Con la sensación de haber cerrado ayer un día difícil de
mejorar, hoy el viaje continuaría con la misma idea que me había acompañado
desde el inicio: seguir enlazando pequeños pueblos que, sin grandes alardes, concentran
siglos de historia y una identidad muy marcada. El Lot volvía a abrirse ante mí
como un territorio perfecto para recorrer sin prisas, combinando trayectos
cortos por carretera con paradas constantes, casi inevitables, en lugares que
invitan a detenerse.
Sabía que me esperaban nuevos pueblos singulares, cada uno
con su propio carácter, algunos más monumentales y otros más discretos, pero
todos con ese equilibrio tan particular entre patrimonio, paisaje y vida
tranquila que define a esta parte del suroeste francés.
Con el coche ya preparado y la ruta marcada, comenzaría así
un nuevo capítulo del viaje, dispuesto a seguir descubriendo, paso a paso,
algunos de los rincones más auténticos de esta zona de Francia.
SAINT CIRQ LAPOPIE
Decidiría comenzar el día desplazándome hasta Saint-Cirq-Lapopie, a 65 kilómetros de
Rocamadour, lo que supone aproximadamente una hora y diez minutos de conducción
por una carretera sinuosa, estrecha por momentos, pero muy agradable,
anticipando ya el tipo de paisaje y de pueblo que estaba a punto de encontrar.
La llegada, desde lo alto, confirma rápidamente la fama del lugar: un caserío
medieval colgado literalmente de un acantilado a cien metros sobre el valle del
Lot, compacto, vertical y perfectamente integrado en la roca.
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| Saint Cirq Lapopie |
Saint Cirq Lapopie fue compartido durante la Edad Media
entre tres dinastías feudales. Como consecuencia de ello, varios castillos y
fortalezas fueron conformando el fuerte de Lapopie, situado por encima del
pueblo. A sus pies, las callejuelas cerradas con puertas fortificadas, han
conservado numerosas casas antiguas, cuyas fachadas de piedra o con entramado
de madera datan principalmente de los siglos XIII a XVI. Estas estrechas casas
se caracterizan por sus tejados de tejas planas y de fuerte pendiente.
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| Saint Cirq Lapopie |
En los últimos tiempos, esta hermosa localidad se convirtió
en el lugar elegido por varios pintores y escritores para ser fuente de su
inspiración. Hoy en día, el pueblo tiene unos 220 habitantes, de los cuales,
una treintena pasa el invierno en esta villa medieval.
Tras dejar el coche en el parking número dos, me adentraría
directamente en el núcleo histórico atravesando la Puerta Pélissaria, la mejor
conservada de las antiguas entradas al recinto medieval. Su posición, al final
de la Rue de la Pélissaria —prolongación natural de la Rue Droite—, marca de
forma muy clara el paso del exterior al interior del pueblo fortificado.
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| Puerta Pélissaria |
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| Rue de la Pélissaria |
Nada más cruzarla, el recorrido me conduciría hasta la Plaza Carol, un espacio más
abierto, rodeado por el jardín y el palomar-mirador del pintor Henri Martin.
Desde aquí se abren las vistas hacia la llanura de Tour-de-Faure, y un sendero
desciende hasta las orillas del río Lot, enlazando con el molino medieval de
Aulanac, muy próximo a la esclusa. Un primer contacto claro entre el pueblo
elevado y el paisaje fluvial.
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| Plaza Carol |
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| Vistas desde Plaza Carol |
A escasos metros aparecería la Casa André Breton, fácilmente
reconocible por la combinación de edificio principal y torre. Se trataría de
una casa fortificada con ventanas góticas, representativa de las residencias de
caballeros que dominaban el valle desde posiciones estratégicas. La torre
dataría del siglo XII y el cuerpo principal del XIII. Fue residencia del
escritor surrealista André Breton y hoy está clasificada como Maison des Illustres.
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| Plaza Carol y Casa de André Bretón |
Muy cerca se encontraría la Maison
Rignault, una antigua casa fortificada almenada del siglo XV,
construida al borde mismo del acantilado. Levantada bajo el fuerte por Lord
Hébrard de Saint-Sulpice, quien según la tradición trasladó aquí su residencia
fuera del recinto señorial, fue restaurada con enorme cuidado por Joseph
Rignault. Sus jardines colgantes, suspendidos sobre el vacío, y las vistas
sobre el valle del Lot la convertirían en una de las paradas más memorables del
paseo.
