DIA 02. RAVENA. Ciudad de los Mosaicos

26 de Diciembre de 2025.

Hoy era el día de afrontar los platos fuertes de Rávena, la razón fundamental por la que había llegado hasta aquí. Si el día anterior había servido para tomar contacto con la ciudad y saborear su calma navideña, ahora tocaba adentrarme en aquello que ha hecho de Rávena un nombre grabado en mayúsculas en la historia del arte: sus mosaicos bizantinos, únicos en el mundo.

Rávena no siempre fue esta tranquila ciudad italiana de provincias. Entre los siglos V y VIII, vivió su época dorada como capital de tres mundos: primero del Imperio Romano de Occidente, luego del Reino Ostrogodo y finalmente del Exarcado Bizantino. Esa condición de centro de poder político y religioso atrajo a artesanos, arquitectos y mosaístas que dejaron tras de sí un legado deslumbrante. Los mosaicos que hoy la convierten en Patrimonio de la Humanidad no son simples decoraciones: son narraciones teológicas, símbolos de autoridad y ventanas a una estética que fusiona lo romano con lo oriental.

En sus templos, la luz entra tamizada y se multiplica sobre teselas doradas y vidrios de colores, creando un resplandor que parece suspendido en el tiempo. Cada escena, cada figura, transmite una intencionalidad clara: glorificar la fe, legitimar el poder y maravillar a quien se adentrara en aquellas naves sagradas. Y lo consiguieron, porque incluso hoy, más de mil quinientos años después, el visitante se siente sobrecogido al contemplarlos.

Con este bagaje histórico en mente, estaba listo para iniciar un recorrido que me llevaría por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, aquellos que justificaban por sí solos mi visita y que habían convertido a Rávena en un museo vivo del arte tardoantiguo y bizantino.

PUERTA ADRIANA

No obstante, antes de dejarme sorprender por esos monumentos, aún tenía tres paradas pendientes. La primera fue la Puerta Adriana, una de las pocas estructuras que conservan el paso del tiempo desde la época romana.

La Puerta Adriana, también conocida como Arco de Adriano, se alza como un vestigio silencioso que recuerda la presencia imperial en esta ciudad. Construida en el siglo II d.C. en honor al emperador Adriano, servía de entrada monumental a la Rávena romana. Aunque hoy apenas quedan fragmentos y parte de su estructura original, la puerta sigue imponiendo por su solidez y por ser testigo de tantos siglos de historia, un punto de conexión entre el pasado glorioso y la ciudad moderna.

Puerta Adriana

Al atravesarla, el suelo revela la presencia de unos mosaicos que, por su ubicación y visibilidad, llaman inevitablemente la atención. No se trata, sin embargo, de restos antiguos, sino de una intervención moderna integrada en el pavimento actual, concebida como una evocación simbólica de la tradición musiva de Rávena. Su carácter contemporáneo y su sencillez contrastan con los mosaicos históricos que harían célebre a la ciudad siglos después, funcionando casi como un discreto umbral que anticipa —sin todavía revelarla— la grandeza artística que aguardaba en los monumentos del interior.

Mosaicos Puerta Adriana

MUSEO NACIONAL DE RAVENA

La segunda parada antes de sumergirme en los grandes monumentos fue el Museo Nacional de Rávena. Situado en el antiguo convento de San Vitale, este museo alberga una colección valiosísima de mosaicos y artefactos relacionados con la época tardoantigua y bizantina, piezas que ayudan a contextualizar y comprender mejor lo que después se contempla en las basílicas y mausoleos de la ciudad.

Museo Nacional de Rávena

En esta ocasión, sin embargo, no tenía previsto entrar. Me limité a rodear el edificio y a observar su sobria arquitectura, continuando mi camino hacia el siguiente punto del recorrido. Aun así, merece la pena señalar que en su interior se conservan mosaicos romanos y paleocristianos, esculturas, sarcófagos, inscripciones y objetos litúrgicos que trazan un completo recorrido por la historia artística de Rávena antes y durante su época de esplendor. Una visita recomendable para quienes dispongan de más tiempo o quieran profundizar en el contexto histórico antes de enfrentarse a los grandes monumentos.

