DIA 06. PADUA. Nuevas sorpresas en la ciudad del Santo

30 de Diciembre de 2025.

Hoy continuaría adentrándome en Padua con la idea de abordar otros lugares históricos en los que también estaba interesado. La ciudad, más allá de su perfil religioso y monumental, debe buena parte de su identidad al largo periodo en que estuvo bajo la órbita de la Serenísima República de Venecia, desde comienzos del siglo XV hasta finales del XVIII. Fueron siglos en los que Padua actuó como ciudad estratégica del dominio veneciano en tierra firme: se reforzaron murallas, se reorganizó la administración y se fomentó la vida intelectual ligada a su universidad, que en aquel tiempo atrajo a juristas, médicos y científicos de toda Europa. Caminar por sus calles con esta perspectiva en mente me permitiría leer la ciudad de otra manera, entendiendo cómo esta mezcla de autonomía local y control veneciano terminó dando forma a muchos de los espacios y edificios que siguen marcando su fisonomía actual.

IGLESIA DE SANTA LUCIA

Comenzaría acercándome a la iglesia de Santa Lucía, un templo que, aunque menos monumental que el Duomo o la basílica del Santo, refleja la vida religiosa cotidiana de Padua más allá de los grandes escenarios. Su origen se remonta al siglo XII, aunque la estructura actual es fruto de sucesivas reformas renacentistas y barrocas que intentaron armonizar la sobriedad del románico con la elegancia del nuevo estilo, sin perder la serenidad de un espacio dedicado al culto.

Iglesia de Santa Lucía

Al acercarme, me llamaría la atención la fachada, sencilla pero de proporciones equilibradas, con ventanales que dejan pasar la luz hasta el interior, creando un juego de sombras que acentúa la profundidad de la nave central. El acceso principal, enmarcado por un pequeño pórtico, invita a detenerse un instante antes de entrar.

Dentro, la iglesia se organiza en una nave única con capillas laterales, cada una custodiando retablos de artistas locales, frescos y esculturas de santos. Entre los elementos más destacados se encuentra el altar mayor, con un lienzo de mediados del siglo XVII que representa a Santa Lucía rodeada de ángeles, donde se aprecia un uso del color y de la luz que recuerda a la escuela veneciana sin recurrir a gestos exagerados. Las capillas laterales albergan retablos barrocos y pequeñas esculturas, mostrando cómo la iglesia fue receptora de obras encargadas por familias locales que buscaban expresar su fe y su posición social en un espacio cotidiano, más cercano que los grandes templos.

Iglesia de Santa Lucía

La iglesia abre todos los días de 7:00 a 12:00 y de 16:00 a 19:00, y la entrada es gratuita.

CASA DI EZZELINO

Desde Santa Lucía continuaría mi recorrido hasta encontrarme con la Casa di Ezzelino, uno de los pocos vestigios que quedan en Padua de los poderosos señores medievales que marcaron la historia de la ciudad. Ezzelino III da Romano, conocido por su papel decisivo en la política del norte de Italia durante el siglo XIII, dejó una impronta de autoridad y violencia que todavía se percibe al acercarse a este edificio. La casa, situada en una calle tranquila del centro histórico, no conserva la monumentalidad original de la residencia medieval, pero las proporciones del edificio y algunos elementos de mampostería y ventanas con arcos apuntados permiten imaginar la firmeza de la construcción de la época.

Casa de Ezzelino

Al detenerme frente a su fachada, sería inevitable pensar en el contexto histórico: Padua estaba entonces dividida entre facciones rivales, con los Carrara, los Ezzelini y otras familias compitiendo por el control político y militar. La Casa di Ezzelino funcionaba tanto como vivienda como símbolo de poder; su localización estratégica permitía vigilar las rutas de acceso a la ciudad, y aunque hoy el entorno urbano ha cambiado radicalmente, es posible percibir esa intención de dominio y presencia que inspiraba respeto —y miedo— en sus contemporáneos.

Casa de Ezzelino

El interior, accesible solo en parte mediante visitas organizadas o exposiciones temporales, conserva elementos arquitectónicos originales: arcos de medio punto, bóvedas de madera y algunas decoraciones que sobrevivieron a los siglos y a la transformación de la casa en propiedad privada.

