LOMBARDIA - DIA 02. Recorriendo el lago di Garda

1 de Mayo de 2011.

La verdad que empezar el día saliendo a una terraza y encontrarte unas vistas espectaculares del lago di Garda, acompañado de un cielo azul radiante, es cuanto menos que gratificante.

Nos encontrábamos ante el mayor lago de Italia, conocido por sus plantaciones de olivos y limoneros, rodeado de llanuras y suaves colinas en el sur y mucho más estrecho hacia el norte donde se caracteriza por sus abruptos y escarpados acantilados fundiéndose con los Prealpes. Muy apreciado por alemanes, suizos y austriacos, hace las delicias de los aficionados a los deportes náuticos practicándose en sus aguas windsurf, vela y hasta regatas.

Lago di Garda desde Hotel Lido Internacional. Desenzano

Lago di Garda desde Hotel Lido Internacional. Desenzano

Aunque hubiésemos estado toda la mañana contemplando esta maravilla del que el escritor D.H.Lawrence dijo de él que era “hermoso como el principio de la creación”, estando totalmente de acuerdo con sus palabras, las inquietudes viajeras nos llevaban a comenzar la jornada descubriendo la localidad en la que habíamos amanecido: Desenzano.

Fundada probablemente por los romanos sobre un asentamiento habitado desde la prehistoria, esta bonita localidad estuvo bajo el dominio veneciano en el siglo XV, cuando fue la ciudad más importante del lago. En el siglo XIX se convirtió en centro turístico.

El corazón de la ciudad es la Piazza Malvezzi, donde se monta un mercado de antigüedades famoso por la plata y los grabados. El Ayuntamiento  del siglo XVI y el edificio de Provveditore Veneto también se encuentran en dicha plaza.

Piazza Malvezzi. Desenzano

Piazza Malvezzi. Desenzano

En el bello casco histórico igualmente se sitúa el Duomo di Santa María Magdalena, una iglesia del siglo XVI que alberga una Última Cena de Giambattista Tiepolo. Tampoco se puede ir uno de aquí sin detenerse unos minutos en el Porto Vecchio o sin subir hasta los restos del castillo, desde donde se obtienen unas fantásticas vistas de la población y de la masa de agua color esmeralda.

Porto Becchio. Desenzano

Porto Becchio. Desenzano

Duomo. Desenzano

Desenzano desde su Castillo

Si a todo ello también le sumas una villa romana, poder fotografiarnos con un Ferrari Testarossa que estaba aparcado en la calle como si nada y una procesión de un partido político con banderas, pancartas y hasta los candidatos a los que la gente no dejaba de aclamar como si fueran héroes, mientras sonaba una música de fondo bastante estridente, pues no se podía pedir nada más, así que nos pondríamos dirección hacia nuestro siguiente destino.

Marcha Política. Desenzano

La población más popular del universo Garda es Sirmione, separada sólo por doce kilómetros de Desenzano, situándose en la península del mismo nombre y siendo con diferencia el lugar más turístico de todas las localidades del lago, no faltándole razones para ello.

Una lengua de tierra te adentra de forma directa en la población, pero ojo, conviene no cometer el error de intentar llegar hasta las puertas de la misma, pues es muy probable que no te quede más remedio que darte la vuelta debido a que no encuentres sitio para poder dejar el vehículo. Yo te aconsejo hacer lo que haríamos nosotros, es decir aparcar en alguno de los muchos parkings que se encuentran en los laterales de la carretera, optando por aquellos que se encuentran como a dos o tres kilómetros, pues es probable que todavía halla plazas y la distancia a recorrer caminando tampoco es demasiada. Es importante no olvidar sacar el ticket del parquímetro correspondiente. Nosotros optaríamos por poner uno con duración de cuatro horas, para ir con tranquilidad y si nos descuidamos casi nos quedamos cortos, así que lo mismo no está de más poner un poco más.

Según nos íbamos acercando al centro histórico, más nos alegramos de haber optado por lo que hicimos, pues todo estaba ya a rebosar de vehículos y una enorme caravana se empezaba a formar, colapsando la carretera en ambos sentidos.

Y tras el sosegado paseo, nos quedaríamos parados, de repente, sin articular palabra, y es que ante nosotros aparecía imponente un castillo de cuento de hadas, casi enteramente rodeado por las profundas aguas azules del lago di Garda. Estábamos ante la célebre y descomunal Rocca Scaligera.

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Cruzaríamos el puente levadizo y nos sumergiríamos en un universo de torres y almenas de fantasía, llegando a cada rincón escondido del mismo.

Es una de las fortalezas más completas y mejor conservadas de Italia, así como un raro ejemplo de fortificación lacustre. Visitarlo es toda una experiencia, pudiendo admirar habitaciones llenas de artefactos, paredes almenadas e impresionantes torres de piedra, así como el foso y el puente levadizo. También se puede subir a la cima de la estructura más alta, de casi cincuenta metros de altura, para disfrutar de las vistas sin iguales de la ciudad, la inmensidad del lago, la península y el campo. Justo debajo de esta estaban las celdas destinadas a los presos.

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Castillo Rocca Scaligera.Sirmione

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Sirmione desde Castillo Rocca Scaligera

Sirmione desde Castillo Rocca Scaligera

Es importante destacar también el muelle, construido poco después del castillo, y que una vez representó el lugar de refugio de la flota de los señores medievales de Verona, situada apenas a cinco kilómetros de donde estábamos.

Más allá de la fortaleza están las calles estrechas del casco viejo, flanqueadas por tiendas de recuerdos, cafés y boutiques, donde aún se conserva el aroma de la época medieval, invitándote a imaginar historias caballerescas y épicas batallas.

