DIA 07. VERONA. Despidiendo el año en la ciudad de Romeo y Julieta

31 de Diciembre de 2025.

Comenzaba un nuevo día, esta vez en Verona, una ciudad cuya fama suele reducirse a dos imágenes repetidas hasta la saciedad: el balcón de Julieta y el Arena. Pero basta rascar un poco para descubrir que Verona es muchísimo más que ese par de iconos convertidos casi en cliché. Su historia, mucho más compleja y antigua que cualquier romance literario, se despliega en capas que van desde el urbanismo romano mejor conservado del norte de Italia hasta los poderosos señores medievales que moldearon su fisonomía, sin olvidar los siglos de dominio veneciano que dejaron palacios, iglesias y plazas con un sello inconfundible.

Ya en época romana era un nudo estratégico entre el valle del Adigio y la llanura padana; en la Edad Media se convirtió en un centro político decisivo bajo los Della Scala, cuyas torres y sepulcros aún vigilan la ciudad; y más tarde, bajo la Serenísima, Verona adquirió ese aire elegante y ordenado que aún hoy se percibe en sus calles. Por eso, más allá de los tópicos, la ciudad ofrece un catálogo sorprendentemente variado de arquitectura, arte, fortificaciones, iglesias y rincones donde la historia se ha quedado atrapada de forma visible.

Con esa idea en mente —la de una Verona llena de matices— arrancaría la jornada, dispuesto a recorrerla con calma, alejándome de los estereotipos y descubriendo todo lo que la convierte en una de las ciudades más completas del norte de Italia.

PORTA DEL PALIO Y PORTA NUOVA

Mi primera parada del día serían dos de las puertas más representativas del sistema defensivo veronés: Porta del Palio y Porta Nuova. Ambas forman parte del amplio plan de fortificaciones que, entre los siglos XVI y XVII, convirtió a Verona en uno de los complejos militares más avanzados de Europa, un auténtico laboratorio de ingeniería defensiva bajo dominio veneciano.

Porta del Palio, obra de Michele Sanmicheli, es posiblemente la más elegante de todas las puertas de la ciudad. Desde fuera, su carácter monumental se impone de inmediato: una fachada de piedra blanca, con columnas dóricas adosadas y un diseño que mezcla la funcionalidad militar con un clasicismo austero pero contundente. Sanmicheli, arquitecto de referencia de la Serenísima, supo combinar la solidez necesaria para resistir ataques con una estética que recordaba a los arcos triunfales romanos. El resultado es una estructura que, vista hoy, mantiene intacta su presencia imponente, como si el tránsito de coches y peatones no hubiera conseguido domesticar del todo su vocación defensiva.

Porta Palio

Pasear alrededor de la puerta permite apreciar detalles que pasan desapercibidos a simple vista: las cicatrices del tiempo en la piedra, los nichos vacíos donde alguna vez se proyectaron esculturas que jamás llegaron a colocarse, o las líneas perfectamente simétricas de la obra, reflejo del rigor con el que los venecianos concebían sus defensas. A diferencia de otras puertas europeas de la época, Porta del Palio combina un diseño clásico sin renunciar a su propósito militar, lo que la convierte en una pieza maestra del Renacimiento fortificado.

A poca distancia se alza Porta Nuova, también diseñada por Sanmicheli, aunque más sobria en su decoración y claramente orientada a controlar el acceso principal a la ciudad desde el sur. Mientras Porta del Palio tiene un aire más ceremonial, Porta Nuova funciona como un umbral urbano: un paso amplio, sólido y bien articulado, pensado para manejar el tráfico comercial y militar que entraba a Verona por esta vía. Sus grandes pilastras, el arco central y los laterales más estrechos muestran una arquitectura racional, donde la estética sigue estando presente, pero subordinada a la eficacia.

Porta Nuova

Hoy Porta Nuova sigue siendo uno de los puntos de entrada más transitados de Verona, pero basta detenerse un momento para imaginar el movimiento continuo de carros, soldados, mensajeros y comerciantes que durante siglos pasaron bajo sus arcos. Su presencia marca el inicio natural del recorrido hacia el centro histórico, como si la ciudad quisiera recordar al visitante que Verona ha sido siempre un lugar de paso, intercambio y control estratégico.

RECOGIDA VERONA CARD

A las 09:00 en punto me situaría frente a la puerta de la Oficina de Turismo IAT Verona (Via Leoncino 61, junto a Piazza Bra), que abre a esa hora y donde tenía previsto recoger la Verona Card. Llegar temprano era esencial: quería aprovechar la jornada al máximo y, además, asegurarme de tener la tarjeta en la mano antes de empezar a entrar en monumentos y museos.

La Verona Card es, sencillamente, la manera más sensata de visitar la ciudad si se piensa entrar a varios lugares. Permite el acceso gratuito a prácticamente todos los monumentos principales —la Arena, las iglesias históricas, los museos cívicos y varios espacios arqueológicos— y ahorra una cantidad considerable frente a pagar cada entrada por separado. Yo optaría por la versión de 24 horas, que cuesta 27 €, más que suficiente para una jornada intensa. Existe también una opción de 48 horas (32 €), pero en mi caso no tendría sentido: el día 1 era Año Nuevo, y la ciudad estaría prácticamente cerrada, así que era inútil pagar un día adicional.