Museo Nacional de Rávena

SANTA MARÍA MAGGIORE

El siguiente alto en el camino fue la basílica de Santa María Maggiore, un templo discreto, casi fácil de pasar por alto en una ciudad acostumbrada a deslumbrar con sus grandes nombres. Fundada en el siglo V, es una de las iglesias más antiguas de Rávena y su apariencia exterior ya adelanta lo que se encuentra en el interior: un espacio sobrio, sin alardes, pensado más para la devoción cotidiana que para impresionar al visitante.

Santa María Maggiore

El interior es sencillo y armonioso, con una nave clara y proporciones equilibradas que transmiten serenidad. Aquí no hay grandes ciclos de mosaicos ni despliegues dorados.

Uno de los puntos más singulares del templo es la Madonna dei Tumori, una imagen muy venerada por los habitantes de la ciudad. Se trata de una representación mariana a la que tradicionalmente se atribuye un poder protector y sanador, especialmente en relación con las enfermedades tumorales. Ante ella no faltan flores, velas y pequeños exvotos, signos de una devoción viva que conecta el pasado con el presente y recuerda que estos lugares siguen siendo espacios de fe activa.

Madonna dei Tumori. Santa María Maggiore

BASILICA DE SAN VITAL

Y ahora sí que había llegado el momento de conocer las verdades joyas de la ciudad y sus principales protagonistas, aquellas que albergan algunos de los mosaicos más bellos e importantes del mundo.

Y es que Rávena es, sin duda, una de las capitales mundiales del mosaico bizantino. Sus monumentos guardan auténticas joyas de este arte milenario, que a lo largo de los siglos ha preservado una riqueza visual y espiritual única. Los mosaicos de Rávena no solo decoran sus iglesias y basílicas, sino que narran historias, reflejan creencias y muestran una técnica que ha influido en el arte occidental hasta nuestros días.

Para poder visitar con calma y sin complicaciones los cinco monumentos de la diócesis de Rávena que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, existe un pase especial que da acceso a todos ellos. Estos monumentos son: la Basílica de San Vital, el Mausoleo de Gala Placidia, la Basílica de Sant'Apollinare Nuovo, el Baptisterio Neoniano y la capilla de San Andrés en el Museo Arzobispal.

Es importante planificar la visita con antelación: algunos de estos monumentos requieren reserva previa de día y hora para evitar aglomeraciones y asegurar el acceso, especialmente en temporada alta o días señalados. El pase puede adquirirse en línea en la web oficial de los monumentos de Rávena, en www.ravennamosaici.it/en/entrance-time-and-prices.

La Basílica de San Vital es, sin duda, uno de los monumentos más fascinantes y representativos de Rávena. Su importancia va más allá de lo arquitectónico, pues es un verdadero santuario del arte bizantino, donde los mosaicos alcanzan su máxima expresión. Construida en el siglo VI bajo el reinado del emperador Justiniano I, San Vital impresiona desde el primer instante por su planta octogonal, un diseño innovador para su época que rompe con las típicas formas basilicales. Este espacio íntimo y equilibrado se convierte en el marco perfecto para un despliegue artístico que habla de poder, fe y belleza.

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

Los mosaicos interiores de San Vital son, sin duda, su joya más valiosa y lo que la convierte en una visita imprescindible. Al cruzar sus puertas, uno se sumerge en un mundo de colores y detalles que narran historias sagradas y políticas. Destacan especialmente los dos grandes paneles que flanquean el altar: el mosaico del emperador Justiniano acompañado por sus cortesanos y soldados, y el de su esposa, la emperatriz Teodora con su séquito. Estas imágenes no son simples retratos; son una manifestación visual del poder imperial y de la unión entre la iglesia y el estado, reflejando la grandiosidad y la solemnidad de la época. La riqueza cromática, la precisión de las figuras y la expresividad de los rostros convierten estos mosaicos en verdaderas obras maestras.

