Hoy no comenzaría el día con visitas turísticas sino
dirigiéndome a primera hora a una clínica privada para realizarme una prueba
PCR del coronavirus y es que no olvidemos que el domingo volvía ya a España y
necesitaba esta tanto para pasar la frontera de Montenegro con Croacia como
para poder subir a bordo del avión e incluso a la llegada a la terminal en el
aeropuerto de Barajas. Así que como era suficiente con hasta 72 horas de
diferencia decidí hacérmela ya y dejarme de problemas.
La llevaría a cabo en una clínica que me recomendaría el
dueño del apartamento y que se llamaba Moj
Lab y sólo estaba a cinco minutos en coche del mismo. El precio era de 49
euros y los resultados te los enviaban esta misma noche a tú correo electrónico.
Así que más facilidades, imposible.
A las 07:00, hora en la que abrían, ya tenía dos personas
delante de mí, por lo que me tocó esperar como media hora hasta que terminé con
todos los trámites. Por cierto, ya me adelanto, saldría negativa, por lo que no
habría ningún imprevisto desagradable.
Ahora sí, con los deberes hechos, empezaría la jornada
normal, dirigiéndome en este caso hacia Cetinje,
la antigua capital del país, emplazada en un valle verde rodeado de montañas
escarpadas y rodeada de vegetación, donde las casas sencillas de una sola
planta y las mansiones señoriales comparten la misma calle. Oficialmente es
sólo capital municipal y residencia del presidente de la República, ubicándose
también en ella las sedes de la iglesia ortodoxa serbia en Montenegro y la de
la iglesia ortodoxa montenegrina.
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Costa Montenegrina de Budva a Cetinje |
Para los más curiosos decir que Cetinje fue capital de
Montenegro hasta que el país se anexionó a la primitiva Yugoslavia en 1918.
Tras la II Guerra Mundial, cuando Montenegro se convirtió en una República
dentro de la Yugoslavia federal, la capital pasó a ser Titogrado, ahora
conocida como Podgorica.
La ciudad invita especialmente a pasear gracias a sus
amplias zonas verdes, fruto de los deseos del rey Nicolás I y de la enorme
cantidad de lluvias que aquí se producen, derivadas de una inmejorable posición
bajo el monte Lovcen. Afortunadamente, el tiempo seguía acompañándome y el día
era espectacular por lo que aprovecharía sobre todo para eso, para pasear y ver
buena parte de los edificios importantes por fuera, aunque soy consciente de
que aquí se hallan algunos de los mejores museos del país.
Lo primero que me llamó la atención fue el gran número de
edificios que albergaban embajadas de los países más importantes de Europa.
Cabría mencionar la embajada austro -
húngara, hoy Instituto para la protección de monumentos; la embajada rusa, hoy facultad de Bellas
Artes; la embajada francesa, hoy
anexo de la Biblioteca Nacional; la embajada
turca, hoy Academia de Artes Dramáticas; la embajada británica, hoy Academia de Música, etc.
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Embajada Austro - Húngara. Cetinje |
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Embajada Francesa. Cetinje |
Esos son sólo algunos ejemplos para que os hagáis una idea
de cómo los embajadores europeos se codeaban con las princesas montenegrinas.
No tardaría mucho en encontrarme con una de las plazas más
bonitas de Cetinje donde se encuentra la iglesia
Vlaska, construida en 1450. La iglesia ha conservado frescos únicos creados
por maestros griegos y su cerca está hecha de armas capturadas de soldados del
ejército otomano recolectadas por los residentes locales durante las guerras de
liberación de 1876 – 1878.
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Iglesia Vlaska. Cetinje |
Justo delante de la iglesia se puede ver un llamativo monumento llamado “Lovchenskaya Vila”, una figura femenina con una corona de laurel y
una espada en alto. Monumento dedicado a los emigrantes montenegrinos que regresaban
a casa desde América con el noble objetivo de defender el país en la Primera
Guerra Mundial, pero lamentablemente el barco se hundió con todos a bordo.
