DIA 03. FERRARA. Despedida de Rávena y primer día en la ciudad de Los Este

27 de Diciembre de 2025.

Esta mañana tocaba madrugar. Desde el hotel cogería el autobús 80 hasta la estación, donde me esperaba el tren de las 07:15, que me llevaría directamente a Ferrara, con llegada prevista a las 08:30.

Comenzaba así una nueva etapa del viaje rumbo a otra ciudad de la región de Emilia-Romaña que no iba precisamente a ir a la zaga de Rávena. Hablo de Ferrara, una ciudad que se convirtió en capital del poderoso ducado de los Este durante el Renacimiento. Bajo su gobierno, Ferrara vivió una época de gran esplendor cultural y arquitectónico, con la construcción de murallas, palacios y amplias plazas que hoy aún se conservan. Fue un centro clave para las artes y las humanidades, atrayendo a escritores, artistas y científicos. Su diseño urbanístico es uno de los primeros ejemplos de planificación renacentista, con calles rectas y espacios amplios que buscaban modernidad y orden. La familia Este gobernó la ciudad durante siglos, dejando un legado que convirtió a Ferrara en un punto de referencia en la historia de Italia. Hoy, la ciudad conserva intacto ese espíritu y sus monumentos cuentan la historia de un pasado glorioso que sigue vivo.

Para aprovechar al máximo la visita, usaría la Ferrara Card, comprándola en su página oficial: https://www.ferraraterraeacqua.it/it/myfecard/dove-si-acquista-myfe Su coste es de quince euros para 48 horas, mucho más rentable que pagar cada monumento por separado, permitiendo acceder cómodamente a los principales palacios, museos y monumentos históricos de la ciudad.

Nada más llegar a Ferrara, decidiría no pasar por el hotel. En su lugar, utilizaría el servicio de Bounce para dejar la maleta en un hotel muy céntrico y comenzar directamente las visitas turísticas, con total libertad de movimientos y sin perder tiempo.

CASTILLO ESTENSE                                                                          

Mi primera parada sería el imponente Castello Estense, símbolo indiscutible de Ferrara y antiguo hogar de los duques de Este. Con su foso lleno de agua, torres angulares y murallas de ladrillo, el castillo se presenta como una fortaleza concebida no para exhibir poder, sino para protegerlo.

Castillo Estense

Castillo Estense

Castillo Estense

Su origen está directamente ligado a uno de los episodios más tensos de la historia de la ciudad. En la segunda mitad del siglo XIV, Ferrara había visto reducida su población a menos de un tercio a causa de la peste, las inundaciones del Po y repetidas hambrunas. En ese contexto de extrema precariedad, la introducción de un nuevo impuesto desató la ira popular. La población, exasperada por la presión fiscal, se dirigió al palacio del marqués Nicolás II d’Este exigiendo la entrega del consejero responsable de aquella política impositiva. Aunque el marqués trató inicialmente de evitarlo, acabó cediendo, y el consejero fue linchado y hecho trizas por la multitud. Aquel episodio convenció definitivamente a Nicolás II de que su residencia no era segura. En 1385 ordenó la construcción de una fortaleza inexpugnable, un edificio capaz de resistir tanto ataques externos como revueltas internas. Así nació el Castello Estense.

Castillo Estense

Castillo Estense

Castillo Estense

El recorrido comenzaría por las Salas Góticas, que conservan el carácter más antiguo y severo del castillo, recordando su función defensiva original. Desde allí se pasa a las cocinas ducales, amplios espacios funcionales equipados con grandes chimeneas, hornos y superficies de trabajo de piedra, pensados para abastecer a una corte numerosa y para organizar los grandes banquetes que eran parte esencial de la diplomacia cortesana.

Patio de Honor. Castillo Estense

Cocina Ducal. Castillo Estense

Pasillo Castillo Estense

El contraste llegaría al descender a las mazmorras, estancias oscuras y austeras, con muros desnudos y escasa ventilación. Aquí fueron encerrados delincuentes comunes, prisioneros políticos e incluso miembros de la nobleza caídos en desgracia. Algunas celdas conservan aún inscripciones grabadas por los presos, testimonio directo del lado más cruel del poder ducal.