PALAZZO DELLA RAGIONE

Como ayer no había podido acceder al interior al estar cerrado por ser lunes, hoy  había llegado el momento de conocer el Palazzo della Ragione, uno de los edificios civiles medievales más destacados del norte de Italia y auténtico símbolo del poder comunal de Padua. Su volumen domina el conjunto urbano, no solo por su tamaño, sino por la manera en que articula el espacio: funciona como pasaje, como límite y como mirador al mismo tiempo. Construido en 1218 y ampliado a lo largo del siglo XIV, fue sede del tribunal de la ciudad, del mercado cubierto y de las reuniones del gobierno comunal. Su larga planta rectangular, elevada sobre pórticos que alojaban comercios y artesanos, da idea de la importancia del intercambio económico para la Padua medieval.

Palazzo della Ragione

Piazza delle Erbe desde Palazzo della Ragione

Acceder al interior supone un cambio brusco en escala. La gran sala, conocida como Salone, ocupa prácticamente toda la planta superior y sorprende por su amplitud: más de ochenta metros de largo sin columnas que interrumpan la visión, cubierta por una bóveda de madera que recuerda al casco invertido de un barco. Esta estructura fue reconstruida tras el incendio de 1420, y su diseño responde a la voluntad de crear un espacio único, capaz de concentrar actividades judiciales, administrativas y ceremoniales. Hoy impresiona por la sencillez de su arquitectura y la eficacia con que transmite esa mezcla de autoridad y apertura pública que caracterizaba a los palacios comunales.

Salone. Palazzo della Ragione

Frescos Salone. Palazzo della Ragione

Frescos Salone. Palazzo della Ragione

Las paredes del Salone están cubiertas por un extenso ciclo de frescos del siglo XV, inspirados en la tradición astrológica y judicial de la época. Se distribuyen en registros organizados según los meses del año, los signos zodiacales, las actividades humanas asociadas a cada periodo y las virtudes que se esperaban de quienes administraban justicia. Aunque parte del ciclo original se perdió con los acontecimientos del siglo XIV, la restauración posterior permitió mantener la coherencia del programa iconográfico y preservar su valor documental: no solo representan creencias astronómicas o religiosas, sino también escenas de oficios, labores agrícolas y costumbres urbanas. En conjunto, ofrecen una visión panorámica de la sociedad padovana del momento.

Frescos Salone.Palazzo della Ragione

Frescos Salone. Palazzo della Ragione

En el extremo sur del Salone se conserva la gran estatua ecuestre de madera, tradicionalmente identificada con el juez medieval Giovanni degli Eremitani, aunque su atribución no está del todo clara. La figura, de dimensiones considerables, subraya el carácter judicial del espacio y recuerda que durante siglos aquí se resolvían disputas, se leían sentencias y se organizaban actividades del gobierno comunal.

Estatua Equestre.Salone. Palazzo della Ragione

Estatua Equestre.Salone. Palazzo della Ragione

Bajo el palacio, los pórticos que recorren sus fachadas siguen albergando comercios, como lo hicieron en la Edad Media. Carnicerías, fruterías y pequeñas tiendas se alinean todavía en los mismos espacios donde trabajaban los artesanos del siglo XIII, lo que confiere al conjunto una continuidad histórica difícil de encontrar en otros lugares. Pasear por esos soportales, escuchando el bullicio de las dos plazas, permite hacerse una idea precisa de cómo funcionaba la ciudad cuando el Palazzo della Ragione era el corazón administrativo y económico de Padua.

LOGGIA E CAPELLE DELLA REGGIA CARRARESE

Tras dejar atrás el emblemático Palazzo de la Ragione, mis pasos se dirigirían hacia la Loggia e Cappelle della Reggia Carrarese, un conjunto arquitectónico que aún conserva la memoria de lo que fue la residencia de los señores de Padua, los Carrara, en la Edad Media. Al llegar, se percibe de inmediato la imponencia de la estructura: los restos de murallas, torres y arcos reflejan el poder y la ambición de una familia que dominó la ciudad durante siglos, dejando una huella indeleble en su urbanismo y en su arte.

Loggia della Reggia Carrarese

El edificio en cuestión, que alberga la famosa Academia Galiana de Ciencias, Letras y Artes, se caracteriza por la presencia de la elegantísima Logia del siglo XIV.

En la capilla del Palacio Carrarese, Guariento pintó las Historias del Antiguo Testamento, siendo la primera obra de un pintor de la corte estrechamente  vinculada al encargo de la Señoría de los Carrarenses. Este artista se inspiraría claramente en la tradición del fresco de Giotto, aunque dando una interpretación personal.