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Monumento Lovchenskaya Vila.Cetinje |
Tras ver nuevos edificios históricos como la sede del banco montenegrino, el Antiguo Parlamento, el viejo hospital, los Archivos Nacionales o la residencia del Presidente de la República hasta
el año 2010, entre otros, así como algunos palacios privados de principios del
siglo XX como el Djukanovic,
llegaría a la preciosa calle Njegoseva,
lo que viene a ser la calle Mayor de Cetinje, semipeatonal y bordeada de
interesantes y coloridos edificios antiguos, tiendas y cafeterías.
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Palacio Djukanovic. Cetinje |
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Antigua Residencia del Presidente de la República. Cetinje |
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Calle Njegoseva. Cetinje |
No me andaría más por las ramas y me dirigiría de forma
directa al símbolo de Cetinje: el monasterio
de San Pedro, uno de los santuarios religiosos más importantes de
Montenegro, cuya visita es obligatoria para todo cristiano creyente. El
monasterio fue destruido varias veces, por lo que ha sido restaurado, pero
existe en su forma actual desde 1724. Un dato curioso es que hasta 1863 fue
simultáneamente residencia de un príncipe.
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Monasterio de San Pedro. Cetinje |
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Monasterio de San Pedro. Cetinje |
En el templo inferior del monasterio se conservan las
reliquias de San Pedro de Cetinje, sobre las que se coloca el arca con la mano
incorruptible (la derecha) de Juan Bautista y la Partícula de la Cruz honorable
y vivificante del Señor. Lástima que esta visita sólo esté reservada para
grupos y no sea posible en solitario.
Junto al monasterio se encuentra la iglesia de la Natividad de la Virgen, famosa por albergar la tumba
del fundador de la ciudad, Ivan Crnojevic, y las de los últimos monarcas de
Montenegro.
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Iglesia de la Natividad de la Virgen. Cetinje |
A pocos metros de los anteriores se halla el importante palacio de Pedro II Petrovic, que más
bien parece un castillo, conocido como Biljarda por haberse instalado aquí en
1840 una mesa de billar. Levantado con ayuda financiera rusa, hoy acoge el museo Njegos en el que se exponen
efectos personales del monarca, documentos, muebles fabulosos y la famosa mesa
de billar. También se encuentra aquí un mapa en relieve de Montenegro que
realizaron en 3D a gran escala los austriacos. Creo que puede ser uno de los
museos más interesantes para visitar, aunque en mi caso no lo haría porque como
he comentado al principio, hoy no me apetecía entrar a interiores.
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Palacio de Pedro II Petrovic. Cetinje |
Continuando con mi ruta, frente al museo Njegos, podría
observar un monumento dedicado a Ivan
Crnojevic, el que ya he comentado fuera fundador de la ciudad, instalado
aquí en ocasión del 500 aniversario de la urbe.
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Monumento a Ivan Crnojevic. Cetinje |
Por si todo lo anterior fuese poco, esta zona también posee
otros edificios de interés como el palacio
granate y blanco del rey Nikola,
último soberano de Montenegro, una antigua farmacia, el Ayuntamiento, el Teatro Real
o más edificios de antiguas embajadas.
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Teatro Real. Cetinje |
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Ayuntamiento de Cetinje |
Satisfecho de lo que había podido conocer en la antigua
capital del país, continuaba mi ruta hacia la cercana cueva de Lipa (lipska pecina) de millones de años de antigüedad,
una de las más grandes del país y de las pocas que se abren para visitas
guiadas. Tiene 2,5 km de pasadizos iluminados y salas llenas de estalactitas,
estalagmitas y pilares naturales de curiosas formas. No está mal pero si has
visitado algunas de las cuevas de este tipo en España, tampoco te dirá gran
cosa.