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

Justo antes de llegar al altar, el gran arco triunfal llama la atención por la presencia de los doce apóstoles, dispuestos en procesión a ambos lados de Cristo, que preside la escena en el centro, flanqueado por pequeños ángeles.

Basílica de San Vital

A ambos lados del altar principal se encuentran varios paneles de mosaico con escenas del Antiguo Testamento: Abraham ofreciendo a su hijo Isaac, la hospitalidad de Abraham con los tres visitantes, Abel ofreciendo un cordero, y figuras de profetas como Moisés, Isaías y Jeremías. Las figuras aparecen con túnicas y gestos claros, narrando con precisión cada episodio.

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

Pero San Vital no se queda solo en estos mosaicos imperiales. El resto del interior está repleto de escenas bíblicas, ángeles, santos y símbolos que transmiten un mensaje de espiritualidad profunda. La cúpula, con su mosaico del cordero místico rodeado por los cuatro evangelistas, es otro de los puntos álgidos que capturan la mirada y elevan el espíritu. La técnica utilizada, la luminosidad de los vidrios y la composición equilibrada hacen que cada rincón de San Vital sea una lección viva de arte y teología. Caminar por este espacio es sentir que se está en un lugar donde el tiempo se detiene y la historia se revela a través de cada detalle.

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

La arquitectura de San Vital complementa a la perfección el valor de sus mosaicos. Su estructura, basada en una planta centralizada con doble ambulatorio, crea una sensación de armonía y equilibrio poco común en la época. Los materiales, las columnas de mármol traídas de otros lugares y las formas curvas y rectas combinan lo clásico con lo innovador, dando forma a un edificio que es a la vez un templo y un palacio. La luz que se filtra desde las ventanas altas baña los mosaicos, dándoles vida y movimiento, y contribuye a esa atmósfera mágica que envuelve todo el conjunto.

Basílica de San Vital

Basílica de San Vital

La Basílica de San Vital abre generalmente de 10:00 a 17:00 horas, con la última entrada permitida media hora antes del cierre. El precio del pase que incluye los cinco monumentos patrimoniales ronda los 15 euros, y es imprescindible reservar día y hora con antelación a través de la web oficial para garantizar el acceso, especialmente en temporada alta.

MAUSOLEO DE GALA PLACIDIA

La Basílica de San Vital, con sus impresionantes mosaicos y su arquitectura innovadora, deja una huella imborrable, pero justo a pocos pasos se encuentra otro de los grandes tesoros de Rávena: el Mausoleo de Gala Placidia. Aunque a simple vista pueda parecer modesto, este pequeño mausoleo guarda en su interior una de las colecciones de mosaicos más intensas y cautivadoras que se pueden contemplar en la ciudad. Construido en el siglo V para alojar los restos de Gala Placidia, hija del emperador Teodosio I, el mausoleo ofrece un contraste fascinante con la grandiosidad de San Vital, gracias a su atmósfera íntima y recogida.

Mausoleo de Gala Placidia

Mausoleo de Gala Placidia

Al traspasar sus puertas, la luz se refleja en los mosaicos que cubren cada pared y su cúpula, donde destaca el icónico Buen Pastor rodeado de estrellas doradas sobre un fondo azul intenso. Esta imagen, sencilla en apariencia, esconde una fuerza espiritual que sobrecoge: el Buen Pastor, vestido con túnica blanca, sostiene una cruz y camina serenamente entre sus ovejas, símbolo de guía y protección divina. El cielo estrellado que lo envuelve no es solo un fondo decorativo, sino una metáfora de la eternidad y la paz celestial, elevando el sentido del mausoleo como un refugio sagrado.

Mausoleo de Gala Placidia

Mausoleo de Gala Placidia

Mausoleo de Gala Placidia

Las paredes del mausoleo están cubiertas por mosaicos repletos de símbolos cristianos que combinan naturalismo y espiritualidad en una mezcla única. Aquí aparecen palomas que simbolizan el Espíritu Santo, racimos de uvas que evocan la comunión y la vida eterna, y cruces delicadamente entrelazadas con motivos vegetales que llenan los espacios con una elegancia serena. La vibrante paleta de azules, verdes y dorados dota a todo el espacio de una luminosidad que parece trascender el tiempo, envolviendo al visitante en una atmósfera casi mística.

