me limitaría a observarlo de pasada, ya que era lunes y el edificio se encontraba cerrado, dejando su visita para el día siguiente. Aun así, su presencia es imposible de ignorar: los pórticos inferiores, todavía ocupados por comercios como en la Edad Media, permiten comprender su función original como sede del tribunal, mercado cubierto y centro del poder comunal. La gran sala superior —el Salone— quedaría pendiente, como acabo de decir, aunque incluso desde fuera el palacio transmite con claridad esa mezcla de autoridad civil y vida económica que definió a la Padua medieval.
En uno de
los extremos se puede observar también una fuente, elemento discreto pero
significativo que ha formado parte históricamente de la vida cotidiana del
mercado. Más allá de su función práctica, introduce un punto de equilibrio
visual dentro del espacio y refuerza el carácter cívico de la plaza, concebida
desde la Edad Media como lugar de encuentro, intercambio y sociabilidad.
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| Palazzo Moroni |
Cerrando este mismo sector de la Piazza delle Erbe se encuentra el Palazzo Moroni, actual sede del Ayuntamiento de Padua. Su fachada y, sobre todo, su torre cívica, constituyen uno de los hitos verticales del centro histórico, claramente visible desde distintos puntos del entorno del mercado. En esta ocasión, la subida a la torre estaba agotada hasta después de Navidad, por lo que me limitaría a contemplarla desde el exterior.
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| Palazzo Moroni |
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| Torre Cívica. Palazzo Moroni |
PIAZZA DELLA FRUTTA
Rodeando el Palazzo della Ragione hacia el norte, se abre la
Piazza della Frutta, más
estrecha y alargada que la de las Erbe, casi como un corredor urbano ensanchado
por siglos de actividad comercial. Tradicionalmente fue el espacio destinado a
la venta de frutas y productos del campo, y aunque hoy la oferta es más
variada, la estructura del mercado al aire libre se mantiene intacta.
Las fachadas que la rodean conservan logias, capiteles y restos
de decoración mural, testigos de su pasado medieval y
renacentista. Aquí la relación entre comercio y vida pública es especialmente
evidente: todo está pensado para el tránsito, el intercambio y la convivencia
diaria.
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| Piazza della Frutta |
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| Piazza della Frutta y Torre Cívica del Palazzo Moroni |
Desde esta plaza se percibe ya la transición hacia un espacio de mayor carga institucional, tanto por la orientación del recorrido como por la aparición de edificios de carácter más político.
PIAZZA DEI SIGNORI
Mi recorrido avanzaría hacia la Piazza dei Signori, uno de los
espacios más representativos de Padua desde el punto de vista político e institucional.
A diferencia de las plazas del mercado, aquí el ambiente es claramente más
solemne: esta fue la plaza del poder, el lugar donde se hacía visible la
autoridad y donde se tomaban las grandes decisiones de la ciudad, primero bajo
el gobierno local y, más tarde, durante la dominación veneciana.
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| Piazza dei Signori |
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| Piazza dei Signori |
Dominando uno de sus lados se encuentra la Torre dell’Orologio, con su célebre reloj astronómico, uno de los más antiguos de Europa aún en funcionamiento. Construida en el siglo XIV y reformada en el XV, la torre no se limita a marcar el paso de las horas, sino que integra referencias al zodiaco y a los ciclos astrales, reflejando una concepción medieval del tiempo en la que astronomía, orden cósmico y vida urbana estaban estrechamente vinculados. Durante siglos, sus campanadas regularon la actividad pública de Padua, desde el funcionamiento del mercado hasta las sesiones del gobierno.
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| Torre dell´Orologio y Palazzo del Capitanio.Piazza dei Signori |
Junto a la torre se sitúa el Palazzo del Capitanio, antigua residencia de los señores de Padua y, más tarde, sede del representante veneciano tras la conquista de la ciudad en 1405. El edificio fue adaptado para ejercer funciones administrativas y militares en nombre de la Serenísima, y su arquitectura robusta y su posición dominante refuerzan el carácter institucional del conjunto, convirtiendo la plaza en una auténtica escenografía del poder.
En uno de los lados de la plaza se sitúa también la Loggia del Consiglio, conocida en época
veneciana como Loggia della Gran Guardia.
Este edificio estaba destinado a las reuniones del consejo ciudadano y a la
celebración de actos públicos relacionados con el gobierno de la ciudad. Su
presencia se integra en el conjunto de edificaciones civiles que delimitan la
plaza y contribuyen a definirla como un espacio vinculado a las funciones
políticas y administrativas de Padua.