Prisión. Castillo Estense

Desde las zonas inferiores, la visita continuaría por la rampa de artillería, diseñada para permitir el traslado de armas y munición a los niveles defensivos, una solución técnica avanzada para la época. A continuación, accedería al Jardín de los Naranjos, un espacio elevado y sorprendentemente íntimo, concebido como lugar de descanso privado. Árboles cítricos, plantas aromáticas y zonas de sombra componían un entorno refinado que también funcionaba como demostración de riqueza y control de la naturaleza.

Jardín de los Naranjos. Castillo Estense

El recorrido prosigue por la Capilla Ducal, un espacio religioso privado, ricamente decorado con frescos y detalles dorados, destinado al recogimiento de la familia Este y a ceremonias alejadas de la vida pública. Muy cerca se encuentra la Sala de la Aurora, decorada con frescos de temática mitológica y alegórica, que exaltan el poder, la armonía y el paso del tiempo, reflejando los ideales del Renacimiento.

Capilla Ducal. Castillo Estense

Frescos Sala de la Aurora. Castillo Estense

La siguiente estancia sería la Cámara o Salón de Juegos, donde el ocio se mezclaba con la política. Aquí se jugaba, se apostaba y se socializaba, mientras se cerraban acuerdos y se reforzaban alianzas. Las pinturas que decoran la sala muestran diferentes juegos de la época, entre ellos el boxeo.

Desde allí vendría el plato fuerte de la visita: la subida a la Torre de los Leones, una de las cuatro torres del castillo, desde la que se obtiene la panorámica más completa de Ferrara: el trazado rectilíneo de sus calles renacentistas, las murallas y la llanura del Po extendiéndose en la distancia. La torre cumplía una doble función, defensiva y simbólica, dominando visualmente la ciudad.

Castillo Estense desde Torre de los Leones

Castillo Estense desde Torre de los Leones

La visita la completaría con las Salas de Gobierno, la Sala de los Comunes y la Sala de los Escudos. En estos espacios se tomaban las decisiones políticas y administrativas del ducado. La Sala de los Escudos destaca por los numerosos blasones que cubren sus paredes, representando linajes aliados o sometidos a la influencia de los Este, una auténtica cartografía heráldica del poder.

Sala de los Escudos. Castillo Estense

Sala del Gobierno. Castillo Estense

El recorrido atraviesa muchas otras salas, corredores y espacios que ayudan a comprender la complejidad y evolución del castillo a lo largo de los siglos.

El Castello Estense se encuentra en plena Piazza Castello, en el corazón histórico de Ferrara, a unos diez o quince minutos a pie desde la estación de tren. Abre habitualmente de 9:30 a 17:30, con última entrada a las 16:45, y cierra los lunes por la mañana y en algunas festividades señaladas. La visita está incluida en la Ferrara Card, y yo le dedicaría unas dos horas para recorrerlo con calma.

PIAZZA SAVONAROLA

Apenas unos pasos me llevarían a la Piazza Savonarola, un espacio que, aunque pequeño, concentra siglos de historia y poder. No siempre llevó este nombre: en la Edad Media formaba parte de un área más amplia frente al castillo, vinculada al movimiento de mercancías y a la circulación entre la parte vieja de Ferrara y las ampliaciones urbanas posteriores. El nombre actual le llegó en el siglo XIX, cuando la ciudad decidió homenajear a uno de sus hijos más célebres —y más controvertidos—, el fraile dominico Girolamo Savonarola, figura imponente del final del Quattrocento. Su estatua preside el centro de la plaza, con los brazos alzados en un gesto que parece eterno, como si aún estuviera lanzando sus encendidas prédicas.

Piazza Savonarola

Estatua Girolamo Savonarola. Piazza Savonarola

En el lado sur, la plaza se abre hacia el Largo Castello, prolongando visualmente la presencia del Castello Estense y creando un espacio donde las murallas y el agua del foso formaban parte del paisaje cotidiano.

Uno de los elementos más llamativos es la Via Coperta, un corredor elevado que une el palacio con el castillo atravesando la calle por encima. Esta pasarela cubierta no era un simple pasadizo: permitía a los duques moverse entre sus residencias y la fortaleza sin pisar la calle, garantizando seguridad y privacidad en tiempos en que el poder se medía también en gestos como este.

Corredor Coperta desde Piazza Savonarola

Tras un rato recreándome con este impresionante entorno medieval, continuaría mis pasos hacia la siguiente parada.