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| Maison Rignault |
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| Saint Cirq Lapopie |
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| Río Lot a su paso por Saint Cirq Lapopie |
Siguiendo el trazado del casco histórico llegaría a la Casa Daura, una casa medieval
del siglo XIII, reconocible por sus ventanas de columnillas y arcos
trilobulados. Fue el estudio del pintor catalán Pierre Daura, quien dejó su
huella en las vigas esculpidas bajo la estructura de madera con cruces de San
Andrés. Ampliada entre los siglos XV y XVI a lo largo de la Rue de la
Fourdonne, hoy funciona como residencia internacional de artistas gestionada
por la Región de Occitania.
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| Casa Daura |
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| Saint Cirq Lapopie |
El recorrido continuaría ascendiendo de manera natural hasta
la Iglesia de Saint-Cyr y Sainte-Julitte,
dedicada a San Cir —origen del nombre “Cirq”— y a su madre, Santa Julita. San
Cir es considerado el mártir más joven de la cristiandad, con apenas tres años,
y según la tradición fue San Amadour quien trajo sus reliquias a Francia. La
iglesia, iniciada en 1522 en estilo gótico, integraría restos de la antigua
iglesia románica, de la que aún se conservan capiteles con hojas de acanto del
siglo XII y fragmentos de pinturas murales del XIII. Una capilla lateral
estaría dedicada a Santa Catalina, patrona de los torneros de madera. Junto al
portal, al pie del campanario fortificado, se conservaría una antigua medida de
piedra utilizada para regular la venta de grano en el mercado. Detrás de la
iglesia, varias terrazas permitirían asomarse al valle desde una posición
elevada.
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| Iglesia de Saint Cyr y Sainte Julitte |
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| Saint Cirq Lapopie |
Muy cerca se conservan las ruinas del Castillo de Cardaillac, antigua
residencia fortificada compuesta por un edificio principal adosado a una torre
del homenaje románica. Construido entre los siglos XIII y XIV dentro del
antiguo patio exterior del fuerte, se atribuye a la familia Cardaillac,
coseñores del lugar. Tras su modernización en el siglo XV, fue abandonado
progresivamente después de las destrucciones ordenadas por Luis XI, Carlos VIII
y Enrique de Navarra. Desde sus terrazas se obtiene una vista privilegiada
sobre los tejados del pueblo.
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| Castillo de Cardaillac |
A partir de aquí alcanzaría el Fuerte del Señor, encaramado
sobre un estrecho espolón rocoso que domina tanto el valle del Lot como el
caserío medieval. Desde el siglo XIII estuvo dividido entre las familias
Lapopie, Cardaillac y Gourdon, y sería abandonado a partir del siglo XVI en
favor de residencias más confortables.
En este entorno se sitúa también la Roca de la Popie, el punto más
elevado del conjunto. Este promontorio, cuyo nombre procede del occitano popa (“forma de pecho”), sostuvo el
primer castillo del lugar, levantado en el siglo X y remodelado en el XII. Aún
se conservan los cimientos de la torre del homenaje, la residencia señorial y
los restos de una puerta fortificada. Desde la cima y el mirador situado a sus
pies se obtiene una panorámica completa del valle, clave para entender la
lógica defensiva del emplazamiento.
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| Roca de La Popie y Fuerte del Señor |
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| Saint Cirq Lapopie desde Roca de La Popie |
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| Río Lot desde Roca de La Popie |
De regreso hacia el interior del pueblo aparecerían las casas burguesas medievales, con
soportales y entramados de madera de los siglos XIII y XIV. La planta superior
actual correspondería a una reforma de finales del siglo XV. Originalmente, la
planta baja se abría tanto a la Plaza du Sombral
—sede del mercado desde el siglo XIII— como a la Rue Droite o Grand
Rue. Enfrente se conservarían cinco soportales y cuatro portales de arco
apuntado, formando una hilera homogénea de casas comerciales construidas entre
los siglos XIII y XIV.