Capilla della Reggia Carrarese

Capilla della Reggia Carrarese

Está abierta al público de martes a domingo de 10:00 a 12:30 y la entrada está incluida en la Padova Card, aunque conviene tener en cuenta que la Loggia puede estar cerrada por eventos de la Academia y que en agosto es habitual algún cierre temporal. Por ello, planificar la visita y consultar horarios antes de ir es fundamental.

PALAZZO ROMANIN JACUR/TUMBA ANTENORE

El recorrido me llevaría hasta el Palazzo Romanin Jacur, un edificio medieval de aspecto sobrio situado en la Piazza Antenore. El palacio, hoy sin funciones museísticas ni espacios visitables de interés, conserva sobre todo un valor histórico y contextual. Su importancia no reside en el interior —vacío y sin elementos destacables— sino en su vinculación con la Padua del Trecento y con la memoria cultural que la ciudad ha construido en torno a este lugar.

Según una tradición local, recogida en una placa conmemorativa situada en el propio edificio, Dante Alighieri habría residido aquí brevemente en 1306, durante su exilio. La inscripción atribuye su llegada a Padua a las luchas internas y vendettas de la ciudad y señala que su estancia se vio aliviada por la protección de los Carrara, señores de Padua, y por el clima cultural del momento, marcado por la presencia de Giotto, activo entonces en la ciudad. Aunque no se trata de una certeza documental, la referencia resulta significativa y sitúa este palacio dentro del paisaje intelectual y político del norte de Italia a comienzos del siglo XIV.

Palazzo Romanin Jacur

Justo enfrente se encuentra la tumba de Antenor, elemento central de la plaza y uno de los monumentos más singulares de Padua. El sepulcro, construido en el siglo XIII en ladrillo y protegido por una estructura gótica con arcos apuntados, responde a la tradición medieval que identificaba a Antenor, héroe troyano, como fundador mítico de la ciudad. Más allá de su base legendaria, el monumento funciona como una afirmación simbólica del origen antiguo y prestigioso de Padua, muy en la línea de las narrativas urbanas medievales.

Tumba de Antenore

CONVENTO DE SAN FRANCESCO GRANDE

Mi siguiente parada sería en el Convento di San Francesco Grande, un conjunto monástico que destaca por su historia y su riqueza artística. Fundado a comienzos del siglo XV como espacio religioso y de asistencia, combinaba hospital, alojamiento para peregrinos y vida monástica, convirtiéndose pronto en un centro de cultura y devoción en Padua.

Pórticos San Francesco Grande

Convento  San Francesco Grande

Mi interés residía especialmente en el claustro de San Antonio, decorado con frescos en los que se narran la vida de diferentes santos. La iglesia y el convento sufrieron transformaciones con el paso de los siglos, especialmente después de las supresiones napoleónicas del siglo XIX y de la conversión de parte del edificio a otros usos civiles. Aun así, los frescos que se conservan siguen siendo una de las señales más claras de la vida pictórica del convento, donde la narración visual se integraba con la arquitectura para acompañar la vida cotidiana de los religiosos.

Frescos Claustro Convento  San Francesco Grande

Frescos Claustro Convento  San Francesco Grande

LOGGIA E ODEO CORNARO

La Loggia e Odeo Cornaro aparecería en mi recorrido como uno de esos lugares discretos que, sin la estridencia monumental de los grandes templos o palacios, conservan un valor histórico y artístico que revela mucho sobre la Padua humanista del Renacimiento. Situado en un área tranquila, ligeramente apartada del bullicio universitario, este conjunto fue impulsado a mediados del siglo XVI por Alvise Cornaro, un mecenas culto, cercano a los círculos literarios y artísticos de la ciudad, cuya figura encarna a la perfección ese ideal renacentista de equilibrio entre arte, ciencia y vida intelectual.

Loggia e Odeo Cornaro

La Loggia, construida alrededor de 1525, se presenta como un pabellón elegante de proporciones muy cuidadas, concebido más como escenario que como edificio funcional. Sus arcos abiertos, columnas jónicas y decoración sobria revelan la mano de Giovanni Maria Falconetto, arquitecto veronés que introdujo en Padua las formas clasicistas aprendidas de sus contactos con el mundo veneciano y romano. La loggia no estaba pensada para grandes ceremonias públicas, sino como espacio semiprivado para reuniones, debates y representaciones teatrales de pequeño formato: un salón abierto a la naturaleza y al mismo tiempo un marco cuidadosamente estudiado para la palabra y la música.