La tarjeta, además de las entradas gratuitas, incluye descuentos en algunas exposiciones temporales y el uso del transporte público urbano, aunque ese detalle me interesaba menos, ya que prefería moverme a pie por el centro histórico. Lo verdaderamente relevante es que, con un solo pase, evitaba colas y no tenía que preocuparme por comprar billetes individuales en cada monumento, algo especialmente útil en Verona, donde muchos espacios tienen control de acceso y horarios estrictos.

Con la tarjeta ya en mi poder, podía empezar la visita sin la sensación de tener que calcular cada gasto o decidir a qué entrar y a qué no. Con eso resuelto, ya podía continuar hacia el primer edificio de mi lista.

CASA DE GIULIETTA

Desde la oficina de turismo, y con la Verona Card ya en el bolsillo, me dirigiría a uno de los lugares más frecuentados de la ciudad: la Casa di Giulietta. Más allá de toda la mitología literaria que ha generado colas interminables y una fama algo exagerada, el edificio tiene un interés histórico propio como ejemplo de arquitectura medieval civil, con su patio estrecho, los ladrillos vistos y el antiguo palacio de los Cappello, familia veronesa cuyo apellido alimentó la leyenda.

Casa de Julieta

Aun así, lo más importante antes de visitar el interior es tener claro que la entrada está controlada por franja horaria, y que incluso con la Verona Card es obligatorio reservar turno previamente. Yo habría gestionado la reserva en línea, como exige el sistema, a través de la plataforma oficial: https://verona.midaticket.it/Event/1/Date/20251231/Shift, asignándome un horario concreto.

Antes de entrar, el primer contacto es el patio, estrecho y encerrado entre muros altos, convertido hoy en un pequeño embudo humano donde se mezclan quienes fotografían el balcón, quienes esperan turno para acceder y quienes simplemente curiosean. Y es precisamente aquí donde se percibe con claridad cómo un relato literario, completamente desvinculado del edificio en términos históricos, acaba transformando un espacio común en un símbolo universal. No hay pruebas de que la familia de Julieta existiera tal como la representa Shakespeare, ni de que esta casa tuviera relación alguna con la trama, pero la fuerza del mito ha elevado este patio a la categoría de santuario turístico.

Casa de Julieta

Casa de Julieta

Patio Casa de Julieta

Una vez dentro, la visita permite recorrer varias estancias restauradas que muestran distintos momentos de la vida doméstica medieval y renacentista en Verona. Algunas salas están amuebladas con piezas históricas; otras albergan paneles explicativos o referencias más modernas que documentan cómo el edificio fue adquiriendo su papel de escenario literario con el paso de los siglos. El famoso balcón, añadido en el siglo XX, forma parte del recorrido, aunque lo realmente interesante está en las estructuras originales: vigas, muros y ventanas que conservan la huella de la vivienda primitiva y de las ampliaciones posteriores.

Casa de Julieta

Casa de Julieta

Casa de Julieta

ARENA DE VERONA

Tras dejar atrás la afluencia constante de la Casa di Giulietta, me dirigiría hacia uno de los grandes referentes monumentales de la ciudad: el Arena di Verona. Situado en la amplia Piazza Bra, el anfiteatro emerge con una presencia rotunda, más sobria que espectacular, pero incontestable en su solidez. Construido en el siglo I d. C., es uno de los anfiteatros romanos mejor conservados de Italia, aunque el terremoto de 1117 destruyó buena parte de su anillo exterior. De aquel revestimiento monumental solo subsiste hoy la llamada “Ala”, un fragmento que permite intuir la antigua apariencia de todo el perímetro.

Arena de Verona

Arena de Verona

El interior, sin embargo, conserva la estructura esencial: las gradas de piedra, la arena central y los accesos radiales que organizaban la circulación del público. Su estado actual no se explica solo por el paso del tiempo, sino por un uso continuado que ha mantenido viva la estructura: desde espectáculos romanos hasta celebraciones medievales, ferias, actos públicos y, desde el siglo XIX, representaciones musicales. Que un edificio romano siga acogiendo eventos multitudinarios dos mil años después no es una anécdota, sino una rareza excepcional en la arquitectura antigua.

Arena de Verona

Arena de Verona

La Verona Card facilita la entrada, evitando colas y permitiendo acceder directamente al control. En mi caso, aprovecharía esta ventaja para moverme con cierta calma por las gradas, siguiendo el trazado ascendente que permite contemplar el cuerpo interior del anfiteatro y, al mismo tiempo, observar cómo la trama urbana moderna se adosa sin imponerse. Desde los niveles superiores, Verona se presenta con una mezcla de cúpulas, tejados irregulares y torres medievales que subraya la continuidad histórica de la ciudad.

Arena de Verona

Verona desde su Arena

El recorrido por el Arena no exige una visita guiada para apreciarlo, pero sí una mirada que distinga lo original de lo reconstruido. Las áreas más desgastadas pertenecen al núcleo romano, mientras que algunas escaleras y sectores específicos han sido reforzados para permitir la celebración de grandes eventos contemporáneos. Pese a estas adaptaciones, el carácter del edificio sigue siendo inequívocamente romano: piedra desnuda, líneas curvas nítidas y la sensación de que la arena, incluso vacía, conserva la memoria de todos los usos que ha soportado.