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| Casas Burguesas Medievales. Plaza du Sombral |
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| Saint Cirq Lapopie |
En este entorno destaca también la Casa Fourdonne, un antiguo
conjunto con jardín y arcos que conforman un pequeño teatro al aire libre,
atravesado por un callejón empedrado. En la actualidad alberga el Ayuntamiento
y la Oficina de Correos, integrándose con naturalidad en la vida cotidiana del
pueblo.
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| Casa Fourdonne |
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| Rue de La Fourdonne |
A lo largo de dichas calles destacan una sucesión de casas
porticadas, ventanas trilobuladas, pequeños jardines y antiguas tiendas que
pertenecieron a caldereros, carpinteros y, sobre todo, torneros de madera,
piezas clave en el desarrollo económico de la villa.
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| Saint Cirq Lapopie |
El paseo por la villa lo cerraría con la ubicación donde se
encontraba la Puerta de Peyrolerie, situada
originalmente en el eje de la rue del mismo nombre. Aunque hoy sólo se
conservan fragmentos, todavía sería reconocible su función defensiva como
acceso protegido por rastrillo al interior del recinto medieval.
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| Rue de Peyrolerie |
Tras completar la visita al núcleo histórico, mi recorrido
continuaría descendiendo hacia la parte baja del valle hasta alcanzar el Chemin
de Halage, el antiguo camino de sirga que discurre junto al río Lot.
Este tramo, utilizado históricamente para el arrastre de
embarcaciones, conserva en algunos puntos la huella de su excavación en la
roca, aunque alterna zonas más abiertas con otras más encajadas. El recorrido,
prácticamente llano, permite caminar junto al río y alejarse del ambiente del
núcleo histórico.
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| Chemin de Halage |
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| Chemin de Halage |
A diferencia de otros miradores, aquí el pueblo apenas se
muestra de forma clara. La vegetación y la propia configuración del terreno
ocultan en gran parte el caserío, que sólo aparece de manera parcial en algunos
puntos, más intuido que visible. Precisamente por eso, el interés del paseo no
está tanto en las vistas como en el cambio de ambiente: del núcleo medieval elevado
a un recorrido más natural, silencioso y horizontal junto al río.
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| Chemin de Halage |
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| Chemin de Halage |
El paseo lo terminaría aquí, junto al Lot, en un entorno más
tranquilo y apartado, lejos ya del movimiento del núcleo medieval. Un cierre
más calmado, sin grandes vistas ni elementos llamativos, pero que encajaba bien
después de todo lo recorrido, poniendo así fin a la visita de una forma más
sencilla y natural.
SAINT ANTONIN NOBLE VAL
Eran las 13:00 cuando me pondría en marcha hacia
Saint-Antonin-Noble-Val, situado a unos 45 kilómetros del punto anterior, lo
que se traducía en aproximadamente cincuenta minutos de conducción. El trayecto
discurriría, de nuevo, por carreteras secundarias, encajadas en un paisaje cada
vez más verde y cerrado, anticipando ya el carácter fluvial y medieval del
destino.
Al llegar, dejaría el coche en las inmediaciones del casco
histórico y comenzaría la visita a pie desde la Oficina de Turismo, situada en
la Rue de la Pélisserie. Este punto marcaría el inicio natural del
recorrido, ya inmerso en el entramado urbano antiguo de la villa.
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| Rue de la Pélisserie |
Desde allí tomaría una pequeña callejuela a la derecha, la Rue
de la Bride. A los pocos metros descubriría un trabalh, un antiguo dispositivo
utilizado para herrar bueyes, testimonio directo de la vida rural tradicional.
El nombre de la calle, que hace referencia a una catapulta, introduciría ya la
dimensión defensiva y militar del pasado de la ciudad.
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| Trabalh.Rue de la Bride |
Mi paseo continuaría hacia la Porte Rodanèze. Este
barrio estuvo habitado antiguamente por burgueses acomodados y comerciantes
prósperos. Una casa señorial del siglo XV, adosada a la muralla, me permitiría
imaginar con bastante claridad el perímetro fortificado original y la
importancia estratégica de este acceso.
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| Barrio Porte Rodanéze |
Avanzando unos metros más llegaría a la antigua halle o
mercado cubierto. Aunque la construcción actual es del siglo XIX, sabría
que se levantó sobre un solar previamente ocupado por varias viviendas. Una
estela discoidal del siglo XV, procedente del antiguo cementerio de la abadía,
presenta motivos religiosos.