Mausoleo de Gala Placidia

Mausoleo de Gala Placidia

El Mausoleo de Gala Placidia abre sus puertas generalmente de 10:00 a 17:00 horas, con la última entrada permitida media hora antes del cierre. La entrada se incluye en el pase conjunto que da acceso a los cinco monumentos patrimoniales de Rávena, cuyo precio ronda los 15 euros. Es fundamental reservar día y hora con antelación a través de la web oficial para garantizar el acceso, especialmente en temporada alta o días de gran afluencia.

IGLESIA DE SANTA EUFEMIA

Antes de continuar con los monumentos Patrimonio de la Humanidad, cambiaría de aires para acercarme a esta iglesia que esconde otra gran sorpresa.

Santa Eufemia no es una iglesia cualquiera, sino un auténtico remanso de historia y arte que guarda uno de los secretos mejor preservados de Rávena: la Domus dei Tappeti di Pietra, ubicada dentro mismo de la iglesia. Este yacimiento arqueológico sorprende por sus excepcionales mosaicos de suelo, que formaban parte de una antigua casa romana noble del siglo IV. A diferencia de las grandiosas basílicas que narran historias de emperadores y santos, aquí el mosaico se vuelve un testigo silencioso de la vida cotidiana, una auténtica alfombra de piedra que nos invita a caminar por el tiempo y la historia de una familia aristocrática.

Iglesia de Santa Eufemia

Domus dei Tappeti di Pietra. Santa Eufemia

Los mosaicos conservados son una auténtica maravilla. Entre ellos destacan especialmente dos: el mosaico del Buen Pastor, donde se representa a un joven pastor rodeado de ovejas en un paisaje lleno de detalles y delicadeza, y el mosaico de la Danza del Genio de las Cuatro Estaciones, que muestra figuras alegóricas bailando alrededor de un personaje central, acompañadas por elementos que evocan primavera, verano, otoño e invierno. Ambos mosaicos combinan realismo y fantasía, con un colorido sorprendentemente bien conservado que sigue captando la mirada del visitante. Cada imagen, cada figura está cuidadosamente diseñada para crear un espacio donde arte y vida se funden en una simbiosis perfecta. Es posible imaginar a quienes vivieron allí, rodeados de esas imágenes, en un hogar lleno de lujo y cultura, mucho antes de que Rávena fuera la capital del Imperio Romano de Occidente.

Mosaico Danza del Genio. Domus dei Tappeti di Pietra. Santa Eufemia

Mosaico del Buen Pastor. Domus dei Tappeti di Pietra. Santa Eufemia

La Iglesia de Santa Eufemia abre de 10:00 a 17:00 horas, con acceso permitido hasta veinte minutos antes del cierre. La entrada a la iglesia es gratuita, pero para visitar la Domus dei Tappeti di Pietra, que se encuentra dentro del templo, es necesario adquirir un ticket aparte. El precio de la entrada a la Domus es de seis euros. Para asegurarte la entrada es importante sacarla con antelación en la web https://www.vivaticket.com/it/ticket/domus-dei-tappeti-di-pietra/271924. (2 meses antes)

BAPTISTERIO NEONIANO

Volviendo a los edificios Patrimonio de la Humanidad, continué mi paseo con el Baptisterio Neoniano, uno de los más antiguos y significativos de Rávena. Este baptisterio destaca por su estructura octogonal y por ser un verdadero tesoro del arte paleocristiano.

Baptisterio Neoniano

Baptisterio Neoniano

Al entrar, lo que más impresiona es su cúpula, cubierta con un mosaico que representa el bautismo de Cristo por Juan el Bautista. La escena es sencilla pero poderosa, llena de simbolismo y de una belleza que parece casi eterna. Alrededor, los símbolos de los cuatro evangelistas decoran el espacio, cada uno representado con sus características figuras animales: el ángel, el león, el toro y el águila.