A pocos metros se encuentra el Odeo, construido un poco después, hacia 1530, y concebido como complemento íntimo de la loggia. Mientras que la loggia mira hacia el exterior, el odeo se orienta hacia dentro: una pequeña sala revestida de frescos alegóricos, donde se representaban diálogos filosóficos, lecturas poéticas y actuaciones musicales destinadas a un público selecto. Los frescos, atribuidos al círculo de Lambert Sustris, revelan la influencia del gusto veneciano por los temas mitológicos y los paisajes de atmósferas suaves. Aunque los años y las restauraciones han dejado su huella, todavía puede apreciarse la intención original: crear un espacio en el que arquitectura y pintura acompañasen el ejercicio del intelecto.

El conjunto Cornaro representa, quizá mejor que ningún otro lugar en Padua, el tránsito entre la ciudad medieval y la ciudad renacentista, aquella en la que los estudiosos de la universidad, los artistas y los mecenas buscaban nuevos modos de socializar y difundir ideas. No se trata de un edificio de poder institucional ni religioso, sino de un lugar para la conversación, que conserva la huella de una época en la que la cultura se vivía como una forma de sociabilidad refinada.

BASILICA DE SAN ANTONIO DE PADUA

Tras dejar atrás los edificios anteriores, continuaría mi recorrido hacia el sureste hasta encontrarme con la Basílica de San Antonio, el “Santo” para los padovanos, verdadero corazón devocional de la ciudad desde el siglo XIII. La historia cuenta que su construcción empezó en 1232, apenas un año después de la canonización del santo, y desde entonces ha marcado la vida de Padua en lo religioso y también en lo artístico.

Basílica de San Antonio de Padua

Al acercarme a la plaza me sorprendería la fisonomía de la basílica, resultado de muchas fases constructivas que se mezclan sin un plan uniforme: la solidez románica del cuerpo central, los arcos y absidiolas de aire gótico, las cúpulas que recuerdan a Venecia y Bizancio, y los campaniles afilados que le dan un perfil inconfundible. Todo junto produce una silueta poderosa, distinta a la de cualquier otra iglesia de la ciudad.

Basílica de San Antonio de Padua

El interior, de tres naves, concentra algunas de las obras más notables de la ciudad. El altar mayor, con los relieves de bronce de Donatello, es el punto más destacado. Representa escenas de los milagros del santo y combina un rigor compositivo clásico con una fuerza expresiva que marcó un hito en la escultura del Renacimiento.

Basílica de San Antonio de Padua

Basílica de San Antonio de Padua

Basílica de San Antonio de Padua

Hacia el lado derecho se despliegan varias capillas: la de San Giacomo, con los frescos de Altichiero da Zevio y Jacopo Avanzi de la década de 1370, es un compendio de pintura narrativa, donde escenas bíblicas y episodios de la vida de San Antonio se entrelazan en registros que conservan frescura y detalle pese a los siglos.

Capilla de San Giacomo. Basílica de San Antonio de Padua

Capilla de San Giacomo. Basílica de San Antonio de Padua

Otras capillas recogen retablos renacentistas y barrocos, testimonio de la continuidad devocional a lo largo del tiempo, como sería el caso la Capilla del Santísimo Sacramento, un espacio de devoción eucarística que combina función litúrgica y cuidado artístico. La capilla destaca por su armoniosa arquitectura, la luz que filtra un pequeño rosetón y la presencia de una tumba vinculada a la comunidad franciscana.

Capilla del Santísimo. Basílica de San Antonio de Padua

Continuando hacia el área más intensamente devocional del santuario, en su lado izquierdo, se accede a la Capilla del Arca del Santo, uno de los espacios más sobrecogedores de la basílica. Amplia, luminosa y revestida de mármoles claros, contrasta con el anillo de relieves y esculturas de tono oscuro que la rodean. Bajo su altar se encuentra la tumba de San Antonio, verdadero núcleo del culto antoniano. Aquí se concentra una devoción constante y silenciosa: fieles que rezan, tocan el mármol y dejan intenciones escritas, en un espacio que combina monumentalidad artística y religiosidad popular de manera especialmente intensa.