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| Place de la Halle |
En el mismo entorno se alza la Maison Romane,
construida en 1125 y considerada el edificio civil más antiguo de Francia.
Imaginaría las antiguas tiendas ocupando la planta baja y la administración de
justicia desarrollándose en la sala noble del primer piso. En los pilares de la
claraboya, se puede ver a Justiniano a la izquierda y Adán y Eva en la derecha.
En 1313 se convirtió en Casa de los Cónsules.
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| Maison Romane |
El recorrido me llevaría después hasta la llamada Caserna
de los Ingleses, un conjunto de edificios de los siglos XIII y XIV,
remodelados posteriormente. Durante la Guerra de los Cien Años, la ciudad fue
ocupada en varias ocasiones, y este inmueble acabaría reconvertido en cuartel
real en el siglo XVIII, reflejando los continuos cambios políticos y militares.
Siguiendo por la Rue Guilhem Peyre me detendría ante
una casa construida a mediados del siglo XIII y modificada en el siglo XV. Su
fachada conserva restos de antiguas ventanas geminadas que permiten leer
visualmente la evolución arquitectónica del edificio a lo largo del tiempo.
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| Rue Guilhem Peyre |
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| Casa en Rue Guilhem Peyre |
Un poco más adelante aparecería la Maison de l’Avé Maria,
una elegante vivienda del siglo XVI con un claro aire renacentista. En los
elementos de su fachada podría leerse la inscripción religiosa que le da
nombre, integrada con naturalidad en la composición arquitectónica.
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| Maison de L´Ave Maria |
El paseo continuaría hasta el templo protestante
actual, construido en el siglo XIX sobre los restos de las antiguas murallas.
Conociendo que Saint-Antonin fue declarada República Protestante en el siglo
XVI, este punto adquiere un peso histórico considerable dentro del recorrido.
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| Iglesia Protestante |
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| Saint Antonin Noble Val |
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| Entorno de Saint Antonin Noble Val |
Cerca de uno de los antiguos accesos a la ciudad pasaría
junto a la Auberge du Lion d’Or, una posada del siglo XVIII que recuerda
el tránsito constante de viajeros y comerciantes que animaban la vida urbana.
En la fachada se puede descifrar el letrero publicitario: “el león de oro, casa
Cassan, buena posada, a pie y a caballo”.
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| Auberge du Lion d´Oro |
Atravesando el porche de la Rue Bombecul accedería a
un pequeño jardín medieval. Creado recientemente, reproduce el tipo de
huerto que existía en la Edad Media, con plantas aromáticas y medicinales
utilizadas tanto en la cocina como en la medicina tradicional.
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| Jardín Medieval |
El itinerario me llevaría después a la Maison des Sonnets,
reconstruida en el siglo XVIII para un canónigo ilustrado que mandó pintar
sonetos en la escalera interior. En la fachada, una inscripción latina expresa
el deseo de eternidad del propietario con un tono tan ambicioso como irónico:
“que esta casa siga existiendo hasta que la hormiga haya bebido el agua de los
mares y la tortuga haya dado la vuelta al mundo”
Continuaría hacia el antiguo convento de los Génovéfains,
un complejo de grandes dimensiones levantado a partir del siglo XVII. Su tamaño
y sus antiguas dependencias —jardín, orangerie y caballerizas— reflejan el
poder económico de esta orden religiosa llegada para reformar la vida canónica
local.
El recorrido seguiría hasta la iglesia parroquial actual,
levantada sobre los restos de un antiguo templo protestante. De estilo
neogótico, su esbelto campanario domina el perfil urbano, mientras que en el
interior los vitrales narran en imágenes la leyenda de san Antonin.
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| Iglesia Parroquial |
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| Iglesia Parroquial |
Muy cerca se encuentra la Maison du Roy, vinculada
directamente a la Corona francesa tras la cruzada contra los cátaros. Se dice
que el hermano de Simon de Montfort se hizo con la ciudad y entregó esta casa
al rey de Francia, Saint Louis.
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| Maison du Roy |
El paseo me conduciría después hasta el puente sobre el
Aveyron, documentado desde el siglo XII. Su existencia fue clave para el
desarrollo económico de la ciudad, permitiendo el cobro de peajes y el comercio
entre distintas regiones.