Sirmione

Castillo Rocca Scaligera. Sirmione

Continuaríamos caminando  por un agradable paseo junto a las orillas de la masa de agua, para llegar así hasta el extremo sur de la península, donde se encuentran situadas las ruinas romanas de Grotte di Catullo, una antigua residencia de los siglos I a.C. al I d.C.

Lago di Garda desde Sirmione

Lago di Garda desde Sirmione

Aunque me hubiera encantado descubrirlas, especialmente la sala del Antiquarium donde hay un mosaico de un paisaje marino y un retrato de Catulo, el hecho de que la visita nos hubiera retrasado demasiado para disfrutar de los planes de la tarde, nos haría renunciar a la misma, dando aquí por finalizado nuestro paseo por Sirmione.

Para comer decidiríamos hacernos con varias pizzas para llevar y saborearlas sentados en un banco con vistas al lago, con un pequeño imprevisto y es que no caímos en pedir que nos las trocearan en las correspondientes porciones, por lo que tuvimos algún pequeño problemilla para comportarnos de forma educada a la hora de degustarlas. Lo mejor es que omita los detalles y cada cual imagine lo que quiera.

No queríamos conformarnos con conocer sólo la zona sur del lago y nos apetecía llegar también hasta algún pueblo y paisaje idílico del norte, por lo que decidiríamos afrontar alrededor de hora y media de conducción para recorrer los 75 kilómetros que nos separaban de la localidad de Malcesine.

Dejaríamos el vehículo a las afueras de la población en un parking bastante amplio y en el que apenas quedaban vehículos a esas horas. Íbamos mal de tiempo y es que nuestra idea no era dirigirnos de forma directa a conocer el pueblo, sino que antes queríamos deleitarnos con unas de las mejores vistas de la zona, yendo contrarreloj para ello.

Lo anterior era debido a que teníamos que tomar un teleférico que te permite acceder a la cima del monte Baldo, siendo la última subida a las 18:00. Afortunadamente conseguiríamos coger el de las 17:30, por lo que habíamos conseguido el objetivo. En apenas diez minutos habíamos conseguido salvar los 1700 metros de desnivel, eso sí después de abonar la nada desdeñable cifra de 18 euros por persona.

Teleférico Monte Baldo

Tan sólo disponíamos de una hora para movernos por el entorno al que acabábamos de llegar, dado que a las 18:45 era la hora límite para coger el último teleférico de descenso.

Teniendo en cuenta lo anterior, no nos iríamos muy lejos, lo justo para posicionarnos como es debido y así contemplar una vista de ensueño formada por cumbres nevadas, valles sin fin y una ligera bruma, que aunque envolvía ligeramente al lago di Garda y a los Alpes, en la lejanía, te permitía tímidamente tener perspectivas de ellos. Este sería un momento muy especial, al tener por primera vez, delante de nosotros, esta increíble cordillera.

Estación Monte Baldo

Vistas desde Monte Baldo

Lago di Garda desde Monte Baldo

Lago di Garda desde Monte Baldo

Vistas desde Monte Baldo

Aunque, como se ve, nosotros no pudimos, no sería mala idea venir a pasar un día entero a estos parajes y realizar algunas de las múltiples rutas de senderismo que se pueden llevar a cabo en estas altitudes, pasando así una jornada respirando aire puro y en pleno contacto con la naturaleza, además de amortizar como es debido el ticket de acceso.

Y como nada es eterno, llegaría el momento de volver a bajar, por lo que nos despedimos del paisaje y antes de querer darnos cuenta, volvíamos, de nuevo, a las orillas del lago.

El sol empezaba a caer, pero todavía tendríamos tiempo de aprovechar el poco tiempo de luz que quedaba para realizar el hermoso paseo que comienza al lado del campo de fútbol, hoy reconvertido en parking. Dicha te senda te permite ir casi rozando las aguas del lago, a la vez que puedes ir contemplando su romántica fortaleza, que parecía nos vigilaba expectante según nos íbamos acercando a ella.

Castillo de Malcesine y Lago di Garda

Castillo de Malcesine y Lago di Garda

Lago di Garda desde Malcesine

Una última cuesta nos llevaría justo debajo de la roca impermeable sobre la que se sitúa el castillo, del siglo XII, que sería reconstruido por la familia Scaligeri de Verona en 1277. Su torre es lo más impresionante con algo más de treinta metros, siendo una pena que a estas horas ya se encontrara cerrada, porque las vistas deben ser de infarto desde lo más alto de la misma. Su interior, para los más curiosos, también aloja un pequeño museo de de historia natural y varias salas de exposiciones.

Castillo de Malcesine

Pocos minutos después llegábamos al corazón de la villa, por estrechas y adoquinadas callejuelas, para en su plaza Mayor, casi completamente desierta, acabar la jornada tomándonos uno de esos deliciosos helados que te hacen recordar que estás en la bella Italia.

Malcesine

Malcesine

Era el momento de recibir el jarro de agua fría y es que teníamos por delante casi 150 kilómetros y unas dos horas de conducción hasta nuestro hotel en la ciudad de Bérgamo, así que tratando de llevarlo lo mejor posible nos pusimos manos a la obra.

Afortunadamente éramos dos los que teníamos carnet y no se nos haría demasiado pesado, llegando sobre las 23:00 a nuestro nuevo destino. El hotel que elegiríamos sería el Best Western Cappello d´Oro en la parte baja de la ciudad. La habitación no era muy amplia pero cabían bien las tres camas, era confortable y limpia. El personal era muy amable y el desayuno variado y abundante. (127 euros la habitación).

En contra de todo pronóstico no estábamos excesivamente cansados, por lo que decidiríamos  salir a tomarnos unas cervezas, también por la parte baja de la ciudad, brindando así por nuestra última noche en el país de las pizzas.

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