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Entorno Cueva de Lipa |
Se encuentra sólo a 5,5 km de Cetinje por lo que se puede
combinar perfectamente con esta. La entrada cuesta 10,90 euros y además de la
visita guiada incluye el paseo en un tren turístico hasta la boca de la cueva,
ya que el coche se deja en una gran explanada que hay a la entrada del recinto.
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Tren de la Cueva de Lipa |
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Cueva de Lipa o Lipska Pecina |
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Cueva de Lipa o Lipska Pecina |
Aconsejo llevar una sudadera o jersey ya que las
temperaturas rondas los diez grados todo el año.
Tras lo anterior tocaba afrontar la sinuosa carretera que me
llevaría al Parque Nacional de Lovcen,
el cuarto que iba a tener la oportunidad de visitar, de los cinco que tiene el
país. El conjunto es muy agreste, con grietas, pozos y profundas depresiones,
todo ello afectado por el clima mediterráneo por un lado y por el continental
por otro.
Es complicado poner de manifiesto la importancia que tiene
este parque para Montenegro, ya que además de sus valores naturales y
paisajísticos, es un símbolo de la independencia del país, así como una muestra
de su identidad nacional.
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Parque Nacional Lovcen |
El parque fue fundado en 1952 y se considera que el corazón
del mismo se encuentra en la cima del monte Lovcen, coronada por la
impresionante tumba del legendario
gobernante de Montenegro Petar II Petrovic Njegos que falleció en 1851.
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Mausoleo de Petar Petrovic Njegos. P.N.Lovcen |
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Parque Nacional Lovcen |
No obstante, para llegar al mausoleo es necesario superar una
escalinata de 461 peldaños que se suceden dentro de un túnel excavado en la
propia roca. En la entrada, dos cariátides de mármol de cuatro metros de altura
te reciben de forma imponente, y en el interior, por fin, te encuentras una
estatua del príncipe Njegos descansando sobre las alas de un águila tallada en
un solo bloque de granito negro de 28 toneladas y el techo decorado con un
precioso mosaico dorado.
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Mausoleo de Petar Petrovic Njegos. P.N.Lovcen |
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Mausoleo de Petar Petrovic Njegos. P.N.Lovcen |
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Mausoleo de Petar Petrovic Njegos. P.N.Lovcen |
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Mausoleo de Petar Petrovic Njegos. P.N.Lovcen |
El lugar me pareció solemne y majestuoso. Pero no hay que
olvidarse de continuar por la parte trasera del mausoleo que te llevará a una
segunda plataforma de forma circular que te brinda una nueva y espectacular
visión de las montañas de Lovcen envueltas en una paz real que te permite
incluso sentir el espíritu del gran hombre en cuyo honor se erigió este hermoso
monumento.
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Parque Nacional Lovcen |
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Parque Nacional Lovcen |
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Parque Nacional Lovcen |
A nivel práctico decir que desde Cetinje son unos veinte
kilómetros por una carretera estrecha donde hay tramos que no caben dos coches.
La entrada al Parque Nacional son tres euros y al mausoleo otros cinco euros.
Sorprendentemente, las nubes empezaban a ser cada vez
mayores y comenzó a levantarse un viento que las movía con facilidad de un lado
a otro, generando cada vez más zonas de niebla donde no se conseguía ver nada.
Era la primera vez en el viaje en que las condiciones atmosféricas se volvían
en mi contra de manera seria.
Así que opté por poner pies en polvorosa y dirigirme a la
última parte del recorrido que me faltaba por realizar hoy y para el que
necesitaba, además, buen tiempo y cielos despejados, así que crucé los dedos
para que esto fuese sólo una falsa alarma.
Es así como me dirigí a la vertiente contraria por la que
había accedido hasta aquí, debiendo pasar por lo alto de un puerto de montaña
en el que esperaba encontrar unas espectaculares vistas de la maravillosa bahía
de Kotor. Al principio no conseguiría ver nada, pero tras media hora esperando
pude conseguir alguna visión que me dejaría boquiabierto. Era sólo la antesala
de lo que me esperaba más adelante.