ROTONDA FOSCHINI

Apenas unos minutos caminando me llevarían hasta la Rotonda Foschini, una plaza interior de trazado semicircular que rompe con la geometría rectilínea característica de Ferrara. No es una plaza abierta ni un cruce de calles, sino un espacio urbano cerrado y contenido, concebido expresamente como marco arquitectónico del Teatro Comunale.

La rotonda toma su nombre de Giovanni Foschini, arquitecto ferrarese vinculado a la remodelación de esta zona a finales del siglo XIX, cuando Ferrara acometió varias intervenciones urbanas para modernizar su imagen sin renunciar a su identidad histórica. El elemento central y absolutamente dominante del espacio es el Teatro Comunale, hoy dedicado a Claudio Abbado. Su fachada curva, porticada y perfectamente integrada en el trazado, define por completo la forma de la rotonda y explica su configuración semicircular.

Rotonda Foschini

El teatro, inaugurado en 1798 y reformado posteriormente, actúa aquí como auténtico punto focal, no solo desde el punto de vista arquitectónico, sino también simbólico. Este tramo marca la transición entre el casco histórico más medieval y renacentista y una Ferrara más abierta, pensada para el paseo y la vida urbana moderna.

Desde este punto arranca el corso Martiri della Libertà, una de las arterias principales de la ciudad. La calle mantiene un trazado rectilíneo y sosegado, flanqueado por soportales y edificios sobrios, y conserva ese aire tranquilo tan característico de Ferrara. Caminar por este eje permite percibir una ciudad equilibrada, elegante y sin estridencias, donde la arquitectura acompaña sin imponerse y el ritmo urbano parece deliberadamente pausado.

IGLESIA DEL JESÚ

Desde la Rotonda Foschini me desviaría hasta la cercana iglesia del Jesú, una destacada muestra del barroco ferrarese que se levanta a finales del siglo XVI, en pleno momento de expansión de la Compañía de Jesús en la ciudad. El edificio es un reflejo directo de la voluntad jesuita de afirmar su presencia religiosa, cultural y educativa en Ferrara.

La fachada, visible desde el exterior, presenta una composición sobria y equilibrada, propia del barroco temprano italiano. Pilastras, cornisas y un frontón sencillo anticipan el carácter solemne del templo, sin excesos decorativos, pero con una clara intención representativa.

Iglesia del Jesú

Aunque no podría entrar por estar cerrada, se sabe que el interior responde al modelo jesuita clásico: una nave única, amplia y bien iluminada, flanqueada por capillas laterales ricamente decoradas con frescos, estucos y lienzos de temática religiosa. El conjunto estaba pensado para guiar la mirada y la atención del fiel hacia el altar mayor, reforzando el mensaje doctrinal a través del arte.

IL MANGIASTORIE

Tras la mañana de visitas, me dirigí a Il Mangiastorie, ubicado en Via degli Armari, 15/A, en pleno centro de Ferrara. El restaurante cuenta con una sala amplia y cómoda, que permite disfrutar de la comida con tranquilidad después de tanto caminar.

El menú ofrece platos italianos clásicos, con opciones de pasta, carnes, pescados y entrantes. Decidí optar por un plato de pasta como primero, seguido de unas croquetas de pollo como segundo, acompañado de una cerveza. Para finalizar, me animé con un postre casero. Todo ello sumó alrededor de 20 euros, un precio razonable para la calidad y la cantidad servida.

Il Mangiastorie es ideal para quienes buscan una comida sin complicaciones, con platos caseros y sabrosos, en el corazón de Ferrara.

DUOMO DE FERRARA

Era el momento de afrontar la visita al imponente Duomo de Ferrara, dedicado a San Jorge y uno de los monumentos más emblemáticos y significativos de la ciudad. Este edificio refleja la mezcla de estilos que se dieron a lo largo de su construcción, iniciada en el siglo XII y continuada hasta el Renacimiento. Su arquitectura encarna la transición del románico al gótico, mostrando la evolución cultural y religiosa de Ferrara a través de los siglos.

La fachada, construida con mármol blanco y rosa, destaca por su simetría y la riqueza ornamental de sus tres portales. Cada uno presenta arquivoltas decoradas con motivos vegetales y escenas bíblicas que narran la historia de la salvación. La puerta central, flanqueada por columnas coronadas con capiteles esculpidos con figuras humanas y animales, es un claro ejemplo del detallismo medieval. Sobre ella se alza un imponente rosetón cuya tracería gótica filtra la luz y aporta una atmósfera mística al interior. Parte de la fachada y la torre estaban en obras, por lo que no pude apreciarlas del todo ni subir al campanile, una pequeña decepción dentro de un viaje que ya estaba resultando muy positivo.