Arena de Verona

Verona desde su Arena

Tras la visita y volver a salir al exterior tendría la sensación de haber visitado uno de los monumentos romanos más vivos de Italia.

PIAZZA BRÁ

Al salir del Arena, la Piazza Bra se abría ante mí como uno de los espacios más amplios del centro histórico de Verona. Más que una plaza cerrada, se percibe como un gran ámbito de transición entre la ciudad antigua y las zonas de expansión posteriores. Su escala, poco habitual en un tejido urbano de origen medieval, se explica por su localización histórica junto a uno de los accesos meridionales de la ciudad, lo que favoreció que desde época moderna asumiera un papel representativo y ceremonial.

Piazza Bra 

En el centro destaca la Fuente de los Alpes, instalada en 1975 como símbolo de la unión entre Verona y las regiones alpinas. Su diseño sencillo, con un brote de agua circular sobre una base pétrea, funciona más como articulación del espacio que como elemento decorativo aislado. A poca distancia, la estatua ecuestre de Víctor Manuel II, erigida en 1883, recuerda la adhesión de la ciudad al Reino de Italia y sitúa a la plaza dentro de ese lenguaje urbano decimonónico que buscaba reforzar la identidad nacional a través de monumentos cívicos.

Estatua de Victor Manuel II. Piazza Bra 

El lado oriental está dominado por el Palacio Barbieri, actual ayuntamiento. Construido en estilo neoclásico durante la primera mitad del siglo XIX, presenta una fachada de columnas monumentales y un volumen regular que contrasta con la naturaleza fragmentada del casco histórico. Su presencia define buena parte de la perspectiva de la plaza, subrayando el papel institucional que Bra asumió a partir de la época moderna. En la esquina opuesta, el Palacio de la Gran Guardia, terminado en el siglo XVII pero completado arquitectónicamente en el XIX, ofrece un frente sólido de arcadas y pilastras que sirve hoy como sede de exposiciones y actos oficiales. Ambos edificios, enfrentados, confieren a la plaza un aire de salón urbano abierto a la monumentalidad.

Piazza Bra 

A ras de suelo sobreviven elementos más modestos pero cargados de sentido histórico, como el capitel de la plaza, utilizado en la Edad Media para proclamas públicas, juramentos y sanciones. Junto a él se alza la Torre Pentagona, estructura del siglo XIV vinculada a la antigua muralla y hoy absorbida por el tejido moderno. Su planta irregular y su fábrica defensiva recuerdan que Bra no siempre fue un espacio de representación, sino un límite urbano ligado a las funciones militares y de control de accesos.

Ese vínculo con la antigua frontera de la ciudad se hace aún más explícito en los Portoni della Bra, hoy cubierto por restauración, el doble arco monumental que une la plaza con Corso Porta Nuova. Construidos en el siglo XIV y rematados con un reloj dieciochesco, funcionan como un puente entre el pasado defensivo y la Verona más abierta del periodo veneciano. Cruzarlos, incluso hoy, mantiene esa sensación de atravesar un umbral que separa dos ritmos distintos de la ciudad.

IGLESIA DE SAN FERMO MAGGIORE

Continuaría avanzando hacia el sureste desde Piazza Bra hasta acercarme a la orilla del río Adigio, justo fuera del antiguo trazado de la Verona romana, en las proximidades de la Porta dei Leoni. Es aquí donde se levanta uno de los templos más singulares de la ciudad: la iglesia de San Fermo Maggiore. El lugar no es casual. Según la tradición, en este punto sufrieron martirio en el año 304 los santos Fermo y Rústico, y ya en el siglo V se levantó una primera iglesia paleocristiana para honrar su memoria, vinculando desde muy temprano este espacio al culto de los mártires.

Iglesia de San Fermo Maggiore

La historia del edificio queda marcada de forma decisiva en el siglo VIII. En el año 765, el obispo de Verona, san Annone, recuperó en Trieste las reliquias de los santos Fermo y Rústico, que habían sido trasladadas allí en un momento de inestabilidad. Fue él quien ordenó devolverlas a Verona y depositarlas en esta iglesia paleocristiana, reforzando su papel como santuario martirial. Para acogerlas, mandó construir una confesión específica, el espacio destinado a venerar a quienes habían confesado su fe en Cristo hasta la muerte. Ese gesto no solo consolidó el culto, sino que fijó definitivamente este lugar como uno de los centros espirituales más antiguos de la ciudad.

Iglesia de San Fermo Maggiore

A diferencia de otras iglesias de la ciudad, que presentan una imagen más uniforme, esta muestra desde el primer momento esa dualidad propia de los edificios construidos a lo largo del tiempo: la parte inferior, románica, sobria y maciza, y la superior, gótica, con la fachada de ladrillo y mármol que parece añadirse después.

Entré primero en la iglesia inferior, que conserva con claridad el modelo románico. Su planta es de cruz latina, con tres naves separadas por un orden de pilares centrales robustos, concebidos no solo para articular el espacio, sino para descargar el peso de la iglesia superior. El conjunto se cierra en tres ábsides, hoy perfectamente visibles desde el exterior, lo que refuerza la lectura estructural del edificio. La atmósfera es austera y dominada por la penumbra, pero lejos de ser un espacio vacío, conserva un notable conjunto de frescos que aportan profundidad simbólica al lugar.

