PATAGONIA SUR - DIA 02. De Buenos Aires a El Chaltén y primeros planes

23 de Diciembre de 2017.

Todo iría muy rápido, tras el aterrizaje, y es que al ser el único vuelo que llegaba en ese momento, sus integrantes nos encontraríamos solos en los controles de pasaportes y equipajes, por lo que en sólo media hora ya estaba fuera de la zona restringida de Ezeiza, haciendo una nueva fila en el Banco de la Nación Argentina para conseguir mis primeros pesos. Irónicamente, me tiraría aquí el mismo tiempo que utilicé para el resto de gestiones hechas hasta ahora.

Acto seguido me dirigiría caminando hacia la terminal C que estaba sólo a cinco minutos. Todo me era ya familiar y me acordaba de la mayoría de lugares, pues sólo hacía año y medio que había estado por aquí.

Un mes antes de venir, Aerolíneas me cambiaba el lugar de salida de mi vuelo, lo que me beneficiaba sobremanera, ya que me evitaba el traslado en autobús al aeropuerto de Aeroparque, con el consiguiente gasto y pérdida de dinero y tiempo, teniendo que haber ido con algo más de agobio. De esta manera todo fue relajado, pues sólo tendría que entregar la maleta en los mostradores de vuelos nacionales y dirigirme a la nueva puerta de embarque, esta vez con destino a El Calafate.

Destino El Calafate

Me sobraba la friolera de casi hora y media hasta el embarque, por lo que aproveché para tomar unos bollos y unos zumos y es que aunque acabábamos de desayunar había vuelto el apetito.

Esta vez, saldríamos con media hora de retraso, debido a que había varios aviones delante de nosotros para despegar, pero al final conseguiríamos llegar a nuestro destino pasados sólo veinte minutos de la previsión inicial, es decir a las 11:20.

Embarcando en Buenos Aires hacia El Calafate

Volando hacia El Calafate

El desembarco fue rápido y algo más lento la recogida del equipaje y el control de seguridad del aeropuerto, pues todo el mundo tenía que pasar sus maletas por un escáner que detecta los productos orgánicos, así que conviene no arriesgarse porque si te pillan te los requisan y te pueden multar.

Algo antes de las 12:00 estaba ya en la zona común de las instalaciones buscando la mejor manera de llegar a la estación de autobuses de la ciudad, pues desde ella tenía que tomar un autobús hasta mi último destino de la jornada, tras tan largo viaje. Ese era El Chaltén.

Es verdad que el viaje es una auténtica paliza, pero siempre he preferido hacer el máximo de recorrido de una vez y así luego empezar a disfrutar.

En el aeropuerto de El Calafate me fijaría en una compañía, cuyo nombre no recuerdo, la cual te llevaba al hotel o destino solicitado, compartiendo el mismo vehículo con varios pasajeros, por sólo 160 pesos. Se tarda más, si no eres el primero en bajar, pero desde luego te ahorras bastante más dinero que cogiendo un taxi. Tendría suerte y a mí me dejarían el primero por lo que a las 12:30 estaba ya en la estación de autobuses. Del Aeropuerto a El Calafate hay unos veinte kilómetros.

El billete de autobús ya lo había comprado a través de la página web: www.chaltentravel.com , una de las compañías que te lleva hasta ese lugar, suponiéndome 600 pesos, es decir unos 25 euros, teniendo ahora que abonar sólo una tasa local de utilización de la terminal que era de 10 pesos.

A las 13:00 en punto el conductor arrancaba y nos poníamos en marcha hacia uno de esos lugares que siempre había idealizado y me moría de ganas por conocer: El Chaltén.

Después de disfrutar, durante un buen rato, de las vistas del lago Argentino, las sustituía por las maravillosas e infinitas rectas patagónicas, por las que ya tendría oportunidad de conducir en la región de Bariloche hace año y medio, así que fue un momento emocionante, aunque esta vez fuese en autobús.