Duomo di San Giorgio

En el interior, el Duomo presenta una planta basilical de tres naves separadas por robustas columnas de mármol que sostienen arcos apuntados, sello claro del gótico emergente. Las bóvedas de crucería dominan el espacio, creando una sensación de verticalidad y ligereza que contrasta con la solidez de los muros románicos.

Duomo di San Giorgio

El ábside es el punto culminante del templo. En su bóveda se extiende el fresco del Juicio Universal, obra inspirada en la monumental versión de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, pero con un carácter único propio de artistas locales del siglo XV. Este fresco representa a Cristo como juez supremo, rodeado de ángeles, santos y las almas que esperan su destino final.

Duomo di San Giorgio

Duomo di San Giorgio

La composición es dramática y dinámica, con un uso intenso del color y movimiento que capta la atención desde cualquier ángulo del presbiterio. A diferencia del fresco de Miguel Ángel, aquí la narrativa resulta más didáctica, destinada a recordar a los fieles la dualidad del paraíso y el infierno, la justicia divina y la misericordia. La fuerza expresiva de las figuras, desde rostros serenos hasta escenas de tormento, convierte esta bóveda en una auténtica lección visual sobre la moralidad medieval.

Más allá del fresco, el Duomo conserva otros elementos arquitectónicos y artísticos que merecen una visita detenida. Destaca especialmente el campanile, una torre separada de la catedral que se alza cerca del templo, con su estructura de ladrillo y ventanas biforas que reflejan la tradición lombarda. Aunque no pude subir, su presencia sigue siendo un punto de referencia en el horizonte de la ciudad. Dentro del Duomo, el coro y la cátedra episcopal, tallados con gran detalle en madera, subrayan la importancia litúrgica y artística del edificio. Además, las capillas interiores albergan obras renacentistas y barrocas que narran episodios clave de la historia religiosa local, enriqueciendo la visita con un recorrido por diferentes estilos y épocas.

Duomo di San Giorgio

El Duomo se encuentra abierto de 9 a 18 horas, aunque puede variar según la temporada. La entrada es gratuita, y la subida al campanile tiene un coste reducido. Conviene subir con luz natural y evitar las horas punta para disfrutarlo con tranquilidad.

MUSEO CATEDRALICIO

Tras recorrer el Duomo, me dirigí al Museo Catedralicio, situado justo al lado de la catedral y ubicado en la antigua iglesia de San Romano, un edificio medieval que hoy alberga parte del patrimonio artístico vinculado al Duomo. La entrada estaba incluida en la Ferrara Card, así que no tuve que pagar nada extra.

Antigua Iglesia de San Romano. Museo de la Catedral

El museo, aunque no muy grande, alberga piezas que permiten entender mejor la historia de la catedral y su importancia en Ferrara. Entre lo que más llamó mi atención estaban las formelle del Maestro dei Mesi, unas tablas escultóricas de la época medieval que originalmente formaban parte de la puerta de la catedral. También pude ver la imponente Madonna della Melagrana de Jacopo della Quercia, con una presencia que se siente incluso desde lejos.

Museo de la Catedral

Madonna della Mellagrana de Jacopo della Quercia. Museo de la Catedral

Otra obra que destacó fueron las ante de órgano pintadas por Cosmè Tura, con escenas como San Jorge y el dragón o la Anunciación, llenas de detalles y un colorido que impresiona por la precisión y fuerza expresiva. Además, se exponen tapices antiguos, libros corales iluminados y otros objetos litúrgicos que muestran cómo se vivía la fe en la catedral a lo largo de los siglos. El recorrido se completa con el claustro de la antigua iglesia de San Romano, un espacio sobrio y tranquilo que ayuda a contextualizar el museo y a comprender mejor la evolución histórica del conjunto catedralicio.

