DIA 11. MÓDENA. Descubriendo la ciudad del vinagre

4 de Enero de 2026.

Tras haber pasado la noche en Módena, el día comenzaba sin prisas ferroviarias, pero no por ello con menos expectación. La ciudad se ofrecía desde primera hora como un escenario denso en historia y símbolos, consciente de que no sería posible abarcarlo todo en una sola jornada. Con un tren que debía tomar alrededor de las cuatro de la tarde, el plan era claro: recorrer lo esencial y aprovechar cada hora disponible al máximo.

Módena es una ciudad de raíces profundas, forjada en la Antigüedad como Mutina romana, colonia estratégica en la Vía Emilia y escenario de episodios decisivos de la historia republicana. Tras los siglos de inestabilidad medieval, su destino quedó ligado de forma casi indisoluble a la casa de Este, que la convirtió en capital ducal en el siglo XVI. Bajo su mecenazgo, Módena se transformó en una ciudad culta y ordenada, dotada de palacios, iglesias y una estructura urbana que aún hoy transmite equilibrio y sobriedad. La catedral románica, la Piazza Grande y la Torre Ghirlandina —conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad— son quizá la mejor síntesis de esa identidad histórica, donde poder civil y religioso se mezclan desde hace siglos.

Pero Módena no vive solo del pasado monumental. La ciudad posee un carácter singular, orgulloso y discreto, donde la tradición convive con una creatividad muy concreta. Aquí nació Luciano Pavarotti, el “Lucchino” universal, cuya voz llevó el nombre de la ciudad a los grandes teatros del mundo. Aquí también se cultiva, con paciencia casi litúrgica, el aceto balsámico tradizionale, fruto de décadas de envejecimiento en baterías de madera, tan ligado a la identidad local como cualquier piedra de su casco histórico. Y en sus alrededores, en Maranello, Ferrari convirtió la ingeniería y la velocidad en una forma moderna de mito, añadiendo al legado cultural modenés una dimensión inesperada y plenamente contemporánea.

Siendo consciente de que tendría que dejar muchas cosas en el tintero, como ya he comentado, lo mejor era empezar, sin tiempo que perder, a disfrutar de todo lo que ofrece la ciudad.

SAN DOMENICO

Mis primeros pasos me llevaron a la iglesia de San Domenico, un edificio cuya historia refleja bien algunas de las etapas clave de Módena. El conjunto fue iniciado en el siglo XVII por la Orden de los Dominicos, aunque su construcción se prolongó durante décadas, lo que explica la relativa sobriedad de su fachada frente a la mayor riqueza del interior. El templo se integra en un antiguo complejo conventual que, con el paso del tiempo, ha tenido usos diversos y hoy forma parte del tejido urbano sin alardes, casi como si siempre hubiera estado ahí.

Iglesia de San Domenico

Sin embargo, en el momento de mi visita la iglesia se encontraba cerrada, por lo que no fue posible acceder al interior ni comprobar directamente ese lenguaje barroco contenido que caracteriza el espacio. Tampoco pude ver el sepulcro de Luciano Pavarotti, que se conserva en el interior del templo y que ha convertido a San Domenico en un lugar de referencia reciente dentro de la ciudad. La tumba, según se describe, es discreta y sin monumentalidad, en consonancia con el carácter del edificio.

San Domenico no es uno de los grandes hitos monumentales de Módena, pero funciona como un buen punto de partida.

PALACIO DUCAL

Desde San Domenico me dirigí hacia el Palacio Ducal, uno de los edificios más representativos de Módena y, al mismo tiempo, uno de los menos accesibles. Antiguamente residencia de los duques de Este, el palacio es hoy sede de la Academia Militar del Ejército italiano, lo que condiciona de forma muy clara su visita. En condiciones normales, el acceso solo es posible mediante visita guiada, limitada a fines de semana y siempre con reserva previa, una restricción ya de por sí considerable.

Palacio Ducal

Palacio Ducal

El edificio actual es fruto de la gran reforma emprendida en el siglo XVII por Francesco I d’Este, decidido a dotar a Módena de una residencia ducal acorde con su condición de capital. La fachada, larga y severa, se abre a Piazza Roma y transmite desde el exterior esa idea de poder y representación que definió durante siglos el papel del palacio dentro de la ciudad.

Sin embargo, al tratarse de principios de año, ni siquiera las visitas guiadas de fin de semana estaban disponibles, por lo que no fue posible acceder al interior. Quedaban fuera de alcance espacios como el vestíbulo de honor, la escalera monumental o las salas históricas —el Salón de Honor, la Sala del Trono o los antiguos apartamentos ducales— que normalmente permiten reconstruir la vida de corte y la función política del edificio durante la época de los Este.