Lago Argentino camino hacia El Chaltén

Recta Patagónica camino hacia El Chaltén

Lago Argentino camino hacia El Chaltén

En el camino también tendría oportunidad de ver algunos animales similares a las llamas, antes de que el conductor nos sorprendiera parando en la estancia “La Leona”, toda una institución en estas tierras. Y es que la empresa de autobuses tenía un convenio con este histórico lugar para hacer un descanso de unos quince minutos.

Estancia La Leona

Me haría mucha ilusión conocer un sitio tan importante y es que fue aquí cuando en 1877 el Perito Moreno, consagrado científico y explorador argentino, sería malherido por el ataque de una hembra de puma (“Leona” en la jerga patagónica) dando así origen al nombre del río.

Tras construirse el alojamiento por los primeros pobladores de estas tierras, sería en 1905, cuando tres gringos se habrían hospedado aquí unos cuantos días para luego seguir viaje a un rumbo desconocido. Tiempo más tarde los propietarios de aquel entonces habrían reconocido a sus visitantes: se trataría nada menos que de Butch Cassidy, Sundance Kid y su esposa, quienes luego de robar el banco de Londres y Tarapacá en Río Gallegos habrían efectuado en su huída una “parada técnica” en La Leona.

Estancia La Leona

También el célebre Alberto M. D´Agostini se dejaría caer por este lugar antes de liderar épicas expediciones a zonas casi inaccesibles de la Cordillera Austral. Al igual que importantes alpinistas como el italiano Casimiro Ferrari, el primero en conquistar por primera vez el Cerro Torre, cuyas paredes de granito y hielo son consideradas aún hoy entre las más difíciles y peligrosas del mundo.

Estancia La Leona

Río La Leona

Después de acceder un rato a su tienda de recuerdos e inmortalizar con varias fotografías tanto el lugar como las señales que indican las distancias a algunas de las ciudades más importantes del globo, continuaríamos el camino.

Estancia La Leona

Estancia La Leona

Los kilómetros continuaban sucediéndose y nuestro vehículo seguía atravesando la árida llanura erosionada por el sobrepasto. El viento seco que bajaba de los Andes dejaba un universo de hierbajos amarillos y al final de la inmensa planicie se dejaba entrever, en el horizonte, camuflados entre nubes, los increíbles picos del macizo Fitz Roy. Al principio, demasiado cubiertos, pudiendo casi tan sólo intuir que estaban allí, para según nos íbamos acercando, y como si de una obra de teatro se tratase, las nubes convertirse en cortinas y estas irse retirando para dejar paso a la imponente silueta de las míticas montañas, afiladas como colmillos. Por allí apuntaban el Cerro Torre, el Fitz Roy, la Aguja Poincenot y otros muchos, protagonistas de titánicas escaladas. Fue un momento muy emocionante.

Lago Viedma llegando a El Chaltén

Entrada al Parque Nacional Los Glaciares

Macizo Fitz Roy llegando a El Chaltén

Macizo Fitz Roy llegando a El Chaltén

Quedando tan sólo un kilómetro para llegar a la estación pararíamos a la entrada del pueblo en el centro de recepción de visitantes, desde el que también se obtenían buenas perspectivas del mítico Fitz Roy. Un trabajador de Parque Nacionales, no s invitaría a bajar y tras separarnos en dos grupos, uno de habla hispana y otro inglesa, nos darían una pequeña charla sobre las rutas que se pueden realizar en la zona y la normativa que hay que seguir mientras estés caminando por los senderos del Parque Nacional de los Glaciares, que es donde nos encontrábamos y más exactamente en su sector norte. Justo en esta zona no hay que pagar nada en contraposición con lo que sucede en el área en el que está Perito Moreno, donde cada día que se accede al Parque hay que abonar 500 pesos. No me extrañaría que en el futuro aquí suceda lo mismo, pero mientras tanto hay que aprovecharlo.