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| Loggia del Consiglio o della Gran Guardia. Piazza dei Signori |
Frente a estos edificios se alza la iglesia de San Clemente, cuya presencia introduce el elemento religioso en un espacio dominado por el poder civil. Su fachada sobria equilibra visualmente la plaza y recuerda la estrecha relación entre autoridad política y esfera espiritual en la Padua medieval, donde ambos ámbitos coexistían y se reforzaban mutuamente.
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| Iglesia de San Clemente. Piazza dei Signori |
Muy cerca, aunque ya en una calle adyacente y no en la Piazza dei Signori propiamente dicha, se encuentra el Palazzo del Podestà, sede histórica del magistrado supremo de la ciudad. Su ubicación, ligeramente desplazada respecto a la plaza, permite situarlo correctamente dentro del entramado urbano sin desvirtuar el papel central que la Piazza dei Signori desempeñó como corazón político de Padua.
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| Palazzo del Podestá |
GUETTO JUDIO
Tras un largo rato disfrutando de todo lo descrito en los
apartados anteriores, me adentraría en el Guetto Judío, un
barrio que concentra siglos de historia, cultura y vida cotidiana. Situado en el centro histórico de la ciudad, este enclave
conserva aún la traza de la antigua segregación impuesta en tiempos de la
Serenísima República de Venecia, cuando los judíos estaban obligados a residir
en un área delimitada y tenían horarios restringidos para comerciar y circular
por la ciudad.
Pasear por estas calles es casi un ejercicio de memoria histórica: los edificios de ladrillo, las casas con portales discretos y los pasajes estrechos evocan un pasado de convivencia forzada, pero también de intensa vida comunitaria y cultural. Entre ellos destaca la Sinagoga de rito italiano, construida en 1584, que se erige como un testimonio vivo de la tradición religiosa y cultural de la comunidad judía padovana. Esta sinagoga, la única en uso en la ciudad, presenta una arquitectura barroca con elementos neoclásicos, y alberga un Aron HaKodesh que custodia los rollos de la Torá.
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| Sinagoga. Barrio Judío |
DUOMO Y BAPTISTERIO
Se me olvidó comentar que cuando llegué por la mañana a la
piazza delle Erbe, aprovecharía para comprar en la oficina de turismo, que se
encuentra allí situada, la llamada Padova Card, una tarjeta que facilita mucho
la jornada, ya que permite el acceso a buena parte de los principales
monumentos de la ciudad, evita estar pendiente de entradas individuales y
supone un gran ahorro respecto a la compra individual de las entradas en cada
lugar. En el momento de mi visita, tenía un precio de 28 euros la de 48 horas,
más que razonable teniendo en cuenta la cantidad y calidad de los monumentos
incluidos.
La Cattedrale di Santa Maria
Assunta, el Duomo de Padua, se presenta con un aspecto sobrio y
algo austero si se compara con otros grandes templos italianos. Su aspecto
actual es el resultado de una larga historia de reconstrucciones y reformas,
especialmente entre los siglos XVI y XVIII, tras el abandono del proyecto
renacentista que debía convertirla en una gran iglesia de planta centralizada.
El interior, de tres naves, transmite una sensación de amplitud serena más que
de espectacularidad inmediata. Aquí el interés reside menos en un elemento
concreto que en la lectura del conjunto: capillas laterales, monumentos
funerarios, relieves y obras de distintas épocas que reflejan el papel de la
catedral como centro espiritual de la ciudad a lo largo de los siglos.
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| Piazza Duomo |
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| Duomo de Padua |
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| Duomo de Padua |
Justo al lado se alza el Baptisterio de San Giovanni Battista, un edificio de origen medieval que, a diferencia del Duomo, guarda en su interior una de las experiencias artísticas más impactantes de Padua. Conviene recordar su función: el baptisterio era el lugar donde se administraba el sacramento del bautismo, puerta de entrada a la comunidad cristiana, y por ello su decoración tenía un claro valor catequético. La visita, incluida en el circuito de la Padova Card, se realiza de forma controlada, con supervisión, y se acompaña de audioguía en varios idiomas, cuya explicación resulta especialmente clara y reveladora.
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
El interior está completamente cubierto por el extraordinario ciclo de frescos realizado en el siglo XIV por Giusto de’ Menabuoi. Las escenas envuelven al visitante desde el suelo hasta la cúpula en un recorrido visual que abarca la historia de la salvación: la Creación, los patriarcas, los profetas, la vida de Cristo y, culminando el conjunto, una impresionante visión del Paraíso en la cúpula, con Cristo en el centro rodeado por círculos concéntricos de ángeles y santos. La sensación es la de encontrarse dentro de una imagen total, pensada para ser leída de manera ascendente y envolvente. El color, la claridad narrativa y la organización del espacio convierten esta visita en uno de los grandes momentos del día.