Aun así, el conjunto no pierde interés visto desde fuera. Pasear por la amplia Piazza Roma, perfectamente alineada con la fachada principal, permite comprender la centralidad del palacio dentro del trazado urbano y su función como eje simbólico del poder civil. La plaza actúa casi como un gran escenario abierto, pensado para realzar el edificio incluso cuando este permanece cerrado al público.

Piazza Roma

Al salir, el Giardino Ducale Estense, situado en la parte posterior del edificio, actúa como un paréntesis necesario. Concebido originalmente como jardín privado de la corte, hoy es un espacio público sencillo y tranquilo.

Giardino Ducale Estense

TEATRO MUNICIPAL

El siguiente punto del recorrido fue el Teatro Municipal, hoy dedicado a Luciano Pavarotti. Inaugurado en el siglo XIX, el edificio forma parte de esa red de teatros cívicos que reflejan la importancia que la ópera y la música han tenido históricamente en la vida cultural italiana. Su fachada, sobria y bien integrada en el entorno urbano, no busca imponerse, sino marcar presencia con discreción.

Teatro Municipal

La visita guiada del teatro, según se indica, suele realizarse los sábados por la tarde. En mi caso no fue posible encajarla en mi ruta por esta parte de Italia, así que tuve que conformarme con observar el exterior y situarlo dentro del contexto de la ciudad, consciente de que el interior —con su sala a la italiana, palcos y espacios de representación— quedaría pendiente para, tal vez, una futura visita.

A escasos metros, prácticamente junto al teatro, se encuentra el Monumento a Luciano Pavarotti. La escultura lo representa en uno de sus gestos más reconocibles, saludando al público tras una actuación, y funciona casi como una extensión natural del propio edificio. No es un monumento grandilocuente, pero sí un punto cargado de significado, que subraya de nuevo hasta qué punto la figura del tenor sigue formando parte del paisaje cotidiano de Módena.

Monumento a Luciano Pavarotti

SAN GIORGIO

La iglesia de San Giorgio, aunque discreta en el exterior, ofrece un interior más interesante de lo que podría parecer a primera vista. De origen medieval, el edificio fue profundamente transformado en época barroca, que es la que define hoy su aspecto y su programa artístico. La fachada es sencilla y poco expresiva, casi engañosa, pero el interior presenta una decoración cuidada y coherente con su función parroquial.

Iglesia de San Giorgio

La nave única está articulada por capillas laterales que albergan retablos y lienzos de los siglos XVII y XVIII, obra de artistas vinculados al ámbito emiliano. Sin tratarse de piezas maestras, sí reflejan bien el gusto barroco local, con composiciones claras, una iconografía tradicional y un uso contenido del color. El altar mayor concentra el mayor interés, tanto por su estructura como por la pintura principal dedicada a San Jorge, figura central del templo y uno de los santos más representados en la tradición cristiana.

Iglesia de San Giorgio

Destaca también el uso de estucos y elementos decorativos que aportan ritmo al espacio sin sobrecargarlo, así como la luz, que entra de forma controlada y refuerza el carácter recogido de la iglesia. Todo contribuye a crear un ambiente equilibrado, más pensado para la práctica religiosa cotidiana que para la ostentación.

SINAGOGA

Mi siguiente parada me llevó hasta la sinagoga de Módena, un lugar que introduce un cambio claro de registro dentro del recorrido por la ciudad. Situada en una calle discreta del centro histórico, el edificio pasa fácilmente desapercibido desde el exterior, algo que no es casual. La comunidad judía de Módena estuvo durante siglos sujeta a limitaciones y confinada en el gueto, y esa historia de presencia contenida se refleja también en la arquitectura.

La sinagoga actual fue construida en el siglo XIX, tras la emancipación de la comunidad judía, cuando por fin se permitió levantar un lugar de culto estable y reconocible. El exterior es sobrio y funcional, sin voluntad monumental, acorde con su contexto urbano y con la tradición de discreción que había marcado durante siglos la vida de la comunidad.

Sinagoga

En el momento de mi visita, la sinagoga se encontraba cerrada, por lo que no fue posible acceder al interior. Quedaban así fuera de alcance la sala de oración, la bimá y el arca santa, así como la decoración decimonónica que caracteriza el espacio, con sus motivos de inspiración orientalizante y el uso del color. Aun sin poder entrar, el edificio seguía funcionando como un punto significativo del recorrido, recordando una parte esencial de la historia social y religiosa de Módena que no siempre aparece en los itinerarios más evidentes.