Baptisterio Neoniano

Baptisterio Neoniano

Baptisterio Neoniano

Las paredes y columnas del baptisterio están decoradas con mosaicos y relieves que muestran escenas bíblicas, animales fantásticos y motivos vegetales, creando un ambiente sagrado que envuelve al visitante. La luz que entra por las ventanas altas baña los mosaicos, resaltando los tonos dorados y azules, y dando vida a las figuras que parecen flotar en un espacio atemporal.

Baptisterio Neoniano

El Baptisterio Neoniano suele abrir de 10:00 a 17:00 horas, con la última entrada media hora antes del cierre. La visita está incluida en el pase conjunto que da acceso a los cinco monumentos patrimoniales de Rávena, cuyo precio ronda los 15 euros. Como siempre, es imprescindible reservar con antelación para garantizar el acceso, especialmente en temporada alta.

MUSEO ARZOBISPAL

Entre los tesoros que guarda el Museo Arzobispal, dos elementos destacan con una fuerza especial y revelan la importancia histórica y espiritual de este lugar: la cátedra del obispo Maximiano y la capilla de San Andrés. Ambos espacios, aunque muy diferentes en tamaño y función, comparten la capacidad de trasladarte a otra época y hacer palpable el poder y la fe que marcaron a Rávena.

La cátedra del obispo Maximiano es mucho más que un simple asiento. Esta silla episcopal, una de las pocas que se conservan intactas desde el periodo bizantino, se erige como un símbolo tangible de la autoridad religiosa. Tallada en mármol y adornada con paneles de mosaico que relatan escenas bíblicas y motivos simbólicos, la cátedra es una obra de arte y poder. Cada detalle refleja la posición privilegiada del obispo como intermediario entre lo divino y lo terrenal. La maestría técnica y la solemnidad de la pieza imponen respeto, haciendo que uno imagine al obispo sentado allí, ejerciendo su autoridad en un espacio que combina espiritualidad y política.

Cátedra del Obispo Maximiano. Museo Arzobispal

Por otro lado, la capilla de San Andrés, un espacio reducido pero cargado de significado y belleza. Los mosaicos que la cubren son un despliegue de símbolos y figuras que hablan de fe y misterio. No son tan grandiosos ni conocidos como los de San Vital, pero tienen una fuerza visual y espiritual capaz de conmover. Los colores, dominados por los azules profundos, dorados cálidos y verdes suaves, envuelven las paredes creando un ambiente casi sobrenatural. Cada personaje, cada escena, parece estar colocado con la intención de guiar al visitante hacia una experiencia de introspección y paz interior.

Capilla de San Andrés. Museo Arzobispal

Las figuras de santos, ángeles y motivos vegetales se entrelazan con escenas bíblicas que narran episodios de la vida de Cristo y de los mártires, pero sin estridencias, con una delicadeza que invita a detenerse en cada detalle. Las expresiones, aunque estilizadas, transmiten serenidad y una especie de quietud eterna, como si el tiempo allí se hubiera detenido.

Capilla de San Andrés. Museo Arzobispal

El Museo Arzobispal abre de 10:00 a 17:00 horas, permitiendo la última entrada media hora antes del cierre. La visita está incluida en el pase conjunto que cubre los cinco monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad en Rávena, con un coste aproximado de 15 euros. Reservar con antelación es clave para evitar sorpresas y asegurarse el acceso, especialmente en temporada alta.

BASILICA DE SAN APOLINAR EL NUEVO

Volviendo a los edificios Patrimonio de la Humanidad, continuaría mi paseo con la Basílica de San Apolinar el Nuevo, una de las iglesias más emblemáticas de Rávena y testigo privilegiado de los cambios políticos y religiosos que marcaron la ciudad en el siglo VI. Construida por el rey ostrogodo Teodorico como iglesia palatina, fue más tarde consagrada al culto ortodoxo y dedicada a San Martín, hasta recibir su nombre actual en el siglo IX, cuando las reliquias de San Apolinar fueron trasladadas aquí desde Classe. Su exterior, de ladrillo visto y líneas sobrias, esconde un interior que deslumbra con uno de los ciclos de mosaicos más extensos y mejor conservados del arte bizantino.