Macizo Fitz Roy desde El Chaltén

De nuevo en el autobús, sólo harían falta menos de cinco minutos para dejarlo definitivamente y poder decir, ahora sí, que había llegado a El Chaltén. Este pequeño pueblo se encuentra situado en la confluencia de los ríos de las Vueltas y Fitz Roy, además de sobre un ancho valle glaciar que se alza al pie de los macizos del Fitz Roy, valga la redundancia, y Cerro Torre, siendo la puerta de entrada al hielo continental patagónico.

Macizo Fitz Roy y Cartel de Bienvenida. El Chaltén

No tardaría más de diez minutos en encontrar el que sería mi alojamiento durante los próximos cuatro días y es que estaba situado al lado de la Avenida San Martín, la principal arteria de la ciudad. Se llamaba Hostería Fitz Roy Inn y me recibiría un joven llamado Pablo, de lo más servicial y atento que al haber espacio y tener habitaciones libres me ofrecería una con cama de matrimonio y otras tres camas más. Sí, no me lo podía creer, tanto espacio para mí sólo, así que no podía empezar mejor mi llegada a El Chaltén.

Hostería Fitz Roy Inn.El Chaltén

La habitación se veía vieja y con moqueta, pero estaba limpia y caliente, así que no se podía pedir más teniendo en cuenta el precio, que es proporcional a lo que ofrece, para lo que son otros alojamientos aquí a excepción de los Hostels. (220 euros las cuatro noches con impuestos y desayuno incluidos). El desayuno estaba correcto con tostadas, zumos, leche y cereales. Respecto al wifi sólo había en la sala de recepción y no iba demasiado rápido.

No dudaría en organizar un poco el equipaje, pegarme una buena ducha y descansar un rato, antes de dar mi primera vuelta por el pueblo, sin tardar demasiado en entrar en un pequeño local donde vendían unas deliciosas empanadas, eligiendo una de cuatro quesos y otra de ternera, más la bebida. (95 pesos).

Justo en frente hallaría un supermercado, de los muchos que hay, donde entraría para hacer la compra para los días posteriores, pues es fundamental en las diferentes rutas llevar suficiente agua, comida, frutos secos y chocolate, para aguantar bien las distancias de ida y vuelta, que no son cortas precisamente.

Tras todo lo anterior era el momento de pasear ya con más tranquilidad por El Chaltén fijándome en las pequeñas casas de madera situadas a ambos lados de la avenida San Martín, además de la gran cantidad de figuras y esculturas de madera sitas en la calle Miguel Martín de Güemes que es la que atraviesas al bajar del autobús. Aquí está el famoso cartel dándote la bienvenida a la población, el que presume de ser la capital nacional del Trekking y la escalada, así como una inmensa mochila ideal para hacerte la foto chorra del día. Todos están realizados con madera.

El Chaltén

Cartel de Bienvenida.El Chaltén

El Chaltén.Capital Nacional del Trekking

El Chaltén.Capital Nacional del Trekking

Decidiría volver otra vez hasta el centro de visitantes, pues no estaba lejos, pero una vez allí las vistas del Fitz Roy y su entorno idílico, se habían terminado, pues las nubes habían decidido cubrirlo, así que no tenía mucho sentido subir a ninguno de los miradores cercanos a los que se podía acceder desde aquí (Los Cóndores y Las Águilas). Lo bueno que todavía me quedaban varios días para volver a intentarlo, por lo que me daría la vuelta y volvería a la Avenida San Martín donde empezaría a comparar restaurantes con el fin de decantarme por uno para la cena de mañana que era Nochebuena. Me decidiría por “Patagonia Rebelde”, que parecía que tenía buena pinta, ya veríamos si acertaba o no.

Centro de Visitantes.El Chaltén

Río de Las Vueltas a su paso por el Chaltén

Llevaba ya la friolera de más de 24 horas sin probar una cama, así que mi cuerpo empezaba a resentirse, por lo que dado que tampoco tenía mucha hambre al haber comido las empanadas, me marcharía para mi cuarto y me quedaría profundamente dormido en unos segundos. A ver si mañana Papá Noel  me regalaba la visión del Fitz Roy, aunque, en principio, no había buenas previsiones para ello.

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