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| Río Aveyron a su paso por Saint Antonin Noble Val |
A comienzos del siglo XX, la ciudad intentó reinventarse
gracias al termalismo. El edificio de los antiguos baños, inaugurado en
los años veinte, simboliza ese breve periodo de prosperidad truncado por las
inundaciones de 1930, las cuales contaminaron las aguas y destruyeron todas las
instalaciones.
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| Antiguas Termas |
Siguiendo el curso del río me acercaría al solar de la antigua
abadía benedictina, fundada en el siglo VIII. Aunque hoy solo queden restos
dispersos, su importancia fue enorme y marcó el origen mismo de Saint-Antonin
como centro de peregrinación.
Más adelante identificaría los restos de las antiguas
tenerías, testimonio de una actividad artesanal que dio prosperidad a la
ciudad durante siglos, con exportaciones incluso hacia la Península Ibérica.
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| Antiguas Tenerías |
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| Antiguas Tenerías |
El molino de aceite de nuez, todavía en funcionamiento
en fechas señaladas, muestra otra faceta de la economía tradicional local,
ligada al aprovechamiento de los recursos agrícolas.
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| Molino de Aceite de Nuez |
Entraría después en el barrio del Bessarel, antiguo
distrito de curtidores y claveros, completamente devastado por la gran
inundación de 1930, que cambió para siempre la fisonomía de esta zona.
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| Barrio de Bessarel |
De la llamada Casa del Amor solo permanece en pie una
arcada del siglo XV, decorada con las figuras esculpidas de un hombre y una
mujer de perfil, único vestigio de una vivienda desaparecida.
Para cerrar la visita, me sentaría unos minutos en la Place
du Four Neuf, construida sobre el emplazamiento de uno de los antiguos
hornos comunales. Durante siglos, estos hornos fueron esenciales para la vida
cotidiana, poniendo un punto final sencillo y muy humano a la visita por
Saint-Antonin-Noble-Val.
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| Place du Four Neuf |
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| Place du Four Neuf |
PENNE
Eran algo más de las 17:00 cuando volvería a ponerme en
marcha. Apenas 16,5 kilómetros separan Saint-Antonin-Noble-Val
de Penne, un trayecto breve, de unos
dieciocho minutos, del que casi no te das cuenta. El valle del río Aveyron se va cerrando poco a poco y, sin
apenas transición, el pueblo aparece encajado entre la roca y el río, de forma
abrupta y muy marcada.
El origen del asentamiento está ligado directamente a esta
posición estratégica. Desde al menos el siglo XI, el promontorio rocoso fue
fortificado para controlar el paso por el valle del Aveyron, una vía natural de
comunicación entre el Albigeois, el Quercy y el Rouergue. El pueblo se
desarrolló a sus pies, protegido por la fortaleza y adaptándose a una
topografía extrema, con casas escalonadas, calles estrechas y desniveles
constantes.
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| Penne |
Dejaría el coche en las inmediaciones y comenzaría la visita
a pie, adentrándome sin prisa en el núcleo antiguo. El paseo por Penne es algo
exigente para quien no esté acostumbrado: se camina entre muros de piedra,
escaleras empinadas y pasajes que se retuercen siguiendo la roca. Las casas, en
su mayoría medievales, conservan muros macizos, pequeñas ventanas y restos de
antiguas estructuras defensivas, recordando que aquí vivir nunca fue sencillo
ni especialmente seguro.
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| Penne |
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| Penne |
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| Penne |
Durante la Edad Media, Penne fue una plaza fuerte de primer
orden. En el siglo XIII desempeñó un papel destacado durante la cruzada contra
los cátaros, pasando de unas manos a otras en un contexto de violencia
constante. El castillo fue ocupado, reforzado, asediado y reconquistado
en varias ocasiones, reflejando la inestabilidad política y religiosa de la
región. Más tarde, durante la Guerra de los Cien Años y las Guerras de
Religión, volvería a ser escenario de conflictos, siempre por su posición
estratégica dominante.
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| Castillo de Penne |
El ascenso hacia el castillo es uno de los momentos clave de
la visita. El sendero, empinado y en algunos tramos exigente, va ganando altura
mientras el pueblo queda progresivamente abajo. A medida que subiría, las
vistas sobre el valle del Aveyron se abrirían, mostrando un paisaje profundo y
encajado, donde el río serpentea entre paredes de roca y masas forestales.