Claustro Antigua Iglesia de San Romano. Museo de la Catedral

PIAZZA DEL MUNICIPIO

Volviendo a la fachada de la catedral, mi recorrido se prolongaría casi de manera natural hacia la Piazza del Municipio, un espacio que durante siglos concentró el núcleo del poder político y administrativo de Ferrara. Más que una plaza abierta en sentido estricto, se trata de un gran patio urbano que formó parte del antiguo complejo ducal, concebido como ámbito de representación y de gobierno en el corazón mismo de la ciudad medieval.

Piazza del Municipio

El acceso principal se realiza a través del Volto del Cavallo, el gran arco que conecta directamente este espacio con la plaza catedralicia. Flanqueado por las esculturas ecuestres de Niccolò III d’Este y Borso d’Este, el arco funciona como un umbral simbólico: al cruzarlo se pasa del espacio religioso al territorio del poder civil y señorial, recordando visualmente quién detentaba la autoridad sobre la ciudad.

Arco del Caballo. Palacio Ducal. Piazza Trento - Trieste

Piazza del Municipio

El edificio que domina la plaza es el Palazzo Municipale, antiguo Palazzo Ducale, antiguo palacio de los duques de Este antes del traslado de la corte al Castello Estense. Desde el siglo XIII, este conjunto fue residencia, sede de gobierno y centro de la vida política ferraresa. Su aspecto actual es el resultado de sucesivas transformaciones, restauraciones y reinterpretaciones que no ocultan su origen medieval ni su función de representación del poder.

Palacio Ducal. Piazza Trento - Trieste

Uno de los elementos más significativos del conjunto es la Escalera de Honor, concebida como un recorrido ceremonial destinado a impresionar a embajadores y visitantes ilustres. Su diseño responde a una clara voluntad escenográfica: la arquitectura se convierte aquí en lenguaje político, en un medio para expresar jerarquía, prestigio y control.

Escalera de Honor del Palacio Ducal. Piazza del Municipio

Escalera de Honor del Palacio Ducal. Piazza del Municipio

Con la pérdida del poder ducal y la evolución institucional de la ciudad, el palacio fue asumiendo funciones municipales, consolidándose como sede del gobierno civil. En el siglo XX, este carácter se vio reforzado con la incorporación de elementos conmemorativos vinculados a la memoria nacional, entre ellos la Torre della Vittoria, adosada al conjunto palaciego. Esta torre, de marcado carácter simbólico, alberga el monumento dedicado a los caídos, integrando en el espacio histórico una lectura moderna del sacrificio colectivo y de la identidad cívica.

Torres de la Victoria y del Reloj. Piazza Trento - Trieste

Monumento a los Caídos. Torre de la Victoria. Palacio Ducal

La plaza, pese a su aparente sobriedad, ha sido escenario de ceremonias oficiales, proclamaciones y actos públicos durante siglos. Su configuración cerrada refuerza la idea de control y centralidad del poder, en contraste con otras plazas más abiertas de la ciudad. Piazza del Municipio representa, así, la Ferrara del gobierno, de la administración y de la autoridad institucional.

PIAZZA TRENTO E TRIESTE

Mi recorrido en esta zona de la ciudad culminaría en la Piazza Trento e Trieste, uno de los espacios urbanos más complejos y significativos de Ferrara. A diferencia de otras plazas históricas, esta no nace como un proyecto unitario, sino como resultado de una evolución prolongada desde la Edad Media hasta la época contemporánea. Originalmente fue el principal mercado de la ciudad, un espacio dinámico donde se concentraban el comercio, la justicia y la vida cotidiana.

Piazza Trento - Trieste

Situada junto al Duomo —que ocupa el lado norte de la plaza y actúa como telón de fondo arquitectónico—, Piazza Trento e Trieste funciona como un verdadero cruce de poderes: el eclesiástico, el civil y el económico. Su forma alargada y su carácter abierto la convierten en un lugar de tránsito, de encuentro y de representación urbana.

En uno de sus lados se alza el Palazzo Arcivescovile, residencia oficial de los arzobispos de Ferrara. Este edificio simboliza la fuerte presencia de la Iglesia en la vida política y social de la ciudad, especialmente durante el Renacimiento, cuando el poder eclesiástico no se limitaba al ámbito espiritual, sino que intervenía activamente en la gestión urbana y en las relaciones de poder.

Muy cerca se encuentra el Palazzo della Ragione, sede histórica de la administración civil y judicial. Su estructura, con la planta baja porticada, responde a la función práctica de albergar tribunales, oficinas y actividades reguladoras del comercio. Aquí se impartía justicia y se organizaba la vida pública, estableciendo un contrapunto claro con los espacios de poder ducal y eclesiástico.

