INDONESIA - DIA 08. Rumbo a los volcanes

14 de Septiembre de 2013.

Podemos decir que la jornada que daba comienzo iba a ser sin lugar a dudas la más larga, pesada e insufrible de todo el viaje. Un día de lo más largo y cansado como consecuencia de las tantísimas horas que tendríamos que permanecer metidos en una furgoneta, además de aguantar la conducción suicida de nuestro conductor y algún que otro incidente más.

Pero antes de hablar de todo ello remontémonos unos días antes cuando en la oficina de turismo de Yogyakarta contrataríamos la excursión para ir a visitar los volcanes Bromo e Ijén, los dos más peligrosos y activos de Indonesia y que bajo ningún concepto queríamos perdernos en este viaje.

Los casi tres días que siguen a continuación los dejamos abiertos desde Madrid y no reservamos absolutamente nada, ya que valoramos la posibilidad de llegar hasta los cráteres por nuestra cuenta y riesgo. Una vez en Yogya y después de informarnos y de ver las opciones que teníamos, nos dimos cuenta que cualquier posibilidad que no fuese con una agencia organizada nos iba a salir mucho más caro y además teniendo que hacer auténticos malabares para llegar hasta los respectivos destinos. Aunque no suele ser lo normal pudimos comprobar que en este caso con agencia se ahorraba en tiempo y dinero. Así que una vez más y después de ver los buenos resultados obtenidos en las distintas contrataciones que ya habíamos efectuado con la oficina de turismo de Yogya, decidimos contratarlo todo en ella, incluyendo en el pack lo siguiente: Hoteles (2 noches); Transporte convencional de los tres días; Jeep para subir al monte Penanjakan; Desayunos: Todo ello por 730000 rupias por persona. Aparte tienes que pagarte tú las comidas y cenas y las entradas a los parques nacionales. En el Bromo 75.000 rupias y en el Ijen 50000 rupias, en ambos casos por persona. Nosotros también contrataríamos el transporte que te lleva del puerto de Ketapang a Denpasar, la capital de Bali por 100000 rupias por persona.

Con todo esto contratado dos días antes, nuestro inacabable día comenzaba a las 08.15 de la mañana en nuestro hotel Ibis Styles, donde pasarían a recogernos con una mini furgoneta de 11 plazas, con la suerte de que éramos los primeros en ser recogidos y podíamos elegir sitio, por lo que nos pusimos en los asientos que hay detrás del conductor que eran los más espaciosos con diferencia y tenían un pequeño resalto para apoyar los pies. Después haríamos una pequeña turné para, al igual que a nosotros, seguir recogiendo a los que serían nuestros compañeros de viaje: dos holandeses, tres franceses, cuatro alemanes y dos indonesios. Y así y ya todos juntos, despedirnos de Yogya que tan buenos momentos nos había brindado durante estos días pasados.

El trayecto hasta Probolinggo, cercano ya al Parque Nacional Gunung Bromo dura, nada más y nada menos, que once horas, que ya de por sí son una auténtica burrada, pero cuando uno quiere ver algo, a veces tiene que hacer este tipo de sacrificios, es la dura vida del viajero. Si además le sumas que la conducción en Java y en Indonesia, en general, es caótica y suicida, pues el resultado fue de lo más emocionante y divertido. Nunca pensé que podría vivir en primera persona lo que se siente en el típico video juego de ordenador donde tienes que ir esquivando coches en el último momento para no chocar frontalmente contra ellos; adelantamientos por izquierda y derecha, según te venga en gana; motos que te salen por todas partes y de todas direcciones y que parecía que estaban ahí para darte bonus; transeúntes que cruzan la autovía como si estuvieran en el parque de su casa, etc. Vamos que fue una experiencia única y sin igual.

Si a todo esto le sumas que a las cinco horas de comenzar el viaje se nos pincharía una rueda y tuvimos que estar en el carril izquierdo (conducen por la izquierda, por lo tanto es el lento), más de una hora, pues vamos que ya no se podía pedir más. Y sí, efectivamente así fue, de repente oiríamos como un estallido, tipo petardo, para segundos después sentir el chof, chof, chof, como si alguien estuviera pisando uvas y tras unos breves instantes más ver como el vehículo se detenía. Al minuto, el conductor nos estaba haciendo bajar a todos del coche y, por supuesto, que también descargó todos los equipajes. Allí estábamos perdidos en la nada, entre campos de arrozales, esperando a ver en cuanto tiempo se resolvía la situación. Todo esto mientras el resto de vehículos pasaban tan sólo a unos centímetros de nuestra furgoneta y a toda velocidad.

Arrozales camino al Volcán Bromo


De primeras tampoco es que a nuestro conductor se le viera muy ducho en cambiar ruedas, le costó coger el truquillo, pero tras recibir la ayuda de otros dos coches que pasaban por allí que se animaron a ayudarle, la cosa fue más rápida. La cosa parecía que no se iba a ir más allá del tiempo justo. ¡Qué ingenuos que éramos!

Para continuar con lo esperpéntico de la situación, justo en una de las últimas veces que el tipo se metía debajo del vehículo, yo no sé para qué, pues creo que para cambiar una rueda no es necesario esto, el gato cedió y esa parte del coche caería ligeramente sobre el pobre hombre. Responderíamos todos los que estábamos allí, levantado la furgoneta para que pudiera salir, lo cual consiguió y de forma ilesa, por lo que tuvo bastante suerte.