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
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| Baptisterio de San Giovanni Battista |
En el lado izquierdo de la plaza, junto al Duomo y el Baptisterio, se encuentra el Palazzo Vescovile, antigua residencia episcopal y hoy sede del Museo Diocesano. La visita, también incluida en el circuito de la Padova Card, resulta una agradable sorpresa. El recorrido permite conocer piezas de arte sacro, manuscritos, esculturas y pinturas procedentes de iglesias y edificios religiosos de la ciudad, pero el punto culminante es uno de sus grandes salones históricos: un espacio de fuerte carga institucional, decorado con retratos y elementos que narran visualmente la sucesión de los obispos de Padua. Es una sala impresionante, no tanto por la acumulación de obras maestras como por la sensación de continuidad histórica y poder que transmite.
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| Palazzo Vescovile |
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| Palazzo Vescovile |
En conjunto, el triángulo formado por Duomo, Battistero y Palazzo Vescovile ofrece una visión muy completa de la Padua religiosa: menos monumental que en otras ciudades italianas, pero profundamente coherente, rica en significado y con uno de los ciclos pictóricos más memorables del Trecento italiano.
PALACIO DEL BO
Para cerrar la jornada todavía me animaría a visitar el Palazzo Bo, sede histórica de
la Universidad de Padua, uno de esos lugares en los que la ciudad revela con
claridad que su identidad no se construye solo a través de iglesias y palacios,
sino también mediante siglos de estudio, debate y transmisión del conocimiento.
Desde el exterior, la fachada de ladrillo apenas anticipa la complejidad del
conjunto: un entramado de patios, escaleras y salas que se ha ido ampliando y
adaptando desde el siglo XVI para responder a las necesidades de una de las
universidades más antiguas de Europa.
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| Palazzo Bo |
Conviene señalar que esta visita no está incluida en la Padova Card y requiere entrada específica, con un precio de 10 euros, que da acceso a un recorrido bien organizado mediante audioguía activada por código QR, disponible en varios idiomas. La explicación resulta clara, amena y muy bien estructurada, lo que facilita enormemente la comprensión de un edificio tan cargado de historia.
El recorrido comienza en el Patio
Antiguo, auténtico corazón histórico del palacio y una de las
construcciones renacentistas más bellas de Padua. Se trata de un espacio de
gran armonía, rodeado por una elegante logia
doble organizada en dos órdenes: dórico en el nivel inferior y
jónico en el superior. Ambos niveles están decorados con una impresionante
sucesión de blasones de los rectores
de la universidad, que convierten el patio en una especie de crónica heráldica
del poder académico. Pasear por este espacio produce una sensación clara de
continuidad institucional: siglos de profesores, estudiantes y decisiones
trascendentales han pasado por aquí.
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| Patio Antiguo.Palazzo Bo |
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| Patio Antiguo.Palazzo Bo |
Sobre la base de una de las dos amplias escalinatas que conducen al pórtico superior del patio se alza la estatua de Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, primera mujer del mundo en obtener un título universitario, en 1678. Su presencia no es anecdótica ni decorativa: ocupa un lugar visible y simbólicamente potente, recordando el carácter pionero de Padua y su capacidad para romper límites sociales mucho antes que otras universidades europeas.
Tras diferentes salas como la galería del Rectorado, la sala
de Lectura o el archivo antiguo, y pasando por la habitación llamada Basílica, una amplia sala de planta
basilical caracterizada por su nave central y columnas, podría visitar el Aula Magna, la cual hospedó desde el
siglo XVI al XVIII la “Escuela grande de los Legistas” y se dieron lecciones:
en ella enseñó también Galileo Galilei, al cual el aula está hoy dedicada. En
la primera mitad del siglo XX sirvió como aula de dibujo. Para ser destinada a
Aula Magna fue restaurada y decorada con los frescos del techo, en cuyo centro
se haya la alegoría “La sabiduría y las demás disciplinas”.
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| Basílica. Palazzo Bo |
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| Aula Magna. Palazzo Bo |
En la pared del fondo se puede ver el lugar donde toman asiento los miembros del Senado Académico durante las ceremonias más importantes. En ella se puede leer el antiguo lema de la Universidad: “Universa Universis Patavina Libertas” (La libertad de Padua, plena y universal para todos).
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| Aula Magna. Palazzo Bo |
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| Aula Magna. Palazzo Bo |
Muy cerca se encuentra la Sala de los Cuarenta, un espacio de fuerte carácter simbólico donde los retratos de cuarenta grandes maestros de la universidad configuran un auténtico panteón académico. Más que una simple galería, la sala funciona como una declaración de prestigio: Padua se presenta a sí misma como una comunidad de saber construida a partir de figuras excepcionales.