PIAZZA GRANDE

La llegada a la Piazza Grande marcaría un punto de inflexión claro en mi visita a Módena. No se trata solo de una plaza, sino del verdadero centro histórico, político y simbólico de la ciudad desde la Edad Media. El espacio, relativamente contenido en tamaño, concentra algunos de los edificios más significativos y permite leer con bastante claridad la relación entre poder civil, poder religioso y vida pública.

Uno de los accesos más destacados al conjunto es la Porta dei Principi, vinculada directamente al Duomo. Esta puerta monumental, situada en el lado meridional de la catedral, fue concebida como acceso solemne y ceremonial, subrayando el papel del edificio religioso como eje vertebrador de la plaza. Su posición y su tratamiento arquitectónico refuerzan esa idea de jerarquía espacial que todavía hoy resulta evidente al entrar en la Piazza Grande.

El Duomo de Módena es, sin discusión, el elemento central del conjunto. Construido a partir de finales del siglo XI bajo la dirección del maestro Lanfranco y decorado escultóricamente por Wiligelmo y su taller, es uno de los ejemplos más importantes del románico en Italia. La Porta Regia, principal acceso a la catedral, destaca por su riqueza escultórica y por su función simbólica como entrada al espacio sagrado. El programa iconográfico del exterior ya anticipa la importancia de la escultura como vehículo narrativo y doctrinal.

Duomo de Módena

Duomo de Módena

Duomo de Módena

En el interior, los púlpitos esculpidos —obra de Enrico da Campione— constituyen uno de los elementos más singulares del templo. Elevados y claramente visibles, combinan función litúrgica y mensaje visual, integrando figuras escultóricas que refuerzan la solemnidad del espacio y subrayan el papel de la palabra dentro de la liturgia medieval. El coro, con su estructura elevada y su cuidada disposición, refleja igualmente la importancia del clero dentro de la organización espacial del edificio.

Duomo de Módena

Duomo de Módena

Púlpito Duomo de Módena

La cripta, accesible y sorprendentemente amplia, alberga las reliquias de San Geminiano, patrón de la ciudad. Este espacio subterráneo, con su atmósfera más recogida y su juego de columnas y luz filtrada, aporta una dimensión distinta al recorrido y conecta directamente con la Módena medieval más profunda.

Púlpito y Cripta. Duomo de Módena

Muy cerca del Duomo, pero ya en el espacio abierto de la plaza, se encuentra el Altare della Bonissima, situado en alto, en una de las esquinas de la Piazza Grande. Se trata de un pequeño santuario urbano dedicado a una imagen mariana de fuerte arraigo popular. Su presencia, discreta pero constante, introduce un registro distinto al de los grandes edificios monumentales: un punto de devoción cotidiana que recuerda que la plaza no fue solo escenario del poder, sino también espacio vivido por la comunidad.

Altare della Statuina o Bonnísima. Piazza Grande

Junto al Duomo se alza la Torre Ghirlandina, auténtico símbolo de la ciudad. Campanile exento y elemento vertical dominante del conjunto, su función fue tanto religiosa como cívica. La visita la tenía prevista mediante reserva (11:15), lo que subraya su importancia y la necesidad de organizar el acceso. Desde el punto de vista histórico, la torre actuó como referencia visual, como torre de vigilancia y como expresión del orgullo comunal. Su nombre, derivado de las balaustradas que recuerdan guirnaldas, añade un matiz casi decorativo a una estructura esencialmente funcional. La panorámica se extiende más allá del centro histórico y alcanza la llanura circundante, reforzando su papel como hito urbano y símbolo cívico.

Torre Ghirlandina

Módena desde Torre Ghirlandina

Módena desde Torre Ghirlandina

El Palazzo Comunale, situado en uno de los lados de la plaza, completa el triángulo del poder junto al Duomo y la Ghirlandina. Aunque ahora solo lo mencionaré de pasada, su presencia es fundamental para entender la plaza como espacio de gobierno y administración. La visita la tenía prevista más adelante mediante reserva (15:15), por lo que hablaré más adelante de ella.

Palazzo Comunale

En el centro de la plaza se encuentra la Pietra Ringadora, una gran piedra de origen antiguo que desempeñó un papel clave en la vida pública medieval. Sobre ella se proclamaban edictos, se pronunciaban discursos y, en determinados momentos, se exponían los cuerpos de los ajusticiados. Su función era esencialmente cívica y simbólica: un punto desde el cual el poder se hacía visible y audible para la comunidad. Hoy, integrada casi sin señalización en el pavimento de la plaza, sigue siendo uno de los elementos más elocuentes para entender cómo se ejercía y se representaba la autoridad en la Módena medieval.