Pinchazo de Rueda camino al Volcán Bromo

Pinchazo de Rueda camino al Volcán Bromo

No sabíamos que pasaba pero tenía que empezar otra vez con la misma maniobra, así que ya nos cansamos y nos pusimos a andar por una franja de tierra que había, pues no existía ningún tipo de arcén, hasta una gasolinera que se encontraba como a un kilómetro, para aprovisionarnos de agua y de algo de comer. A la vuelta de las mini compras, seríamos testigos de lo que realmente estaba sucediendo, que no era otra cosa que el ver como la rueda de repuesto también estaba pinchada, razón por la cual la furgoneta no se estabilizó en la primera ocasión y se ladeaba para el lado afectado. Eso sí hay que decir que en este caso el pinchacito era más pequeño que el de la primera rueda y que por lo menos parecía que podía rodar algo.

Visto lo visto parecía que el tío ya había llamado por móvil a sus responsables y tras otro rato más de espera aparecería un Jeep en el cual empezarían a cargar el equipaje y en el que pidieron que se subieran cuatro de nosotros. Ante la incertidumbre general, la pareja holandesa por un lado y nosotros por otro, nos metimos sin dudarlo en él. El resto del pasaje, sorprendentemente, se volvería a montar en el súper vehículo, el paradigma de la seguridad, y comenzamos a recorrer como unos veinte kilómetros con el objetivo de llegar hasta un pequeño puesto de reparación de ruedas que ellos conocían. Ninguno de los que tenían que subir en aquella carraca, dijo absolutamente nada, yo creo que del flipe y de la estupefacción que llevábamos todo encima. Nosotros íbamos detrás y la verdad que daba bastante miedo el ver como se iba balanceando de un lado para otro, pues parecía que en cualquier momento podía volcar.

Al final afortunadamente no pasaría ahí y tras unos veinte minutos circulando de esta manera, llegaríamos al puesto de recambios y, por fin, pudimos respirar un poco aliviados.

El objetivo que tenían de llegar hasta aquí, no era otro que mientras que ellos solucionaban la papeleta del transporte, nosotros pudiéramos comer en el restaurante que había justo en frente y así poder tenernos entretenidos, por lo que eso fue lo que hicimos. Del todo resignados y esperando a ver como se desarrollaban los acontecimientos, almorzaríamos con tranquilidad. Yo me pediría Nasi Pecel Telor o lo que es lo mismo, arroz con vegetales con huevo frito y salsa de cacahuete. (La comida de ambos con las bebidas nos saldría por 150000 rupias). El restaurante se llamaba Utama y estaba situado en J.L. Raya Caruban Surabaya km 3.

Cuando terminamos, saldríamos a una pequeña explanada que había justo delante de donde habíamos comido y ¡tachán!, lo que nos encontramos fue la misma furgoneta con la que habíamos viajado todo el trayecto y la rueda reparada. Si nos creíamos que nos iban a cambiar de vehículo, íbamos apañados, total para qué, así era todo mucho más emocionante.

Así que sin más preámbulos volveríamos al emocionante juego de la carretera y aunque parezca increíble, conseguiríamos llegar vivos hasta la localidad de Probolinggo, tras más de trece horas de diversión, es decir, unas dos horas y pico más de lo que se suele tardar.

En Probolinggo pasaríamos a una pequeña agencia donde se nos explicaría cuales serían los planes para el día siguiente, en base a lo que cada uno había contratado, y nos facilitaron los vales que teníamos que presentar cuando nos fuesen solicitados. Después montaríamos en un nuevo vehículo muy similar al que nos había traído hasta aquí y pasaríamos por un supermercado en el centro del pueblo para aprovisionarnos de comida y bebida y desde este comenzamos un camino, ya con una conducción mucho más tranquila por parte de otro conductor algo más prudente, durante un poco más de una hora, hasta llegar a las proximidades del volcán Bromo, donde estaría situado nuestro hotel. Eran las 22.45 y noche bien cerrada y al final entre unas cosas y otras tardamos la friolera de más de 14 horas desde que salimos de Yogyakarta hasta que llegamos al hotel en Bromo National Park.

El Hotel se llamaba Sion View y dejaba bastante que desear, la habitación no tenía calefacción y hacía un frío que pelaba, las camas sólo contaban con la sábana que se pone en el colchón y luego ya se pasaba directamente a una manta que se notaba que no habían lavado en años y los baños eran peores que los de la película Psicosis, por no tener no tenían ni lavabo, sólo el grifo de la ducha y el váter. Además, olía a humedad que te echaba para atrás y las paredes estaban cochambrosas a más no poder. Lo mejor de todo es que cuando uno lleva el tute en el cuerpo de un día como el de hoy, es tal el cansancio que llevas acumulado, que todo lo que acabo de comentar te importa bastante poco en comparación con un día que te pille más al 100%. Lo único que queríamos era dormir y dormir y sólo queríamos meternos cada uno en nuestra cama y aprovechar al máximo el tiempo de sueño de la corta noche que teníamos por delante, por lo que apagamos rápidamente la luz y nos dispusimos a afrontar las únicas cuatro horas que íbamos a descansar.

A TENER EN CUENTA:
  • Para ir de Yogyakarta al Parque Nacional del Volcán Bromo creo que lo mejor, si no cuentas con demasiado tiempo o dinero, es hacerlo a través de agencia, ya que por uno mismo se tarda muchísimo más y seguramente te salga bastante más caro.
  • El trayecto desde Yogyakarta al Parque Nacional del Volcán Bromo puede durar perfectamente entre 11 y 13 horas por lo que conviene intentar, si se puede, coger los primeros sitios de las furgonetas de las agencias que te llevan, que son algo más espaciosos y se puede ir algo más cómodo.

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