Capilla del Arca del Santo. Basílica de San Antonio de Padua

Capilla del Arca del Santo. Basílica de San Antonio de Padua

La Capilla del Tesoro también merece una mención aparte. Concebida en clave barroca, alberga las reliquias del santo en una sucesión de altares, vitrinas y objetos votivos. La lengua incorrupta y la mandíbula, consideradas signos de la santidad particular de Antonio como predicador, siguen siendo objeto de veneración diaria por parte de los peregrinos. La riqueza decorativa, lejos de ser un simple ornamento, expresa visualmente la magnitud de la devoción y la dimensión internacional que adquirió el culto al santo.

Capilla del Tesoro. Basílica de San Antonio de Padua

Capilla del Tesoro. Basílica de San Antonio de Padua

Otro de los espacios más antiguos del santuario sería la Capilla de la Madonna Mora, vinculada a una imagen mariana de tradición bizantina, objeto de una devoción constante desde la Edad Media. Su carácter sobrio y recogido contrasta con otras áreas más monumentales de la basílica y refleja la dimensión popular y cotidiana de la religiosidad antoniana.

Capilla de la Madonna Mora. Basílica de San Antonio de Padua

Capilla de la Madonna Mora. Basílica de San Antonio de Padua

El conjunto se completa con los claustros del complejo conventual: el Claustro delle Mostre, el Claustro del Capitolo y el del Beato Luca. Estos espacios, más silenciosos y contenidos, ofrecen un contrapunto a la monumentalidad de la basílica y permiten percibir con claridad la dimensión conventual del santuario, recordando que este ha sido, y sigue siendo, un lugar de vida franciscana activa.

Claustro Basíica de San Antonio de Padua

Claustro Basíica de San Antonio de Padua

Claustro Basíica de San Antonio de Padua

La basílica no se limita a su valor artístico. Su vida cotidiana, marcada por celebraciones, procesiones y la actividad constante de los franciscanos, recuerda al visitante que este no es un museo, sino un lugar en plena actividad.

La Basílica abre todos los días de 6:15 a 19:30, y la entrada es gratuita, lo que permite recorrerla a cualquier hora sin prisas. También es posible visitar el Museo Antoniano, con horarios de martes a viernes de 9:00 a 13:00 y sábados y domingos de 9:00 a 13:00 y de 14:00 a 18:00.

PLAZA Y SCUOLA DEL SANTO

Al salir de la basílica, continuaría mi recorrido por la amplia Piazza del Santo, verdadero atrio al aire libre de la iglesia y lugar de encuentro de peregrinos, comerciantes y vecinos desde hace siglos. La plaza no es un mero espacio de tránsito, sino un escenario vivo donde se han celebrado procesiones, mercados y actos cívicos que reforzaban el papel central del santuario en la vida padovana. Incluso hoy, con la presencia de turistas y fieles, conserva ese aire de foro comunitario, en el que la devoción se mezcla con la cotidianeidad.

En medio de este espacio se alza la estatua ecuestre del condottiero Erasmo da Narni, más conocido como Gattamelata, obra de Donatello realizada entre 1446 y 1453. No se trata solo de un monumento militar: es la primera escultura ecuestre de gran formato fundida en bronce desde la Antigüedad, y en su momento supuso un hito comparable al propio renacimiento de las artes clásicas. Donatello, que ya había dejado su impronta en el altar mayor de la basílica, consigue aquí un equilibrio entre monumentalidad y sobriedad: el condottiero aparece con la serenidad de quien gobierna con firmeza más que con violencia, y el caballo, poderoso y contenido, transmite una sensación de dominio controlado. La obra marcó un antes y un después en la escultura europea. En la visita actual, la escultura se encontraba en restauración y cubierta para protegerla, por lo que no era visible.

La plaza no se limita a esta obra maestra. Su disposición irregular, rodeada de edificios vinculados al convento franciscano y a la vida cívica, refleja la evolución de un espacio que siempre estuvo pensado para acoger multitudes. Es el punto de llegada de procesiones multitudinarias, especialmente el 13 de junio, día de la festividad del santo, cuando la ciudad entera parece volcarse en este lugar. Esa mezcla de monumentalidad, espiritualidad y vida popular hace que la Piazza del Santo funcione como complemento natural a la propia basílica.