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Bahía de Kotor |
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Bahía de Kotor |
Como en algunas revistas recomendaban la aldea de Njegusi, hogar ancestral de la
dinastía Petrovic, donde se encuentra la casa en la que nació Njegos, decidiría
parar a verla, aunque si soy sincero tampoco me dijo mucho este lugar por lo
que tras una parada breve continué el camino.
Ahora sí que empezaba lo bueno de verdad. Las nubes
desaparecieron por arte de magia, el cielo se quedó de un azul impoluto y yo
empecé a descender por la carretera P1 con unas curvas de infarto y sin casi
visibilidad para ver si venía alguien de frente, pero con unas panorámicas
brutales de la bahía de Kotor. No hay palabras y considero esta carretera,
conocida también como la serpentina,
como un imprescindible en esta zona. A lo largo de la misma existen un montón
de pequeños apartaderos de tierra donde poder dejar el coche y salir a
disfrutar de las vistas de infarto del que es el fiordo más meridional de
Europa, por lo que se te puede ir fácilmente la hora y media entre el recorrido
en sí y las paradas. Por el contrario, no aconsejo circular por la misma con
malas condiciones climatológicas pues puede llegar a ser un calvario.
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Bahía de Kotor |
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Bahía de Kotor |
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Bahía de Kotor |
A media tarde llegaba a Kotor,
sobre las 18:00, por lo que lo primero que hice fue dirigirme a mi alojamiento
en el que pasaría las dos últimas noches del viaje. Este se llamaba Studios Kono, saliéndome la estancia
completa por 70 euros. El apartamento se encontraba en una bohardilla muy
amplia y alargada con una parte dedicada a una pequeña cocina. Todo estaba bien
limpio y con una decoración agradable. Poseía aire acondicionado y el baño
estaba también impecable. En pleno centro histórico de Kotor, aunque escondido
entre las calles más estrechas.
Su amable dueño me recibiría y me acompañaría a dejar el
coche en un sitio en el que estaba permitido aparcar, después me daría un mapa
de la ciudad y se despediría.
Tenía algunas dudas de que hacer durante lo que me quedaba
de tarde, pero al final optaría por llevar a cabo lo más sensato teniendo en
cuenta la previsión del tiempo de las primeras horas de mañana, pues esta iba a
cambiar. Y esos planes pasaban por subir a las imponentes murallas de Kotor.
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Muralla de Kotor |
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Kotor desde su Muralla |
La entrada se localiza en uno de los extremos del recinto
amurallado y el acceso cuesta ocho euros. No aceptan tarjetas por lo que hay
que llevar el importe en efectivo.
La subida es dura, no voy a engañar a nadie, pues se hace
larga y con un desnivel considerable, llevándote prácticamente una hora el
llegar hasta el final, donde se sitúa la fortaleza
de San Juan, superando unos 1400 escalones. A medio camino se puede ver la capilla de la Salvación de la Virgen,
que fue construida hace 500 años por vecinos del lugar, en agradecimiento por
salvarse de una epidemia de peste.
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Muralla de Kotor |
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Capilla de la Salvación de la Virgen. Muralla de Kotor |
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Fortaleza de San Juan. Kotor |
La recompensa, claro está, son las maravillosas vistas de la
bahía, enfatizando que en mi caso obtendría estas al atardecer, mientras el
astro rey iba poco a poco escondiéndose tras las montañas ocultando sus últimos
destellos. Una imagen perfecta para concluir un día tan intenso.
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Bahía de Kotor desde Fuerte de San Juan |
Para cenar optaría por darme un homenaje en una de las
plazas más céntricas de Kotor, en la terraza del restaurante “Sara”, donde degustaría un filete de pollo con patatas
fritas y ensalada y una buena cerveza. Todo ello por 13 euros. Como se ve, ni
en el sitio más turístico se puede considerar que Montenegro sea caro.
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