Basílica de San Apolinar el Nuevo

El interior se organiza en tres largas franjas de mosaicos que recorren las paredes de la nave central. En la inferior, sobre un fondo dorado que parece captar la luz del sol, se despliegan dos procesiones monumentales: en un lado, los mártires avanzan desde el palacio de Teodorico hacia Cristo entronizado; en el otro, las vírgenes caminan desde el puerto de Classe hacia la Virgen con el Niño, acompañadas por los Reyes Magos con sus mantos estrellados. Es imposible no detenerse a observar los detalles: los pliegues de las túnicas, los rostros serenos, la precisión de cada palma que adorna el camino.

Basílica de San Apolinar el Nuevo

Basílica de San Apolinar el Nuevo

Basílica de San Apolinar el Nuevo

En la franja intermedia, entre las ventanas, se alinean figuras solitarias de apóstoles y profetas, envueltos en una calma solemne, como guardianes silenciosos de las escenas que tienen encima. Y en la parte superior, el mosaico se convierte en un relato continuo: milagros, parábolas, la Pasión y la Resurrección de Cristo se suceden en una narrativa visual que te envuelve. Entre las escenas más singulares destaca la Última Cena, con panes en forma piramidal y peces, un detalle poco habitual que rompe con las representaciones más comunes.

Basílica de San Apolinar el Nuevo

Basílica de San Apolinar el Nuevo

Basílica de San Apolinar el Nuevo

El conjunto no solo impresiona por su riqueza artística, sino porque refleja, en cada tesela, el paso de una ciudad de manos arrianas a ortodoxas, de espacio de poder real a lugar de veneración popular. La luz que entra por las ventanas altas acaricia los fondos dorados y parece animar las figuras, como si las procesiones se pusieran en marcha cada mañana.

La Basílica de San Apolinar el Nuevo abre, en temporada alta, de 10:00 a 17:00 horas, con la última entrada permitida media hora antes del cierre. Forma parte del pase conjunto que incluye los otros monumentos patrimoniales de la diócesis, con un precio de 15 euros y validez para varios días. Es imprescindible reservar día y hora a través de la web oficial, especialmente en meses de gran afluencia o festividades.

BAPTISTERIO ARRIANO

Después de dejar atrás la apasionante basílica de San Apolinar el Nuevo, la ruta me llevaría de nuevo a sumergirme en la grandeza espiritual de Rávena, esta vez al Baptisterio Arriano. Este monumento, uno de los más antiguos de la ciudad, ofrece otro capítulo esencial en la historia del arte bizantino.

Construido entre finales del siglo V y principios del VI, este pequeño edificio refleja la fe arriana que predominó en ciertos sectores del Imperio Romano antes de la definitiva consolidación del cristianismo ortodoxo. Su planta octogonal y su cúpula son auténticos testimonios del arte paleocristiano y bizantino temprano.

Baptisterio Arriano

El interior del baptisterio deslumbra especialmente por su mosaico central en la cúpula, que representa el bautismo de Cristo por San Juan Bautista en el río Jordán. Rodeando esta escena, aparecen los doce apóstoles, cuyas figuras parecen flotar sobre un fondo azul profundo salpicado de estrellas doradas, creando una atmósfera mística y espiritual que envuelve al visitante. La calidad y el estado de conservación de estos mosaicos hacen del Baptisterio Arriano un espacio único, capaz de transportar a quien lo contempla a los primeros siglos del cristianismo.

Baptisterio Arriano

Baptisterio Arriano

Baptisterio Arriano

En cuanto a la visita práctica, abre sus puertas de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, ofreciendo una oportunidad perfecta para admirar este monumento durante el recorrido por la ciudad. La entrada tiene un coste aproximado de 2 euros y se adquiere mediante una máquina expendedora situada junto a la entrada, lo que facilita el acceso sin necesidad de reservas anticipadas.