Oratorio de San Giorgio y Scuola del Santo

Desde la plaza accedería a la Scuola del Santo, sede de la Archicofradía fundada a finales del siglo XV para organizar el culto y las obras benéficas vinculadas a San Antonio. Su interior guarda un ciclo de frescos que narra milagros del santo, pintados en gran parte por artistas de la escuela veneciana de inicios del siglo XVI. Entre ellos destacan de manera especial los tres frescos que un joven Tiziano realizó hacia 1511: el milagro del recién nacido que habla para defender a su madre, el del pie cortado que es restituido y el de la sanación de una mujer apuñalada por su marido celoso. Son escenas que, pese a pertenecer a un encargo devocional y local, revelan ya la energía narrativa, el dominio del gesto y la viveza cromática que harían de Tiziano uno de los grandes maestros del Renacimiento europeo.

Scuola del Santo

Milagro del Recién Nacido de Tiziano. Scuola del Santo

Milagro del Pie Cortado de Tiziano. Scuola del Santo

El resto del conjunto, firmado por artistas como Francesco Vecellio y otros pintores cercanos al taller veneciano, mantiene un tono narrativo sencillo y directo, pensado para conmover a los fieles y reforzar la imagen milagrosa del santo. Sin embargo, los frescos de Tiziano imponen otra categoría y convierten la Scuola en una visita imprescindible para quien quiera seguir las huellas del maestro desde sus comienzos. La entrada no está incluida en la Padova Card y es necesario abonar 7 euros y aunque el horario varía según la temporada, lo habitual es que abra en la mañana y primeras horas de la tarde.

ORATORIO DE SAN JORGE

Tras recorrer la Basílica del Santo y la Piazza del Santo, continuaría mi recorrido por el entorno devocional que rodea el corazón religioso de Padua. Justo frente a la basílica se encuentra el Oratorio di San Giorgio, cuya presencia discreta puede pasar desapercibida al primer golpe de vista. Construido en 1377 por la familia Lupi como capilla funeraria, el edificio mantiene al exterior una sobriedad casi absoluta: un volumen compacto de ladrillo que no anticipa la relevancia pictórica que guarda en su interior. Esta tipología encaja con la tradición de las capillas familiares medievales: nada monumental, pero estratégicamente situada junto a un centro religioso mayor.

Frescos Oratorio de San Giorgio

Frescos Oratorio de San Giorgio

Frescos Oratorio de San Giorgio

El interior conserva uno de los ciclos pictóricos más importantes del Trecento padovano. Altichiero da Zevio, autor también de los frescos de la Cappella di San Giacomo en la propia basílica, desarrolló aquí un programa narrativo centrado en las historias de San Jorge, Santa Catalina y San Luciano, distribuidas en registros bien organizados a lo largo de las paredes. Las escenas muestran ese equilibrio característico de Altichiero entre la claridad narrativa medieval y una creciente atención al espacio arquitectónico, a la gestualidad y a la presencia física de los personajes. La contrafachada, dominada por un Crucifijo rodeado de figuras sólidas y expresivas, funciona como cierre visual del conjunto.

Frescos Oratorio de San Giorgio

Frescos Oratorio de San Giorgio

La visita al Oratorio di San Giorgio está incluida en la Padova Card, lo que facilita combinar este espacio con otros puntos de interés del circuito antoniano y de la ciudad sin costes adicionales.

PLAZA PRATTO DELLA VALLE

Tras dejar atrás el Santo y su entorno, continuaría mi camino hasta llegar a Prato della Valle, una de las plazas más sorprendentes no solo de Padua, sino de toda Italia. Su amplitud, de casi noventa mil metros cuadrados, me impresionaría de inmediato: más que una plaza en sentido tradicional, se trata de un gran espacio elíptico ajardinado, rodeado por un canal artificial y decorado con más de ochenta estatuas de personajes ilustres vinculados a la historia de la ciudad y de la región. La primera sensación sería la de estar ante un espacio abierto y monumental, capaz de albergar desde mercados hasta celebraciones multitudinarias, pero al mismo tiempo diseñado con un gusto escenográfico que lo convierte en un verdadero símbolo urbano.

Plaza Pratto della Valle

Las estatuas, dispuestas en hileras dobles a lo largo del canal, no forman un museo al aire libre en sentido estricto, pero sí ofrecen un recorrido histórico por la memoria colectiva de Padua. Entre ellas se cuentan obispos, nobles, profesores de la universidad y figuras que marcaron la vida cultural de la ciudad. Aunque algunas son de valor artístico desigual, todas contribuyen al efecto de conjunto, que mezcla solemnidad y cotidianidad: al pasear por el anillo central uno se encuentra con familias, estudiantes y turistas que disfrutan del espacio como si fuera un parque.