Piedra Ringadora. Piazza Grande

VIA CESARE BATTISTI

Desde la Piazza Grande, mi recorrido continuaría por Via Cesare Battisti, una calle estrecha y tranquila que actúa casi como zona de transición entre los grandes hitos monumentales y una Módena más cotidiana. No es una vía especialmente destacada desde el punto de vista arquitectónico, pero sí resulta agradable para caminar, con un trazado recogido que invita a avanzar sin prisas.

Via Cesare Battisti

Más allá de su carácter discreto, la calle ofrece una de esas panorámicas urbanas que funcionan casi por casualidad: al levantar la vista, la Torre Ghirlandina aparece encuadrada entre los edificios, recordando de forma constante su papel como referencia visual y simbólica dentro del casco histórico.

La Ghirlandina vuelve a imponerse como punto de orientación, visible incluso desde calles secundarias, reforzando la sensación de que todo el centro histórico gravita en torno a la Piazza Grande y a su conjunto monumental.

MERCATO ALBINELLI

A continuación me adentraría en el Mercato Albinelli, un espacio cubierto que concentra la actividad comercial más tradicional de Módena. El mercado, con sus puestos de frutas, verduras, embutidos y productos locales, refleja muy bien la vida cotidiana de la ciudad y mantiene esa autenticidad que solo los espacios de comercio tradicional pueden ofrecer. Recorrer los pasillos permite percibir los colores, olores y sonidos que hacen de este lugar un núcleo vivo, donde los modeneses se cruzan cada día para hacer sus compras o simplemente para socializar.

Mercado Albinelli

Mercado Albinelli

Mercado Albinelli

En el centro del mercado se abre una pequeña plaza, agradable y recogida, que alberga una fuente. Este detalle aporta un respiro dentro del bullicio de los puestos y ofrece un punto de descanso, un lugar donde detenerse unos minutos y contemplar la vida del mercado desde otra perspectiva. La fuente, sencilla pero armoniosa, funciona como eje visual y aporta frescura al conjunto, equilibrando la densidad de la actividad circundante.

Mercado Albinelli

Además, aprovecharía la visita para comer aquí mismo: una lasaña acompañada de una cerveza, por un total de 15,50 euros, perfecta para reponer fuerzas antes de continuar el recorrido.

SAN FRANCESCO

Mi recorrido continuaría hacia la iglesia de San Francesco, uno de los templos góticos más importantes de Módena. Construida a partir del siglo XIII por la orden franciscana, la iglesia refleja bien los principios de austeridad y funcionalidad propios de la orden, tanto en su arquitectura como en su implantación urbana. La fachada, inacabada y de ladrillo visto, es sencilla y casi severa, muy alejada de cualquier intención decorativa, pero coherente con el espíritu del lugar.

Iglesia de San Francesco

El interior presenta una nave amplia y despejada, cubierta con bóvedas de crucería, que remite de inmediato al gótico mendicante difundido por los franciscanos en el norte de Italia. A lo largo de las paredes se abren capillas laterales añadidas en épocas posteriores, algunas de ellas con restos de decoración pictórica y sepulcros vinculados a familias locales. Destaca especialmente el monumento funerario de Francesco I d’Este, uno de los duques más importantes de la dinastía, cuya tumba introduce un elemento claramente político dentro de un espacio originalmente pensado para la humildad.

Iglesia de San Francesco

Entre las piezas artísticas más relevantes se encuentran el Monumento a la Inmaculada, erigido tras la epidemia de cólera, y el Descenso de Cristo de la Cruz, que aportan un marcado valor histórico y devocional al conjunto. Ambos elementos permiten comprender la relación entre la ciudad, la fe y la memoria colectiva en Módena.

Descenso de Cristo de la Cruz. Iglesia de San Francesco

El contraste entre la arquitectura sobria del templo y la presencia de estos enterramientos nobles resulta significativo y ayuda a entender cómo San Francesco fue ganando peso dentro de la ciudad más allá de su función religiosa.

SAN PIETRO

Continuando con los edificios religiosos, me dirigiría a la iglesia de San Pietro, uno de los templos más antiguos de Módena, con raíces medievales pero profundamente remodelada en época barroca. Su exterior, sobrio y elegante, anuncia un interior que combina la riqueza decorativa del barroco con la solidez de siglos de historia, donde las pilastras, estucos y altares laterales reflejan el esplendor artístico de la ciudad.

San Pietro

Sin embargo, al llegar me encontré con que la iglesia estaba cerrada, por lo que no pude acceder al interior ni contemplar directamente sus altares y pinturas.