Iglesia Inferior. San Fermo Maggiore

Iglesia Inferior. San Fermo Maggiore

En la zona alta se reconocen las figuras de san Juan Bautista y Cristo, junto a la Virgen y san Fermo, acompañados por tres ángeles y san Rústico. En los pilares aparecen escenas y figuras de gran interés: una Virgen con el Niño y una Anunciación; un antiguo retrato de san Francisco junto a san Benito y san Jerónimo; una Virgen amamantando flanqueada por santa Elena y el emperador Constantino; y una representación del Bautismo de Cristo. Este programa iconográfico, integrado en la arquitectura, refuerza el carácter devocional del espacio y dialoga con su función martirial.

Frescos Iglesia Inferior. San Fermo Maggiore

Frescos Iglesia Inferior. San Fermo Maggiore

La iglesia superior ofrece una experiencia completamente distinta. La cubierta de madera en forma de casco de barco invertido genera un espacio amplio y luminoso, que contrasta con la densidad del nivel inferior. Las columnas esbeltas, las capillas laterales y la luz filtrada crean un ambiente recogido pero claro, donde la decoración adquiere un protagonismo mayor.

Iglesia Superior. San Fermo Maggiore

Bóveda Capilla Iglesia Superior. San Fermo Maggiore

Entre las capillas destaca la Capilla Alighieri, vinculada a la familia de Dante. En ella se encuentran enterrados varios descendientes del poeta, lo que añade una dimensión literaria y memorial al recorrido, conectando el templo con una de las figuras fundamentales de la cultura italiana.

Capilla Alighieri. Iglesia Superior. San Fermo Maggiore

En la zona presbiteral se custodian las reliquias de los santos Fermo y Rústico, reforzando la continuidad simbólica entre la iglesia inferior y la superior.

Presbiterio. San Fermo Maggiore

Uno de los puntos más destacados de la iglesia superior es el mausoleo Brenzoni, uno de los monumentos funerarios más originales y escenográficos de Verona. En él se conserva la Anunciación de Pisanello, realizada en el siglo XV, considerada la primera obra firmada y fechada de su producción. La decoración pictórica se armoniza muy bien con la escultural, pues el mausoleo posee una estructura particular, ya que a la tumba pavimental se une un monumento de pared bordeado por una cortina apartada por los ángeles que evoca una especie de escena teatral.

Mausoleo Brenzoni. Iglesia Superior. San Fermo Maggiore

PORTA DEI LEONI

Al salir de San Fermo y avanzar unos pasos hacia el nordeste, me encontraría con uno de esos restos romanos que Verona deja a la vista casi sin proponérselo: la Porta dei Leoni. No tiene la espectacularidad ni el impacto inmediato del Arena, pero precisamente por eso funciona como un recordatorio claro de hasta qué punto la ciudad está construida por capas. Lo que hoy se conserva es solo una parte de su fachada interna, absorbida por edificios medievales y modernos, pero aun así permite imaginar su función original dentro del sistema defensivo romano. En su día, esta puerta controlaba el acceso por el antiguo cardo y estaba flanqueada por torres, con una estructura que combinaba utilidad militar y monumentalidad urbana.

Porta dei Leoni

La parte visible —arcos, nichos y trazas de la decoración— queda varios metros por debajo del nivel actual de la calle, lo que revela el desnivel acumulado por siglos de construcción sobre construcción. Esa diferencia de altura, más que cualquier explicación arqueológica, es lo que ayuda a entender la continuidad de la ciudad: la Verona actual circula por encima de la Verona romana, literalmente. Frente a la Porta dei Leoni, además, pueden verse restos del trazado viario antiguo, lo que hace fácil reconstruir mentalmente el movimiento de mercancías y personas que entraban por este punto hace dos mil años.

Porta dei Leoni

PIAZZA DELLE ERBE

Desde la Porta dei Leoni, apenas unos minutos de paseo me llevarían al corazón más reconocible —y a la vez más antiguo— de Verona: Piazza delle Erbe. Basta con observar la forma alargada, heredera directa del antiguo foro romano, para entender que este espacio ha sido el centro de la vida comercial de la ciudad durante casi dos milenios. Hoy combina mercado, terrazas y edificios de varias épocas encajados sin demasiado orden, pero con una fuerza visual que no requiere explicación.

Piazza delle Erbe, Palazzo della Ragione y Torre dei Lamberti

En el centro se alza la Fontana di Madonna Verona, una escultura del siglo XIV colocada sobre una base romana aún más antigua. La figura femenina, solemne y hierática, sostiene un pergamino con el lema de la ciudad, y pese a que ha sido restaurada en numerosas ocasiones, conserva ese aire de símbolo cívico que trasciende cualquier intervención. Es una de esas piezas que no llaman la atención por tamaño, sino por la autoridad que ejercen sobre el espacio inmediato.

Piazza delle Erbe, Fontana di Madonna Verona y Palazzo Maffei

En uno de los lados de la plaza, las Casas Mazzanti muestran sus fachadas decoradas con frescos renacentistas que, aunque desgastados, siguen aportando una capa pictórica al conjunto urbano. No es habitual encontrar un ciclo pictórico exterior tan amplio conservado en pleno centro histórico, y eso hace que estas casas funcionen casi como un recordatorio de cómo debía verse Verona antes de que la intemperie y los siglos desdibujaran la mayoría de las decoraciones murales.