La fortaleza, parcialmente en ruinas pero imponente,
conserva aún murallas, torres y restos de estancias que permiten leer su
compleja evolución arquitectónica. El castillo actual es el resultado de varias
fases constructivas entre los siglos XII y XVI, adaptadas siempre a la
topografía extrema del lugar. No se trata de un castillo palaciego, sino de una
auténtica máquina defensiva, pensada para resistir asedios y controlar el
territorio circundante.
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| Castillo de Penne |
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| Castillo de Penne |
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| Castillo de Penne |
Desde lo alto, la panorámica es espectacular. El pueblo,
comprimido entre el río y la roca, aparece como una prolongación natural del
relieve, mientras el valle se despliega en todas direcciones. Es uno de esos
miradores que justifican por sí solos el esfuerzo de la subida y que ayudan a
comprender por qué este enclave fue tan disputado durante siglos.
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| Penne desde su Castillo |
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| Castillo de Penne |
Tras descender de nuevo hacia el casco antiguo,
dedicaría un rato a recorrer con calma las calles bajas del pueblo. Esta parte
más tranquila contrasta con la severidad del castillo y muestra una faceta
diferente de Penne.
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| Penne |
En este tramo aparece también la Place des Anciennes Mesures, un pequeño espacio abierto que
recuerda la antigua organización comercial del pueblo. Aquí se conservaban las
medidas oficiales utilizadas en los intercambios —grano, vino u otros productos
básicos—, garantizando cierta uniformidad en las transacciones. Es un detalle
sencillo, pero significativo, que permite entender cómo incluso en un enclave
tan abrupto existía una vida económica estructurada.
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| Place des Anciennes Mesures |
Muy cerca se encuentra la iglesia del pueblo, la Église Saint-Catherine, situada en una
pequeña plaza recogida. De origen medieval, aunque transformada en siglos
posteriores, presenta una arquitectura sobria, con muros de piedra y una
estructura adaptada al terreno. Su presencia refuerza la idea de comunidad en
un lugar donde la defensa era prioritaria, pero donde también se desarrollaba
la vida cotidiana.
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| Iglesia Saint Catherine |
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| Iglesia Saint Catherine |
La decadencia de Penne comenzó a partir del siglo XVII,
cuando la fortaleza perdió su función militar y fue progresivamente abandonada.
El pueblo quedó relegado a una vida rural discreta, aislado de los grandes ejes
de desarrollo. Paradójicamente, este aislamiento permitió conservar su
estructura medieval casi intacta, sin grandes transformaciones posteriores.
Tras la visita, me animaría a tomar algo en una terraza,
para después regresar al coche con la sensación de haber descubierto uno de
esos enclaves que no aparecen por casualidad en el camino, sino que hay que ir
a buscar. Penne es un lugar con carácter, marcado por su posición y su
historia, uno de los más potentes y memorables de esta parte de Occitania, de
esos que permanecen en la memoria mucho después de haberlos dejado atrás.
El día terminaría poniéndose de nuevo en movimiento. Apenas
33 kilómetros separaban Penne de Gaillac,
un trayecto cómodo de unos cuarenta minutos que serviría para ir bajando
revoluciones después de una jornada intensa, tanto en paisaje como en historia.
La carretera abandonaría poco a poco el encajonamiento del Aveyron y se abriría
hacia un entorno más amplio, preludio del cambio de escenario que vendría al
día siguiente.
En Gaillac, tenía previsto instalarme durante las dos noches siguientes, una elección práctica pero también estratégica para seguir explorando la zona con calma. El alojamiento elegido sería Le Violet, una pequeña casa con encanto situada a unos seis kilómetros del centro, en un entorno tranquilo y apartado. Es un lugar agradable y muy cuidado, aunque resulta necesario disponer de coche o bicicleta para desplazarse hasta Gaillac. La propietaria, además, fue especialmente amable y cercana, lo que contribuyó a una estancia muy cómoda. Tras dejar el coche y acomodarme, solo quedaría dar por concluida la jornada con la sensación de haber cruzado un territorio fascinante, y con la certeza de que el viaje todavía tenía mucho que ofrecer.
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