El papel económico de la plaza queda claramente representado por la Loggia dei Merciai, un espacio porticado destinado a los intercambios comerciales. Bajo sus arcos, los mercaderes negociaban, cerraban tratos y contribuían al dinamismo económico de Ferrara, que durante siglos fue un importante nodo comercial en la región. La loggia es testimonio directo de una ciudad en la que el comercio era un pilar fundamental de su prosperidad.

Loggia dei Merciai o Pórtico de los Mercaderes

Uno de los elementos más reconocibles del conjunto es la Torre dell’Orologio, situada en uno de los extremos de la plaza. Más allá de su función horaria, esta torre cumplía un papel organizador del tiempo urbano. El sonido de sus campanas regulaba la vida cotidiana: marcaba la apertura de los mercados, el inicio de las actividades públicas y los ritmos de la ciudad. Al mismo tiempo, su presencia vertical reforzaba el carácter institucional del espacio.

Torre dell´Orologio o Reloj. Piazza Trento - Trieste

En conjunto, Piazza Trento e Trieste sintetiza la evolución urbana de Ferrara. Es un espacio donde se superponen funciones, estilos y significados, reflejando cómo la ciudad ha sabido integrar las distintas manifestaciones del poder —religioso, civil, económico y simbólico— en un mismo escenario urbano sin perder coherencia ni identidad.

IGLESIA DE SANTA MARÍA IN VADO

Como todavía tenía tiempo, decidiría continuar las visitas dirigiéndome hacia la Iglesia de Santa María in Vado, uno de los edificios religiosos más cargados de significado histórico y espiritual de Ferrara. Su origen se remonta al siglo XII, pero su verdadera centralidad en la historia de la ciudad está indisolublemente ligada a un acontecimiento excepcional: el milagro eucarístico de 1171, que transformó este templo en uno de los principales focos de devoción del norte de Italia.

Iglesia de Santa María in Vado

Iglesia de Santa María in Vado

El milagro tuvo lugar durante la celebración de la misa pascual, cuando, en el momento de la consagración, la hostia consagrada emanó sangre, que salpicó la bóveda del presbiterio. Este episodio, considerado una manifestación tangible de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, fue ampliamente documentado y reconocido, convirtiendo a Santa María in Vado en destino de peregrinación y en símbolo de la ortodoxia eucarística en un periodo de profundas tensiones doctrinales medievales. Aún hoy se conservan vestigios del lugar exacto donde se produjo el prodigio, lo que refuerza el carácter testimonial del espacio.

Como consecuencia directa de este milagro, en el interior del templo se construyó uno de sus elementos más singulares: el Tempietto del Santissimo Sacramento, una estructura de planta central situada en el área presbiteral. Este pequeño templete renacentista no es un simple añadido decorativo, sino una arquitectura de fuerte carga simbólica, concebida para monumentalizar el lugar del milagro y proteger el espacio sagrado vinculado al evento. Su diseño responde a los ideales del Renacimiento ferrarese, combinando equilibrio geométrico, claridad espacial y un lenguaje arquitectónico sobrio pero solemne, acorde con la función devocional que desempeña. El tempietto actúa como un punto focal que articula la relación entre fe, memoria y arquitectura, integrando el relato milagroso en la experiencia espacial del templo.

Templete del Milagro Eucarístico. Santa María in Vado

Templete del Milagro Eucarístico. Santa María in Vado

El recorrido visual y simbólico culmina en la cúpula, uno de los grandes hitos artísticos de la iglesia. Su decoración pictórica fue realizada por Carlo Bononi, figura clave de la pintura ferraresa de finales del siglo XVI y comienzos del XVII. El tema representado es la Coronación de la Virgen, una iconografía de profundo significado teológico que refuerza la dimensión mariana del templo y dialoga directamente con el milagro eucarístico que marcó su historia.

Coronación de la Virgen. Cúpula Santa María in Vado

Bononi desarrolla la escena mediante una composición dinámica y ascensional, en la que la Virgen es elevada al centro del espacio celeste y coronada en presencia de ángeles y figuras glorificadas. La disposición envolvente de las figuras, el uso de la luz y el movimiento de los cuerpos anticipan sensibilidades plenamente barrocas, aunque aún ancladas en el clasicismo tardío. La cúpula se convierte así en un verdadero eje visual y espiritual del edificio, guiando la mirada hacia lo alto y subrayando la idea de glorificación y trascendencia.