Plaza Pratto della Valle

En uno de los lados de la plaza destaca la Loggia Amulea, edificio neogótico levantado en el siglo XIX sobre el solar de una construcción más antigua. Su fachada de ladrillo rojo, con ventanales apuntados y una galería porticada, añade un contraste pintoresco al espacio abierto del Prato. Aunque su función ha ido cambiando con los años —sede de instituciones, oficinas y espacios de representación—, la Loggia se integra con naturalidad en la vida cotidiana de la plaza, recordando cómo el entorno monumental de Padua se ha ido transformando y adaptando a lo largo del tiempo.

Plaza Pratto della Valle

No podría recorrer esta plaza sin que me vinieran a la memoria los recuerdos de aquel primer viaje a Italia en el año 2000, cuando acompañado de mi abuela y en un circuito organizado con Halcón Viajes, haríamos aquí una breve parada. Apenas nos detuvimos un rato a contemplar el Prato, y fue casi lo único que llegamos a ver de Padua. Aquella visita fugaz me dejó la sensación de haber pasado de largo por la ciudad, como si quedara pendiente volver con calma. Estos días me permitirían al fin quitarme esa espina, recorriendo con detalle un espacio que entonces solo atisbé y que ahora se me presentaba con toda su amplitud y riqueza.

Plaza Pratto della Valle

BASÍLICA DE SANTA JUSTINA

Situada en una de las esquinas de la inmensa plaza que se extiende ante ella, la Basílica de Santa Giustina constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del Renacimiento religioso en la ciudad. Su importancia trasciende lo puramente arquitectónico, pues se trata también de un destacado centro de peregrinación, profundamente vinculado a la memoria cristiana más antigua de Padua.

La construcción actual se remonta al siglo XVI, aunque sus orígenes se hunden en la Antigüedad tardía, cuando en el siglo IV se erigió un primer santuario destinado a custodiar las reliquias de Santa Justina, mártir cristiana venerada desde los primeros tiempos. La basílica que ha llegado hasta nosotros es fruto, en gran medida, del trabajo de arquitectos como Andrea Moroni y Padovanino, quienes supieron conjugar la monumentalidad propia del Renacimiento con aportaciones barrocas posteriores, logrando un conjunto de gran equilibrio, solemne y armónico a la vez.

Basílica de Santa Justina

La fachada, realizada en ladrillo y piedra, se presenta sobria y contenida, sin excesos decorativos, pero actúa como un eficaz preludio de la grandiosidad del interior. Una vez atravesado el umbral, se impone la amplitud de la planta de cruz latina, con un espacio central dominado por la gran cúpula que baña el templo de luz natural. Las naves laterales y las capillas albergan frescos del siglo XVII y retablos barrocos que relatan episodios de la vida de la santa y de otros mártires, estableciendo un diálogo constante entre fe, historia y arte.

Basílica de Santa Justina

El eje litúrgico de la basílica adquiere una relevancia especial por la presencia de importantes reliquias, que refuerzan el carácter excepcional del templo. Entre ellas destacan las de San Matías, apóstol elegido para sustituir a Judas Iscariote, cuya veneración confiere a Santa Giustina un estatus singular dentro del panorama cristiano europeo. La presencia de un apóstol convierte a la basílica en un lugar de peregrinación de alcance que trasciende el ámbito local, subrayando su importancia religiosa e histórica.

Sepulcro de San Matías. Basílica de Santa Justina

No obstante, para comprender plenamente los orígenes del santuario es imprescindible descender a los espacios subterráneos. El acceso conduce, en primer lugar, al ámbito vinculado a San Matías, antes de adentrarse en el corredor y el Pozo de los Mártires, uno de los lugares más sobrecogedores del conjunto. Este espacio, austero y cargado de simbolismo, remite a los primeros tiempos de las persecuciones cristianas y, según la tradición, señala el lugar del martirio y del enterramiento primitivo de Santa Justina. El recorrido, que culmina en el fondo del corredor, refuerza la dimensión memorial del lugar, invitando al recogimiento y a la reflexión sobre el sacrificio de los primeros fieles.

Corredor y Pozo de los Mártires. Basílica de Santa Justina

Cripta. Basílica de Santa Justina

ORATORIO DE SAN MICHELE

Tras recorrer la majestuosidad de Santa Justina, continuaría mi itinerario acercándome al Oratorio di San Michele, ubicado a quince minutos caminando. Este pequeño oratorio, de dimensiones modestas pero gran riqueza artística, data del siglo XV y constituye un ejemplo destacado del arte religioso padovano de transición entre el gótico tardío y el Renacimiento.