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| Sala de los Cuarenta y Cátedra de Galileo. Palazzo Bo |
Uno de los momentos más significativos del recorrido es la Cátedra de Galileo, conservada como testimonio material de su actividad docente. Su valor no reside en lo monumental, sino en lo que representa: la enseñanza directa, la transmisión del conocimiento y el papel central de la universidad en el desarrollo del pensamiento científico moderno. La Cátedra fue conservada en el Aula Magna hasta mediados del siglo XIX. Galileo enseñó en el Estudio paduano durante dieciocho años que recordó cómo los mejores de su vida. Además se conserva una supuesta vértebra del genio.
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| Sala de los Cuarenta y Cátedra de Galileo. Palazzo Bo |
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| Vértebra de Galileo.Sala de los Cuarenta. Palazzo Bo |
La visita continuaría con el Teatro Anatómico construido en 1631 y considerado el más antiguo del mundo que conserva su estructura original. Se trata de un espacio íntegramente realizado en madera, concebido con una planta elíptica y una sorprendente forma de cono invertido, que concentra toda la atención en la mesa de anatomía situada en el centro. Alrededor de ella se elevan seis órdenes concéntricos de gradas, estrechas y muy empinadas, pensadas para permitir la observación directa del cuerpo humano durante las disecciones. En su configuración original, el teatro carecía de ventanas abiertas al exterior; estas eran ciegas, lo que obligaba a realizar las lecciones a la luz de antorchas, creando una atmósfera densa y casi ritual. Resulta fácil imaginar el impacto que debían de causar estas sesiones en los estudiantes de medicina, rodeados de madera oscura, sombras proyectadas y el silencio impuesto por la solemnidad del acto científico.
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| Teatro Anatómico. Palazzo Bo |
Y especialmente destacable es el Aula de Medicina, una de las salas académicas más bellas y antiguas del edificio. Hoy sigue cumpliendo una función viva, ya que acoge las discusiones de las tesis de licenciatura de los estudiantes de medicina y de otras facultades. Durante siglos fue el único aula donde se impartían las lecciones teóricas de anatomía, pero sus orígenes son aún más remotos. El magnífico techo de artesones tallados, perfectamente conservado, y el friso de tradición medieval que recorre las paredes recuerdan que este espacio formaba parte de una de las tres casas nobles de la familia Carraresi, que en el siglo XV constituían el núcleo sobre el que surgió la posada del Bo, antecedente directo del actual palacio universitario. Es una sala que impresiona tanto por su belleza como por la sensación de continuidad histórica que transmite.
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| Aula de Medicina. Palazzo Bo |
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| Calaveras. Aula de Medicina. Palazzo Bo |
La visita al palacio del Bo normalmente está abierta de 9:00 a 18:00. Es recomendable consultar los horarios específicos el mismo día, ya que pueden variar según el calendario de tesis, actos universitarios o seminarios, pero en general estos son los marcos en los que se puede visitar.
B&B HOTEL PADOVA
Al final del día, daría un último paseo por el centro, recogería
mi equipaje en la estación, cenaría algo rápido y me dirigiría al B&B Hotel
Padova, que había elegido precisamente por su planteamiento práctico y
económico. No estaba en pleno centro histórico, ni lo pretendía: se encontraba
en una zona tranquila, bien comunicada por transporte público y con fácil
acceso.
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| Palazzo della Ragione. Piazza delle Erbe |
La habitación cumplía exactamente con lo que necesitaba. Era amplia, limpia y bien aislada, pensada para descansar sin distracciones innecesarias. Cama cómoda, un pequeño escritorio, baño en buen estado y una iluminación correcta.
El trato con el personal resultó eficaz y directo, tanto en
el momento del check-in como ante cualquier consulta puntual. Además, el
sistema de acceso automatizado permitía entrar y salir sin depender de horarios
rígidos, un detalle cómodo cuando los días se alargan más de lo previsto. El
desayuno, opcional, ofrecía una variedad suficiente para empezar la mañana con
calma, sin pretensiones excesivas pero cumpliendo su función.
No era un hotel pensado para salir a pie y encontrarse de inmediato con los grandes monumentos de Padua, pero sí una base tranquila y cómoda a la que volver al final del día. Y en ese sentido, cumplía perfectamente su cometido: descanso, funcionalidad y ausencia de complicaciones, justo lo que necesitaba tras tantas horas de recorrido.






















































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