Coronación de la Virgen. Cúpula Santa María in Vado

El resto del edificio conserva elementos arquitectónicos que permiten reconstruir la evolución del templo a lo largo de los siglos, desde sus estructuras medievales hasta las intervenciones renacentistas y barrocas. Retablos, capillas laterales y obras de artistas locales completan un conjunto coherente, profundamente enraizado en la historia religiosa de Ferrara.

PALACIO SCHIFANOIA

Mi itinerario continuaría desde Santa María in Vado hacia el Palacio Schifanoia, una de las paradas imprescindibles para entender el Renacimiento ferrarese desde una perspectiva no solo artística, sino también política y simbólica. Aunque el edificio tiene su origen en el siglo XIV, fue durante el gobierno de Borso d’Este, en el siglo XV, cuando adquirió la fisonomía y el significado que lo han hecho célebre. Schifanoia no se concibió como una residencia permanente, sino como un espacio pensado para el esparcimiento cortesano y, al mismo tiempo, para la exhibición controlada del poder ducal.

Palacio Schifanoia

El acceso al palacio introduce en una sucesión de salas que, aun sin la grandilocuencia de otros complejos palaciegos, revelan una cuidada atención al detalle. En varias estancias se conservan techos decorados, algunos con estructuras de madera ricamente trabajadas y otros con programas pictóricos de carácter simbólico y heráldico. Estos techos no cumplen una función meramente ornamental: contribuyen a crear una atmósfera de orden y refinamiento que responde plenamente a los ideales del Quattrocento, donde arquitectura y decoración forman parte de un mismo discurso visual.

Techo Palacio Schifanoia

El recorrido alcanza su punto culminante en el Salón de los Meses, verdadero núcleo conceptual del palacio y una de las obras más complejas del arte renacentista italiano. Las paredes están cubiertas por un vasto ciclo de frescos que representa los doce meses del año mediante un elaborado sistema de referencias mitológicas, astrológicas y cortesanas. Cada mes se articula en distintos niveles narrativos: en lo alto aparecen las divinidades asociadas a los planetas; en el centro, los signos del zodiaco; y en la parte inferior, escenas que alternan labores agrícolas con episodios de la vida en la corte de los Este.

Salón de los Meses. Palacio Schifanoia

La lectura del conjunto va mucho más allá de una simple sucesión de imágenes. El calendario pintado propone una visión del mundo ordenada, donde el tiempo, la naturaleza y la sociedad están sometidos a una armonía que encuentra en el duque su garante. La elección de este programa iconográfico no es casual: convierte el salón en un instrumento de afirmación política, donde el gobierno de Borso d’Este se presenta como justo, próspero y en sintonía con el orden cósmico. La intervención de artistas como Francesco del Cossa, Ercole de’ Roberti o Cosmè Tura refuerza el carácter excepcional del ciclo, uno de los máximos logros de la escuela ferraresa del siglo XV.

Frescos Salón de los Meses. Palacio Schifanoia

Frescos Salón de los Meses. Palacio Schifanoia

Frescos Salón de los Meses. Palacio Schifanoia

El palacio se puede visitar de martes a domingo, de 9:00 a 17:30, y permanece cerrado los lunes. La entrada está incluida en la Ferrara Card, lo que facilita su incorporación a un recorrido amplio por la ciudad y confirma su condición de parada esencial dentro de cualquier itinerario cultural por Ferrara.

B & B HOTEL FERRARA

Ya con la noche como acompañante optaría por refugiarme en una agradable cafetería, para después de dar un nuevo paseo, cenar y retirarme a descansar al hotel.

Palacio Ducal. Piazza Trento - Trieste

Castillo Estense

Navidad en Piazza del Municipio

Mi alojamiento se presentaba algo alejado del centro histórico, motivo por el que había dejado mi entrada en el mismo para el final del día, como ya comenté.

El B & B Hotel Ferrara ofrecía habitaciones sencillas pero cómodas, con mobiliario funcional y un ambiente agradable. La atención del personal era excelente y el servicio resultaba práctico, con todas las comodidades básicas cubiertas.


No hay comentarios :

Publicar un comentario