Dominando todo el lateral norte se alza la Torre dei Lamberti, que forma parte del Palazzo della Ragione, cuyo perfil se distingue desde varios puntos de la ciudad. La subida —ascensor mediante o a pie para los más obstinados— ofrece una vista panorámica que justifica el desvío. Subí utilizando la Verona Card, lo que facilita el acceso, y desde lo alto la lectura de la ciudad cambia por completo: la forma alargada de la antigua plaza-foro se entiende de un solo golpe de vista, los tejados rojizos se superponen sin orden aparente, el entramado medieval aparece denso y compacto y el curso irregular del Adigio dibuja con claridad el límite natural del casco histórico.

Palazzo della Ragione y Torre dei Lamberti

Verona desde Torre dei Lamberti

Verona desde Torre dei Lamberti

Verona desde Torre dei Lamberti

En el extremo opuesto, el Palazzo Maffei, con su fachada barroca repleta de columnas, nichos y esculturas, introduce un contraste evidente respecto a la sobriedad de otros edificios de la plaza. No compite con ellos; simplemente muestra otra etapa de la historia urbana, cuando Verona adoptó sin complejos el lenguaje decorativo del Barroco para sus residencias nobles. En cualquier caso, hablaré de él en el siguiente apartado ya que también me animaría a visitarlo.

Palazzo Maffei. Piazza delle Erbe

Adosado al anterior se puede apreciar la Torre del Gardello, la cual añade otro hito vertical al conjunto. De origen medieval, fue una de las primeras torres provistas de reloj público en la ciudad, un elemento que hoy puede pasar desapercibido pero que en su momento reguló la vida diaria de los habitantes de la ciudad.

PALAZZO MAFFEI

Como decía antes, me animaría a visitar el Palazzo Maffei, construido a finales del siglo XVII por la familia Maffei, una de las más influyentes de Verona, para afirmar su prestigio en el centro de la ciudad. Su fachada barroca, con columnas, nichos y estatuas, ya anuncia la riqueza del interior, aunque lo que más me llamó la atención fue recorrer sus salas y descubrir cómo el palacio combina historia, arte y memoria familiar.

Palazzo Maffei

Palazzo Maffei

Dentro se conservan varias obras pictóricas de gran interés. Entre ellas destacan Tête de Femme de Picasso, Veduta di Fantasia con Castel San Pietro de Andrea Porta y La Gran Ola de Kanagawa de Hokusai. Cada sala me permitió observar no solo las obras, sino también los detalles arquitectónicos originales, recordando que este edificio fue la residencia de una familia que marcó la vida política y social de Verona durante siglos.

Tête de Femme de Picasso. Palazzo Maffei

Veduta di Fantasia con Castel San Pietro de Andrea Porta. Palazzo Maffei

La Gran Ola de Kanagawa de Hokusai. Palazzo Maffei

Pero para mí la mayor sorpresa sería que la entrada incluye el acceso a la azotea, algo que poca gente sabe. Subir allí cambia completamente la manera en que percibes todo el entorno. Desde lo alto se comprende la extensión de Piazza delle Erbe, la integración de la Torre dei Lamberti dentro del Palazzo della Ragione y la densidad del casco histórico. Se ven con claridad las fachadas pintadas, los tejados rojizos y el trazado de las calles medievales, y más allá, el río Adigio marcando los límites de la ciudad.

Piazza delle Erbe y Torre dei Lamberti desde Palazzo Maffei

Verona desde Palazzo Maffei

Casas Mazzanti desde Palazzo Maffei

El acceso al palacio con la Verona Card  reduce la entrada a 7 euros.

PIAZZA DEI SIGNORI

Dejando atrás la animación constante de Piazza delle Erbe, la transición hacia Piazza dei Signori, mi siguiente parada, resulta casi abrupta: basta cruzar unos metros para que el bullicio se diluya y la paz te envuelva. No es una plaza monumental en tamaño, pero sí en significado: durante siglos fue el núcleo político y administrativo de la ciudad, el lugar donde se tomaban decisiones que afectaban al territorio veronés y donde se concentraban los edificios del poder civil.

Piazza dei Signori y Torre dei Lamberti

En el centro se alza la estatua de Dante Alighieri, instalada en 1865 con motivo del sexto centenario de su nacimiento. Verona presume de haber acogido al poeta durante su exilio, y la escultura —con Dante en postura reflexiva, envuelto en su manto y mirando hacia los palacios comunales— se convirtió en símbolo de esa relación. Todo un homenaje literario a tan importante figura.

Uno de los accesos más singulares a la plaza lo marca el Arco della Costa, conocido también como Costa di Balena. Del arco cuelga, desde tiempos medievales, una enorme costilla de ballena cuya procedencia permanece envuelta en versiones dispares: reliquia exótica llegada por mercaderes, trofeo simbólico o simple curiosidad urbana. Sea cual sea su origen, funciona como punto de referencia y como elemento que recuerda la Verona comercial y abierta al tránsito internacional de la Edad Media.

Arco della Costa

El perímetro de la plaza está definido por algunos de los edificios más representativos del antiguo poder comunal. La Loggia del Consiglio, levantada en el siglo XV, es quizá el más refinado de todos: un ejemplo de arquitectura renacentista veronesa, con elegantes arcadas y una serie de estatuas que rematan su parte superior, representando figuras ilustres de la Antigüedad. Aquí se reunía el consejo ciudadano, y su construcción expresa la voluntad de la ciudad de alinearse con los valores humanistas del momento.