SAN VINCENZO

Otra iglesia que se cruzaría en mi camino sería San Vincenzo, un edificio claramente marcado por su origen jesuita y por una identidad plenamente barroca. Construida en el siglo XVII, la iglesia responde a los modelos promovidos por la Compañía de Jesús, pensados para una liturgia eficaz y un impacto visual controlado, donde arquitectura, pintura y escultura trabajan de forma conjunta.

San Vincenzo

El interior, concebido para dirigir la atención hacia el altar mayor, presenta una decoración rica y ordenada, con estucos y dorados que refuerzan la claridad espacial típica del barroco jesuítico. Además, acoge la tumba de Ludovico Antonio Muratori, una de las figuras intelectuales más importantes de la Módena moderna, que otorga al templo una dimensión cultural e histórica más allá de lo religioso.

Al llegar, sin embargo, la iglesia estaba cerrada, por lo que no pude acceder al interior ni apreciar directamente la tumba de Muratori ni los detalles de la decoración. Aun así, su fachada y su posición en la ciudad permiten comprender la importancia de San Vincenzo dentro del panorama religioso e histórico de Módena.

PALAZZO COMUNALE

Llegado ese punto, tocaba volver sobre un lugar que había quedado deliberadamente en segundo plano durante la mañana. El Palazzo Comunale cerraba el recorrido con una visita prevista mediante reserva (15:15), casi como una cita aplazada que por fin encontraba su momento. Situado en plena Piazza Grande, el edificio representa desde hace siglos el corazón del poder civil de Módena, en diálogo constante —y no siempre pacífico— con el Duomo y la torre.

La visita permite acceder a algunas de las estancias más significativas del palacio, comenzando por la Camera dei Confirmati, una sala vinculada históricamente a las funciones administrativas y a la validación de decisiones oficiales. El espacio, sobrio pero cargado de simbolismo, conserva una atmósfera institucional muy marcada, que ayuda a entender cómo se ejercía el gobierno comunal en época medieval y moderna.

La Sala degli Arazzi introduce un registro distinto. Aquí el protagonismo lo asumen los grandes tapices, concebidos no solo como elementos decorativos, sino como instrumentos de representación del poder y del prestigio de la ciudad. Su presencia transforma por completo la percepción del espacio y recuerda hasta qué punto la imagen y el ceremonial eran fundamentales en la vida política.

Sala degli Arazzi. Palazzo Comunale

Sala degli Arazzi. Palazzo Comunale

En la Sala del Consiglio se percibe con claridad la función deliberativa del edificio. Es un espacio pensado para la discusión y la toma de decisiones, con una disposición que refuerza la idea de autoridad colectiva y orden institucional. Sin necesidad de excesos decorativos, la sala transmite la gravedad propia de los lugares donde se decidía el rumbo de la ciudad.

Sala del Vecchio Consiglio. Palazzo Comunale

Por último, la Sala dei Matrimoni cierra la visita con un uso completamente distinto, pero igualmente revelador. Destinada hoy a celebraciones civiles, mantiene una decoración cuidada y un ambiente más ligero, que contrasta con la solemnidad de las salas anteriores y muestra la capacidad del edificio para adaptarse a nuevas funciones sin perder su carga histórica.

Sala dei Matrimoni. Palazzo Comunale

La visita al Palazzo Comunale me permitía así completar la lectura de la Piazza Grande desde la perspectiva del poder civil, poniendo en contexto todo lo visto anteriormente y cerrando el recorrido con una sensación clara de coherencia histórica.

Al final de la jornada en Módena, algunas experiencias quedaron pendientes, como el Museo Ferrari, que hubiera aportado otra perspectiva más moderna y tecnológica de la ciudad. Aun así, lo recorrido —arte, historia, iglesias y plazas— me ofreció un panorama completo de su riqueza y carácter.

El camino continuaría ya sin desvíos hacia la estación. El tren me llevaría a Bolonia en unos treinta minutos y, desde la estación central, enlazaría con el trayecto directo al aeropuerto. A las 18:50 despegaría el vuelo, poniendo fin a unos días intensos y bien aprovechados.

De nuevo, Italia me había fascinado por la densidad y la variedad de su patrimonio, por la forma en que el arte, la historia y la vida diaria conviven. Un país que nunca me deja indiferente y que siempre consigue que uno se marche con la sensación de haber visto solo una parte. Quizá por eso sigue ganándose, viaje tras viaje, la fama de estar entre los mejores países del mundo para disfrutarlo: porque nunca se agota y siempre deja motivos para volver.


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