La fachada, discreta y sobria, apenas anticipa el tesoro que guarda en su interior. Desafortunadamente, sería el único lugar de que me encontraría cerrado al tener horarios muy limitados, no pudiendo disfrutar de los frescos que decoran las paredes y techos. Estos frescos, realizados por artistas locales, representan escenas de la vida de San Miguel Arcángel y de otros santos, en una combinación de narrativa devocional y precisión técnica que refleja la escuela pictórica de Padua en aquella época.

Oratorio de San Michele

El oratorio cumplía funciones muy concretas: además de servir como lugar de oración y meditación, era escenario de ceremonias religiosas menores y reuniones de cofradías locales.

TORRE LA SPECOLA

Justo enfrente de San Michele se pude apreciar la Torre La Specola, uno de los símbolos científicos e históricos de Padua. Situada en el extremo norte del centro histórico, esta torre forma parte del antiguo Observatorio Astronómico de la ciudad y es un testimonio de la fascinación renacentista y moderna por el conocimiento y la observación de la naturaleza.

 Torre La Specola y Río Piovego

 Torre La Specola

La torre data del siglo XVIII, siendo en su tiempo un referente para la astronomía europea. Su interior sólo puede visitarse mediante visitas guiadas, algo a lo que ya no me daría tiempo pero se pueden encontrar instrumentos antiguos de medición y observación astronómica, que ilustran cómo los académicos paduanos de siglos pasados estudiaban el cielo y la naturaleza.

RIO PIOVEGO

El final de la jornada me llevaría en busca del río Piovego, uno de los brazos que en su día formaban parte del sistema fluvial que conectaba Padua con Venecia. A medida que me acercara, el bullicio del centro se iría apagando y el paisaje ganaría en serenidad. El cauce, ofrece una visión distinta de la urbe: más abierta, más silenciosa, con el agua reflejando los muros antiguos y los puentes que aún conservan el trazado medieval.

Río Piovego a su paso por Padua

Con la luz del atardecer bañando los tejados de esta parte de la ciudad, completamente diferente al centro monumental, concluía mi visita a Padua, no pudiendo terminar mi reconciliación con ella de mejor manera.

LOVELY APARTMENT VERONA

Sólo me restaba ya encaminarme a la estación de Padua, donde recogería mi maleta dejada en consigna por la mañana y esperaría a las 19:30 a que partiera el tren que me llevaría a Verona, una de las ciudades italianas más bellas y que más se me había resistido y que por fin iba a poder conocer. El trayecto duraría poco más de una hora, por lo que a las 20:40 y estaba apeándome en el andén.

En sólo diez minutos caminando llegaba al alojamiento elegido en la ciudad: el Lovely Apartment Verona, el cual se presentaba como una opción totalmente distinta a un hotel tradicional. Era un alojamiento pensado para ofrecer autonomía completa, con un espacio amplio, limpio y bien organizado, ideal para dar la bienvenida al año nuevo.

El apartamento contaba con un salón bastante amplio, una cocina equipada con todo lo necesario para preparar cualquier tipo de comida y un dormitorio de lo más confortable. Realmente para hacerte sentir como en casa. La limpieza era un punto fuerte: todo se encontraba en buen estado, sin sorpresas desagradables ni detalles descuidados.

Lovely Apartment Verona

La ubicación resultaba perfecta. No estaba en pleno centro, pero sí lo bastante cerca como para desplazarse caminando en unos quince minutos o en transporte público sin complicaciones. La zona era tranquila, algo que favorecía el descanso después de un día de visitas. Además, al ser un apartamento, ofrecía una sensación de privacidad que muchos hoteles no pueden igualar.

Lovely Apartment Verona

El acceso lo gestionaría mediante un sistema de códigos con el anfitrión, que normalmente respondería de forma rápida y clara. Esto me facilitaría llegar a la hora que fuera sin depender de nadie, algo especialmente útil cuando el día se alarga.

Tras deshacer el equipaje, aprovecharía que tenía un supermercado en la esquina de la urbanización, para realizar ya toda la compra respecto a desayunos y cenas, despreocupándome ya de este tema. Ahora sí, tras regresar, ponerme cómodo y un buen plato de pasta, era el momento de descansar, para afrontar mañana, con las pilas cargadas, la visita a la romántica Verona.


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