Piazza dei Signori

En uno de sus flancos aparecería de nuevo el Palazzo della Ragione, pieza esencial del entramado institucional veronés. Su patio, el Cortile del Mercato Vecchio, es uno de los rincones más característicos del casco histórico, con la Escalera de la Ragione ascendiendo en piedra hacia los niveles superiores. El conjunto funciona como una transición natural entre las plazas, conservando esa mezcla de solemnidad y vida cotidiana que define esta parte de la ciudad.

Escalera de la Ragione y Torre dei Lamberti. Piazza dei Signori

PIAZZALETTO DELLE ARCHE

Tras dejar atrás la Piazza dei Signori, me dirigiría hacia el Piazzaletto delle Arche. Este pequeño espacio urbano, discreto pero lleno de historia, alberga la Iglesia de Santa María Antica, un ejemplo destacado del románico veronés. Su fachada, sobria y elegante, combina arcos de medio punto con un equilibrio de proporciones que transmite serenidad. El campanario adosado añade un toque vertical que se percibe desde distintos ángulos de la plaza, integrando la iglesia en el tejido urbano medieval.

En la misma plaza se pueden observar las impresionantes  Arche Scaligere, uno de los conjuntos funerarios más singulares de la Edad Media italiana. Las tumbas están elevadas sobre pedestales y rodeadas por rejas de hierro forjado, dispuestas de esta manera para subrayar el poder, la autoridad y la memoria permanente de la familia Scaliger, haciendo que su presencia dominara visualmente el espacio urbano y señalara su importancia frente a la ciudad. La más destacada es la de Cangrande I, con su escultura ecuestre que lo representa dominando el conjunto. Junto a ella se encuentran las tumbas de Mastino II y Cansignorio, con pináculos, arquillos y relieves de santos y virtudes, en un uso de la verticalidad que las convierte en torres funerarias.

Conjunto Tumbas Arche Scaligere

Conjunto Tumbas Arche Scaligere

Conjunto Tumbas Arche Scaligere

La ubicación junto a Santa María Antica no es casual: esta era la iglesia privada de la familia, y las tumbas reflejan su importancia dentro de la Verona del siglo XIV. Desde distintos ángulos del piazzaletto se puede apreciar la complejidad del conjunto y la coherencia de su diseño.

CASA DE ROMEO

Tras salir del Piazzaletto delle Arche, la ruta me conduciría hacia la Casa di Romeo, situada en una calle cercana a la Piazza delle Erbe. A diferencia de la Casa di Giulietta, esta propiedad no está abierta al público, y la visita se limita a observar su fachada desde la vía pública.

El edificio, de estructura medieval con elementos que han sobrevivido a varias restauraciones, mantiene el aire de residencia urbana veronesa de los siglos XIII y XIV. Las ventanas, los balcones y el portal reflejan la tipología doméstica de la época, aunque cualquier conexión con el personaje literario se reduce a la tradición cultural que ha convertido a Romeo en símbolo de Verona más allá de la historia real.

Casa de Romeo

Detenerse frente a la Casa di Romeo permite también valorar cómo la ciudad ha incorporado estas figuras literarias en su memoria urbana: sin romanticismos ni dramatizaciones, Romeo se convierte en un referente cultural visible solo desde la fachada.

IGLESIA DE SANTA ANASTASIA

Pronto aparecería ante Santa Anastasia, la mayor iglesia gótica de Verona. Desde el exterior no impone por monumentalidad, sino por la verticalidad contenida de sus líneas. La fachada, inacabada, deja a la vista el ladrillo y los mármoles alternos, una marca habitual de la arquitectura veronesa que aquí funciona como una introducción sobria a lo que aguarda dentro.

Basílica de Santa Anastasia

El interior, sin embargo, cambia la escala del conjunto. Las columnas de mármol rojo de Verona sostienen las bóvedas con una claridad estructural que evita la pesadez y hace que la nave principal se perciba más larga que ancha. El espacio es diáfano y permite que las capillas laterales respiren sin quedar aisladas.

Basílica de Santa Anastasia

Bóveda. Basílica de Santa Anastasia

A pocos pasos de la entrada aparecen las pilas bautismales sostenidas por jorobados, dos figuras medievales talladas en mármol que parecen cargar el peso del agua ritual con una mezcla de ironía y solemnidad. No son un ornamento menor: son un recordatorio de la iconografía popular que convivía con los programas religiosos más ambiciosos. Su presencia introduce un contrapunto humano en un interior dominado por proporciones góticas.

Escultura Jorobado. Pila de Agua Bendita. Santa Anastasia

Entre las obras que definen la identidad de Santa Anastasia destaca el Fresco de la Familia Cavalli de Altichiero. Situado en una de las capillas del transepto, representa a los miembros del linaje presentándose ante San Jorge. Altichiero articula la escena con un realismo sobrio: rostros precisos, gestos contenidos y un uso del color que no busca deslumbrar, sino sostener la narrativa. Es una de las mejores muestras del gótico veronés, y explica por qué este pintor fue uno de los referentes del Trecento.