Aunque el Baptisterio Arriano no está incluido en el pase combinado que engloba los cinco monumentos Patrimonio de la Humanidad de la diócesis de Rávena, su visita es más que recomendable para quienes desean completar su inmersión en el arte y la historia de esta ciudad fascinante.

MAUSOLEO DE TEODORICO

Volviendo a la ruta, nada mejor que caminar hacia el Mausoleo de Teodorico, uno de los monumentos más singulares de Rávena. Construido en el siglo VI para albergar el sepulcro del rey ostrogodo Teodorico el Grande, el mausoleo destaca por su arquitectura maciza y su forma octogonal, coronada por una losa de piedra monolítica que pesa más de 20 toneladas, una pieza única que impresiona por su tamaño y por la técnica necesaria para su colocación. A diferencia de otros monumentos de la ciudad, aquí no hay mosaicos ni decoraciones ostentosas; su fuerza reside en la sencillez y robustez de sus muros de piedra, que transmiten una sensación de solidez y permanencia.

Mausoleo de Teodorico

Mausoleo de Teodorico

El interior, bastante sobrio y simple, carece del detalle artístico que caracteriza a otros lugares de Rávena. No hay adornos ni elementos que destaquen, más allá de la estructura básica que sirve de tumba. Este contraste con el esplendor de las basílicas bizantinas refleja una función puramente funeraria y austera, sin pretensiones decorativas.

Mausoleo de Teodorico

Mausoleo de Teodorico

El mausoleo se encuentra en un entorno tranquilo, alejado del centro, y la caminata hasta allí permite cambiar el ritmo de la visita y conocer otro aspecto histórico de Rávena.

BASILICA DE SAN APOLINAR IN CLASE

Volviendo a la ruta, continuaría con la Basílica de San Apolinar in Classe, situada en el pequeño pueblo de Classe, valga la redundancia, a unos seis kilómetros del centro de Rávena, donde se encontraba el antiguo puerto de la ciudad durante la época romana. Para llegar hasta aquí, tomé el tren, que conecta el centro de Rávena con Classe en apenas cinco minutos. Aunque los trenes no son continuos y suelen pasar aproximadamente cada hora, tuve suerte con la coincidencia de horarios y el trayecto resultó rápido y cómodo.

La basílica, construida en el siglo VI, es uno de los ejemplos más destacados del arte bizantino temprano en la región y un testimonio clave de la relevancia religiosa y cultural que tuvo Rávena en esa época. Su planta basilical, con una nave central amplia y dos laterales, ofrece un espacio monumental que, pese a su sencillez exterior, sorprende por la riqueza y la calidad de sus mosaicos interiores.

Basílica de San Apolinar in Clase

Basílica de San Apolinar in Clase

Al entrar, lo que más llama la atención es el ábside, donde se encuentra el mosaico principal dedicado a San Apolinar, el santo patrón de Rávena. En él, San Apolinar aparece vestido con una túnica morada, de pie entre un grupo de ovejas que simbolizan a sus fieles, bajo un cielo dorado que sugiere la gloria celestial. La composición es clara y simbólica, con colores vivos y un fuerte contraste que mantiene intacta la solemnidad y la espiritualidad del espacio. Este mosaico es una pieza fundamental para entender el arte sacro bizantino y la importancia de la figura de San Apolinar para la ciudad.

Basílica de San Apolinar in Clase

Basílica de San Apolinar in Clase

Basílica de San Apolinar in Clase

Además del ábside, las paredes laterales de la basílica están decoradas con escenas bíblicas, ángeles y motivos vegetales que crean una continuidad visual que envuelve todo el interior, dándole un aire de armonía y recogimiento.

Aunque la basílica es menos ostentosa que San Vital o el Mausoleo de Gala Placidia, su atmósfera es igualmente poderosa y transmite la espiritualidad y el arte de la época con una intensidad que no deja indiferente. Su ubicación en el pueblo de Classe, algo alejada del bullicio del centro de Rávena, añade un plus de tranquilidad que permite disfrutar la visita con calma.