Capilla Cavalli. Santa Anastasia

En la capilla contigua se encuentra el fresco más célebre del templo: San Jorge y la Princesa, de Pisanello. A diferencia de Altichiero, Pisanello introduce una sensibilidad más cortesana: detalles minuciosos, ropajes elaborados y un sentido casi coreografiado del movimiento. La escena del caballero a punto de partir y la figura de la princesa, ambas trabajadas con precisión casi miniaturista, convierten este muro en una pieza esencial del gótico internacional.

Capilla Pellegrini. Santa Anastasia

Fresco Pisanello. Capilla Pellegrini.Santa Anastasia

En una de las capillas también se conservan tumbas colgantes, suspendidas en altura siguiendo una tradición funeraria muy veronesa. Su presencia no interrumpe la lectura del espacio, pero sí recuerda que el templo fue durante siglos lugar de prestigio para el enterramiento de familias nobles y órdenes religiosas.

Dentro del recorrido destacan también algunos altares que ayudan a entender el peso artístico y teológico del templo. El altar Fregoso, dedicado al Redentor, impone por la pureza de su concepción y por una belleza que ya en su tiempo fue reconocida, hasta el punto de impresionar a Vasari. Muy distinto, pero aún más contundente, es el altar Centrego, dedicado al dominico Santo Tomás de Aquino. Se trata de una obra imponente, presidida por el retablo de la Virgen en el trono entre los Santos Tomás y Agustín, una de las piezas más sobresalientes del conjunto, que refuerza la solemnidad doctrinal del espacio y subraya la importancia del pensamiento teológico dentro de la iglesia.

Altar Fregoso. Santa Anastasia

Altar Centrego. Santa Anastasia

DUOMO (SANTA MARIA MATRICOLARE)

Mi recorrido continuaría hacia el Duomo de Verona, un conjunto que no se entiende como un solo edificio, sino como un sistema de espacios religiosos articulados en torno a un mismo núcleo. Desde el exterior, la catedral presenta la mezcla habitual de mármol blanco y rosa que caracteriza a la ciudad, con una fachada románica donde las arcadas ciegas, el pórtico profundo y la decoración escultórica introducen una solemnidad contenida, sin exceso ornamental.

Duomo o Catedral de Sta María Matricolare

El interior responde a una sucesión de intervenciones históricas que no rompen la unidad del espacio. Las columnas de mármol rojo, de nuevo protagonistas, sostienen la nave principal y guían la mirada hacia el presbiterio, donde las soluciones renacentistas conviven sin estridencia con la estructura románica original. La luz entra medida, suficiente para leer las líneas arquitectónicas sin convertirlas en espectáculo.

Duomo o Catedral de Sta María Matricolare

Duomo o Catedral de Sta María Matricolare

Pero el valor del conjunto no está solo en la catedral, pues se visita también la Iglesia de Santa Elena y al Baptisterio de San Giovanni in Fonte, dos espacios esenciales para entender la historia religiosa y artística de Verona.

Santa Elena se percibe como un paréntesis dentro del complejo: más austera, más antigua y con una atmósfera que roza lo arqueológico. Allí se conservan restos de pavimentos paleocristianos y estructuras prerrománicas que muestran cómo el lugar fue centro litúrgico mucho antes de la configuración medieval del Duomo.

Iglesia de Santa Elena. Duomo de Verona

El Baptisterio de San Giovanni in Fonte concentra su interés en la pila bautismal del siglo XII, tallada en un único bloque de mármol rojo. Su relieve no es ornamental, sino funcional: escenas sintetizadas, trazos firmes y un programa iconográfico que responde a la tradición románica sin exceso narrativo. La pieza impone más por su masa y por la precisión del trabajo que por cualquier ambición estética grandilocuente. El espacio que lo contiene es reducido y severo, y esa contención arquitectónica encaja con la función original del baptisterio: un lugar de paso litúrgico, no de exhibición artística.

Fuente Bautismal. Baptisterio. Duomo de Verona

CORSO CAVOUR Y PORTA BORSARI

Desde la zona de la Catedral, mi ruta avanzaría hacia Corso Cavour, una de las arterias históricas que conserva con bastante claridad la superposición de épocas característica de Verona. El trazado rectilíneo responde al urbanismo romano, pero los edificios que lo flanquean revelan capas medievales, renacentistas y barrocas que se suceden sin ruptura evidente.

El punto destacado del recorrido, tras observar las fachadas de algún que otro palacio, sería la Porta Borsari, antigua puerta romana del siglo I d. C., que marcaba el acceso principal a la ciudad por el oeste. Su fachada de dos pisos, con vanos regulares y un uso avanzado de la piedra local, es un ejemplo claro de arquitectura pública romana en buen estado de conservación. Más allá de su valor estético, su función era administrativa: aquí se cobraban tasas y se controlaba la entrada de mercancías, algo que su nombre medieval —relacionado con los borsari, los recaudadores— todavía recuerda.

Porta Borsari

SAN ZENO MAGGIORE

La jornada concluiría en San Zeno Maggiore, dedicada al patrón de Verona y, sin duda, una de las iglesias románicas más bellas de Italia. Su fachada de piedra clara, con el gran rosetón central y el pórtico sostenido por leones, no necesita artificios para imponerse: es un edificio que muestra su estructura sin adornos superfluos, marcado por un equilibrio geométrico que ha resistido reconstrucciones, riadas y terremotos. El campanile y el antiguo torreón fortificado completan el conjunto, recordando que este era un punto neurálgico del barrio occidental de Verona desde época altomedieval.

Basílica de San Zeno Maggiore

Basílica de San Zeno Maggiore

El interior mantiene la misma claridad constructiva: columnas robustas, techumbre de madera y tres naves bien definidas. Nada de excesos barrocos ni intervenciones ruidosas; predomina una lectura limpia del espacio que permite entender el edificio casi de un vistazo. A lo largo de las paredes se conservan frescos de distintas épocas, fragmentarios pero elocuentes, que documentan la larga vida artística del templo y su continua adaptación sin perder la coherencia románica.

Basílica de San Zeno Maggiore

Frescos Basílica de San Zeno Maggiore

Frescos Basílica de San Zeno Maggiore

Una de las piezas que más impresiona es la puerta de bronce, una obra excepcional formada por el ensamblaje de 48 paneles distintos, realizados en momentos diferentes, que representan episodios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Puerta de Bronce. Basílica de San Zeno Maggiore

Próxima a la anterior se puede ver también una copa de pórfido, un monolito rojizo de época romana procedente de un edificio termal. La tradición cuenta que fue transportado hasta aquí por el demonio, por orden de san Zeno, una leyenda que añade una capa simbólica a un objeto ya de por sí cargado de antigüedad.

Copa de Pórfido. San Zeno Maggiore

En la capilla mayor se encuentra el Tríptico de Andrea Mantegna, pieza clave del Quattrocento y uno de los grandes hitos artísticos del templo. La obra representa a la Virgen con el Niño entronizados, rodeados por varios santos bajo una arquitectura ficticia de mármoles y pilastras, construida con el rigor perspectivo propio de Mantegna. Su interés no radica en la narrativa religiosa —que es la habitual— sino en la forma en que el pintor organiza las arquitecturas fingidas, los mármoles y la perspectiva para dotar al conjunto de una profundidad que no se corresponde con el muro real. La pieza funciona como un manifiesto temprano de su estilo: precisión, rigor geométrico y una atención casi arqueológica a los detalles clásicos.

Tríptico de Andrea Mantegna. Capilla Mayor. San Zeno Maggiore

No muy lejos se conserva también la célebre escultura de San Zeno que ríe, realizada en mármol policromado a finales del siglo XIII. La figura del santo, sentada y con una expresión sorprendentemente humana, rompe con la rigidez habitual de la escultura medieval y refuerza la imagen cercana y popular del patrón de la ciudad.

Escultura de San Zeno que ríe. San Zeno Maggiore

A lo largo de las paredes de las naves se conservan también frescos de distintas épocas. Algunos están en perfecto estado, otros algo desgastados y otros solo se intuyen, pero acompañan el recorrido y recuerdan que San Zeno fue decorándose poco a poco a lo largo de los siglos. No forman un conjunto uniforme ni espectacular, pero ayudan a entender la larga vida del templo.

Bajo el altar mayor se abre la cripta, uno de los espacios más antiguos del complejo, construida a principios del siglo XIII. El interior está soportado por 54 bóvedas cruzadas: entre las columnas finas se pueden ver los poderosos pilares que sostienen la iglesia superior, decorados con frescos del siglo XIV. Al final del ábside, en una urna de cristal, se encuentra el cuerpo de San Zeno, patrón de Verona, celebrado solemnemente con una procesión  en la ciudad celebrada el 21 de mayo.

Cripta. San Zeno Maggiore

Cripta. San Zeno Maggiore

El recorrido se completa con el claustro, construido en el siglo X y renovado repetidamente: el actual se remonta a principios del siglo XIV. Los arcos de los lados norte y sur  son redondos, mientras que los otros dos son apuntados. En la capillita que sobresale hay un lavadero para los monjes.

Claustro Basílica de San Zeno Maggiore

Claustro Basílica de San Zeno Maggiore

A la salida, sólo me restaba ya volver al centro mediante un agradable paseo al lado de la orilla del río Adigio, encontrándome con la hermosa imagen del puente Scaligero y el Castel Vecchio iluminados, de casualidad, justo los puntos con los que mañana abriría el día.

Castel Vecchio y Ponte Scaligero

En unos quince minutos ya me encontraba mezclado con la multitud, que apuraba las últimas horas antes del nuevo año. Había en el ambiente esa prisa característica del último día del año: los paseos que se alargan más de lo previsto, las compras de última hora, la sensación de que todo el mundo está ocupando el tiempo mientras espera que llegue la medianoche. Más que ruido, se notaba una expectativa contenida.

De pronto, una música que llegaba desde las inmediaciones de la Arena empezó a imponerse al murmullo general. Sin pensarlo demasiado, seguí ese sonido hasta desembocar de nuevo en la plaza, donde me encontré con un concierto de fin de año, gratuito, con gente reunida alrededor del escenario improvisado, lo que me animaría a quedarme. No había mejor manera de terminar las últimas horas del 2025.

Concierto Previo Nochevieja en Verona

Más tarde, cuando la plaza empezó a vaciarse, emprendí el camino de vuelta al apartamento. Me esperaba una lasaña casera que había comprado el día anterior y unos paninis sencillos. Recibí el año nuevo entre el programa especial de la RAI 1 y las uvas de TVE española.

Poco después de la una, con el cansancio acumulado y la sensación de haber cerrado el día de la mejor manera posible, me fui a dormir. Al fin y al cabo, mañana quería empezar el año descansado.


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