Es importante recordar que, a diferencia de otros monumentos de Rávena, la Basílica de San Apolinar in Classe no forma parte del pase conjunto que incluye cinco monumentos, por lo que la entrada se adquiere de forma independiente.

La Basílica de San Apolinar in Classe está abierta de lunes a sábado de 8:30 a 19:30 horas, y los domingos desde las 13:30 hasta las 19:30, con ampliaciones de horario en algunos días de julio y agosto, cuando permanece abierta hasta las 23:30. La entrada general cuesta 5 euros.

MUSEO DANTE

Mi paseo continuó hasta el Museo Dante, ubicado en el antiguo convento franciscano junto a su tumba. Como todavía no iba mal de tiempo, y aunque no lo tenía previsto, me animé a incluir este museo en mi recorrido. La entrada al museo incluye también el acceso a la Casa Dante, justo enfrente, donde se exponen referencias a otras obras del poeta y objetos vinculados a su figura. Por su parte, el claustro medieval forma parte del recorrido y es accesible de manera gratuita; es un espacio sobrio y silencioso que conserva la estructura original, con sus arcos y columnas intactos desde hace siglos.

Todo en el museo gira en torno a Dante y la Divina Comedia. Dentro, el recorrido muestra objetos y documentos relacionados con la vida y la muerte del poeta: la caja donde se ocultaron sus restos, el arca utilizada para exhibirlos tras su hallazgo en el siglo XIX y retratos que explican cómo su imagen fue cambiando con el tiempo. Hay también referencias a Boccaccio y a otros autores que ayudaron a consolidar su figura.

Puertas Antiguas Tumba de Dante.Museo Dante

Arca Dante. Museo Dante

Las salas dedicadas a la Divina Comedia ofrecen una experiencia que combina imágenes, textos y proyecciones sobre el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, creando un ambiente que acompaña la lectura y la hace más visual. Sin embargo, conviene señalar que la visita está muy enfocada en Dante y su obra; para quienes no sientan un interés profundo por el poeta o su universo literario, puede resultar algo densa o incluso aburrida. En mi caso, no me entusiasmó en exceso por este motivo, aunque el recorrido sigue siendo interesante para los amantes de su obra.

Busto Casa - Museo Dante

Dante presenta Giotto a Guido da Polenta de Giovanni Mochi. Casa - Museo Dante

Al final, el claustro se convierte en un lugar perfecto para cerrar la visita, con la calma que dan las paredes antiguas y el aire detenido del convento.

Claustro Franciscano. Museo Dante

El museo abre de martes a domingo, de 10:00 a 17:30, con última entrada una hora antes del cierre. Cierra los lunes y el 25 de diciembre. La entrada general cuesta 5 euros.

L´INGREDIENTE SEGRETO

Para cerrar la jornada, me dirigí a L’Ingrediente Segreto, una piadinería muy pequeña, con apenas cuatro mesas, reconocida por sus piadine y crescioni, productos tradicionales de Rávena. El local es sencillo y funcional: no hay grandes lujos, solo el espacio justo para preparar las piadine al momento y atender a los clientes que entran a probar algo rápido y auténtico.

L´Ingrediente Segreto

El menú se centra en las piadine, con distintos rellenos, y también ofrecen crescioni y otras especialidades típicas de la región. Todo se prepara al instante con ingredientes frescos y locales, manteniendo la tradición de esta comida tan sencilla como sabrosa.

Decidí pedir una piadina de chorizo y queso, acompañada de una Coca-Cola, todo por 10,50 euros. La piadina estaba caliente, con el queso fundido y el chorizo en su punto, y resultó una merienda-cena perfecta después de tantas horas de paseo y visitas.

Con la barriga llena y la mente llena de mosaicos, calles empedradas y monumentos, tomé el bus 18 que me llevó de vuelta al hotel a descansar y cerrar el día.

Piazza del Popolo Iluminada

Basílica de San Francisco Iluminada


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